Gaceta Crítica

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Italia a la cola de la UE. Declive industrial y empobrecimiento social.

Felipe Belloc (IL MANIFESTO -Italia-), 25 de Mayo de 2026

Felipe Belloc

Datos del ISTAT: Un país frágil, asediado por vulnerabilidades económicas y sociales cada vez más profundas. El retrato de un modelo de desarrollo que se desmorona sin rumbo.

El manifiesto del 23 de mayo de 2026

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El informe anual del Istat describe un país frágil, aquejado por vulnerabilidades económicas y sociales cada vez más profundas. No se trata solo de un crecimiento débil: es el retrato de un modelo de desarrollo que se desmorona sin rumbo.

Se prevé que la economía italiana crezca solo un 0,5 % en 2025, un ritmo más lento que en los dos años anteriores (+0,9 % en 2023 y +0,8 % en 2024). Italia presenta un desempeño inferior al de Francia y, sobre todo, al de España, una diferencia que refleja distintos modelos de producción: España ha mejorado la productividad y reducido el número de horas trabajadas por empleado, mientras que en Italia la productividad tiende a la baja y las horas por empleado aumentan. Esto evidencia un sistema que genera poco valor añadido y que sigue considerando el trabajo desde una perspectiva extractiva.

Aquí surge el primer problema que destaca el informe: el declive industrial. En 2025, la dinámica de la producción industrial seguirá siendo negativa. Los sectores más expuestos a los costes energéticos y aquellos con menor contenido tecnológico experimentarán las caídas más pronunciadas. La industria manufacturera muestra persistentes signos de debilidad, y el sector automovilístico, símbolo histórico de la capacidad industrial italiana, ha sufrido un declive drástico: el índice de producción es un 38% inferior al de 2018. Las responsabilidades de Stellantis son bien conocidas, pero este no es, sin duda, el único problema.

El Istat certifica retrasos estructurales crónicos: baja inversión en investigación y desarrollo, escasa innovación, fragmentación del sistema productivo y debilidad del capital intangible. Las inversiones en conocimiento, tecnología y capacidad industrial estratégica siguen siendo insuficientes.

Es dentro de este marco que también se puede comprender la fragilidad social del país. El declive industrial y la crisis de productividad no son ajenos a la desigualdad: son una causa directa. Los salarios reales se mantienen por debajo de los niveles prepandémicos, la tasa de empleo continúa siendo inferior a la de las principales economías europeas, y la clase media (situación que afecta al 61% de la población) es precisamente la que experimenta el menor crecimiento de los ingresos. En la generación más reciente, nacida entre 1980 y 1994, el porcentaje de personas que experimentan movilidad ascendente (25%) es superado por el de aquellas cuya situación empeora (27%).

Italia parece estar atrapada en una espiral de vulnerabilidad: la precariedad económica, el empobrecimiento social y la crisis demográfica se retroalimentan. El informe describe un país que envejece (el 25% de la población tiene más de 65 años), con una tasa de crecimiento natural demográfico persistentemente negativa, una menor propensión a tener hijos (1,14 hijos por mujer) y una creciente demanda social de cuidados y asistencia. Además, se están extendiendo por todo el país formas específicas de pobreza, como la pobreza energética, que reflejan el aumento de los costes y la fragilidad de los ingresos.

Sería un error interpretar estos fenómenos como tendencias sociales y demográficas inevitables. El informe del Istat no describe variables exógenas ajenas al control de las instituciones. En cambio, describe el resultado de decisiones económicas y políticas específicas, centradas en la subordinación industrial y la centralidad del mercado, mientras que Europa corre el riesgo de desaparecer como entidad industrial autónoma.

En la instantánea capturada por el Istat, lo que llama especialmente la atención es la ausencia de política: no se observa ningún indicio de acción gubernamental, ninguna estrategia industrial, ninguna idea de transformar el modelo productivo y socioeconómico, ningún cambio de ritmo.

Sin embargo, los datos indican claramente la necesidad de una transformación: reconstruir la capacidad pública para generar valor, recuperar el control colectivo de las decisiones estratégicas, invertir en investigación, innovación y servicios públicos, y fortalecer la sanidad, la educación y el bienestar en un país que envejece y experimenta una creciente demanda social. En resumen, debemos dirigir el desarrollo, o Italia seguirá atrapada entre la dependencia externa, el declive industrial y el empobrecimiento social.

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