Gaceta Crítica

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El arma de la crítica contra la burguesía

Por Betzy Bravo (CEMEES)| 3 de Mayo 2026

Es importante que la filosofía se entere de que su contenido es la realidad efectiva.

Hegel

El crítico puede enlazar con toda forma de la conciencia teórica y práctica, y partiendo de las formas propias de la realidad existente desarrollar la verdadera realidad como su deber-ser y su fin último […]. Entonces se pondrá de manifiesto que el mundo tiene, desde hace largo tiempo, el sueño de una cosa, de la que sólo hace falta que posea la conciencia para poseerla realmente.

Marx

Del terreno de las ideas al ámbito terrenal

En su Crítica sobre la filosofía del derecho de Hegel, Karl Marx resaltó la necesidad de que la crítica se materialice en las masas. Dice Marx que “el arma de la crítica no puede, ciertamente, sustituir a la crítica de las armas” […] “el poder material tiene que derrocarse por medio del poder material, pero también la teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas.” El filósofo arguye una dialéctica entre la crítica teórica y la transformación práctica del mundo, y desarrolla así una discusión sobre teoría y práctica que ha tenido lugar desde el idealismo alemán y que tuvo un gran alcance en otro gran pensador y líder revolucionario llamado Vladimir Ilich Uliánov.

A lo largo de estos planteamientos filosóficos se ha comprendido que la crítica va más allá del pensamiento, pues está imbricada con fuerzas históricas reales. Friedrich Hegel sentó las bases al afirmar: “Es importante que la filosofía se entere de que su contenido es la realidad efectiva.” Esto significa que el ejercicio intelectual, conectado con la crítica, no se construye como un mundo ideal desvinculado de la realidad concreta, de hecho, la materia del pensamiento emerge de las contradicciones de la realidad.

En Marx hay una huella profunda de Hegel, que puede percibirse, entre otros textos, en un célebre pasaje de 1844: “El crítico puede enlazar con toda forma de la conciencia teórica y práctica, y partiendo de las formas propias de la realidad existente desarrollar la verdadera realidad como su deber-ser y su fin último […]. Entonces se pondrá de manifiesto que el mundo tiene, desde hace largo tiempo, el sueño de una cosa, de la que sólo hace falta que posea la conciencia para poseerla realmente.” (Marx, 2023) En este sentido, la crítica es recuperada como un instrumento al servicio de la transformación social.

La crítica contra la burguesía

Cuando el capitalismo comenzaba a instaurarse, la burguesía ascendente utilizó la crítica como ariete contra el feudalismo. En aquel momento, el pensamiento filosófico ilustrado fungió como arma para eliminar dogmas medievales al proclamar el imperio de la razón. La burguesía tomó las ideas críticas de aquel momento y las utilizó a su favor, proclamó Libertad, Igualdad y Fraternidad como si quisiese reivindicar a la humanidad entera. No obstante, Marx revela que la universalidad proclamada por la burguesía en aquel momento es engañosa, pues “no es otra cosa que una nueva construcción correspondiente a las nuevas relaciones de clase y a las nuevas exigencias de la clase que asume el poder.” Para Marx, lo que se muestra como una verdad universal es en realidad una verdad histórica correspondiente a determinada clase social.

Y es que desde un punto de vista dialéctico, los productos teóricos pueden utilizarse en beneficio de una perspectiva conservadora o bien en beneficio de una perspectiva revolucionaria. Esto sucede también con la crítica: puede ser utilizada para conservar el statu quo o para revolucionarlo. De acuerdo con Terry Eagleton, la crítica como actividad intelectual nació en el siglo XVIII durante la Ilustración.[1]Intelectuales como Rousseau y Voltaire criticaron el absolutismo y, aunque en lo inmediato la crítica fue revolucionaria, posteriormente fue domesticada por la burguesía ascendente, y sirvió para disciplinar a la sociedad. A través de reglas rígidas que se sustentaban en los escritos ilustrados, se garantizaban la disciplina y la exclusión de quienes no se enmarcaban en el discurso ilustrado.

La crítica, como ejercicio racional que limita y muestra las deficiencias de su objeto, requería, de acuerdo con la burguesía ilustrada de aquella época, que sus emisores tuvieran la capacidad de formular finos argumentos profundos, lo que presuponía que el crítico o la crítica poseyeran un sólido bagaje cultural. Esta concepción excluía al vulgo, lo que contradecía la concepción de igualdad abstracta que promovían los propios intelectuales ilustrados, como Voltaire. De ahí que Eagleton afirme:

si lo que resulta embarazoso para la teoría liberal burguesa es el proceso mediante el cual una igualdad abstracta en el nivel de los derechos naturales se transmuta en un sistema de derechos diferenciales reales, la esfera pública burguesa tomará esos derechos diferenciales como punto de partida y los convertirá, en el ámbito del discurso, en una igualdad abstracta. El mercado verdaderamente libre es el del discurso cultural mismo, dentro, por supuesto, de ciertas regulaciones normativas; el papel del crítico es administrar esas normas, en un doble rechazo del absolutismo y de la anarquía. Lo que se dice no obtiene su legitimidad ni de sí mismo como mensaje ni del título social del emisor, sino de su conformidad como enunciado con un cierto paradigma de razón inscrito en el propio acto de habla. El título de hablante deriva del carácter formal del propio discurso; no es la autoridad de ese discurso la que deriva del título social del hablante. (Eagleton, 1999, 18).

Esto significa que, en el espacio público del debate cultural deben transmutarse las desigualdades reales, es decir, las desigualdades económicas. El espacio realmente libre no es el económico sino el del debate, donde se puede discutir o formular críticas. La función de la crítica debe ser, según Eagleton, la de administrar las normas durante las discusiones políticas o sociales, asegurándose de que el discurso no caiga en el absolutismo, es decir en la imposición autoritaria, ni en la anarquía, es decir, en la ausencia total de reglas.

No obstante, la esfera pública burguesa y su ideal de intercambio racional necesariamente operaba por un medio material concreto y sujeto a las leyes del mercado: la prensa.

A través del comercio de la escritura se ha forjado una conciencia social, esto es lo que logra que las definiciones peyorativas sobre el pueblo o el vulgo sean apropiadas por la gente aun si éstas son falsas o injustas.

De modo que la conciencia social forjada por la prensa burguesa no ha sido realmente la conciencia lúcida capaz de transformar la realidad a mejor sino que se trata de un vehículo que transmuta y reafirma las desigualdades a través del discurso. No es casual, por ello, la exigencia que hacía Karl Marx sobre la necesidad de desplazar la crítica del ámbito formal del discurso al ámbito material de la vida social. Un planteamiento que requiere, por cierto, del conocimiento concreto para poder transformar la realidad.

Desde una visión marxista, el núcleo de la crítica es la crítica política y económica, aquella que va más allá de un mero dispositivo contra un poder exterior o estatutos morales, sino que expone la limitación y la explotación que enfrentan los individuos bajo un sistema alienante que les impide ver la configuración esencial del statu quo. De este modo, la crítica deja de ser la administración de normas en un debate público (al que alude Eagleton) y se convierte en una herramienta para desentrañar la base material que reproduce desigualdades que el debate, por sí mismo, sólo puede desentrañar en abstracto. En palabras de Marx:

Ante todo, el deber de la filosofía, que está al servicio de la historia, es el de desenmascarar la aniquilación de la persona humana en su aspecto profano, luego de haber sido desenmascarada la forma sagrada de la negación de la persona humana. La crítica del cielo se cambia así en la crítica de la tierra, la crítica de la religión en la crítica del derecho, la crítica de la teología en la crítica de la política.

Leer la realidad con justeza histórica y concreta es necesario para que el arma de la crítica deje de ser un instrumento de disciplinamiento burgués y se convierta en la conciencia lúcida que pueda interpretar y transformar la realidad. Sólo de esta manera se resuelve la contradicción planteada, pues la crítica no es ya un privilegio de una élite cultural (la crítica ilustrada) ni tampoco un puro intercambio formal sino la herramienta de las clases desposeídas para comprender y cambiar las condiciones que las mantienen como tal.


Betzy Bravo es maestra en filosofía por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Bibliografía

Eagleton, T. (1999). La función de la crítica. Paidós.

Marx, K. (2023). Crítica a la filosofía del derecho de Hegel. Gedisa.

NOTAS

[1] Véase Eagleton, T. (1999) La función de la crítica.

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