Gaceta Crítica

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Los nueve objetivos del bloqueo del estrecho de Ormuz por EEUU

Buques de carga en el Golfo Pérsico, cerca del estrecho de Ormuz.
Buques de carga en el Golfo Pérsico, cerca del estrecho de Ormuz.REUTERS

Nazanin Armanian (PÚBLICO), 17 de Abril de 2026

 Antes de que sacara de su perturbado mundo interior el disfraz de Jesucristo curando a los heridos de las guerras-negocios que él mismo está montando, Trump, convertido en la pesadilla del planeta, llamó estrecho Trump al estrecho de Ormuz, en uno de sus supuestos lapsus. No hace mucho, había conseguido de las acorraladas autoridades de Armenia poner su maldito nombre a un corredor estratégico en el Cáucaso (antiguo dominio de Irán), llamándole la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales (TRIPP). Pero no se daba cuenta de que, de haber sido sustituible el nombre de Ormuz, el régimen islámico ya lo hubiera llamado Estrecho Jamenei.

Entre las reacciones que ha provocado el cierre de esta garganta natural por la teocracia islámica de Irán, llama la atención la de Emiratos Árabes Unidos (EAU), que niega que sea propiedad de Irán. Veamos: aunque los sumerios ya navegaban por esta ruta hace cinco mil años, fueron los emperadores persas que con sus Qayeq (barco en persa; el término “cayuco” en español es su deformación fonética), la atravesaron para cruzar el Golfo Pérsico. Llegaron a conquistar una séptima parte del mundo conocido de entonces, con la venia de Ormuz, que es la contracción del término “Ahura Mazda”, Deidad de Sabiduría en la filosofía de Zaratustra. Cinco reyes sasánidas (224-651d.C. ) se llamaron Ormuz, al igual que miles de niños iraníes, así como numerosas localidades del vasto imperio.

Fueron los piratas portugueses  con base en el Golfo Pérsico que incluyeron su nombre en los mapas europeos en el siglo XVII. A partir de entonces los cartógrafos y marineros europeos y chinos bautizaron el estrecho con el nombre de Ormuz debido a su proximidad a aquella isla con el mismo nombre. El desconocimiento de la historia por parte de los jeques emiratíes, cuyo país nació hacia 1970, también explica la triste realidad de que desde el establecimiento de la teocracia islamista de extrema derecha en Irán por EEUU y Francia, la velocidad de la pérdida de dominio del país se ha acelerado:  las incompetentes y anti-iraníes autoridades islámicas  han sacrificado Irán en el altar de algo tan intangible como el “islam”.  J.D Vance, el vicepresidente de Trump, expresa esta realidad al afirmar que no entiende porqué Irán está dispuesto a romper el alto el fuego y poner en más peligro a su propia gente por el Hezbolá del Líbano, (la rama libanesa de los Guardianes Islámicos), que no estaba incluido en el acuerdo: pues, para los islamistas, igual que para los sionistas, la vida de millones de personas carece de valor. Los islamistas no reaccionaron cuando las repúblicas ex soviéticas del Mar Caspio arrebataron gran parte de las aguas de Irán al independizarse en los noventa, ni cuando los árabes y los países occidentales borraron el nombre Pérsico del golfo que lleva esta seña de identidad desde hace 2.500 años, llamándole “el golfo” convirtiéndole en el único cuerpo de agua salada del mundo sin nombre.

En estos momentos, quien manda en el estrecho de Ormuz es la armada de EEUU y las compañías de seguros de esta potencia: ningún barco puede utilizar este enclave sin su autorización, deshaciendo el sueño de minihombres de Irán con delirio de grandeza que estimaban con abacus cuántas torres y mansiones más podrán adquirir en España o en Canadá cobrando millonarios peajes a cada barco.  

¿Qué pretende hacer EEUU?

El fracaso de las negociaciones del alto el fuego entre EEUU e Irán en Islamabad, celebradas por la iniciativa de China, era más que previsible. Ambos regímenes llevan décadas negociando sobre los mismos asuntos (sanciones económicas contra Irán por su programa nuclear y misilístico, y patrocinio de miles de hombres armados de extrema derecha religiosa en numerosos países de la zona), a los que se ha sumado ahora el cierre del estrecho de Ormuz por Irán, tras una guerra que ha devastado el país además de haber eliminado a gran parte de sus dirigentes políticos y militares. La propuesta de 10 puntos de los Guardianes Islámicos en un encuentro que iba a tratar un alto el fuego, que no una paz de cien años, incluía sus anteriores exigencias junto con que la principal superpotencia militar del mundo retirara a sus 50.000 soldados instalados en una veintena de bases militares en el Golfo Pérsico, para así poder reconocer su soberanía y control sobre el Estrecho de Ormuz.

1. En sus demandas al régimen islámico, EEUU también pedía peras al olmo: que abandonase su proyecto de “cruzada” de chiítizar al mundo -mediante la conquista del santuario de la Meca, por ejemplo, la mezquita de Al Aqsa y las tierras ocupadas por Israel, pasando por Irak, Siria, Gaza, Líbano, alcanzando hasta América Latina, cuyos jóvenes reciben becas para estudiar en las escuelas teológicas de Irán. Dichos puntos ya formaban parte de “los 12 mandamientos” de Donald Trump dirigidos a Irán en 2018, a los que sólo faltaba añadir: “Creerás en el Evangelio o, si no, morirás en el fuego del infierno”. La oligarquía de bandidos medievales que gobierna a uno de los países más ricos del mundo y que ha llevado al 85% de la población al umbral de la pobreza, y encima ha perdido la guerra contra Israel, que es 81 veces más pequeño que Irán, no los va a aceptar: necesita guerra (pero que sea de baja intensidad) para exportar su profunda y vasta crisis económica, política, y de legitimidad. Ni en medio de los terroríficos bombardeos de EEUU e Israel ha parado de ahorcar a los iraníes. Acaba de emitir una sentencia de muerte para tres hombres y una mujer, menores de 30 años, arrestados durante las protestas del enero pasado.

2. Dar un descanso al ejercito israelí, involucrado en varias guerras y sin descanso desde el 7 de octubre de 2024. Además, al estar tranquilos por el frente iraní, Netanyahu podrá dedicarse de lleno a masacrar a niños y adultos libaneses, ocupando sus tietrras.

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3. Al controlar estas aguas, EEUU se exhibe ante su único rival, China, que no sólo recibe del Golfo Pérsico cerca de la mitad del petroleo que importa, sino que lo ha convertido en la principal región por la que pasa su Nueva Ruta de la Seda (con inversiones en puertos, ferrocarriles, carreteras, etc.).

4. Imponer una guerra de desgaste energética y económica contra Irán, con el fin de provocar hambre y desesperación entre la población, empujándole a regresar a las calles para derrocar al régimen. Aunque Irán tiene frontera terrestre con 15 países, es por los puertos del Golfo Pérsico por donde exporta sus mercancías y recibe todo tipo de bienes

5. Derrocar a la teocracia (por descontrolada, no por despótica), para poder así construir el oleoducto que llevaría el petroleo de la región al mediterráneo, haciendo que Europa pudiese prescindir de los hidrocarburos rusos.

6. Pensar que sería una rápida resolución al pantano en el que se ha metido (bueno, le ha metido Netanyahu, que es quien manda en esta zona).

7. Tranquilizar a sus socios árabes en el Golfo Pérsico, cuyos países han recibido cerca del 70% de los misiles disparados por el régimen de Irán. Los jeques no pueden creer que, a pesar de haber sido los principales destinatarios de las armas chatarras estadounidenses como nadie, y ceder sus territorios al Pentágono, Washington no les haya podido proteger de la furia descontrolada de los Guardianes islámicos.

8. Presentar a EEUU como el principal actor en las crisis mundiales.

9. Forzar a Europa, Japón y los países árabes a involucrarse diplomática y militarmente, para luego pasarles la factura de los gastos. Arabia Saudita, por ejemplo, importa más del 80% de sus alimentos por este estrecho; los EAU hasta el 90% e incluso Irak, a pesar de tener acceso a dos ríos importantes, necesita las importaciones de alimentos llegadas a través de Ormuz para sobrevivir.

El único escenario

La tensión va en aumento. El régimen de Irán ha unido su destino (y por ende el de los iraníes y la integridad territorial de Irán) a su programa de armas nucleares, en el que ha invertido miles de millones de dólares, y que paradójicamente, en vez de protegerle de los oprimidos iraníes y los enemigos exteriores, está siendo la principal causa de su perdición. Los militares que ya controlan la totalidad del poder, carecen de capacidad de dialogar, de ejercer la diplomacia. Su mecanismo mental está basado en “ganar o perder”, que no dar un pasa atrás para luego dar dos adelante. Creen, y se equivocan, que aumentando los costos de la guerra para EEUU, el imperialismo se rendiría ante una oligarquía tercermundista acorralada desde el interior y también desde el exterior. Su ultima carta será ordenar a los hutíes (los talibanes yemeníes) desestabilizar el estrecho de Bab el-Mandab, estrangulando al economía de decenas de países.

Ambas partes son de “todo o nada”, y su juego en estos momentos es de suma cero: “No te doy nada. O me das lo que quiero o lo consigo con fuerza”, es la esencia de la prepotencia miope de ambos lados. Aunque siempre hay un límite a todo el poder.

En los Guardianes Islámicos se va desvaneciendo el espejismo acerca de su control sobre el estrecho de Ormuz: lo que de repente se presentó como la gallina de huevos  de oro e incluso mucho  más rentable que las armas nucleares no ha sido más que un disparo al pie.

En la Casa Blanca, se han dado cuenta (¡o no!) que el dilema estratégico con Irán no se resolverá unicamente desde los asesinatos selectivos de Israel y los furtivos B-2. Ahora el problema de Trump ya no es la reapertura del estrecho de Ormuz, sino cómo vender la guerra criminal lanzada contra el pueblo iraní ante su electorado, sin haber obtenido lo que buscaba: el fin de la teocracia islamistas. ¿Qué haría Trump si los Guardianes Islámicos sacasen  a un doble de Mojtaba Jamenei y le exhibiesen por las calles de Teherán?

El aun presidente de EEUU, antes de dejar el Despacho Oval, tendrá que acabar el trabajo que le encomendaron las empresas de armas y el lobby israelí antes de las elecciones del noviembre del 2024.

Por la extrema derecha islamista de Irán cualquier concesión, tanto a nivel interno como en la política exterior, se interpreta como una pérdida estratégica que socava su posición, legitimidad e imagen de poder.

Trump no logrará una victoria negociada: no puede ofrecer ninguna garantía de seguridad a Irán controlando a un Israel desbocado. El jefe del Mossad, David Barnea ha vuelto a insistir en que «Nuestro compromiso solo se cumplirá cuando este régimen extremista sea reemplazado”.

Estamos ante un conflicto internacional localizado en la región más estratégica del planeta, que marca la nueva era de las guerras mundiales-regionales.

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