Glenn Diesen (Greater Eurasia), 6 de Septiembre de 2026

Alexander Mercouris sostiene que la guerra en Ucrania ha entrado en una fase fundamentalmente diferente porque Rusia ha llegado a la conclusión de que ya no es posible una solución diplomática o política. La resistencia ucraniana y el apoyo militar, económico y político de Occidente han mantenido el conflicto, pero Rusia ha expandido simultáneamente su capacidad militar-industrial y ahora produce grandes cantidades de armas, vehículos y drones.
El cambio fundamental radica en que Rusia se ha propuesto lograr una solución militar. Esto ha eliminado parte de la moderación que existía anteriormente y ha convertido el período actual en la etapa más peligrosa de la guerra.
Aumento de la presión sobre Ucrania
La estrategia rusa se basa en el desgaste sostenido, en lugar de buscar una maniobra decisiva. La victoria implica destruir la capacidad y la voluntad del adversario para continuar la lucha. Esto requiere presión sobre el ejército, la economía, la infraestructura y la sociedad ucraniana en general, además de aumentar los costos para Occidente al apoyar a Kiev.
Los primeros indicios de debilidad sistémica podrían manifestarse en el sistema financiero de Ucrania. La producción está disminuyendo, las importaciones y exportaciones se ven gravemente limitadas, la agricultura y la industria pesada sufren presión, los ingresos fiscales caen y el gasto bélico sigue siendo extremadamente elevado. En estas condiciones, la inflación podría descontrolarse y provocar una pérdida de confianza en la moneda. Estas presiones financieras afectarían a soldados, policías, empresas y a toda la economía.
En última instancia, sin embargo, el colapso decisivo se produciría en el frente. La derrota militar es lo que finalmente pone fin a las guerras, y la situación militar cada vez más precaria de Ucrania es, por lo tanto, fundamental para el futuro del conflicto.
El riesgo de una escalada occidental
El deterioro de la situación en Ucrania también genera inquietud en las capitales europeas. Los líderes europeos que antes se oponían a las negociaciones con Moscú muestran un creciente interés en retomarlas. Sin embargo, al mismo tiempo, la retórica sobre la guerra híbrida rusa y las amenazas a Europa se torna cada vez más agresiva.
Esto genera una peligrosa contradicción. A medida que Ucrania se debilita, las demandas de intervención occidental podrían aumentar. Lo que comienza con peticiones de armamento adicional podría convertirse, con el tiempo, en exigencias de tropas occidentales, una zona de exclusión aérea u otras formas de intervención directa.
La moderación de Rusia no debe confundirse con una aceptación permanente de la escalada. Cada vez son más las voces dentro de Rusia que exigen represalias contra los intereses occidentales. Si Rusia sufre un ataque importante, la paciencia pública podría agotarse rápidamente.
Una posible “guerra sucia”
La incapacidad de Ucrania para lograr resultados decisivos mediante la escalada militar convencional podría empujar el conflicto hacia métodos cada vez más encubiertos y no convencionales, incluidos ataques contra la aviación, asesinatos y otras operaciones diseñadas para generar miedo y desestabilización.
Es improbable que Rusia permanezca pasiva indefinidamente. Hasta hace poco, Moscú tenía un incentivo para evitar involucrarse profundamente en este tipo de conflictos, ya que las negociaciones seguían siendo posibles. Si esa posibilidad desaparece, esas inhibiciones también podrían desaparecer.
Una guerra sucia a gran escala sería particularmente peligrosa, ya que carecería de fronteras geográficas naturales. Las operaciones llevadas a cabo desde territorio europeo podrían generar represalias que alcanzarían la propia Europa, prolongando potencialmente el conflicto mucho después de que hayan cesado los combates en el campo de batalla.
Cambios territoriales y el destino de Ucrania
La batalla por Orekhov es importante porque su captura desplazaría las posiciones rusas hacia el norte en el sur de Ucrania, fortaleciendo la defensa de Crimea y abriendo rutas hacia Zaporiyia y el Dniéper. El control de las posiciones a lo largo del Dniéper tendría enormes consecuencias, ya que el río es una importante arteria económica y de transporte, más que una frontera natural efectiva.
Odesa es aún más importante. Posee un profundo significado histórico y cultural para Rusia y es estratégicamente crucial para el dominio ruso del Mar Negro. La presión sobre la infraestructura de Odesa podría interpretarse como una preparación para aislar eventualmente la ciudad del resto de Ucrania. Si Rusia finalmente captura Odesa, es improbable que la ceda en un futuro acuerdo.
La misma lógica se aplica a Donetsk y Lugansk. Estos territorios han sido el centro de las negociaciones desde 2022. Su captura eliminaría la principal baza negociadora de Ucrania, al tiempo que permitiría a las fuerzas rusas avanzar más allá de las zonas fuertemente fortificadas que han marcado el curso de la guerra.
El cierre de la ventana diplomática
Aún no es imposible una solución diplomática. En Moscú, todavía hay quienes se preguntan si Rusia debería simplemente imponer la paz, anexionarse más territorio ucraniano y entrar en una confrontación permanente con Occidente.
Pero años de negociaciones fallidas han generado una profunda desconfianza. Para reanudar la diplomacia, Occidente tendría que cambiar radicalmente su enfoque: aceptar la neutralidad ucraniana de forma permanente, garantizarla legalmente, aceptar limitaciones a las fuerzas armadas de Ucrania y descartar la presencia de bases militares y tropas occidentales en el país.
Sin tales propuestas, será cada vez más difícil convencer a Moscú de que otra negociación produciría algo más que otro acuerdo temporal.
El peligro principal reside en que la presión continua pueda llevar a Rusia más allá de las restricciones que aún mantiene. La escalada ya ha superado con creces las condiciones iniciales de la guerra. Suponer que las líneas rojas rusas pueden ponerse a prueba indefinidamente conlleva el riesgo de desencadenar un conflicto mucho mayor.
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