Lentamente se van configurando algunos de los soportes del nuevo régimen de acumulación económica que podrá sustituir al globalísmo neoliberal hoy en plena etapa crepuscular. Las Políticas Industriales son parte de esos nuevos componentes que comienzan a apuntalar el porvenir. Hay un consenso de facto respecto a que el acuerdo globalista feneció. Lo que a inicios de la segunda década del siglo XXI era una vigorosa tendencia subterránea de declive de las políticas de libre comercio mundial, para el año 2026 es ya una evidencia escandalosa y caótica que atraviesa todas las economías.De la llamada disciplina fiscal se ha saltado a las gigantescas emisiones monetarias de todos los bancos centrales para atemperar la crisis del 2008 y la parálisis laboral del 2020. De los tratados de libre comercio se ha pasado a la guerra arancelaria desatada por el antiguo gran timonel de la globalización neoliberal (EE. UU.). De la “eficiencia de los mercados” como ley del crecimiento económico se ha llegado al nacionalismo económico del “America First”, “hecho en China”, “Hecho en Europa”, ‘hecho en México”, etc. El FMI reporta quede 200 medidas restrictivas al libre comercio aplicadas en el año 2000, se tienen proyectadas 3500 para el año 2025. Del mundo “interconectado” se ha transitado al mundo “geofragmentado”. Y ya no hay manera de volver atrás.Es el clásico tránsito de un modelo de acumulación económica -que involucra soporte tecnológico de productividad, un modo de organizar geoespacialmente la producción, de gestionar el excedente económico, de regular la fuerza de trabajo y el consumo- a otro distinto. Solo que ese nuevo esquema de acumulación aun no aparece, apenas se insinúa a retazos y de manera contradictoria a la forma neoliberal aún vigente, dando lugar a una extensión de la crisis y al estancamiento secular de la economía. Como ahora.Algo similar ocurre con los sistemas de creencias que legitiman y cohesionan las sociedades en torno a los regímenes de acumulación y, ante su ausencia, se atraviesa un largo periodo de incertidumbre, polarización social, desesperanza histérica y parálisis cognitiva. Sin embargo, en medio de esta turbulencia global, comienzan a emerger ciertos principios de porvenir que, independientemente de la forma final que adopte el nuevo sistema de acumulación y legitimación mundial, estarán presentes en su interior.Se trata del papel protagónico del Estado en la conducción del nuevo modelo de acumulación.En rigor, la presencia del Estado nunca ha dejado de tener importancia en el orden económico. El propio neoliberalismo y la globalización se lograron mediante continuas intervenciones estatales para abrir mercados, desregular la fuerza de trabajo, transferir riqueza pública a privados y proteger inversiones. Pero se trató de una intervención de soporte para el protagonismo del mercado. El Estado creaba condiciones de seguridad legal y respaldo social, en tanto que los mercados y los inversionistas, asumían el liderazgo en la conducción de la economía, de las iniciativas de inversión, la innovación, la apropiación y la regulación laboral.Lo que está emergiendo ahora es distinto.Se trata del surgimiento de un Estado que comanda la reorganización económica de los países y del orden mundial: impone aranceles para proteger empresas propias, chantajea a naciones para invertir en el territorio local, subvenciona determinadas industrias, devalúa la moneda para fomentar exportaciones, aplica normas de origen a las importaciones, crea mercados, fragmenta mercados en función de criterios geopolíticos o de “seguridad nacional”, etc. De un Estado desoporte, propio del liberalismo, estamos transitando a un Estado gestor, inversor y planificador del desarrollo económico. Que los Estados desempeñen un papel activo durante los momentos de transición de los modelos de acumulación (1920-35/1965-80/2010-…), es inevitable. Se trata de los únicos, hasta ahora, organismos políticos territoriales de cohesión vinculante que, además, poseen el monopolio de la riqueza común y de los fundamentales lazos de integración de una sociedad. Así, cuando estallan las crisis económicas, las instituciones que más eficientemente pueden movilizar la energía colectiva son los Estados.Pero lo pueden hacer solo como plataforma de la acción dirigente de otros organismos (como los mercados) o bien, como protagonistas de la reorganización económica, como ocurre ahora. El que se una opción u otra, depende de la fase que se atraviese en el clásico péndulo del “doble movimiento” de Estado/mercado señalado por Polanyi o, en su origen más abstracto y estructural, de la oscilación de la preponderancia temporal de uno de los polos inseparables de la mercancía: el valor de uso (sistema de necesidades) /el valor de cambio (sistema de intercambiabilidad)-.Y la manera contemporánea en que esta reestructuración de la acumulación se está asumiendo es a través de lo que se ha venido a llamar las “políticas industriales” que, a la fecha, ya está comenzando a ser empleada en 183 países. El profesor de Harvard D. Rodrik calculó que, frente a las 35 acciones de política industrial ejecutadas el 2010, se ha pasado a 1650 intervenciones en 2023 (The New Economics of Industrial Policy, 2024)En términos generales, la política industrial es un conjunto de variadas herramientas económicas, monopolizadas por el Estado que los gobiernos ejecutan para impulsar el desarrollo de actividades productivas, en lugar de dejarlas únicamente en manos del mercado. En 2024, el FMI ya había advertido sobre esta nueva oleada de intervencionismo estatal y, a la par que llamaba la atención sobre su relativa eficacia, con una buena dosis de realismo, establecía una serie de caminos moderados para su “mejor aprovechamiento”, incluido el “asesoramiento” para su aplicación (The return of industrial policy in data, 2024).Ahora le ha tocado el turno al Banco Mundial (BM), la otrora iglesia del liberalismo económico, que en marzo de este año ha publicado un voluminoso libro sobre el tema. “The industrial policy for development” es el llamativo título con el que el BM intenta reencauzar un movimiento tectónico de reorganización económica.El texto comienza con una confesión de realismo que no pocos anacrónicos gobernantes latinoamericanos deberían leer: “durante décadas el crecimiento económico” se sostuvo sobre gobiernos que aplicaban “una gestión macroeconómica sólida” (austeridad fiscal, recorte del gasto público, flexibilización laboral), abrían los mercados y las “empresas privadas hacían el resto”. Pero, “not so today” (hoy no es así), prosigue el documento, que sentencia de manera lapidaria: “el proteccionismo y los subsidios se han disparado en las economías avanzadas y de ingresos medios” y cerca del 4,2 % del PIB se destina a subvencionar empresas. Lo que hace una década era una abominación, ahora es la norma, y el 80% de los gobiernos que trabajan con el BM piden asesoramiento sobre el tema.Los tiempos han cambiado; el globalismo es un espectro decrépito y, en tiempos de crisis, el Estado cobra relevancia extraordinaria. Lanzando al basurero sus viejos recetarios sobre la toxicidad del Estado interventor, el BM -en un arrebato confeso de giro ideológico y “pragmatismo”- se monta en la ola del proteccionismo “razonable”. Si en 1993 había señalado que la “promoción industrial” no funcionó, recomendando el cierre de empresas y la anulación de cualquier tipo de subvención, ahora considera que las políticas industriales son “replicables”para otros países y, para ello, ha elaborado “la primera guía integral sobre políticas industriales para el desarrollo”.Pero no se crea que se trata de una capitulación del mercado ante el Estado. Lo que propone es direccionar este ya inevitable intervencionismo productivo estatal hacia el robustecimiento de la inversión privada, local y extranjera. Usando un dicho popular mexicano, el BM “no da puntada sin hilo”.En el documento, el organismo internacional enumera tresgrandes áreas de políticas industriales: a) aportaciones públicas (parques industriales, programas de desarrollo de habilidades laborales específicas, asistencia para el desarrollo de mercados, infraestructura de enclave); b) incentivos de mercado (aranceles de importación, normas de contratación públicas, requisitos de contenido local, prohibición de exportaciones de solo materias primas, acuerdos de transferencias de tecnología, subsidios para la producción, apoyo a la innovación, incentivo a las exportaciones y aumento de la demanda de los consumidores); y, por último, c) intervenciones macroeconómicas (devaluación competitiva del tipo de cambio, créditos fiscales para la investigación y el desarrollo).No por casualidad, el libro no menciona a las empresas públicas que, además de industrializar, retienen el excedente económico en el país para procesos de redistribución social.En total se habla de 13 mecanismos estatales de impulso a lasactividades productivas, las cuales, no tienen el mismo peso ni deben ser utilizados para cualquier realidad. El BM considera que los países de ingresos altos y medios están mejor preparados para aplicar aranceles a las importaciones, subsidios a empresas y requisitos de contenido local. De hecho, esto es lo que viene haciendo EE.UU. como con el arancel base del 15% a cualquier importación; las subvenciones a empresas (Intel 8500 millones de US), TSMC (6.600 millones), Boing (16000 millones), Ford y GM (15000 millones), etc. En lo relativo al contenido local, Washington ya exige que el 75 % del contenido de valor de cada vehículo importado provenga de América del Norte. En el caso del acero y el cemento, requiere que el 100 % hayan sido elaborados en su territprio. Y, a partir del octubre del 2026, el 55% de los productos manufacturados usados en infraestructura federal deberán contar con un mínimo del 55% de elaboración local (ley Build America, Buy America).Europa tiene su propia batería de subvenciones industriales (Pacto por una Industria Limpia, Horizonte Europa, Fondo de Desarrollo Regional, etc.) y, recientemente, ha aprobado su Ley de Aceleración Industrial que, entre otras cosas exige a las industrias chinas de coches eléctricos y baterías que se asienten en el continente, que el 30 % del producto final sea elaborado en la zona y que exista una obligatoria transferencia de tecnología(El País, 4 de marzo, 2026).En lo que respecta a los llamados “países en desarrollo, el Banco Mundial establece que la herramienta más útil para ellos seríanlos “parques industriales” consistentes en infraestructura concentrada para empresas extranjeras, cercanía a importantes centros de transporte, acceso a mano de obra barata y disfrute de incentivos fiscales, etc. Además, añade que este industrialismo deberá estar enfocado en las exportaciones. Existen otros estudios sobre políticas industriales aplicadas en determinados países que resultan mucho más útiles para la comprensión del reciente éxito histórico de esta manera de reorientar la economía desde el Estado. Están las investigaciones de J. Studwell sobre Asia (How Asia Works, 2013); Vu- ThanH, para Vietnam, Jomo y Felker, sobre Malasia, Chang, con una mirada histórica del papel del proteccionismo en el desarrollo del capitalismo, etc.Para la más exitosa, gigantesca y rápida industrialización del mundo, la de China, se puede consultar Naughton (The rise ofChina’s industrial policy, 2022), Justin Lin (The China miracle, 2021). Ahí se comprende cómo es que el Estado chino combinó la apertura a la inversión extranjera en zonas económicas especiales y parques industriales -con incentivos fiscales yfacilidades para la inversión- con subvenciones, créditos baratos y financiación estatal para empresas estatales y privadas chinas en áreas estratégicas (electrónica, automóvil, acero, energía). Se articulo la formación laboral técnica especializada con una abundante inversión en infraestructura pública. Se impulsó la coproducción con empresas extranjeras y se priorizó el aprendizaje y la transferencia tecnológica en los distintos niveles de las cadenas de valor manufacturero.Al cabo de un tiempo, las empresas chinas no solo podían hacer todo lo que sus pares del mundo hacían, incluida su calidad, solo que ahora muchísimo más barato y rápido, sino que, además, comenzaron a producir mercancías que nadie más puede fabricar-autos eléctricos de bajo costo, baterías de litio, paneles solares, etc.- Todo ello en medio de una planificación gubernamental realista, flexible y estratégica, que ha llevado en menos de 30 años a hacer de China el país más industrializado del mundo, con el 28% de la producción industrial global, seguido por EE.UU. con el 17 % , Japón con el 5 % y Alemania con el 4,9% (Safeguard Global, 2025).Paralelamente, otros autores argumentan que no es suficiente la aplicación de políticas industriales para relanzar el crecimiento económico, pues la actividad manufacturera -si bien es una fuente concentrada de generación de valor y productividad- es minoritaria en términos de ocupación de mano de obra con respecto al sector servicios. En la mayoría de los países de ingresos altos, el sector industrial no llega al 10% de la mano dela fuerza laboral activa. En los países de ingresos medios se mueve entre el 10 y el 20 %, y en los de ingresos bajos, entre el 5 y el 10 % (Databank, 2026). Por ello, Rodrik plantea también la aplicación de una “política industrial para los servicios” -asistencia sanitaria, cuidado de personas, pequeños comercios, logística, alimentos, etc.- bajo la consigna de “productivismo” impulsado por acciones estatales enfocadas en esos sectores que emplean a la mayor cantidad de los trabajadores (Sharedprosperity in a fractured world, 2025).En cualquier caso, hay muchas variedades de aplicación de las políticas industriales según la historia económica de cada país, sus procesos previos de industrialización, el tamaño del mercado interior, el acceso a puertos, la posesión de materias primas, etc. Pero, en medio de ellas, hay dos modelos referenciales básicos que ordenan el conjunto de opciones. El primero es el modelo norteamericano en el que el poder del Estado y los recursos económicos públicos se tensan para apoyar y promover la inversión privada y la externalización del excedente económico. El segundo es el modelo chino, en el que el Estado impulsa simultáneamente la inversión privada -extranjera y nacional- así como la estatal, canalizando los excedentes económicos, y el conocimiento productivo, al interior de la propia sociedad nacional. ¿Cuál de estos dos tipos de industrialismos se generalizará en el mundo en las siguientes décadas? Es difícil saberlo. Pero lo que si ya es irreversible es este nuevo rol activo y conducente del Estado en la organización de las economías nacionales y del futuro orden mundial que se adaptará a las preferencias nacionales. |
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