Gaceta Crítica

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Los minerales críticos bajo el Corolario Trump

Vijay Prashad (TRICONTINENTAL), 2 de Octubre de 2026

El afán imperialista por monopolizar los minerales críticos deja al descubierto una nueva arquitectura estratégica: la protección de las cadenas de suministro militares e industriales profundiza la subordinación de la periferia, transformando a las naciones soberanas del Sur Global en reservas cautivas para el capital occidental.

John Moenakeefe Mohl (Sudáfrica), Miners at Sunset, Some On, Some Off Duty, near Carletonville [Mineros al atardecer, unos de servicio y otros fuera de servicio, cerca de Carletonville] c. 1970-1975.

El mapa de la nueva guerra por los minerales se extiende desde los salares de litio de América del Sur hasta los yacimientos de tierras raras de Groenlandia. Su vocabulario es conocido: resiliencia de las cadenas de suministro, seguridad nacional, diversificación y asociación. Bajo estas frases neutrales subyace un proyecto más antiguo. Estados Unidos quiere reorganizar la riqueza mineral del hemisferio occidental en torno a sus propias necesidades industriales y militares mientras mantiene a China a distancia. El nombre más reciente de esta ambición es el Corolario del presidente Donald Trump a la Doctrina Monroe de 1823, apodado burdamente “Doctrina Donroe” [contracción de Donald y Monroe]. El chiste es burdo, pero la política no.

Los minerales críticos no son críticos por naturaleza. El cobre, el litio, el grafito, el cobalto, el níquel y las tierras raras se vuelven críticos dentro de un sistema de producción particular que requiere cada vez más redes eléctricas, baterías, centros de datos, semiconductores, satélites y aviones de combate. La Agencia Internacional de Energía prevé que la demanda de estos minerales será casi el doble hacia 2040 conforme a las políticas establecidas y que la demanda de litio se habrá más que triplicado. El obstáculo decisivo no es la geología, sino el dominio de la metalurgia, las patentes, las finanzas, la separación, la refinación y los mercados. China refina más del 90% del galio, el grafito, el manganeso y varias categorías clave de tierras raras del mundo. Este es el hecho industrial que los documentos de seguridad de Washington convierten en el lenguaje de la “amenaza”.

Marjorie Arnfield (Inglaterra), Breaking the Coal [Picando el carbón], c. 1920.

En abril de 2025, la Casa Blanca ordenó una investigación en virtud de la sección 232 sobre los minerales críticos procesados y sus productos derivados, considerando la dependencia de las importaciones como una posible amenaza para la seguridad nacional. En enero de 2026, después de que la investigación concluyera que tales importaciones sí amenazaban la seguridad de Estados Unidos, el presidente Trump ordenó entablar negociaciones con los socios comerciales y propuso precios mínimos y otras restricciones comerciales. En julio, invocó la Ley de Producción de Defensa para la recuperación de minerales críticos a partir de chatarra y bienes usados. En conjunto, estas medidas del gobierno de Estados Unidos configuran una política industrial beligerante respaldada por aranceles y amenazas militares.

La política de Estados Unidos en materia de minerales críticos está diseñada no solo para buscar minas en el extranjero, sino también para ejercer autoridad política sobre dónde se pueden vender estos minerales, quién puede procesarlos y qué bancos pueden financiar la cadena. La orden ejecutiva de Trump de 2025 sobre los minerales de los fondos marinos declaró su objetivo con una claridad inusual: Estados Unidos fortalecerá “las asociaciones con los aliados y la industria para contrarrestar la creciente influencia de China sobre los recursos minerales del fondo marino”. El Corolario Trump extiende esa lógica a todo el hemisferio y trata a América Latina y el Caribe no como una región de proyectos soberanos de desarrollo, sino como el extranjero cercano de Estados Unidos: un reservorio protegido de materias primas agrícolas, metales, minerales, puertos y rutas marítimas. En su monumental libro Las venas abiertas de América Latina (1971), Eduardo Galeano escribió sobre “la mortalidad de las fortunas”: cómo la abundancia natural de la región trajo sufrimiento a sus pueblos. Esta horrible contradicción entre riqueza y explotación continúa.

Aage Gitz-Johansen (Dinamarca), Eskimoen dør [Muere el esquimal], 1958.

Groenlandia revela el Corolario Trump en su forma más descarnada. Lejos de ser un espacio blanco y vacío, como suele presentársela, esta sociedad inuit de unas 57.000 personas tiene una larga historia de dominio colonial danés y una lucha inconclusa por la autodeterminación. Su posición entre América del Norte y Europa, la base militar estadounidense de Pituffik, la apertura de rutas marítimas en el Ártico y unos yacimientos que incluyen minerales de tierras raras la han convertido en objeto de una atención renovada. El deseo reiterado de Trump de adquirir Groenlandia reduce la tierra natal del pueblo inuit a propiedad inmobiliaria y estrategia militar. Trump afirma que ya tomó Groenlandia de Dinamarca, pero los detalles del acuerdo de seguridad son mucho más ambiguos que sus publicaciones en las redes sociales.

La presión sobre Groenlandia y América Latina forma parte del mismo imaginario imperialista. Estados Unidos ve a la primera como su escudo septentrional y a la segunda como su almacén meridional. En ambas, el objetivo declarado es impedir que el capital, la infraestructura y la tecnología de China obtengan una posición duradera. Sin embargo, lo que está en juego no es la libertad de la inversión china, sino la soberanía de los países para trazar su propia política exterior y económica independiente. La cuestión es que Washington se arroga la autoridad de decidir qué relaciones son permisibles. La promesa de soberanía queda condicionada a la alineación con las ambiciones imperialistas estadounidenses.

Rosemary Namuli Karuga (Kenia), Three Women Walking [Tres mujeres caminando], 2001.

América Latina ya ha vivido esta historia. El libro de Galeano detalla el recorrido de la plata de Bolivia, el guano de Perú, el salitre de Chile, el cobre de Chile y Perú, el mineral de hierro de Brasil y el petróleo de Venezuela hacia sucesivos centros de acumulación capitalista. La materia prima cambia de un país a otro, pero la estructura perdura. Extracción en la periferia, tecnología y finanzas en otra parte, y daños socializados en la bocamina. La llamada “transición verde” puede volver a pintar esta estructura sin derribarla.

Las cifras revelan tanto la oportunidad como el peligro. La Agencia Internacional de Energía informa que, excluyendo el litio, los países latinoamericanos refinaron en promedio solo el 20% de los minerales energéticos clave que extrajeron en 2025. Con la cartera de proyectos existente, la región podría capturar unos 185.000 millones de dólares en valor económico hacia 2035, pero solo una quinta parte provendría de la refinación. Una mayor refinación local podría elevar ese valor a unos 220.000 millones de dólares. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD por su sigla en inglés) aboga por una política industrial regional con mayor inversión pública en infraestructura y educación, reglas claras para los bienes y la mano de obra de origen local (reglas de contenido local) y para la transferencia de tecnología, y control sobre el ritmo y los términos de la extracción. La pregunta es si estas herramientas servirán a la planificación pública o apenas subsidiarán a las corporaciones extranjeras.

Sebastião Salgado (Brasil), Mina de oro de Serra Pelada, Brasil, 1986.

El epicentro de este debate es Brasil, que posee cerca del 23% de las reservas conocidas de tierras raras, pero aporta apenas alrededor del 1% de la producción mundial y carece de una cadena de procesamiento integrada que vaya de la separación a la fabricación de imanes permanentes, pasando por la producción de metales y aleaciones. En la mina Pela Ema, en Goiás, Serra Verde Group produce un carbonato mixto de tierras raras. Las etapas difíciles y rentables tienen lugar en el extranjero. Brasil se queda con la excavación, algunos empleos e impuestos, y los pasivos ambientales, mientras que la producción de mayor valor, las patentes y el control estratégico salen del país.

Por eso importa la propuesta de adquisición de Serra Verde por parte de USA Rare Earth, respaldada por Estados Unidos. El yacimiento contiene disprosio y terbio, indispensables para los imanes de alto rendimiento utilizados en motores eléctricos y sistemas militares. El financiamiento y los compromisos de compra estadounidenses convierten la adquisición en algo más que una transacción privada: es parte de un intento dirigido por el Estado de construir una cadena de suministro que excluya a China. Alrededor de la mina, las comunidades rurales y quilombolas (cimarronas, denominadas así en Brasil) enfrentan arroyos contaminados, amenazas a sus tierras y reclamaciones mineras que ponen en peligro los asentamientos de la reforma agraria. Un mineral no puede llamarse “verde” cuando sus costos se transfieren a las personas que viven sobre él.

La respuesta de Brasil no puede ser un simple cambio de cliente. La cooperación con China, Estados Unidos o Europa debe juzgarse por el conocimiento y la capacidad que permanezcan en Brasil, no por la nacionalidad del comprador. Deben aplicarse ciertas reglas básicas:

  • Control público de la información geológica y los yacimientos estratégicos.
  • Financiamiento público mediante el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES).
  • Investigación pública del impacto ecológico y tramitación de permisos ambientales que evalúen los impactos acumulativos en las cuencas hidrográficas.
  • Las comunidades indígenas, quilombolas y agrarias locales deben tener derechos exigibles a la consulta libre, previa e informada.
  • Supervisión de las adquisiciones de minas por parte de empresas extranjeras.
  • Requisitos de transferencia de tecnología incluidos en los contratos.
  • Investigación dirigida por universidades brasileñas e institutos públicos de investigación.
  • Separación y refinación obligatorias del mineral en el país.
  • Cooperación regional para alcanzar una mayor escala en la producción de baterías, productos químicos, maquinaria, imanes y reciclaje.

Tom McGuinness (Gran Bretaña), Belt Fitters [Reparadores de cintas transportadoras], 1963.

Los países del Sur deben rechazar la falsa elección entre servir a una cadena centrada en China e integrarse a una controlada por Estados Unidos. Los movimientos sociales deben luchar por la soberanía popular, lo que requeriría que estos acuerdos se hicieran con empresas públicas, mediante instituciones públicas, con mandatos transparentes, estándares ambientales comunes e investigación compartida. La extracción de metales y minerales debe planificarse para usos socialmente necesarios y no según los dictados del consumo de lujo y la guerra permanente.

La vulnerabilidad más profunda que pone de manifiesto la disputa por los minerales no radica en la dependencia de un solo país. Es la subordinación de la vida a cadenas de suministro gobernadas desde otros lugares. El Corolario Trump promete asegurar el hemisferio y su riqueza para Estados Unidos. Una doctrina popular aseguraría los recursos naturales en beneficio de quienes viven en la tierra y priorizaría la electricidad antes que las exportaciones, el agua antes que los desechos, el conocimiento antes que las regalías y la soberanía antes que la alineación. La riqueza bajo el suelo debe volverse visible en escuelas, hospitales, centros de investigación, laboratorios, ecosistemas restaurados y formas de vida dignas: un futuro que no puede despacharse en sacos de concentrado.

Lena Hugo (Sudáfrica), Miner I [Minero I], 2008.

En 1904, el poeta nicaragüense Rubén Darío escribió A Roosevelt. Dirigido al presidente estadounidense Theodore Roosevelt, el poema es una poderosa denuncia del imperialismo yanqui. Las estrofas que siguen aluden a Le Message de Grant [El mensaje de Grant], escrito por Victor Hugo en 1872, en el que Hugo escribe al presidente estadounidense Ulysses S. Grant que la bandera de Estados Unidos, “sembrada de estrellas”, está “oscura” por una “mancha de lodo” (tache de boue):

Los Estados Unidos son potentes y grandes.
Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor
que pasa por las vértebras enormes de los Andes.
Si clamáis, se oye como el rugir del león.
Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras».
(Apenas brilla, alzándose, el argentino sol
y la estrella chilena se levanta…) Sois ricos.
Juntáis al culto de Hércules el culto de Mammón;
y alumbrando el camino de la fácil conquista,
la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.

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