Gaceta Crítica

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El proyecto Manhattan: Hiroshima y Nagasaki

Salvador López Arnal (Espai Marx), 13 de Septiembre de 2026

Volvimos a recordar el pasado agosto uno de los crímenes más abyectos de la historia de la Humanidad, el lanzamiento imperial usamericano de dos bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki. La primera (Little Boy) de uranio-235; la segunda (Fat Man) de plutonio-2391.

Son incontables los protagonistas, las opiniones, las contribuciones de unos y otros, los secretos, los miedos, falsedades y engaños, la evolución de las alianzas, los acuerdos y rechazos morales y las perspectivas de análisis asociados al Proyecto Manhattan [PM] y a la decisión del lanzamiento. Pretendo en esta nota dar cuenta de algunas caras de este complejísimo y casi inabarcable poliedro.

Me he basado fundamentalmente en un libro que creo recomendable: Peter Watson (quien en numerosas ocasiones habla de Rusia cuando debería hablar de la Unión Soviética), Historia secreta de la bomba atómica. Cómo se llegó a construir un arma que no se necesitaba (Barcelona: Crítica, 2020, traducción de Amado Diéguez Rodríguez), ensayo que se abre con ocho citas que el autor no siempre fecha (¡y que debería haber fechado!). Les copio tres de ellas:

1. «Cuando te encuentras con algo técnicamente factible, sigues adelante. Luego ya entras en debates, pero solo cuando técnicamente el experimento ha dado sus frutos. Eso es lo que ocurrió con la bomba atómica». J. Robert Oppenheimer, director científico del laboratorio de Los Álamos.

2. «La primera bomba atómica fue un experimento innecesario… [los científicos] habían inventado un juguete y tenían ganas de probarlo. Por eso lanzaron la bomba.» Almirante William «Bull» Halsey, comandante en jefe de la Tercera Flota.

3. «No es fácil pensar en las armas atómicas sin pensar al mismo tiempo en el fin del mundo». Iósif Stalin

1. Uranio

Es el elemento conocido más pesado de la naturaleza, el último de la tabla periódica, con número atómico 92. Si se bombardeaba con neutrones y capturaba uno de ellos, debía dar lugar a un isótopo más pesado, del tal modo que el U-238 (92 protones, 146 neutrones) tendrían que convertirse en U-239. Ese nuevo elemento, debido a su gran inestabilidad, tenía que decaer en un elemento «transuránico» totalmente nuevo, desconocido en nuestro planeta y con número atómico 93. (El plutonio es un elemento casi totalmente artificial, número 94, creado como subproducto en los reactores. Es mucho más radiactivo, tóxico y fisible que el uranio).

El físico italiano Enrico Fermi, Premio Nobel en 1938, hizo tres importantes hallazgos: descubrió la importancia crucial del uranio en tanto que elemento más pesado de la naturaleza; constató cuán diferentes son los neutrones rápidos de los lentos, y, por último, consolidó su papel como productor de elementos «transuránicos». Estas tres circunstancias llegarían a ser vitales en todo el proceso.

2. Fisión nuclear

Es el fenómeno que dio pie a la bomba atómica. Fue descubierta por Otto Hahn y Fritz Strassmann en el Instituto Káiser Guillermo de Química de Dahlem (al sudoeste de Berlín; Einstein fue director del Instituto). El descubrimiento resultó inquietante desde el primer día porque suponía la culminación de varios hallazgos que apuntaban hacia la posibilidad de liberar la energía del núcleo atómico en forma de explosión.

El neutrón, componente esencial del núcleo atómico y la partícula que convertía en teóricamente posible una reacción en cadena descontrolada, fue descubierto en febrero de 1932 (un mes después de que Hitler intentara convertirse, infructuosamente, en canciller alemán) por James Chadwick (posteriormente Sir), físico británico que trabajaba en Cambridge y que sería, años después, el científico británico más importante que trabajó en el PM.

En 1974, en una entrevista concedida poco tiempo antes de su fallecimiento, declaró: «Ya en 1941 me di cuenta que la bomba no solo era factible sino también inevitable».

El agua pesada (el óxido de deuterio) era vital como moderador en la creación de una reacción en cadena.

3. Proyecto Manhattan (PM)

La historia del PM se inició con una carta: en verano de 1939, unos pocos meses antes del estallido de la II Guerra Mundial, Leó Szilárd, Eugene Wigner y Edward Teller (conocidos como «los marcianos») visitaron a Albert Einstein en su retiro de Long Island para advertirle de que los físicos alemanes habían logrado dividir el núcleo del átomo del uranio, abriendo la posibilidad de un arma de potencia devastadora.

Einstein firmó la carta, redactada por Szilárd, que fue enviada al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt.

El PM nació oficialmente en otoño de 1942.

4. Segunda y tercera semana de junio de 1942

Los alemanes ponen fin para siempre a su programa atómico, mientras, al mismo tiempo, el presidente Roosevelt da luz al suyo, el PM.

Los británicos conocían la decisión alemana antes de que el PM hubiera incurrido en gastos de consideración, pero no se la comunicaron a los norteamericanos.

¿Por qué? Watson conjetura algunas explicaciones: 1. La natural renuencia de los servicios de inteligencia de todo el mundo a compartir datos con las agencias rivales, principalmente para no comprometer sus fuentes, aunque, en opinión de Watson (que el firmante comparto), la renuencia no resiste en este caso una mínima reflexión. «Las informaciones de Paul Rosbaud y los demás eran tan importantes que habría sido necesario encontrar la forma de salvar las renuncias de los responsables del espionaje británico, y sin duda no habría resultado difícil».

El segundo motivo (¿con ocultación deliberada?): evitar que los físicos al saber que los nazis ya no representaban en estos ninguna amenaza no quisieran colaborar en el programa atómico.

Dos biógrafos de Groves, el máximo responsable militar del PM, sugieren que el general sabía que los alemanes no estaban en disposición de fabricar una bomba atómica y, aún así, se lo ocultó a los científicos -al menos por un tiempo- para que no perdieran motivación. En realidad existe una prueba definitiva que invita a pensar que Groves, también otros, habían aceptado, a pesar de sus manifestaciones en público, que Alemania no dispondría de la bomba ya en mayo de 1943 (recordemos que fue en otoño de 1942 cuando el PM dio sus primeros pasos).

Cronología:

1º. Junio de 1942: Paul Rosbaug recibe datos fehacientes de que Albert Speer ha puesto fin al programa atómico alemán. Roosevelt da luz verde al PM.

2º. 23 de agosto de 1942-2 de febrero de 1943: batalla de Stalingrado. URSS vence y emerge como potencial mundial.

3º. 13 de enero de 1943 (con el fin de Stalingrado a la vista): USA aborta la cooperación Gran Bretaña y Canadá.

4º. 5 de mayo de 1943: el Comité de Política Militar elige Japón como blanco de la primera bomba atómica.

5º. 7 de mayo de 1943: J. Edgar Hoover informa a Roosevelt de que hay «pruebas concluyentes» de que la URSS ha infiltrado agentes en el PM, cuya existencia conocía desde hacía algún tiempo.

5. El saber de los científicos.

Una mayoría de los científicos de Los Álamos no tuvo noticia de los informes de los servicios de inteligencia británico y norteamericano que revelaban que Alemania no poseía ningún ingenio nuclear y, al principio, apenas expresaron dudas morales o políticas sobre la continuación de su trabajo en armamento nuclear.

Entre los científicos, señala Watson, coexistían diversos niveles de conciencia.

6. Lugar de lanzamiento: Japón.

5 de mayo de 1943, en su primera y única discusión sobre el asunto, el MPC (Comité de Política Militar: Vannevar Bush, presidente; James Bryant Conant, como alternativa; contraalmirante William Reynolds Purnell, como representante de la Marina; Wilhelm D. Styer, como representante del Ejército) hizo la siguiente propuesta: Japón debía ser el lugar elegido para usar la primera bomba atómica. Les preocupaba lanzar un explosivo sobre territorio alemán y que no estallara (Los alemanes podían aprovechar entonces los avances logrados). Nadie creía que, en aquellos momentos, Japón tuviera un programa atómico en marcha.

Para Watson el argumento de que «la bomba no estallara» no se sostiene. Una explicación alternativa: cambio de tornas en el desarrollo de la II Guerra Mundial. Entre febrero de 1943 (fin de la batalla de Stalingrado) y mayo de 1943, cuando el MPC fijó el objetivo de la bomba, la balanza de la guerra y de la realpolitik mundial había cambiado para siempre.

De hecho Henry Lewis Stimson, secretario de Guerra norteamericano, manifestó sus dudas sobre la dudosa moralidad de la elección. ¡Y eso que creía que el blanco de la bomba sería una base naval!.

(Dicho sea entre paréntesis: Thomas S. Kuhn dedicó La estructura de las revoluciones científicas a James Bryant Conant, quien también lideró el Comité de Investigación de la Defensa Nacional (NDRC) y formó parte del Comité Interino (Interim Committee) que aconsejó sobre el uso de la bomba atómica).

7. Tres momentos importantes.

Durante la II Guerra Mundial hubo tres momentos importantes que, considerados globalmente, pudieron cambiar hasta el punto el curso de los acontecimientos que habían puesto fin a la carrera atómica:

1. Si a mediados del verano de 1942, cuando el PM todavía no había comenzando oficialmente, los británicos hubieran comunicado a los usamericanos el informe de Paul Rosbaud sobre la reunión de Albert Speer con Heisenbeg y compartidas todas las informaciones de Suess, Jensen y Wirtz ni siquiera habría habido necesidad de ponerlo en marcha.

2. Si a principios de 1943 los usamericanos hubieran comunicado a los británicos que había agentes soviéticos infiltrados en el PM, es posible que los británicos hubieran prestado más atención a Klaus Fuchs (figura importante en todo el proceso) y es posible que Churchill no se hubiera opuesto tajantemente a la idea de Niels Bohr de entablar conversaciones con los soviéticos.

3. Si en mayo de 1943 se hubiera sabido que el MPC había elegido a Japón como principal objetivo de la bomba varios científicos de Los Álamos podrían haber reaccionado negándose a trabajar más en la bomba (especialmente si llegaban a la conclusión de que Alemania ya no representaba una amenaza).

Es decir, cuando Bohr y Fuchs llegaron a USA a finales de 1943 el objetivo de la bomba era otro, no era Alemania. Groves, Bush, Conant y Stimson sabían ya que Alemania no tenía la bomba ni había perspectivas de que fuera a tenerla antes del final de la guerra.

El MPC había escogido a Japón como blanco de conveniencia. Bush y Groves, pero también Churchill y Lindemann (lord Cherwell, asesor personal para asuntos científicos del primer ministro británico), fueron los primeros en comprender que si eran capaces de fabricarla en secreto, la bomba otorgaría a USA y a Occidente una ventaja significativa sobre la URSS una vez hubiera terminado la guerra. Moscú dejaba de ser aliado para convertirse en adversario.

Para Watson, «como ciertas informaciones importantes no cruzaron el Atlántico, en ninguna de las dos direcciones, los responsables (mal)gobernaron al mundo hacia una era caracterizada por un peligro sin precedentes.»

8. Klaus Fuchs

Colaboró con la Unión Soviética.

Watson le dedica todo un capítulo en el libro referenciado.

Refugiado de la Alemania nazi, fue un especialista en matemática aplicada que impresionó a Max Born (también exiliado alemán), su profesor en la universidad de Edimburgo. Fuchs había sido un comunista muy activo en Alemania.

Sin duda, uno de los grandes «personajes» de toda esta historia, el más rojo de todos los científicos que participaron en el PM.

Henri Barbusse llamó poderosamente su atención durante el Congreso Internacional de la Juventud.

Las pruebas más recientes, tras la desclasificación de los archivos soviéticos, demuestran que gracias a Fuchs los soviéticos se ahorraron más de un año de trabajo y, posiblemente, dos. Sin su ayuda y la de otros espías, es muy probable que la URSS no se hubiera hecho con la bomba hasta primeros de 1951, o quizá un año después. Watson: «Nunca sabemos si la guerra de Corea se habría convertido en un conflicto nuclear en el caso de que los soviéticos no hubieran tenido la bomba, pero es de su poner que habría estado a punto. Truman ya había firmado la orden.»

De Klaus Fuchs se han escrito tres biografías, solo una traducida al castellano: Norman Moss, Klaus Fuchs: The Man Who Stole the Atom Bomb; Robert Chadwell Williams, Klaus Fuchs: Atom Spy [Klaus Fuchs, el espía atómico, Labor, Barcelona, 1990]. Mike Rossiter, The Spy Who Changed the World, Headline, Londres, 2014. Algún editor debería animarse a traducir el último ensayo.

(Dicho sea entre paréntesis: Manuel Sacristán habló de Fuchs en sus primeros artículos publicados en la prensa comunista. En este caso, en una nota a pie de página de su artículo «Jesuitas y dialéctica», Nuestras ideas, 1960).

9. Julius Robert Oppenheimer

Director científico de Los Álamos.

Nació en Nueva York en 1904. Hijo de un importador de tejidos alemán que emigró a USA en 1888. Estudió en Cambridge, Gotinga y Leiden. Trabajó y estudió con Heisenberg, Fermi y James Franck. También con Paul Dirac en Cambridge y con Wolfgang Pauli en Zurich. Sus campos de interés incluían a física nuclear, la astrofísica y la relatividad. Cuando le nombraron director científico del PM era catedrático de Física teórica en Berkeley y trabajaba en estrecha colaboración con Ernest Lawrence.

Aunque es probable que Oppenheimer no llegara a ser miembro del Partido Comunista, sí asistió a diversas manifestaciones de apoyo a la hulega de los muelles (San Francisco, costa oeste, 1934) y siempre se manifestó abiertamente a favor de la II República española.

Las dos compañeras con quienes mantuvo relaciones duraderas (con una de ellas tuvo dos hijos) sí eran miembros del partido.

Mientras se documentaban para The Haunted Wood, su libro de 1999 sobre el espionaje soviético en la época estalinista, Allen Weinstein y Alexander Vassiliev, autores del ensayo, tuvieron acceso a cientos de archivos de la URSS que confirmaban que Oppenheimer nunca estuvo al servicio de la inteligencia soviética.

El general Groves, que insistía constantemente en la seguridad del PM, hizo oídos sordos a la suspicacias y protestas de Boris Pash, quien defendió el relevo de Oppenheimer.

El hermano de Oppenheimer, Frank, también físico, fue miembro del Partido Comunista.

10. Niels Bohr

Watson: «Bohr imaginaba una repetición, a mucha mayor escala, de la colaboración entre científicos de todas las naciones (rusos, alemanes, italianos y japoneses incluidos) que había conocido en su instituto de Copenhague antes de la guerra. Estaba seguro de que entre los científicos más eminentes de la URSS, se podían encontrar fervientes partidarios de la cooperación internacional.»

11. La visita de Heisenberg a Bohr

Uno de los episodios icónicos en la historia de la bomba atómica… y de la historia de la ciencia en general.

Heisenberg, recordemos, dirigió el programa nuclear del III Reich.

Recordemos el Copenhague del escritor británico Michael Frayn.

Después de la guerra, Heisenberg afirmó que Bohr en realidad no comprendió lo sucedido en el encuentro de Copenhague. Su verdadero propósito, según Heisenberg, era hacerle entender, sin ser explícito (no podía cometer traición contra su país), que los alemanes no podían contar con la bomba, al menos no con la celeridad suficiente para que influyera en el desarrollo la guerra.

No hay acuerdo generalizado sobre la interpretación de la visita.

La conversación debió de ser muy técnica porque, durante sus deliberaciones, Heisenberg sacó un boceto con un posible reactor-bomba. Este boceto está también envuelto en misterio, como el encuentro entre los dos físicos: aunque Bohr se lo llevó a Los Ángeles, luego desapareció y se ha perdido.

12. Josef Rotblad

Físico polaco beneficiado en 1939 de una beca para estudiar con James Chadwick en Liverpool.

Fue el único físico que abandonó el PM. Lo hizo en diciembre de 1944, cuando los descubrimientos de la misión Alsos (tenía la misión de seguir a las tropas durante la invasión de Italia en busca de la bomba atómica alemana en caso de que existiera) confirmaron que Alemania no disponía de la bomba atómica.

También en diciembre de 1944 supo Rotblad que era sospechoso de espionaje y que los servicios de seguridad habían reunido un dossier sobre él de tres centímetros de grosor que le consideraba susceptible de chantaje porque su familia se encontraba todavía en Polonia.

Después de la guerra, Rotblad señaló tres motivos que ayudan a comprender qué sucedió en el PM en aquellos días cruciales: 1º. El compromiso de sus colegas con la bomba se centraba en la pura curiosidad científica, en el deseo de comprobar que todo sucedía según predecía la teoría. El 2º motivo era que, utilizada contra Japón, la bomba salvaría vidas (argumento totalmente desacreditado). El 3º era que todo científico que abandonara el proyecto, aunque lo hiciera en su fase avanzada, ponía en peligro su carrera.

Para Rotblad: «Los científicos con conciencia social estaban en minoría [en el PM]. Casi todos dejaron sus principios morales en manos de otros.»

Un cuarto motivo esgrimido por Ray Monk, biógrafo de Oppenheimer: lealtad al líder, a Oppenheimer.

13. La opinión de los científicos.

En junio de 1945 se organizó en los laboratorios de Chicago un comité para estudiar las consecuencias políticas y sociales de la bomba. Lo encabezó James Frank (exiliado germano-judío, amigo de Lise Meitner).

Su informe final recomendaba hacer una demostración de la bomba en una zona deshabitada y renunciar al ataque por sorpresa.

Franck terminó su informe el 11 de junio y se lo entregó a Arthur Compton, que se aseguró de que fuera tenido en cuenta por el Comité Provisional. Pero de hecho, según Watson, apenas había posibilidades de que ese documento tuviera incidencia: Compton admitió que para los miembros del comité el lanzamiento de la bomba era inevitable.

Groves pidió a Compton que sondeara a los científicos de Chicago para conocer su opinión, para que votaran una serie de opciones (desde el empleo militar sin previo aviso al mantenimiento del secreto de la bomba renunciando a su uso). Se sondeó a 150 científicos: el 46% optó por una demostración militar y por pedir a Japón que se rindiera.

En nota 7 del capítulo 25 («Niels Bohr y Stalin»), comenta Watson: «Al parecer algunos científicos no distinguían bien la diferencia entre «demostración militar» y «pleno uso», que era otra de las opciones.»

Szilárd también elaboró una petición por iniciativa propia que luego firmaron 69 científicos de Chicago (desconozco sus nombres). Pedía el anuncio previo de las condiciones de rendición y darles a los japoneses la oportunidad de responder antes de hacer cualquier uso de bomba.

El amigo de Einstein intentó que su petición circulara por otras ubicaciones del PM. Groves lo impidió. Retuvo la petición seis días antes de enviarla a su vez a la oficina de Henry L. Stimson, justo cuando Truman estaba a punto de regresar de Potsdam. Durante su viaje de regreso se lanzó la bomba contra Hiroshima.

14. Alamogordo, Nuevo México.

El lunes 16 de julio de 1945, a las 5:29, se llevó a cabo con éxito la primera prueba atómica de la historia de la humanidad en el llamado «Trinity Site» (del desierto de Alamogordo). Aunque luego se sabría que la explosión llegó a oírse en tres estados, Groves, al mando del programa nuclear usamericano (designado el 17 de septiembre de 1942), insistió en guardar el secreto.

Al día siguiente, lunes, Truman mantuvo su primer y único encuentro cara a cara con Stalin. En Potsdam, capital de Brandeburgo, antigua residencia de los reyes de Prusia.

15. Hiroshima, Nagasaki: ¿«necesidad histórica» del lanzamiento?

Tres semanas después, el 6 de agosto, fue bombardeada Hiroshima.

El 8 de agosto, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón. La madrugada del día siguiente, los tanques soviéticos cruzaron la frontera de Manchuria.

El día 9 de agosto se lanzaba la segunda bomba, sobre Nagasaki.

¿Fue necesario el lanzamiento para vencer a Japón? Para muchos protagonistas y analistas su propósito fue otro:

US Strategic Bombing Survey: «Es muy probable que sin bombardeos atómicos, sin que los soviéticos le declarasen la guerra y sin invasión norteamericana, Japón también se hubiera rendido en 1945».

Viacheslav Mólotov, Ministro soviéticos de Asuntos exteriores durante la guerra: «[el lanzamiento de las dos bombas atómicas] no era Japón, sino la Unión Soviética… Los norteamericanos querían decirnos que no se os olvide que no tenéis la bomba y nosotros sí. Creo deis un paso en falso, ¡ateneos a las consecuencias!».

La posición de Peter Watson: «A estas altura, el consenso es generalizado. Recurrir a la bomba contra Japón en agosto de 1945 fue del todo innecesario… También existe consenso en que las dos razones principales para lanzar la bomba era poner fin a la guerra antes de que la URSS pudiera intevenir en Oriente, pasando con ello a convertirse en nación beligerante en el Pacífico -con las consiguientes demandas territoriales que ello acarrearía-, y sobre todo hacer una demostración de fuerza para impresionar a Moscú, que tomaría buena nota de la potencia nuclear de los aliados occidentales y,en vista de ello, se mostraría más dispuesta a atender los intereses occidentales en la posguerra».

16. Opositores

Memorias de Leó Szilárd (encuentro de mayo de 1945 con James F, Byrnes, representante personal del presidente Truman para asuntos atómicos, futuro secretario de Estado): «El señor Byrnes no afirmó que el uso de la bomba contra las ciudades japonesas fuera necesario para ganar la guerra. Sabía, como lo sabía el resto del gobierno, que Japón ya había sido derrotado y que podíamos obtener la victoria en seis meses. Lo que más le preocupaba al señor Byrnes en aquellos momentos era el aumento de la influencia rusa en Europa. [El señor Byrnes opinaba] que, por el mero hecho de que nosotros tuviéramos la bomba, Rusia resultaría más manejable en Europa.»

«Mientras me [el secretario de Guerra Stimson, 1945] exponía los hechos relevantes, yo había sido consciente de una sensación de desánimo, por lo que le expresé mis serias reservas: en primer lugar, basándome en mi convicción de que Japón ya estaba derrotado y de que lanzar la bomba era completamente innecesario; y, en segundo lugar, porque consideraba que nuestro país debía evitar escandalizar a la opinión pública mundial mediante el uso de un arma cuyo empleo, en mi opinión, ya no era imprescindible como medida para salvar vidas estadounidenses. Yo creía que Japón, en ese mismo momento, estaba buscando alguna forma de rendirse con la mínima pérdida de «dignidad». El secretario se sintió profundamente perturbado por mi actitud». General Dwight D. Eisenhower.

«El uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no supuso ninguna ayuda sustancial en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y dispuestos a rendirse debido al eficaz bloqueo marítimo y al éxito de los bombardeos con armas convencionales… Las posibilidades letales de la guerra atómica en el futuro son aterradoras. Mi propia impresión era que, al ser los primeros en utilizarla, habíamos adoptado un nivel ético propio de los bárbaros de la Edad Media. No me enseñaron a hacer la guerra de esa manera, y las guerras no se ganan destruyendo a mujeres y niños.» Almirante de la Flota William D. Leahy, jefe de Estado Mayor del presidente Truman.

«[LeMay dijo] que, si hubiéramos perdido la guerra, todos habríamos sido juzgados como criminales de guerra. Y creo que tiene razón. Él, y yo diría que yo también, nos comportábamos como criminales de guerra. LeMay reconoció que lo que estaba haciendo se habría considerado inmoral si su bando hubiera perdido. Pero, ¿qué es lo que hace que sea inmoral si se pierde y no lo sea si se gana?» Robert MacNamara.

«Llegué a la conclusión de que, incluso sin la bomba atómica, era probable que Japón se rindiera en cuestión de meses. Mi opinión personal era que Japón capitularía en noviembre de 1945. Incluso sin los ataques a Hiroshima y Nagasaki, parecía muy improbable, dado lo que habíamos constatado que era el estado de ánimo del Gobierno japonés, que hubiera sido necesaria la invasión estadounidense de las islas prevista para el 1 de noviembre de 1945». Paul Nitze, director y entonces vicepresidente de la Comisión de Investigación sobre el Bombardeo Estratégico.

«A la luz de las pruebas disponibles, tanto yo como otros considerábamos que, de haberse emitido en mayo de 1945 una declaración tan categórica sobre el mantenimiento de la dinastía, los sectores del Gobierno japonés partidarios de la rendición podrían muy bien haber encontrado en dicha declaración una razón válida y la fuerza necesaria para llegar a una decisión temprana y clara. Si la rendición se hubiera podido lograr en mayo de 1945, o incluso en junio o julio, antes de la entrada de la Rusia soviética en la guerra del Pacífico y del uso de la bomba atómica, el mundo habría salido ganando». Joseph Grew, subsecretario de Estado.

17. Stalin y Molotov.

La noticia del lanzamiento sacudió fuertemente a Stalin (como no podía ser de otro modo). El 6 de agosto, el dirigente soviético se encerró y se negó a ver a nadie, reacción parecida a la que tuvo al enterarse de la invasión nazi de la URSS el 22 de junio de 1941. Michael Gordin ha hablado de shock importante, de depresión.

Stalin: «La guerra es una barbarie. Pero utilizar la bomba A es una superbarbarie. Además, no había ninguna necesidad de usarla. ¡Japón estaba condenado!.»

Viacheslav Mólotov, ministro de Asuntos exteriores soviético durante la II Guerra Mundial: [el objetivo de las dos bombas atómicas] no era Japón, sino la Unión Soviética [los norteamericanos] querían decirnos: que no se os olvide que vosotros no tenéis la bomba y nosotros sí; como deis un paso en falso, ¡ateneos a las consecuencias!».

18. En el mundo de hoy

Las nueve potencias nucleares (Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte) poseen unas 12.100 cabezas nucleares.

El gasto en armas nucleares llegó a un máximo histórico de 119.000 millones de dólares en 2025 (aumento del 19% respecto al año anterior).

Solo el gobierno de Estados Unidos -a quien corresponde más de la mitad de este gasto- se ha embarcado en reforzar, a lo largo de varias décadas, su arsenal nuclear a un coste aproximado de 1,7 billones de dólares.

A principios de 2026 los directores del Bulletin of the Atomic Scientists [Boletín de Científicos Atómicos] adelantaron las manecillas de su famoso «Doomsday Clock» [Reloj del Juicio Final] a la posición de 85 segundos antes de medianoche, la posición más peligrosa de toda su historia.

En una conferencia de 2017 los delegados nacionales aprobaron por 122 votos contra 1 adoptar el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares de la ONU (TPNW, por sus siglas en inglés), que prohibía las armas nucleares. Hasta el momento acutal 100 países, la mayoría de los países del mundo, han firmado este tratado, que entró en vigor en enero de 2021.

España no ha firmado ni ratificado el TPNW.

Ningún país poseedor de armas nucleares ni ningún miembro de la OTAN (salvo los Países Bajos que votó en contra) han firmado el TPNW (o TPAN)

Nota

1 ¿Qué tipo de alma humana es aquella que permite nombrar a esas dos bombas de muerte, destrucción y barbarie con esas «simpáticas» expresiones?

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