| El viaje a Perú para cubrir las elecciones este fin de semana me hizo recordar un libro que compré hace tres décadas cuando viajé a Guatemala por primera vez. Se llamaba La patria del criollo, de Severo Martínez Peláez, centrado en las desigualdades, el racismo estructural y los privilegios de las élites heredado del régimen colonial español.Así, los criollos perpetúan la explotación de la población indígena y de la tierra en las naciones independizadas latinoamericanas, constituyendo regímenes políticos basados en la herencia de sangre, porque el criollo no era solo un hijo de españoles nacido en América, era la encarnación de la élite política y económica que poseía las tierras y los recursos y controlaba el trabajo indígena, que prolonga el régimen de expropiación de las tierras y explotación de los indígenas, sometidos a trabajos forzados.Así, el indio se consideraba, y se sigue considerando en muchos sectores, como el de los votantes de Keiko Fujimori en Perú, un ser inferior, por lo que puede ser explotado.Y mientras en Miraflores, ese barrio adinerado de Lima casi el 90% de la población vota a Fujimori, quienes se concentraban el domingo por la noche en la plaza de San Martín, al grito de «libertad para Castillo», no tenían nada que ver con aquellos, ni con los que coreaban a Fujimori e insultaban a los votantes de Sánchez con improperios racistas.Los votantes de Sánchez, como los de Castillo, conocen de primera mano diversas formas de racismo, es su propia historia de opresión. Por eso, cuando se insultaba al expresidente Castillo “maestro rural elegido presidente” y se ataca a Sánchez con este tipo de insultos, se busca evitar «que otros peruanos de origen humilde y provinciano intenten tal travesía» a la política institucional, escribe Francesca Emanuele, socióloga y analista del thik tank estadounidense CEPR: «El temor a recibir el mismo trato alimentaría la ausencia de políticos de origen humilde y provinciano. Y sin ellos será menos probable romper con el centralismo limeño y con las condiciones de exclusión, características del Perú moderno».Para los millones de peruanos y peruanas que votaron por Castillo y por Sánchez, es natural «encontrarse en su reflejo», dice Emanuele, «más aún cuando la oposición repetía la táctica manida de ligarlo al fantasma de Sendero Luminoso. Las clases populares llevan décadas siendo cruelmente demonizadas con ese argumento falaz. Por ello mismo, los parlamentarios conservadores repitieron hasta la saciedad que Castillo era ‘comunista’, acompañando estas afirmaciones con el correlato de una supuesta militancia terrorista. Poco importaba que el presidente se hubiera alejado tempranamente de un plan de gobierno progresista, dejando claro que ni siquiera era un socialdemócrata. […] Un ‘nosotros contra ellos’ que retumbaba entre las clases marginadas, en la que les situaban como el enemigo».Hasta tal punto es así hoy en día, que uno de los argumentos de que pudieron moverse unas décimas los votos el domingo a favor de Fujimori tuvo que ver con las vinculaciones sin pruebas de Sánchez con Sendero Luminoso. En una entrevista de uno de los candidatos de la primera vuelta, Jorge Nieto, con un conocido youtuber, éste acusó a Sánchez por tener en su equipo personas de Sendero Luminoso, que lleva tres décadas desaparecido, a raíz de la detención de Abimael Guzmán en 1992.El concepto tiene un nombre: «Terruquear». Y tiene que ver con acusar de «terruco» o terrorista al otro, simplemente por ser de izquierdas u opuesto al estatu quo.Y esas clases populares demonizadas se fueron a celebrar la noche electoral de la plaza de San Martín a la humilde sede central de Juntos por el Perú, en el cercado de Lima, en un viejo edificio de techos altos, paredes desencaladas y aseos comunitarios donde había un ordenado trasiego por los pasillos, con banderas que entraban y salían y personas que confiaban en dar la vuelta a los primeros recuentos. «Vamos a voltear seguro», decía un militante, «no puede ser que gane Keiko Fujimori, es impensable».El agónico recuento encabezado por Sánchez, no obstante, mantiene aún las opciones de Fujimori, gracias a que queda mucho voto del exterior por contar, donde ella es más fuerte que el progresista.Este miércoles puede que todo acabe, y sabremos si Perú puede tener un presidente en el que se sientan reflejadas las personas históricamente explotadas y excluidas o las élites que, desde la colonia, han hegemonizado la política y la economía del país. |
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