Glenn Diesen (GREATER EURASIA), 29 de Septiembre de 2026

El embajador Chas Freeman, ex subsecretario de Defensa de Estados Unidos, sostiene que este país se enfrenta a un profundo fracaso estratégico en Asia Occidental, ya que la guerra contra Irán acelera la erosión de la influencia estadounidense en lugar de restaurarla. Afirma que Irán sigue abierto a la diplomacia, pero no negociará bajo coacción, y que el principal obstáculo para una solución es el continuo bloqueo y la presión militar estadounidenses.
Irán y la crisis en Asia Occidental
Freeman sostiene que Irán podría reabrir el estrecho de Ormuz en cuestión de días, según un acuerdo negociado con Omán, siempre y cuando Estados Unidos levante el bloqueo. Considera a Irán un mediador potencialmente importante entre Arabia Saudita y Ansar Allah en Yemen, sobre todo ante la creciente presión que enfrenta Arabia Saudita para encontrar una solución política al conflicto.
Sostiene que la estructura de seguridad regional actual se ha vuelto cada vez más insostenible. Afirma que las bases estadounidenses en el Golfo ya no son instrumentos de defensa creíbles, pues Estados Unidos ha demostrado que no puede proteger eficazmente a sus socios ni contener las acciones militares israelíes. En cambio, estas bases se han convertido cada vez más en incentivos para atacar, ya que facilitan la proyección de poder estadounidense contra Irán.
Por lo tanto, Freeman prevé que los estados del Golfo busquen un acuerdo con Teherán. En su opinión, sus intereses a largo plazo no radican en mantener una alianza antiiraní, sino en establecer un equilibrio regional que les otorgue mayor libertad de acción.
El peligro nuclear
Freeman considera que las amenazas de aniquilar a Irán son especialmente peligrosas porque contribuyen a la erosión del tabú histórico contra la guerra nuclear. Sostiene que se le han dado repetidamente a Irán razones para reconsiderar su anterior oposición a las armas nucleares, al tiempo que afirma que Teherán ha seguido defendiendo su derecho a un programa nuclear pacífico.
También argumenta que el peligro se extiende más allá de Irán. Las amenazas nucleares tanto de Estados Unidos como de Rusia demuestran, en su opinión, que las restricciones en torno a las armas nucleares se están debilitando. Si bien Rusia ha amenazado con el uso de armas nucleares, Freeman subraya que Estados Unidos sigue siendo el único país que las ha utilizado en un conflicto bélico.
Considera que la posibilidad de una escalada nuclear no puede descartarse simplemente como mera retórica. Al mismo tiempo, argumenta que existe una resistencia sustancial dentro del ejército estadounidense al uso ilegítimo de la fuerza y que las fuerzas armadas siguen profundamente comprometidas con los principios constitucionales.
Un mundo de órdenes regionales
Freeman sostiene que el antiguo orden internacional liderado por Estados Unidos está dando paso a un mundo de acuerdos de seguridad regional. Describe el sistema global como cada vez más impredecible y al borde de la anarquía, donde los Estados buscan autonomía estratégica en lugar de aceptar una dependencia permanente de Washington.
En Asia Occidental, considera que la incipiente relación entre Pakistán, Arabia Saudita y Turquía constituye una base potencial para un sistema de seguridad regional que, con el tiempo, podría incluir a Qatar e Irán. Compara este desarrollo con el de la ASEAN, que surgió en el Sudeste Asiático como un acuerdo de cooperación en materia de seguridad tras el declive del dominio directo estadounidense en la región.
Sostiene que una transformación similar está ocurriendo en otros lugares. El mundo se está alejando de la estructura bipolar de la Guerra Fría y avanzando hacia órdenes regionales en los que los países cooperan simultáneamente con varias grandes potencias.
Europa y Rusia
Freeman sostiene que Europa se beneficiaría de un acercamiento con Rusia y del reconocimiento de su posición geográfica como parte de Eurasia. Señala la energía, los minerales, los recursos humanos y las oportunidades económicas como razones para estrechar las relaciones entre Europa y Rusia.
También cuestiona las suposiciones europeas sobre una confrontación militar directa con Rusia. En su opinión, los gobiernos europeos exageran su capacidad para librar una guerra exitosa, ignorando el patrón histórico en el que las potencias europeas invadieron Rusia y esta, en última instancia, las persiguió hasta Europa.
Freeman sostiene que excluir a Rusia de las estructuras políticas europeas perpetúa la división y dificulta el logro de un orden europeo estable. Considera que Europa necesita una mayor autonomía estratégica en lugar de seguir dependiendo de Washington.
El futuro de la relación entre Estados Unidos e Israel
Freeman sostiene que el apoyo estadounidense a Israel es cada vez más difícil de justificar estratégicamente. En su opinión, Israel ha complicado repetidamente las relaciones de Estados Unidos en todo Oriente Medio, en lugar de funcionar como un instrumento fiable de la política estadounidense.
Sostiene que la relación se ha mantenido principalmente por consideraciones políticas internas estadounidenses, más que por una necesidad estratégica. Asimismo, afirma que elementos sustanciales de las capacidades militares de Israel han dependido del apoyo financiero y tecnológico estadounidense.
Freeman cree que la opinión pública estadounidense está cambiando y que no se puede dar por sentado un apoyo incondicional a Israel de forma indefinida. Sostiene que, por lo tanto, Israel se enfrenta a la posibilidad de un mayor aislamiento si disminuye el apoyo de Estados Unidos.
Para Freeman, la transformación más amplia radica, en última instancia, en el surgimiento de un mundo multinodal en el que ninguna potencia puede determinar los acuerdos políticos de regiones enteras. Sostiene que Estados Unidos se está retirando de su antigua esfera de influencia global, mientras que Rusia, China, Irán y las potencias regionales están ganando mayor margen para configurar sus propios entornos de seguridad. En este orden emergente, afirma, la diplomacia exige dialogar y escuchar a países que antes eran considerados principalmente adversarios.
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