Gaceta Crítica

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¿Puede la izquierda derrotar la fortaleza digital del capitalismo?

Necesitamos una “inteligencia artificial popular” que opere bajo supervisión social y se desarrolle a través de cooperativas digitales, con el objetivo de distribuir la riqueza y organizar la producción para satisfacer las necesidades humanas…

La lucha por la liberación socialista en el siglo XXI no puede librarse con las armas del siglo pasado. En una era donde los algoritmos dominan, donde la influencia de la inteligencia artificial en los medios, la cultura, la educación y el trabajo continúa expandiéndose, y donde las políticas y estrategias económicas se formulan con base en macrodatos y análisis algorítmicos, la izquierda se enfrenta a una pregunta existencial: ¿cómo pueden los movimientos que aún se organizan según lógicas tradicionales hacer frente a un capitalismo digital que ha alcanzado un nivel de avance tecnológico sin precedentes?

Este texto no es simplemente un llamamiento a desarrollar herramientas, sino un llamamiento a transformar la conciencia organizativa e intelectual hacia una comprensión profunda de la naturaleza de la batalla digital.

La brecha en cuestión no es simplemente una brecha en el «dominio técnico», sino una brecha en la comprensión de que el espacio digital se ha convertido en un campo de batalla de clases donde el capitalismo domina, programa y subyuga, mientras que la izquierda sufre una presencia disminuida y la ausencia de una visión digital clara.

Superar esta brecha ya no es un lujo; es una condición para la supervivencia de la propia izquierda, puesto que la batalla actual se libra tanto en algoritmos y redes como sobre el terreno.

La lucha por la tecnología no es una batalla contra la ciencia, sino contra el monopolio que las potencias dominantes ejercen sobre ella para aumentar sus beneficios. La inteligencia artificial no debe considerarse una amenaza en sí misma, sino más bien un campo de batalla cuyas características están determinadas por el equilibrio de fuerzas sociales, políticas y económicas.

En los últimos años se ha producido una aceleración sin precedentes en la concentración del poder digital en manos de un número limitado de corporaciones gigantes que controlan la infraestructura de la inteligencia artificial, la computación en la nube y los datos globales, lo que les otorga una influencia económica, política y cultural que a veces supera la de muchos estados. 

La tecnología como medio para que el capitalismo supere sus crisis.

Ante las crisis, el capitalismo recurre a reproducirse mediante herramientas científicas avanzadas que le permiten superar los desafíos sin afectar su esencia explotadora. En la crisis de 2008, la tecnología y los métodos científicos se utilizaron para salvar el sistema financiero, trasladando simultáneamente el costo de las pérdidas a las clases trabajadoras.

Durante la pandemia de COVID-19 de 2020, el capitalismo logró superar la crisis reforzando la automatización, la inteligencia artificial y el teletrabajo, asegurando la continuidad de la producción a través de nuevos mecanismos que redujeron la dependencia de la mano de obra humana y aumentaron las ganancias corporativas, a costa de condiciones laborales inestables para millones de personas.

Con el auge de la inteligencia artificial a partir de 2023, el capitalismo ha entrado en una nueva fase de reestructuración del mercado laboral. La dependencia de la automatización y los sistemas inteligentes se ha extendido a numerosos sectores, y han surgido crecientes preocupaciones sobre el futuro de millones de empleos, incluso mientras las empresas tecnológicas obtienen enormes beneficios gracias a su monopolio sobre la nueva infraestructura digital y del conocimiento.

Estas políticas demuestran cómo el capitalismo utiliza la ciencia como herramienta para estructurar el sistema y asegurar su continuidad. En ocasiones, incluso adopta ideas socialistas, como la intervención estatal, como medidas temporales para garantizar la estabilidad, para luego revertir estos avances una vez superada la crisis y reproducir la explotación mediante mecanismos más sofisticados. 

La flexibilidad científica y la revolución digital como una lucha de clases moderna.

Ante estos desafíos, la izquierda debe aprovechar el progreso científico reformulando su discurso y sus herramientas desde una perspectiva científica. Esto requiere utilizar herramientas modernas para analizar los problemas sociales y desarrollar un discurso realista, junto con mecanismos organizativos flexibles capaces de atraer a los jóvenes que han crecido en un mundo dominado por la tecnología. 

Invertir en herramientas científicas no significa identificarse con los valores capitalistas; es una estrategia para ponerlas al servicio de la justicia social y la reducción de la desigualdad de clases, como un paso hacia la construcción de un sistema socialista más humano.

Si las revoluciones industriales anteriores transformaron las ecuaciones de producción mediante la máquina y el vapor, luego la electricidad y posteriormente la tecnología de la información, la fase actual, basada en la inteligencia artificial, el big data y las plataformas digitales, está reconfigurando la producción, el trabajo, el conocimiento y la comunicación humana de maneras más profundas y de mayor alcance.

En esta era, los datos, los algoritmos y los sistemas de inteligencia artificial se han convertido en herramientas fundamentales para reproducir la dominación de maneras relativamente invisibles, influir en la opinión pública, dirigir el comportamiento individual y colectivo y controlar el acceso al conocimiento y la información.

Sin embargo, la mayoría de las organizaciones de izquierda siguen estando rezagadas digitalmente, lo que las coloca en una posición de desventaja. Este retraso refleja la falta de comprensión de que el desarrollo digital se ha convertido en una condición existencial para la lucha socialista.

La falta de herramientas digitales y conocimientos modernos de la izquierda la sitúa en una posición de desigualdad frente a un sistema capitalista que posee plataformas globales, datos, infraestructura informática e inteligencia artificial; herramientas que le otorgan una capacidad sin precedentes para moldear la conciencia e influir en el comportamiento social y político.

Recuperar la iniciativa

Si bien la izquierda está perdiendo una de las batallas al tratar la tecnología como una herramienta secundaria, la guerra aún no está decidida. La victoria exige traducir la visión en programas de acción concretos basados en el uso consciente de la tecnología. La izquierda no puede permanecer a la defensiva; debe convertirse en un actor activo en la reconfiguración del futuro de la tecnología para integrarla en su proyecto liberador.

Sin embargo, la tecnología no puede reemplazar la organización humana consciente. El verdadero poder reside en las personas organizadas, capaces de aprovechar estos medios para alcanzar sus objetivos. La inteligencia artificial es una herramienta eficaz para la movilización, la organización y el análisis; sin embargo, nunca reemplazará la solidaridad ni el trabajo de base, que siguen siendo los principales motores del cambio.

Hacia alternativas digitales de izquierda: Asaltando la fortaleza y desatando las herramientas.

Como izquierda, históricamente hemos logrado ofrecer alternativas en los ámbitos de la economía, la justicia y la política; sin embargo, hoy nos enfrentamos a un desafío crucial: aún no hemos desarrollado una visión digital alternativa e integral capaz de romper la dominación tecnológica del capitalismo.

La lección dialéctica más importante que debemos asimilar es que la tecnología no es una «herramienta neutral» que cae del cielo; más bien, es un campo de batalla de clases por excelencia.

El problema fundamental no reside en la esencia de la inteligencia artificial o la automatización, sino en las «relaciones de propiedad» que las rigen; es decir, en el monopolio que ejercen las grandes corporaciones sobre estas herramientas para agudizar el conflicto de clases, controlar a las masas y estandarizar la conciencia humana al servicio de la acumulación de beneficios.

Sobre esta base, ya no basta con que la izquierda adopte la posición de «crítica» o «espectadora», sino que debe proponer mecanismos nuevos y audaces para el uso de la tecnología dentro de marcos democráticos, participativos y transparentes.

Necesitamos una “inteligencia artificial popular” que opere bajo supervisión social y se desarrolle a través de cooperativas digitales, con el objetivo de distribuir la riqueza y organizar la producción para satisfacer las necesidades humanas genuinas, en lugar de los caprichos del mercado y el fortalecimiento de la dominación y el militarismo.

También necesitamos modelos de código abierto, plataformas digitales progresivas e iniciativas tecnológicas cooperativas que no estén sujetas a la lógica del monopolio comercial y que permitan a las comunidades y a las masas participar en la gestión del conocimiento y los datos, así como en el desarrollo de nuevas tecnologías.

Un debate genuino exige que derribemos la fortaleza digital del capitalismo, lo que implica adentrarnos en el corazón mismo del proceso tecnológico y comprender la lógica de los algoritmos para desmantelarlos y reconstruirlos con una perspectiva liberadora. 

Simplemente plantarse frente a los muros de esta tecnología y denunciar su explotación no cambiará nada en la realidad y dejará a la izquierda aislada en guetos intelectuales obsoletos.

Estamos llamados a dominar las herramientas de nuestra época, pues así como Marx y Engels transformaron las ciencias económicas y filosóficas de su tiempo —de instrumentos que justificaban el orden existente a un arma teórica y práctica en manos de la clase trabajadora—, la izquierda actual está llamada a ser una fuerza activa y programática en este ámbito.

Debemos pasar de la posición de «usuario pasivo», sujeto a las condiciones de las plataformas capitalistas, a la de «productor alternativo» que propone una tecnología comunitaria, abierta y liberada.

La lucha por la inteligencia artificial ya no se limita al futuro de la tecnología; se trata del futuro del trabajo, la democracia, la cultura y la justicia social. Sin una presencia activa de la izquierda en este ámbito, el capitalismo digital seguirá dictando el rumbo del desarrollo tecnológico para servir a sus propios intereses y continuará controlando el desarrollo de la mente humana y el futuro de la humanidad.

La verdadera fuerza de la izquierda reside en su capacidad para integrar la organización humana de base con el ámbito digital, de modo que el espacio digital se convierta en una plataforma de apoyo y eficaz, no en un sustituto de la lucha, sino en una plataforma sobre la que pueda elevarse hacia un futuro socialista más humano y justo.

Rezgar Akrawi, escritor, periodista y pensador político iraquí de origen kurdo. Actualmente vive y trabaja en Dinamarca. Es el fundador y coordinador general del foro web » Al-Hewar Al-Mutamaden – Modern Discussion «, uno de los proyectos digitales de izquierda más grandes e importantes del mundo árabe, fundado en 2001. Entre sus publicaciones recientes se encuentra el libro «Inteligencia Artificial Capitalista: Desafíos para la Izquierda y Posibles Alternativas».

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