Gaceta Crítica

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Estados Unidos e Israel: quién maneja a quién

Olga Rodríguez (eldiario.es), 21 de Junio de 2026

  • Israel ha perdido el relato, sí, pero el desvío de atención hacia Irán y Líbano y el apoyo político y militar de Estados Unidos le permiten seguir ganando terreno en su proyecto colonial de anexión territorial y apartheid
Imagen de archivo de Trump y Netanyahu en la Casa Blanca en julio de 2025
Imagen de archivo de Trump y Netanyahu en la Casa Blanca en julio de 2025 Daniel Torok / Casa Blanca

Las relaciones entre Washington y Tel Aviv son sólidas, estrechas y vienen de lejos. El apoyo político, diplomático, económico y militar que Estados Unidos aporta a Israel ha sido determinante desde hace décadas para que el Estado israelí pueda avanzar en su proyecto colonial de apartheid. Pero EEUU no lo ha entregado porque sí, sino porque ganaba con ello.

El fanfarroneo es una de las características de Donald Trump. Le gusta provocar. No oculta que quiere acceso a reservas de petróleo venezolano, construir un resort en Gaza, tomar el control del canal de Panamá, convertir Canadá en “el estado 51” de EEUU o apropiarse de Groenlandia. Pero es importante entender que también Trump esconde estrategias y disfraza objetivos cuando el precio a pagar por mostrarlos es demasiado alto. Y ese es el escenario actual en el que se encuentra, ante las consecuencias económicas —y en la opinión pública— de su guerra ilegal contra Irán.

Los intereses de EEUU

Por eso Trump y su equipo han endurecido su discurso hacia el Gobierno israelí. El aumento del precio del petróleo como consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz y el rechazo mayoritario de la opinión pública estadounidense a la guerra contra Irán les obliga a escenificar enfados. Lo están haciendo con palabras y gestos, pero esto no se traduce, por el momento, en acciones que modifiquen su alianza preferencial con Tel Aviv. Es decir, no ha suspendido su protección política y diplomática a Israel ante los organismos internacionales ni ha congelado su ayuda militar, iniciada hace décadas.

Israel tiene unos diez millones de habitantes y un Producto Interior Bruto de 610.000 millones de dólares, mucho menor que el de Arabia Saudí. Estados Unidos es la primera potencia económica y militar del mundo, con un PIB de 30 billones de dólares. El Estado israelí no es más poderoso que Washington. Cuenta con grandes lobbies con capacidad de presión e influencia, pero eso no explica por sí solo el respaldo estadounidense. Israel suele coincidir con los intereses de EEUU en la región. Si dejara de ser así, la protección privilegiada de Washington a Tel Aviv podría llegar a su fin.

Oriente Próximo es una zona rica en gas y petróleo, clave como ruta de paso para transportar minerales críticos entre Asia y Europa y escenario de numerosas guerras por delegación, en las que potencias regionales e internacionales han combatido indirectamente por el control de recursos y áreas de influencia. Las potencias coloniales europeas primero, y Estados Unidos después, vieron en ella un filón para aumentar su poder y un tablero en el que frenar las posibilidades de expansión de sus adversarios.

Los intereses coloniales israelíes suelen ser útiles para los objetivos estadounidenses, y viceversa. Si dejaran de serlo, sus relaciones preferenciales llegarían a su fin

La geopolítica

La continuidad territorial de Eurasia marca las decisiones geopolíticas de Washington. Si las naciones que componen Eurasia mantuvieran relaciones comerciales preferenciales, aprovechando la vecindad y esas condiciones geográficas, se convertirían en “el centro del poder mundial”. Así lo expuso hace más de un siglo el británico Halford Mackinder, a quien muchos consideran el padre de la geopolítica moderna.

Todo esto condiciona la toma de decisiones de EEUU desde hace décadas. Washington sigue trazando planes para reafirmar su control sobre recursos energéticos, rutas de transporte de materias primas y corredores comerciales, resistiéndose a asumir un escenario de multipolaridad.

No son las prioridades de Israel las que condicionan a Washington, sino al revés. Lo que ocurre es que los intereses coloniales israelíes suelen ser útiles para los objetivos estadounidenses, y viceversa. Si dejaran de serlo, las relaciones preferenciales entre Estados Unidos e Israel llegarían a su fin.

El ejemplo sudafricano

Así ocurrió con el régimen del apartheid de Sudáfrica, que actuó durante años como un aliado útil para los intereses estadounidenses en la región, combatiendo contra movimientos de liberación en países como Angola, donde Washington y Moscú libraban una guerra por delegación. La resistencia interna negra sudafricana y la campaña internacional por el boicot y las sanciones contra el régimen sudafricano fueron esenciales para minar su imagen ante la opinión pública y para debilitarlo económica y políticamente.

La derrota estratégica de Sudáfrica en Angola y la desintegración de la URSS cambiaron las prioridades de EEUU en la zona. Ya no necesitaba al régimen sudafricano, y lo dejó caer.

¿Es esa la situación actual de Washington ante Israel? De momento, no. La importancia geoestratégica de Palestina en Asia Occidental sigue presente en los planes europeos y estadounidenses. El proyecto de Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa —IMEC— es un ejemplo. Está diseñado para hacer uso del puerto israelí de Haifa como enlace entre India, el Golfo Pérsico y Europa, con el objetivo de aislar a Irán y contrarrestar la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China.

La caída del sah en Irán en 1979 supuso para Washington la pérdida de un importante aliado regional, lo que aumentó aún más la importancia de Israel para EEUU. Y así, hasta hoy. 

El respaldo a Israel

Israel nació como un Estado colonial dependiente del apoyo occidental. Al principio fue Francia el principal proveedor de armas a Israel, en la década de los cincuenta —cuando se asentaron las bases del reactor Dimona— mientras Washington se centraba en sus alianzas con Arabia Saudí, Irán y Egipto.

Pero con la intensificación de la Guerra Fría y ante el crecimiento del nacionalismo panárabe —que desestabilizaba el orden regional pro-occidental— EEUU incrementó su apoyo a Israel, consciente de su valor estratégico.

A principios de los sesenta, impulsó los primeros lazos formales de seguridad con el Estado israelí. También aumentó la cooperación encubierta entre Estados Unidos y Tel Aviv. El Mossad actuó como un brazo externalizado para las operaciones de inteligencia estadounidenses en el extranjero.

Ante la influencia de la URSS en Egipto, Siria e Irak, Estados Unidos comenzó a suministrar a Israel misiles, tanques y aviones. En los años sesenta y setenta Israel apoyó a las fuerzas prooccidentales en Yemen, Etiopía, Marruecos e incluso en Sudáfrica y otras partes del África subsahariana.

La relación preferencial

En 1967 Israel contó con el visto bueno de Estados Unidos para lanzar su ‘guerra preventiva’ contra Egipto, Siria y Jordania. Washington buscaba debilitar al Egipto de Nasser, aliado de la URSS. De ese modo el Estado israelí ocupó ilegalmente Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán sirios y el Sinaí egipcio. Todos ellos, excepto el Sinaí, siguen bajo ocupación israelí a día de hoy.

Aquella operación militar ilegal debilitó profundamente a los gobiernos nacionalistas árabes que buscaban operar al margen de los objetivos estadounidenses y europeos. También supuso la consolidación de la relación preferencial entre EEUU e Israel. Washington asumió que Tel Aviv era un aliado clave para lograr sus objetivos políticos y para frenar a Moscú en la región. Desde entonces la ayuda militar estadounidense a Israel fue creciendo y reforzándose, a cambio de seguir actuando como ejecutor de los intereses de la Casa Blanca.

El triunfo de la Revolución Islámica en Irán en 1979 —con la caída del sah— supuso para Washington la pérdida de un importante aliado regional, lo que aumentó aún más la importancia estratégica de Israel para EEUU. Y así, hasta hoy.

El plan de EEUU para Gaza, disfrazado de un alto el fuego que no es real, ha servido de excusa para apaciguar conciencias y rebajar exigencias a Israel

La mayor ayuda militar fija

La mayor ayuda militar fija que Estados Unidos entrega a un país es la que otorga a Israel: 3.800 millones de dólares anuales. La segunda es la que envía a Egipto, país que comparte frontera con Gaza, Israel, Sudán y Libia.

La mayor parte de la ayuda de EEUU a Israel se transfiere sin restricciones, directamente depositada en el tesoro israelí, a modo de subvención, no como préstamo. Esto permite a Tel Aviv desarrollar su industria armamentística nacional sin tener que proporcionar información detallada sobre su uso.

Además de esas transferencias directas, Estados Unidos ofrece un tratamiento fiscal favorable para las donaciones privadas a Israel, ofrece garantías de préstamos y garantiza el suministro de petróleo en caso de crisis. A ello se suma la protección diplomática, con decenas de vetos a resoluciones críticas con Israel en Naciones Unidas.

Las tensiones

Eso no significa que no haya tensiones. Washington busca equilibrios entre sus alianzas con Tel Aviv y sus pactos con los países productores de petróleo árabes. Si las ambiciones expansionistas de Israel perjudican a sus intereses, EEUU tiene capacidad para pararle los pies. Así ocurrió en 1956, durante la crisis de Suez, cuando obligó a Israel a retirarse de Gaza y del Sinaí egipcio. En los años sesenta el presidente John F. Kennedy se opuso al programa nuclear israelí y exigió inspecciones del reactor Dimona, construido por Francia.

También en 1973, con el embargo de petróleo desencadenado por la guerra del Yom Kippur, Estados Unidos presionó a Israel para que aceptara acuerdos de alto el fuego y se retirara de Egipto.

En 1981 EEUU criticó a Tel Aviv cuando destruyó el reactor de Osirak en Irak y en 1982 presionó al Gobierno israelí ante sus ataques contra Líbano y su papel en las masacres de Sabra y Shatila. Tras esas matanzas, Ronald Reagan llegó a amenazar con cortar el grifo de su ayuda militar a Israel, pero no lo hizo. El respaldo se mantuvo.

Otro de los episodios de mayor tensión entre ambos países fue el caso de espionaje de Jonathan Pollard, un analista de inteligencia de EEUU que entregó material clasificado a Israel. Aquel escándalo estalló en 1985 y fue un foco de tensión durante años, pero tampoco modificó las relaciones preferenciales. Un año después, en 1986, Joe Biden afirmó en el Senado que “si no existiera Israel, EEUU tendría que inventarlo para proteger sus intereses en la región”.

En 2015 Netanyahu llegó a intervenir ante el Congreso estadounidense sin el consentimiento de la Casa Blanca, algo extraordinario. Lo hizo para criticar con dureza el acuerdo nuclear con Irán impulsado por Obama en contra de la voluntad de Tel Aviv. Aún así, la integración entre Washington y Tel Aviv en todos los ámbitos de seguridad siguió afianzándose.

No habrá posibilidad de paz y estabilidad duraderas en la región si Palestina vuelve a quedar relegada al olvido 

La guerra contra Irán

La guerra contra Irán iniciada el pasado marzo no fue solamente un capricho israelí. Netanyahu buscaba debilitar al Gobierno de Teherán y al propio Estado iraní, pero EEUU nunca habría impulsado esa guerra ilegal si no hubiera visto en ella una oportunidad para afianzar sus intereses en la región. Su problema es que no ha ganado esta guerra, ni en cuatro ni en seis semanas, tal y como Trump pretendía. El presidente estadounidense subestimó los riesgos y ahora se ve obligado a buscar unos acuerdos para paliar la subida del precio del combustible y para tranquilizar a su base de votantes, entre los que hay un importante sector contrario a la guerra. Por eso muestra enfado con el Gobierno israelí.

Israel, por su parte, seguirá violando el alto el fuego en Gaza y Líbano, como ha hecho hasta ahora, a no ser que EEUU modifique sustancialmente su política hacia Tel Aviv. Por ello, analizar las consecuencias de la guerra de Irán requiere poner el foco también en Palestina. La guerra de Trump y de Netanyahu contra Teherán ha logrado desviar la atención del genocidio israelí, y el plan de EEUU para Gaza –un proyecto colonial– ha servido a los aliados europeos de excusa para apaciguar conciencias y rebajar exigencias a Israel, mientras el Ejército israelí sigue matando a palestinos y oprimiendo a la población de la Franja.El fracaso de Donald Trump en Irán lastra su presidenciaEl fracaso de Trump en Irán lastra su presidencia

Las imágenes que muestran la envergadura de los crímenes masivos y la creciente difusión de información sobre la historia de Palestina han contribuido a modificar la percepción del Estado israelí en el mundo. Israel ha perdido el relato, sí, pero el apoyo de Estados Unidos, Reino Unido y la UE le permiten seguir ganando terreno, con más anexión ilegal de territorio. Por eso conviene fijarse en los hechos, y no solo en las escenificaciones políticas. No habrá posibilidad de paz y estabilidad duraderas en la región si Palestina vuelve a quedar relegada al olvido.

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