Gaceta Crítica

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Lo que el marxismo puede —y no puede— hacer.

A. J. Horn (Simplifying Socialism), 4 de Mayo de 2026

El marxismo es uno de los métodos intelectualmente más poderosos jamás desarrollados para comprender el capitalismo. Sigue siendo inigualable en su explicación de la explotación, la crisis, la estructura de clases, el conflicto de clases y el desarrollo histórico de las formaciones sociales. Donde se dice que el marxismo «falla», y donde más se malinterpreta, es cuando se le trata como algo que nunca pretendió ser: una teoría mecanizada de la revolución o un modelo para construir el socialismo.

Este malentendido ha dado lugar a dos respuestas igualmente erróneas. Por un lado, están los críticos que descartan el marxismo por no predecir la historia ni ofrecer una fórmula universal para el socialismo. Por otro, están los dogmáticos que intentan extraer dicha fórmula, vulgarizando el marxismo hasta convertirlo en una doctrina rígida que promete inevitabilidad y certeza. Ambas posturas se basan en el mismo error: el abandono del método de Marx.

El marxismo nunca tuvo la intención de reemplazar la política. Su propósito era aclarar el terreno en el que debe librarse la batalla política.

I. El marxismo es un método, no un plan.

Cabe aclarar que el marxismo no es ni un modelo ni una identidad a la que uno se “adquiera”. Marx dejó claro que su proyecto era analítico, no arquitectónico. No se propuso diseñar el socialismo, sino comprender y criticar el capitalismo como un modo de producción históricamente específico.

En el epílogo de la segunda edición alemana de El Capital , Marx escribe:

«No parto de «conceptos», por lo tanto no parto del «concepto de valor» y, en consecuencia, no estoy obligado a dividirlo de ninguna manera.» (Marx, 1873, El Capital , vol. 1, epílogo)

Este pasaje suele pasarse por alto, pero sus implicaciones son decisivas. Marx rechaza la costumbre filosófica de deducir la realidad a partir de principios abstractos. En cambio, parte de las relaciones sociales concretas (intercambio de mercancías, trabajo asalariado, acumulación de capital) para llegar a la abstracción teórica (valor, plusvalía, ideología) y, posteriormente, regresar a lo concreto.

Cualquier intento de extraer un programa político fijo del marxismo supone una total incomprensión de su propósito. El marxismo no es un conjunto de instrucciones.

Engels consideró necesario reiterar este punto precisamente porque los primeros marxistas ya estaban haciendo un mal uso de la teoría. En su carta de 1890 a Conrad Schmidt, Engels advierte:

“Las personas hacen su propia historia, pero en un entorno determinado que la condiciona… el elemento económico no es el único determinante.” (Engels, 1890, Carta a Conrad Schmidt)

Esta aclaración es importante. El materialismo no elimina la política, la cultura, la contingencia ni la capacidad de acción humana. Tampoco las minimiza. Explica cómo estos elementos operan dentro de los límites impuestos por las condiciones materiales. El marxismo nos ayuda a comprender tanto las oportunidades estructurales como las limitaciones estructurales impuestas por la formación social capitalista.

II. Lo que el marxismo explica mejor que cualquier teoría rival.

El valor perdurable del marxismo reside en su poder explicativo. Revela cómo la explotación puede producirse sin coerción manifiesta, cómo la dominación de clase puede coexistir con la igualdad jurídica formal y cómo el capitalismo genera crisis no por corrupción o error, sino por su propia lógica interna.

La formulación de Marx en el prefacio de su obra Contribución a la crítica de la economía política sigue siendo fundamental:

«No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social lo que determina su conciencia.» (Marx, 1859, Contribución a la crítica de la economía política , Prefacio)

Interpretar esto como una negación de la capacidad de acción humana es, o bien descuidado, o bien deshonesto. Marx rechaza la fantasía liberal de que las ideas flotan al margen de las condiciones materiales. El marxismo explica por qué las ideas dominantes tienden a alinearse con los intereses de la clase dominante, no solo por manipulación, sino porque las relaciones sociales moldean la percepción, las estructuras de incentivos y el abanico de posibilidades imaginables.

Cuando Marx observa en El Capital que:

“El país más desarrollado industrialmente solo muestra al menos desarrollado la imagen de su propio futuro” (Marx, 1867, El Capital , vol. 1, cap. 25).

A menudo se le acusa de determinismo histórico. Pero Marx no predice el socialismo; analiza el desarrollo capitalista. Su afirmación es empírica y delimitada: el capitalismo sigue tendencias de desarrollo discernibles. La historia lo ha confirmado de forma abrumadora. Sin embargo, lo que reemplaza al capitalismo no es algo que Marx considere automático, inevitable o predeterminado.

III. Por qué Marx se negó a diseñar el socialismo

La negativa de Marx a ofrecer visiones detalladas del socialismo suele interpretarse como una actitud evasiva. En realidad, se trata de un rechazo de principios al utopismo.

En La ideología alemana , Marx y Engels escriben:

«Para nosotros, el comunismo no es un estado de cosas que haya que establecer, un ideal al que la realidad deba ajustarse. Llamamos comunismo al movimiento real que suprime el estado de cosas actual.» (Marx y Engels, 1846, La ideología alemana )

Esto no es mera retórica; es claridad metodológica. El comunismo se define histórica y relacionalmente, no normativamente. Surge a través de la lucha de clases, moldeado por condiciones heredadas, legados institucionales y limitaciones materiales. Predecir su forma final de antemano sería, en el mejor de los casos, especulativo y, en el peor, idealista.

Marx refuerza esta orientación en su correspondencia. En una carta a Kugelmann escrita en 1868, afirma:

“Cada paso de movimiento real es más importante que una docena de programas.” (Marx, 1868, Carta a Ludwig Kugelmann)

Esto no es antiteórico, sino antiformulario. La teoría aclara tendencias, límites y contradicciones, pero no reemplaza la inteligencia práctica necesaria para desenvolverse en complejas luchas políticas.

IV. Por qué la revolución no puede reducirse a un colapso económico

Una de las distorsiones más persistentes del marxismo es la creencia de que la crisis económica produce mecánicamente conciencia revolucionaria. Marx rechaza explícitamente esta idea.

En El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte , escribe:

“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su antojo…” (Marx, 1852, El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte )

Esta frase se cita con frecuencia, pero rara vez se asimila. Marx articula una teoría de la agencia restringida: los seres humanos actúan intencionalmente, pero bajo condiciones que no eligieron. No hay garantía de que la crisis produzca emancipación. Una crisis puede generar igualmente reacción, fragmentación, desmoralización o soluciones autoritarias.

Engels lo deja aún más claro en su carta a Joseph Bloch:

“Lo que surge es algo que nadie deseaba.” (Engels, 1876, Carta a Joseph Bloch)

La historia no es la ejecución lineal de leyes económicas. Es el resultado no intencionado del conflicto entre fuerzas sociales que operan dentro de límites materiales. Cualquier marxismo que prometa inevitabilidad, certeza o garantías históricas ya ha dejado de ser materialista.

V. Contra el dogmatismo: el marxismo y el rechazo de las verdades absolutas

El intento de convertir el marxismo en un sistema cerrado de verdades ha sido un problema recurrente desde la muerte de Marx. Engels advierte explícitamente contra esta tendencia en Anti-Dühring :

“Toda doctrina basada en verdades absolutas es necesariamente dogmática.” (Engels, 1878, Anti-Dühring )

El dogmatismo no es señal de rigor teórico, sino síntoma de inseguridad intelectual. Una teoría genuinamente materialista debe permanecer abierta a la revisión, fundamentada en el análisis empírico y sensible a los cambios históricos.

Lenin, frecuentemente malinterpretado como un defensor de la rigidez, era muy consciente de este peligro. En El comunismo de izquierda: una enfermedad infantil , escribe:

“Intentar responder con un ‘sí’ o un ‘no’ a tales preguntas por adelantado sería ridículo.” (Lenin, 1920, El comunismo de izquierda: una enfermedad infantil )

Lenin comprendió que la estrategia revolucionaria no puede deducirse de la doctrina. Debe desarrollarse mediante el análisis concreto de condiciones concretas; una frase que se repite a menudo, pero que rara vez se pone en práctica.

VI. Por qué el marxismo explica los intereses, no la motivación.

Una de las limitaciones más importantes, y menos discutidas, del marxismo es que explica los intereses , no la motivación .

El marxismo puede demostrar por qué la mayoría explotada tiene un interés objetivo en derrocar el capitalismo. Sin embargo, no puede garantizar que reconozcan ese interés, y mucho menos que actúen en consecuencia. La conciencia está mediada por las instituciones, la ideología, el miedo, la costumbre, la hegemonía y la experiencia histórica.

Exigir garantías es exigir profecías. El marxismo no puede proporcionarlas.

Pretender que el marxismo genere voluntad revolucionaria es confundir análisis con ética o psicología. El marxismo explica por qué el socialismo es racional desde un punto de vista material; no obliga —ni puede obligar— a nadie a seguirlo. La organización política, la educación y la lucha siguen siendo indispensables.

VII. El socialismo como construcción históricamente específica

Así como el capitalismo es históricamente específico, también lo es el socialismo. Marx jamás imaginó una transición sin contratiempos hacia una sociedad perfecta.

En Crítica del Programa de Gotha , escribe:

“Lo que tenemos que afrontar aquí es una sociedad comunista… tal como surge de la sociedad capitalista.” (Marx, 1875, Crítica del Programa de Gotha )

Este reconocimiento de la desigualdad, las limitaciones y las contradicciones es fundamental. El socialismo hereda las cicatrices del capitalismo como sus marcas de nacimiento. Su forma variará entre las sociedades según su nivel de desarrollo, la estructura de clases, la capacidad del Estado y la historia política.

Buscar una fórmula socialista universal es abandonar el materialismo en favor de la abstracción. La fidelidad al marxismo exige atención al presente, no una reverencia ciega por el pasado.

VIII. Lo que el marxismo ofrece en última instancia —y lo que no—.

El marxismo sigue siendo indispensable para comprender el capitalismo. Explica la explotación sin moralismo, la crisis sin conspiración y la dominación sin ilusiones. Muestra por qué el capitalismo produce desigualdad incluso cuando funciona según sus propias reglas.

Lo que no hace es reemplazar la política.

El marxismo no elige estrategias. No diseña instituciones. No garantiza la victoria. El socialismo no se deducirá de textos ni se producirá mecánicamente por contradicción. Se construirá —si es que llega a construirse— por seres humanos organizados que actúen dentro de condiciones históricas concretas.

El marxismo no es una máquina que produce socialismo. Es un método que nos ayuda a comprender el mundo que intentamos cambiar, y debemos tratarlo como tal.

En el espíritu de Gramsci: pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad. (Gramsci, Cuadernos de la cárcel )

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