Manuel Rico (director de PÚBLICO), 21 de Junio de 2026

Quiero ser claro desde el principio: la hipótesis que voy a formular sobre «lo de Zapatero» está en una fase aún embrionaria. Me reservo el derecho a cambiarla o descartarla en el futuro. Además, está formulada a partir de lo que podríamos bautizar como Nueva Escuela de Razonamiento UCO/UDEF, cuya principal aportación a la investigación judicial es la mezcla en untotum revolutum de hechos, indicios, inferencias y sospechas.
Es cierto que, para la elaboración de la hipótesis, no he contado con ayuda alguna de agentes al servicio de la Administración Trump, pero en todo lo demás creo que he sido fiel a la lógica de la Nueva Escuela.
Me van a permitir también que siga la estructura del auto de imputación de Zapatero, donde primero se ofrece la conclusión, y luego ya se detallan los hechos, indicios y razonamientos jurídicos. A priori, un spoiler así podría desanimar a seguir con la lectura, pero confío en que una hipótesis atractiva se imponga a la torpeza de desvelar el desenlace.
Mi hipótesis embrionaria es la siguiente: los investigadores tenían claros indicios de la comisión de un delito fiscal por parte de Zapatero, que no es poco, pero que a la vez planteaba un pequeño inconveniente. ¿Cómo vas a vender mediáticamente como el escándalo del siglo un delito fiscal de Zapatero cuando tienes al novio de Ayuso como lo tienes? Con más dinero presuntamente defraudado, con una instrucción judicial a ritmo de tortuga cansada, con el PP exigiendo desde hace dos años que circulemos, que ahí no hay nada que ver. Complicado.
Pero el escenario cambiaba radicalmente si en «lo de Zapatero» se añadían dos conceptos: tráfico de influencias y Dubái. Eso ya superaba todo lo aceptable por cualquier ciudadano decente: un expresidente presionando a funcionarios para que adopten resoluciones que lo enriquecen a él y a sus amigotes, y que encima monta empresas en paraísos fiscales para cobrar las mordidas.
La jugada era maestra por otro motivo. Si en algún lugar puede haber pruebas de que Zapatero realizó tráfico de influencias o participó en una sociedad en Dubái es en las comunicaciones de su secretaria. Pero claro, ¿cómo justificar las entradas, registros y clonaciones de correos y móviles si la única acusación es la de delito fiscal? Llevaba un juez cinco meses esperando a pedir los movimientos bancarios del novio de Ayuso, no fuese a ser demasiada la molestia para el ciudadano particular, ¿y va otro magistrado y entra como elefante en cacharrería en despachos y sociedades de un expresidente? Complicado, nuevamente. Pero nadie pondría el grito en el cielo si esa actuación se producía en el marco de una investigación sobre tráfico de influencias y sociedades en paraísos fiscales.
Una situación de esas que llaman win-win los pedantes que saben inglés (precisamente hemos conocido estos días gracias a una incisiva entrevista televisiva que por fortuna el bueno de Feijóo no ha caído en esa tentación). Si en los registros se encuentran pruebas, ¡bingo! Y si no se encuentra nada, volvemos a centrarnos en el posible delito fiscal, que eso parece más atado y nos garantiza que nadie podrá hablar en el futuro de lawfare.
El bingo fue de los gordos porque los agentes encontraron unas valiosas joyas que complican la situación judicial de Zapatero y lo destrozan justamente como referente moral de buena parte dela izquierda. Y aún nos falta por saber lo que había en el correo de la secretaria y en la empresa de las hijas del expresidente. Si se encuentran pruebas del tráfico de influencias o rastro de la empresa de Dubái, la operación ya entraría en la categoría de lo magistral.
Es oportuno, por último, destacar la inteligencia del magistrado Calama. Según mis últimos cálculos (no científicos), en un cerebro de Calama entran aproximadamente 37 cerebros de Peinado. Decía que tuvo la inteligencia de no ordenar el registro del domicilio de Zapatero, como pidió una UDEF desatada, con lo cual se escucharon grandes cánticos de alabanza a un juez tan «garantista». Y tuvo la inteligencia de rechazar la disparatada petición del Ministerio Fiscal de retirar el pasaporte al expresidente, de forma que se entonaron de nuevo grandes elogios al puntilloso magistrado. (Nota bene: ¿alguien que lo quiera podría decirle a Alejandro Luzón que tome aliento de vez en cuando, que está bien su apresurada carrera por ser el próximo fiscal general, pero que no es obligatorio hacer el ridículo en su muy loable empeño?).
Hasta aquí mi hipótesisembrionaria sobre «lo de Zapatero». Como decía, es un totum revolutum de hechos, inferencias y sospechas, pero a mí me parece que no ha quedado mal como relato.
Me gustaría, eso sí, apuntar algún dato en los tres asuntos clave desde el punto de vista penal. ¿Dato mata a relato? El tiempo lo dirá.
El tráfico de influencias, según el Código Penal, lo comete «el particular que influyere en un funcionario público o autoridad prevaliéndose de cualquier situación derivada de su relación personal con éste o con otro funcionario público o autoridad para conseguir una resolución que le pueda generar directa o indirectamente un beneficio económico para sí o para un tercero». Así que acusar a alguien de tráfico de influencias sin indicar en qué funcionario influyó es como acusarle de asesinato sin saber quién es el muerto. No digo sin que aparezca el cadáver, porque es sabido que te pueden condenar sin el cuerpo de la víctima en caso de que haya otras pruebas. Es que en «lo de Zapatero» no sabemos quién es el muerto. ¿Que puede existir? No seré yo quien diga que no. Pero cualquier persona que sepa leer y entender puede concluir que en las 85 páginas del auto de imputación de Zapatero no se indica ni una sola vez quién es el funcionario o autoridad sobre el que supuestamenteinfluyó para lograr el rescate de Plus Ultra.
Luego está lo de la empresa en Dubái. Si la sospecha es que la mordida se pagó a esa sociedad, ¿por qué no se abrió una pieza secreta y se envió una comisión rogatoria al emirato árabe solicitando toda la información existente? La empresa se constituyó en teoría hace cinco años y, si fue utilizada para cobrar una comisión, tuvo que dejar necesariamente algún rastro: un ingreso en una cuenta bancaria, unas criptomonedas, algo. Aquí es donde el enterado de turno te explica entre aspavientos: «Si, hombre, que Dubái te va a enviar la información por tu cara bonita». Pues sí, resulta que los Emiratos Árabes Unidos y España firmaron en 2006 un convenio para evitar la doble imposición y prevenir la evasión fiscal, que obliga a ambos Estados a intercambiar información financiera. Además, los Emiratos se adhirieron en 2017 al Estándar Común de Reporte (CRS) de la OCDE para el intercambio automático de información sobre cuentas financieras y a los estándares internacionales de transparencia fiscal, que les obligan a identificar a los titulares últimos de una sociedad.
También es cierto que si preguntas a las autoridades de Dubái por una empresa que no tuvo actividad alguna, corres el riesgo de que te confirmen que es una sociedad fantasma. Así que mejor hacerlo más adelante, no vaya a emborronar el bonito relato del auto de imputación. De nuevo, una aclaración por si me está leyendo Peinado o alguien con su misma capacidad de comprensión: yo no sé si la comisión se cobró o no en dicha compañía, yo lo que sé es que en el auto no hay rastro ni de la creación de la sociedad, ni de que tuviera actividad alguna, ni de que abriese una cuenta bancaria. Nada. Nothing (Feijóo me perdone).
En cambio, lo que me parece insalvable para Zapatero son los pagos de la empresa Inteligencia Prospectiva a la sociedad de sus hijas, Whathefav. La compañía, montada en España en 2020 por los hermanos venezolanos Amaro Chacón, tiene una operativa que ciertamente no responde a su nombre. Si en vez de Inteligencia Prospectiva la bautizan como Tontos sin Fronteras habría sido más ajustado a la realidad: sin trabajadores y sin apenas ingresos, tiene unos gastos de 1,3 millones, el 92% de esos pagos van a entidades vinculadas directamente con Zapatero, y las pérdidas se cubren con ampliaciones de capital. Un sinsentido económico que despertaría las sospechas del policía con menos luces de España.
De su inexplicable volumen de gastos, más de 550.000 euros se abonan a Whathefav. Dado que Inteligencia Prospectiva se pasó cinco años sin actividad, y por tanto no prestaba servicio alguno, se infiere (esta vez sí) que tampoco necesitaba proveedores o informes. Ni de consultoría ni de jardinería, ni escritos ni en verso, ni de Whathefav ni de Whathefuck (Feijóo, calienta, que sales). Y la versión de que una empresa sin actividad paga 550.000 euros por unos encargos digitales no identificados, muy creíble la verdad es que no parece. Así que los investigadores judiciales sospechan (esta vez con base) que en realidad era el pago por trabajos que hizo Zapatero, en cuyo caso los tendría que haber declarado él como renta, y al no hacerlo habría cometido un fraude o un delito fiscal. Algo que él negó con vehemencia en su declaración judicial.
Un apunte final. Más allá de cómo termine el procedimiento judicial, el referente moral llamado Zapatero es historia y su caída ha causado un destrozo enorme a la izquierda y una desilusión igual de grande en cientos de miles de ciudadanos.
En el tema de las joyas, es posible que estén prescritos los presuntos delitos (si los hubiere), lo que no restaría ni un ápice de gravedad a su comportamiento. Pero en el terreno de la ética, es inaceptable haberse quedado con esas joyas, incumpliendo el Código de Conducta de los miembros del Gobierno aprobado en 2005, precisamente cuando Zapatero era presidente, que imponía la prohibición de aceptar regalos de elevada cuantía y la obligación de entregarlos al Patrimonio del Estado.
Y si te quieres dedicar a los negocios, exactamente igual que otros expresidentes, pues adelante, pero entonces no te empeñes en presentarte ante la humanidad como una especie de sor Teresa de Calcuta enversión leonesa.
Por último, si me permiten la ironía: ¿de verdad que Zapatero se hizo amigo de Julito Martínez después de que se lo presentase Zaplana? Zaplana te presenta a un empresario alicantino, ¿y tú no sales corriendo en dirección contraria? No tengo palabras.


Deja un comentario