Miguel Manzanera Salavert (OBSERVATORIO DE LA CRISIS), 21 de Septiembre de 2026

El imperio liberal ha sido detenido en Oriente Medio; ya no es la potencia militar indiscutida que surgió en 1990 tras la Guerra Fría —su ejército está obsoleto ante el desarrollo de las nuevas armas, drones y misiles—. Pero todavía no está derrotado.
Miguel Manzanera Salavert, profesor de filosofía español
Varios observadores internacionales han señalado en sus recientes exposiciones que el mundo financiero está volviendo a jugar a la lotería con la contabilidad creativa. El objetivo es recaudar fondos para invertir en la nueva tecnología que está revolucionando el sistema productivo, la Inteligencia Artificial (IA). Rafael Poch de Feliu anunciaba el 13 de septiembre el colapso de la burbuja especulativa, porque la IA no va a proporcionar el retorno de beneficios esperado. Frédéric Lordon compara la situación financiera con las hipotecas subprime que causaron el hundimiento de la bolsa en 2008.
Michael Roberts, después de explicar los enormes beneficios anunciados por las grandes empresas de IA, reconocía que, en buena medida, esa declaración de bonanza económica responde a la especulación financiera. Si a esta realidad económica le añadimos la alarma por el descubrimiento de la autonomía de los agentes de IA, que escapan al control de sus programadores, hemos de reconocer que la reciente evolución del sistema productivo está generando riesgos importantes.
¿Por qué se produce esa carrera alocada para desarrollar la IA? La respuesta de Trump ante las llamadas a la prudencia, por parte de empresarios e ingenieros de la nueva tecnología, no puede ser más significativa: “tenemos que ganar la competición de la IA contra China”. Hemos de entender que el problema es político —claro que la política es economía concentrada, como diría Lenin—.
El riesgo para el imperialismo es perder su predominio en las relaciones internacionales, que le reporta sustanciosos beneficios; y ese desafío ya está presente en la situación histórica: la RPCh (República Popular China) está desplazando a los EE.UU. en la hegemonía mundial. Así que el juego mortal al que están abocadas las grandes empresas tecnológicas es una respuesta a una coyuntura internacional de cambio de época a gran escala.
La RPCh está alcanzando un desarrollo económico espectacular; y además está organizando su propio entorno de relaciones internacionales. Ha creado con 29 países la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial. Esta organización se compromete a defender los propósitos de las Naciones Unidas, promueve la cooperación para beneficio colectivo y se adhiere a un enfoque centrado en las personas. Propugna una IA abierta, con los límites de la seguridad nacional y colectiva. La diferencia de enfoque con unos empresarios multimillonarios que solo buscan beneficios es abismal.
Al parecer, los capitalistas han encontrado el camino para recuperar beneficios con la revolución tecnológica –ver mi artículo del 12 de septiembre-. El obstáculo para conseguirlo es China, como centro del bloque asiático, que compite con ventaja contra la economía del viejo imperialismo en decadencia. Con el agravante de que las empresas chinas ofrecen productos de IA más baratos y están conquistando el mercado. ¿Cómo piensa salir de ese atolladero financiero e industrial la oligarquía capitalista?
La respuesta está muy clara en los últimos acontecimientos: fascismo. En el bloque imperialista, la IA aparece asociada a maniobras de los radicales de derecha, en su batalla contra una solución racional de los graves problemas presentes para la humanidad –colapso ecológico, epidemias mortales, desequilibrios económicos, crecimiento de la población mundial, armas de destrucción masiva, guerras y genocidios …
Esa alianza está presente en varios acontecimientos recientes: la colaboración de Palantir con Israel en el genocidio palestino; la manipulación de la opinión pública en las elecciones latinoamericanas; usos tácticos y estratégicos de IA en la guerra de Ucrania o Irán; Milei quiere sustituir el debate político público por decisiones de los agentes algorítmicos, etc. No nos hagamos ilusiones. La coyuntura histórica es dramática.
Por eso, no parece importar que haya un impago financiero generalizado, cuando se están quebrantando las leyes del orden democrático formal. Recordemos que la economía americana está completamente endeudada y sigue funcionando sin modificar apenas sus mecanismos básicos. Incluso la gente sigue creyendo en el milagro del mercado que se autorregula de forma misteriosa, cuando el fracaso es más que evidente. En las tramoyas de ese espectáculo está la fuerza bruta con la que el imperialismo impone sus intereses cuando estos están amenazados por la competencia.
Verdad es que los EE.UU. han perdido la batalla de Irán—después de perder Afganistán—; que la UE se encuentra estancada en Ucrania; que el genocidio palestino descalifica a los gobiernos de la OTAN por permitirlo. El imperio liberal ha sido detenido en Oriente Medio; ya no es la potencia militar indiscutida que surgió en 1990 tras la Guerra Fría —su ejército está obsoleto ante el desarrollo de las nuevas armas, drones y misiles—. Pero todavía no está derrotado.
En América, en África, o en Asia, a las puertas de la RPCh, sostiene un desafío militar que busca descarrilar el progreso de su antigua periferia, como lo consiguió con la antigua URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Tras la ‘operación Venezuela’, con el genocidio palestino, por la alianza con los nazis ucranianos,… sabemos que la oligarquía está dispuesta a todo. La avalancha fascista sigue creciendo, ahora apoyándose en la IA.
No me cabe duda de que los días del decadente mundo imperialista están contados. La inteligencia con la que el Estado chino está planeando su sociedad y sus relaciones internacionales es una garantía para el futuro de la humanidad. Pero la fortaleza del bloque asiático tiene sus grietas y contradicciones. Conflictos internos entre sus miembros, que se traducen a veces en violentas confrontaciones –India versus Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos versus Irán y Yemen…
Justamente el papel de la organización para la cooperación es diplomático: al menos esos rivales dialogan entre sí en ese marco, como un primer paso, para confrontar colectivamente los peligros que la IA está anunciando. Especialmente la civilización islámica está comenzando a cambiar su órbita en las relaciones internacionales.
El imperialismo no caerá sólo por su propio peso. Tras su retirada en Oriente Medio, se concentrará en América, el Pacífico y Europa. Me parece difícil que la oligarquía dominante permita que unas elecciones democráticas en los Estados de su zona de influencia entorpezcan sus planes. Ya tiene un plan económico, revelado a medias recientemente por el Banco Mundial: explotar la fuerza de trabajo de países subordinados, liquidando las clases medias de empleados cualificados en el mundo desarrollado.
La IA le proporciona medios para recuperar los beneficios perdidos en el anterior ciclo productivo, tras el hundimiento de la bolsa en 2008. La confrontación de bloques va a seguir con toda intensidad en el próximo lustro; y el peligro de la IA se suma a otros que ya estaban entre nosotros: la posibilidad de una guerra con armas de destrucción masiva y la destrucción de la biosfera por la producción industrial.
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