Ana Lázaro (PÚBLICO), 12 de Octubre de 2026
- En Alemania, los jóvenes protestan contra el posible restablecimiento del servicio militar obligatorio; en Bélgica, contra los recortes; en Francia, por las condiciones de los centros educativos. Y en España reclaman el derecho a una vivienda digna ante la dificultad de emanciparse.
- «La universidad es cada vez menos accesible», denuncia la estudiante y sindicalista universitaria Youssra Boudib sobre las protestas en Francia.

Una rebelión juvenil recorre Europa. Los estudiantes han tomado las calles en Francia y en Bélgica para plantar cara a los recortes en educación. En Alemania, los jóvenes protestan contra la posible reintroducción del servicio militar obligatorio. Y en España reclaman el derecho a una vivienda digna ante la dificultad de emanciparse.
Distintas batallas pero un mismo combate: el derecho a construir un futuro propio en una Europa que aprieta el cinturón en el gasto social mientras multiplica sus inversiones en defensa.
Así lo resumía Fanny, una estudiante universitaria, durante una protesta en Bruselas: «Nosotros defendemos, ante todo, la sociedad. Una sociedad en la que todos y todas podamos ir a la escuela en buenas condiciones, sin tener que pasar penurias, y en la que no tengamos que ir a la guerra«. A pocos metros de distancia, otro joven enarbolaba una pancarta en la que podía leerse: «Más medios para la enseñanza, no para la guerra».
Las protestas en Bélgica empezaron el pasado mes de junio, cuando el Gobierno regional aprobó un decreto incrementando el precio de las matrículas universitarias. Tras la pausa estival, el movimiento se ha recrudecido, y se ha extendido a los institutos. Los estudiantes organizan piquetes y bloquean las entradas de los establecimientos escolares. «Queremos dar una lección al Gobierno. Exigimos poder estudiar en condiciones dignas«, explica Louise Maureen, una de las organizadoras de las protestas.
Denuncian el estado ruinoso de los centros escolares, con techos llenos de humedades y baños fuera de servicio. Pero también la falta de profesores y las condiciones en las que trabajan los docentes, cuya carga lectiva ha aumentado un 10% sin una subida salarial acorde. De hecho, muchos profesores se han solidarizado con las protestas estudiantiles.
También los jóvenes se unirán a la huelga general que los sindicatos belgas han convocado para finales de noviembre. «Hay que apoyar a los profesores, a los hospitales, a los trabajadores de los servicios sociales y a los del transporte público», explica Louise. «Es una lucha colectiva porque, de una manera u otra, todos nos vemos afectados por las reformas que está llevando a cabo el Gobierno». La coalición dirigida por el primer ministro Bart De Wever ha puesto en marcha un duro programa de recortes destinado a reducir el déficit público.
La indignación desborda las aulas y sacude Francia
En Francia, la indignación estudiantil no para de crecer y ha desbordado ampliamente las fronteras de los institutos. Lo que comenzó como el bloqueo de un centro en la periferia de París se ha extendido por todo el país, convirtiéndolo en un movimiento masivo que hace temblar al gobierno. «El futuro de la nación pasa por la educación«, puede leerse en sus pancartas.
Los estudiantes denuncian que las condiciones de estudio se han vuelto deplorables con aulas masificadas, edificios en estado ruinoso y un sistema de acceso a la universidad que favorece a los que tienen más medios. «La universidad es cada vez menos accesible», denuncia la estudiante y sindicalista universitaria Youssra Boudib. «Han creado un sistema que genera una selección social que penaliza a los estudiantes procedentes de centros menos valorados socialmente como los institutos de la periferia».
La violencia también ha marcado las protestas francesas. En París, el aire se ha llenado con el humo de los contenedores quemados y de los gases lacrimógenos. La dureza de las cargas de los antidisturbios ha generado una gran indignación. «Nunca antes el poder represivo del Estado se había manifestado con semejante fuerza contra la juventud», denuncia Boudib. «Vivimos en un país donde las armas pueden mutilar«. Hay más de 200 estudiantes heridos, uno de ellos con una mano amputada tras la explosión de una granada aturdidora.
Y la ola de indignación está lejos de decaer: los jóvenes han logrado atraer al movimiento de los chalecos amarillos, que ya ha anunciado que se unirá a la protesta el próximo 17 de octubre en lo que han bautizado como una «convergencia de luchas», sumándoselas así formalmente a la ola de descontento social.
Los alemanes se plantan ante el regreso de la mili
En Alemania, el mes de septiembre estuvo marcado por las protestas de estudiantes contra la posible reintroducción del servicio militar obligatorio. Decenas de miles de jóvenes salieron a las calles en ciudades de todo el país bajo el lema «no participaremos en vuestras guerras» y coreando consignas como «no queremos ser carne de cañón».
El Gobierno del canciller Friedrich Merz ha aprobado una ley que establece un servicio militar voluntario con el objetivo de aumentar el número de efectivos de las Fuerzas Armadas. Pero al no haber alcanzado las cifras de esperadas de reclutas dispuestos a colaborar, estudia ahora cómo activar la obligatoriedad del servicio si la situación de seguridad empeora.
Pero estas protestas en Alemania expresan algo más que el rechazo a vestir el uniforme. Los jóvenes se niegan a asumir obligaciones en nombre de la seguridad nacional, mientras sus preocupaciones cotidianas, como la vivienda y la educación, pasan a segundo plano. En las pancartas podía leerse: «Educación en lugar de bombas» y «Dinero para políticas sociales, no para la guerra».
Españoles atrapados en la crisis de la vivienda
En España, los jóvenes se han sumado a la lucha por la vivienda. La movilización ha reunido a personas con perfiles diferentes, desde estudiantes que no pueden vivir cerca de su facultad hasta jóvenes trabajadores que destinan gran parte de sus ingresos al alquiler. «El hecho de no poder independizarnos, de tener que estar hasta los 40 años en casa de nuestros padres o de vivir en pisos de 50 metros cuadrados que compartes con gente que no conoces, es algo que hace que veamos nuestras vidas truncadas«, explica la activista Beatriz Payo desde la acampada de la Puerta del Sol.
Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 44,3% de los jóvenes de entre 26 y 34 años todavía convivía con sus padres en 2025. Y la razón que indicaban para ello era que no se podían permitir comprar o alquilar una casa.
Desde Madrid se observa con respeto el movimiento estudiantil en Francia y se echa en falta una mayor coordinación internacional. «Al final el capitalismo se organiza de manera internacional y nuestra respuesta tiene que ser internacional», explica Payo.
Pero incluso sin coordinación, las protestas de los jóvenes se han multiplicado en Europa en este inicio del curso escolar. Desde Finlandia hasta Portugal, pasando por Grecia. Y siempre con el mismo telón de fondo: la lucha contra los recortes. «Queremos políticas sociales, queremos servicios públicos, queremos sanidad, queremos educación y queremos vivienda», concluye Payo. «Y no queremos armas. Eso no lo queremos».

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