Gaceta Crítica

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El Papa y la IA

«MAGNIFICA HUMANITAS»: EL PASO HISTÓRICO DE LEÓN XIV AL CORAZÓN DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL.

Por Glauco Benigni (L’Antidiplomatico -Italia-), 2 de Junio de 2026

La primera encíclica de León XIV es un acto profundo y oportuno de discernimiento espiritual, antropológico y social El Pontífice aborda la revolución algorítmica no rechazándola, sino planteando una pregunta fundamental: ¿cómo podemos preservar la esencia, la dignidad y la relacionalidad del ser humano frente a una tecnología capaz de replicar y, en ocasiones, dirigir el pensamiento y las decisiones humanas?

Para enmarcar el desafío contemporáneo, la encíclica recurre a dos poderosas imágenes bíblicas: 1) la Torre de Babel, que representa el arquetipo de la idolatría tecnocientífica y la presunción humana. Es el sueño de un poder centralizado que se cierra a la trascendencia, estandariza los idiomas, sacrifica la individualidad en nombre de la eficiencia abstracta y pretende construir una verdad autosuficiente; 2) la reconstrucción de Jerusalén (Nehemías), que representa la respuesta de la comunidad, el cuidado de la ciudad herida que renace no mediante la estandarización, sino mediante la cooperación, el reconocimiento de la vulnerabilidad y la protección de los lazos sociales. El Papa nos advierte que la humanidad se encuentra en una encrucijada: o bien sucumbir al omnipresente «paradigma tecnocrático» o bien orientar la innovación al servicio del bien común.

Tras 135 años, León XIV se conecta explícitamente con la tradición de la doctrina social de la Iglesia, inaugurada por Rerum Novarum, y dedica una sección crucial del documento al impacto de la transición tecnológica en el mundo del trabajo. El progreso tecnológico debe estar estructuralmente centrado en la persona.

La innovación no puede juzgarse únicamente por el aumento de beneficios o la optimización de procesos. En este sentido, se condena expresamente la tendencia a sacrificar a categorías enteras de trabajadores y familias en aras de la eficiencia de los modelos predictivos: el trabajo humano no es una simple variable macroeconómica reemplazable por un algoritmo. Los modelos de negocio dominantes, basados ​​en la recopilación masiva de datos personales, la elaboración sistemática de perfiles y la creación de mecanismos de dependencia digital, atentan directamente contra la libertad interna y externa del individuo. Cuando la conciencia se ve constantemente condicionada por flujos de información personalizados, se compromete la capacidad misma de elección y el libre albedrío auténtico.

El texto desvela así las «nuevas formas de esclavitud» en la industria digital. Tras la aparente inmaterialidad y pureza de la inteligencia artificial, se esconden brutales formas de explotación, como el trabajo precario y mal remunerado de los analistas de datos en países en desarrollo, obligados a filtrar contenido traumático y tóxico para «entrenar» a las máquinas occidentales. Otro pilar del documento se refiere a la «verdad en la era digital»: con la proliferación de contenido sintético, deepfakes y sistemas automatizados de desinformación, la confianza pública se ve radicalmente socavada. El Papa expresa su profunda preocupación por una sociedad que corre el riesgo de perder la capacidad de distinguir la verdad de la verosimilitud, perdiendo el contacto con la realidad objetiva. La dependencia total de sistemas que median y predigieren el conocimiento corre el riesgo de atrofiar el espíritu crítico, sustituyendo la complejidad del discernimiento humano por respuestas estandarizadas desprovistas de raíces históricas, culturales y empáticas.

La encíclica se presenta como una contundente exhortación política y ética a nivel global. León XIV aboga por acuerdos internacionales vinculantes y una arquitectura de gobernanza global para el desarrollo de la IA (la denominada IA ​​algorítmica ). El Pontífice hace un llamamiento no solo a los jefes de Estado, sino directamente a científicos y programadores (evocando también el fructífero diálogo iniciado por el Vaticano con representantes de Silicon Valley dedicados a la seguridad modelo). La cooperación/confrontación entre la Santa Sede y el mundo de Silicon Valley constituye el elemento más relevante, tanto política como mediáticamente, de esta publicación. Obviamente, en el texto formal de los cinco capítulos de Magnifica Humanitas no se menciona el nombre de ninguna empresa específica, ya que los documentos pontificios de alto nivel , por su naturaleza teológica y universal, evitan citar marcas o personas particulares.

Sin embargo, la influencia de la visión de Anthropic (que históricamente se ha distinguido en el mercado precisamente por su enfoque centrado en la seguridad, los protocolos de protección y la mitigación de riesgos de los modelos de vanguardia) es claramente evidente en la estructura conceptual del texto. En concreto, el texto oficial evoca los conceptos de «verificación rigurosa» y la necesidad, cuando faltan garantías antropológicas, de ejercer la «prudencia», lo que también puede traducirse en una «ralentización en la adopción de la IA». Este enfoque refleja directamente el debate interno en los laboratorios de investigación sobre la seguridad algorítmica. La encíclica también distingue entre la innovación tecnológica en sí misma y los sistemas de incentivos económicos que impulsan el sector, una separación teórica que refleja las razones por las que los fundadores de Anthropic decidieron inicialmente abandonar OpenAI.

Si bien el texto formal sigue siendo una referencia filosófica, la conexión se volvió explícita e histórica a nivel institucional el lunes 25 de mayo de 2026, en el Nuevo Salón del Sínodo, cuando Christopher Olah, cofundador de Anthropic y figura clave en la investigación sobre la interpretabilidad de los modelos, intervino como orador oficial en la presentación del documento, sentado junto a líderes de la Curia (entre ellos el Cardenal Fernández y el Secretario de Estado, Cardenal Parolin) y el propio Papa León XIV. En esa ocasión, Olah hizo referencia explícita a la encíclica, admitiendo así la necesidad de una supervisión ética y una gobernanza pública del sector, tal como lo abogaba el Pontífice.

La presencia física del fundador de una gran empresa tecnológica estadounidense en la presentación de la primera encíclica papal es un hecho único en la historia de la Iglesia. Señala el deseo del Vaticano no solo de participar en el ámbito académico moral, sino también de interactuar directamente con los ingenieros que programan físicamente esas tecnologías. La publicación de «Magnifica Humanitas» generó una cobertura mediática extraordinaria y con marcadas diferencias geopolíticas, aparentemente debido a la presencia en el escenario de Christopher Olah. En Estados Unidos, el debate se acaloró de inmediato, ya que la encíclica se relaciona directamente con el conflicto actual entre Silicon Valley y la política de Washington. Agencias y periódicos como Associated Press (AP) y comentaristas políticos destacaron de inmediato la alianza entre el Vaticano y Anthropic como una medida disruptiva. Anthropic se encuentra actualmente inmersa en una dura batalla legal con la administración Trump (que impuso sanciones a la empresa y prohibió a las agencias gubernamentales el uso de Claude después de que la compañía se negara a otorgar al ejército acceso irrestricto a su tecnología). Los medios estadounidenses ven el respaldo del Papa a Anthropic como una formidable «cobertura moral» para la empresa.

Los medios financieros (como Forbes) y los medios de comunicación convencionales han resaltado la paradoja planteada por León XIV: a pesar de albergar a un gigante de la IA, el Papa ha condenado duramente la concentración de poder y datos en manos de un puñado de particulares, calificándolos de «más influyentes que los gobiernos» y capaces de generar más ingresos que el PIB de naciones enteras. Revistas como America Magazine (la publicación de los jesuitas estadounidenses) hablan de un punto de inflexión histórico: por primera vez, un Papa nacido en Estados Unidos ha situado la IA en lo más alto de la agenda de la Iglesia, destacando riesgos casi «existenciales» —incluido el hecho de que los modelos están empezando a desarrollar formas de engaño o autoconciencia en las pruebas de seguridad— y pidiendo una respuesta explícitamente teológica a una crisis que la tecnología por sí sola no puede resolver.

En China, la reacción al texto ha generado un marcado carácter geopolítico y estructural, centrado en la crítica del modelo occidental de desarrollo tecnológico. Los medios chinos y los analistas orientales han reiterado con vehemencia pasajes de la encíclica en los que el Papa denuncia las «nuevas formas de esclavitud en la cadena de suministro digital». La referencia del texto a los anotadores de datos y a los trabajadores precarios del Tercer Mundo se interpreta en Pekín como una severa condena del Vaticano al capitalismo depredador de las grandes tecnológicas estadounidenses. El llamamiento del Papa a no dejar la IA en manos del «mercado libre», sino a someterla a una estricta regulación estatal y a la gobernanza pública internacional, resuena con el enfoque dirigista de Pekín. Los comentarios de los medios asiáticos tienden a enfatizar la convergencia de opiniones sobre la necesidad de que el Estado (y no el multimillonario de Silicon Valley de turno) mantenga el control estratégico y moral sobre los algoritmos.

El rotundo «no» de León XIV al uso de la inteligencia artificial en contextos militares y su afirmación de que el concepto de «guerra justa» ha quedado obsoleto en la era de los drones autónomos y predictivos es interpretado por los medios estatales chinos como una advertencia implícita contra la doctrina del Pentágono y la acelerada militarización tecnológica liderada por Estados Unidos. En resumen, mientras Occidente interpreta la encíclica como una maniobra política en el corazón de Silicon Valley y una postura ética sobre la seguridad de los modelos, Oriente acoge con beneplácito su crítica macroeconómica, viéndola como un manifiesto contra el monopolio tecnológico estadounidense y a favor de la regulación centralizada.

Fuente: l’AntiDiplomatico

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