Luis Manuel Arce Isaac (MUNDO OBRERO), 3 de Mayo de 2026
La simetría militar no estaba tan a favor suyo como imaginaron, y se llevaron la gran y terrible sorpresa de una defensa intensa y efectiva persa.

El presidente del Parlamento de Irán, Mohammad Bagher Ghalibaf, alertó a su país y al mundo que Estados Unidos ha iniciado una nueva etapa del conflicto en Oriente Medio, con la activación del bloqueo naval, una propaganda mediática intensa y grandes presiones económicas, mientras busca provocar divisiones internas como en la época de la erosión por dentro de la era Trilateral de Bigniew Brzezinsky y Henry Kissinger.
La alerta de Ghalibaf hace énfasis en el caso iraní para advertir al pueblo que los tanques pensantes estadounidenses están apuntando a provocar un colapso desde dentro, como hacen con el chavismo en Venezuela e incluso en Cuba contra el presidente Miguel Díaz-Canel, para debilitar la resistencia nacional, y allí se basa la nueva conspiración estadounidense.
Más allá de que se trata de una posición o estrategia forzada por la derrota militar y política de Washington en Irán, y el sobresalto por los costos militares a la economía nacional que cuadruplican o quintuplican los 25 mil millones que admite el Pentágono, hay un convencimiento de que si se mantiene la acción bélica en los niveles anteriores al cese el fuego, el factor tiempo liquidaría las posibilidades de someter a Irán por la vía de las armas y la Casa Blanca tendría que claudicar en Islamabad como le pasó cuando Vietnam, en las negociaciones de París.
La contradicción está bien clara para esos thinks tanks: si bien Estados Unidos no sufrirá en Irán una derrota militar clásica —como la de los franceses en Dien Bien Phu—, igual para ellos los iraníes son invencibles y jamás los rendirán. En tal sentido, el tiempo no está a favor del Pentágono, como asegura mentirosamente Trump, y ese factor será el gran aliado de los persas.
Es público y notorio que, a pesar de las asimetrías en el volumen de fuego, a Estados Unidos se le agotó su arsenal in situ, mientras que Irán tiene la ventaja de irlo reponiendo casi al ritmo en el que lo usa. Llevan años trabajando sobre un escenario como el actual. Trump dice que ya liquidó las reservas del enemigo, pero el campo de batalla apunta a lo contrario.
En ese sentido, mantener cueste lo que cueste el cese el fuego es vital para Estados Unidos, y no solamente con Irán sino también en Líbano, por numerosas razones, todas estratégicas y relacionadas con los proyectos geopolíticos conjuntos con Israel.
Igual pasa con el presunto bloqueo al estrecho de Ormuz, aun cuando los generales del Pentágono —que aceptan con ojerizas la comandancia del capitán y animador de TV Pete Hegseght—, admiten que no es cierto lo del bloqueo porque es un imposible militar para ellos.
Ciertamente, si mañana mismo termina el alto el fuego y se reanuda la guerra, hoy ya empezarían a huir del lugar los buques de guerra y portaviones que supuestamente ejecutan el bloqueo porque correrían el riesgo de ser convertidos en chatarras. Los generales saben que las principales baterías de cohetes y torpedos iraníes, los tienen colimados a todos.
La nueva fase que señalan los iraníes, en consecuencia, no está motivada solamente por Irán, sino por toda la geoestrategia imperialista que necesita, primero, recuperarse militar, económica y políticamente tanto a Washington como a Tel Aviv, aflojar las tensiones con sus aliados europeos, y buscar la manera de mejorar la imagen controvertida y proceso de deterioro y gran rechazo interno, de Trump y también de Netanyahu.
Esa geoestrategia es muy clara: Expansión del imperialismo yanqui en el hemisferio desde Groenlandia al Cabo de Hornos, y del imperialismo sionista en toda Asia Occidental, para lo cual es imprescindible liquidar a la Revolución islámica.
Y he ahí por qué Trump determinó finalmente, en el balance del sí o no, es decir, entrar o no en guerra rompiendo todos los esquemas que sustentaba al MAGA, aceptar o rechazar el criterio de Netanyahu de que el proyecto geoestratégico podría concretarse más rápidamente y con mayores garantías, con un ataque relámpago, a fondo, de apenas tres días, contra Irán.
Pero la embarraron, porque la simetría militar no estaba tan a favor suyo como imaginaron, y se llevaron la gran y terrible sorpresa de una defensa intensa y efectiva persa, y a partir de ahí todo se desequilibró para Estados Unidos e Israel.
El bloqueo naval, a su vez, se convirtió en una baza negativa para Trump. Como dijeron los rusos, se metió un tiro en el pie. No ha tenido la ganancia que él esperaba, incluso ni el hecho de que el precio desmesurado del petróleo propio que le vende a sus aliados compensa el desastre que está ocasionando a la economía estadounidense y mundial, cuyos efectos más devastadores todavía no han comenzado a sentirse con la fuerza pronosticada por los especialistas, y se convertirá en un factor adverso para él en las elecciones internas de noviembre, si es que permite que se realicen.
Todos los países amenazados por esa estrategia—, y eso incluye a Irán, China, Rusia, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, los países del golfo, y hasta Estados Unidos e Israel, cada uno con sus características propias—, tendrán que preservar su cohesión nacionalista porque lo que traman Trump y sus ideólogos es minar la unidad interna de los 195 países reconocidos que comparten la casa común. Es decir, como si hubiesen descubierto una forma mágica para convertirlos en gelatina.
Esto no es una exageración, aunque sí lo es para quienes sueñan con dominar el mundo y que fatídicamente creen que pueden hacerlo, muy especialmente los enfermizos mentales que rodean a Trump y a Netanyahu, como Hegseht. Solo una pequeña muestra de alerta, que aterra por la incapacidad manifiesta y la obsesión de poder que creen tener:
1) Trump acaba de decir que es él quién decide lo que Irán tiene que hacer. Y antes, que él es el quien ordena y manda en Venezuela y, de hecho, administra su petróleo como sí parece por los rápidos y voluminosos convenios firmados con Dercy Rodríguez.
2) Que China será castigada y está dispuesto a hacerlo, y no permitirá nada que perjudique su estrategia en el conflicto con Taiwán.
3) El secretario de Guerra, Pete Hegseth, dijo en una declaración escrita al Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes que EE.UU. necesita acceso militar a Groenlandia, al Canal de Panamá y al Golfo de México. Que la actividad de su Departamento en el hemisferio es proteger los intereses estadounidenses frente a amenazas en la región, y por eso construye un ejército que infunda un miedo inquebrantable en los adversarios. Luchamos para ganar en cada escenario, dijo. Pero eso está por probar. Al menos en Irán no lo ha demostrado.
Es obvio que para concretar esos planes tiene que acabar con la revolución islámica y obligatoriamente enfrentar a China y Corea del Norte si se adueña del golfo pérsico, pero ya conoce que por la vía militar no derrotará a los persas, y si levanta el cese el fuego y empiezan a morir nuevamente soldados estadounidenses, toda la administración de Trump corre el riesgo de ser expulsada por la gente, a pesar de que el Senado le autorizó poderes de guerra para matar.
El cese el fuego le permite a Trump, además de cargar baterías y reabastecer sus inventarios militares, realizar calistenia bélica contra países pequeños o débiles en los que cree poder obtener resultados positivos inmediatos como en Venezuela, y ese es un elemento adicional para que quienes se sientan amenazados por el imperialismo-sionista mantengan cargados sus fusiles.
Todo esto es teoría, pero con inmensas posibilidades de, al menos, ser probadas tomando como laboratorio a los países más indefensos que, en sus cálculos, garanticen triunfos en operaciones relámpago que se adecuen a las limitaciones de la doctrina militar estadounidense, como consideró Jennifer Kavanagh, investigadora principal y directora de análisis militar en Defense Priorities.
Concretar tales proyectos expansionistas en un época de franco declive del imperialismo yanqui no parece realizable ni con el uso de la bomba nuclear, y no solo por el obstáculo que significarán China y Rusia, sino también una buena parte de los aliados europeos que miran con más detenimiento el deterioro de los principios clave de la estrategia militar estadounidense y en nada confían de la viabilidad de los planes de contingencia de Estados Unidos, en particular para una posible guerra futura en Asia. Así lo dijo esa señora, y los países de la OTAN deberían considerarlo muy bien.
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