Gaceta Crítica

Un espacio para la información y el debate crítico con el capitalismo en España y el Mundo. Contra la guerra y la opresión social y neocolonial. Por la Democracia y el Socialismo.

URNAS Y CALLES: LENIN ELECTORAL por Nicolás González Varela

1 de Mayo de 2026 (El Sudamericano)

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I

La situación política es más fuerte que todas las declaraciones”

Lenin, 1906

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El tradicional culto a Lenin, un poco en decadencia, en el mejor de los casos reduce caricaturescamente su figura al heroico bronce de la insurrección armada, los coches blindados y las bayonetas de los fusiles Mosin-Nagant. El Kul’t lichnosti además de servir de legitimación y consolidación del régimen de Stalin trajo como efecto secundario una reducción y mutilación del Lenin político, ya no podíamos comprenderlo en su dimensión completa, en su práctica materialista-histórica, en su “concretidad”. Hablar de las elecciones, del parlamentarismo en relación con el pensamiento de Lenin parece un equívoco, un oxímoron o el intento de construir una relación extraña. Tanto la Leninología como la mayoría de los biógrafos (desde hagiógrafos a críticos) raras veces mencionan la actividad electoral revolucionaria de Lenin, mucho menos describen o analizan su táctica parlamentaria y su “uso” del mecanismo representativo de voto burgués. Queda poco espacio para la política electoral en el monumental Lenin insurreccionalista e ingeniero organizativo, salvo como “momento de pausa”, el descanso del guerrero entre la fallida revolución de 1905 y la revolución democrática burguesa de febrero de 1917. Por elevación esta etiqueta-estigma efectúa un ritornello negativo a su maestro Marx por influencia lógica: tampoco en las luchas democrático-burguesas es muy útil su escasa u ocasional contribución. Coinciden en esto todas las tendencias: la Leninología1, la Sovietología heredada de la Guerra Fría2 y el Post-marxismo3 promulgan en que poco tienen que decir sobre rupturas democráticas y participación electoral tanto Marx como Lenin. El Lenin electoral es un lapsus accidental,4un interregno secundario entre la lucha por el control del partido y la conquista del poder. El Lenin electoral es una mera máscara del auténtico Lenin “conspirador-de-facción-insurreccionalista”.

La negación a estas lecturas sectarias la presenta verbatim el propio Lenin. Ulianov recalcaba la importancia de las diferentes fases “parlamentaristas” del POSDR y en particular del Bolchevismo, al afirmar tres años después de la Revolución de Octubre de 1917 que “los bolcheviques hemos actuado en los parlamentos más contrarrevolucionarios, y la experiencia ha demostrado que semejante participación ha sido, no sólo útil, sino necesaria “…para preparar la segunda revolución burguesa (febrero de 1917) y luego la revolución socialista (octubre de 1917).” O sea que parece invertirse el mito stalinista, ya que desde esta nueva perspectiva la experiencia bolchevique sería un laboratorio único y precioso en el que el “uso” de la arena parlamentaria permitió no solo potenciar la (auto) conciencia de clase de los trabajadores sino además la construcción de su propio poder autónomo en tanto clase. Y eso es coherente con la propia biografía de Ulianov: su práctica política revolucionaria estuvo inmersa en el sistema parlamentario y las tácticas electorales de 1905 a 1918 al menos (a través de la participación en cuatro Dumas, la tercera de largo aliento, y luego en los Soviets pre y post-revolucionarios).5

Por supuesto que aquí no hay que olvidar la máxima leniniana, aquella que sentencia que “la acción de las masas, por ejemplo, una gran huelga, es siempre más importante que la acción parlamentaria, y no sólo durante la revolución o en una situación revolucionaria.” Ya en octubre de 1905, en carta a Lunatcharski, Lenin reconoce que “es preciso analizar a fondo la relación del ‘Parlamentarismo’ con la Revolución”. ¿Cómo entonces combinaba de manera virtuosa Lenin este carácter bifronte de toda lucha revolucionaria bajo el Capital? De lo que se trata, como intentó Negri en los años 1970’s, de aspirar a una lectura “marxista” del Marxismo de Lenin: la capacidad de situar la inevitable discontinuidad y las variaciones del análisis político en un marco crítico-histórico. 

A partir del año-bisagra de 1905,6 Lenin comienza a reflexionar teóricamente sobre la práctica electoral revolucionaria, sobre la praxis marxista en condiciones “naturales” del dominio capitalista. En primer lugar es llamativo el “uso” minucioso, casi filológico por su precisión, de las enseñanzas teórico-prácticas de Engels y Marx entre 1847 y 1851, durante su participación en la ola de revoluciones burguesas en Europa que estallaron en 1848. En segundo lugar, las elecciones burguesas, en cuanto posibilidad de “crisis política”, es la fuente, subraya Lenin, de todo movimiento revolucionario. La participación constitucional en la posible Duma mutilada diseñada por el Zarismo tiene para Lenin un objetivo final claro: descubrir las “ilusiones constitucionalistas”, desvelar lo que denomina los “ejercicios escolares de parlamentarismo”. Durante el boicot a la Duma de Bulyguin (segunda mitad de 1905) señalaba que la tarea general electoral era la de “despertar e ilustrar políticamente a vastas y atrasadas masas” a las que, por el momento, hubiera sido utópico pretender abarcar a través de la agitación típica de la Socialdemocracia. Las propias luchas constitucionalistas interburguesas, a las que Lenin denomina “labor destructiva” inconsciente, son un campo invalorable para la “ilustración incesante” de la clase tanto en cuanto a sus objetivos socialistas como a la exhibición de la contradicción de sus intereses. Pero: ¿cuál es entonces el valor de la táctica electoral? Debe ser siempre, remarca Lenin, la de extender e intensificar la “agitación política”. Para ampliar esta agitación política, Lenin cree en la conveniencia de “acuerdos provisionales”, alianzas parlamentarias, con grupos del ala de la “democracia burguesa revolucionaria”, cuyo objetivo no es otro que “romper” todo “Frente popular” burgués, generar “crisis de élites”, sin perder la valiosa autonomía e independencia de clase. El “uso” táctico del Parlamento burgués no significa para Lenin un “fundirse-diluirse”, ni desaparecer en la degradación del “Parlatorio” (sic) en el cual “se charla acerca de la Libertad, se decreta la Libertad pero no se toman medidas efectivas para eliminar los organismos de Poder que destruyen la Libertad”. De ninguna manera: para Lenin puede utilizarse el mecanismo parlamentario siendo simultáneamente una organización política “independiente, unánime, cohesionada”. Incluso se puede convertir, en situaciones de reflujo o de contra-revolución, en el “principal centro de agitación”. La lucha entre los partidos es para Lenin la expresión “más íntegra, completa y específica de la lucha política entre clases”. La táctica electoral, como no podía ser de otra manera, debe desembocar, condensarse y solidificarse en una consigna, pero en una consigna “precisa y directa”. Obviamente para Lenin (y para Marx como queda demostrado) la táctica electoral se deduce (dialécticamente!) del análisis de las condiciones objetivas, de la situación concreta, nunca debe ser una abstracta unidad formal de la autoconciencia revolucionaria. La deducción dialéctica de la táctica debe ser la resultante una unidad orgánica y materialista, lo que garantiza su cohesión y le confiere movimiento y vida. Todos los problemas de la táctica son “problemas de la actividad político del partido”, y aunque se asegure la deducción materialista y dialéctica, se puede y se debe fundar la praxis en la Teoría de Marx, Lenin exige la necesidad de brindar respuestas absolutamente claras “que no admitan dos interpretaciones” a los interrogantes concretos de la práctica (“¿sí/no?”; “¿debemos ahora, en este preciso momento, hacer tal o cual cosa/ no?”). 

En cuanto a la “participación electoral”, Lenin a partir de 1906, con la nueva Duma zarista más democrática en su funcionamiento, cree que debe superarse el momento del boicot “activo” (como en la etapa de Bulyguin). Toda participación en elecciones (más o menos formalmente democráticas) debe ser pensada para desarrollar la conciencia de clase del proletariado, “el fortalecimiento y ampliación de su organización de clase y su preparación combativa”. Toda participación en campañas electorales no debe crear “ilusiones constitucionalistas” jamás; y debe tener como efecto secundario lo que Lenin denomina “educación socialdemócrata”. La pregunta que debe responder toda organización revolucionaria es: ¿cuál es el significado “objetivo” de las elecciones y de la participación plena en ellas, al margen de la voluntad, la conciencia, los discursos y las promesas de los propios participantes históricos?. Muchas veces el denostado “juego parlamentario” burgués es para limitar y vaciar al propio Parlamentarismo. La búsqueda de este enigmático “significado objetivo” de las elecciones liberales exige, en primer lugar, un enfoque histórico-materialista crítico, de los “elementos de clase” presentes en los comicios, además de un análisis de la estructura de clase de los partidos, que para Lenin “se expresan con particular relieve en su programa y en su táctica”. Para Lenin el sistema marxiano que devela el significado objetivo no es otro que “el concepto de las relaciones de producción”y el Materialismo crítico no es otra cosa que “la explicación de las formas sociales por las condiciones materiales”.7 En su primer texto importante de 1894, “¿Quiénes son los Amigos del Pueblo?”, Lenin cita muchos textos desconocidos de Marx en la época (en la Rusia zarista estaban prohibidos los textos de Engels y Marx), como sus cartas a Arnold Ruge de 1843, la crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel de 1843, la Misère de la Philosophie (en francés) de 1847, la maldita Die deutsche Ideologie de 1845, la Kritik de 1857-1859, la correspondencia de Marx con la redacción de la revista rusa Otetschestwennyje Sapiski a causa de un artículo del liberal Michailowski, además de El Manifiesto Comunista,8 Das Kapital (primer volumen), el Anti-Dühring, los textos de Engels sobre las Tesis de Feuerbach9 y el origen del estado y la familia. En ese texto además Lenin por primera vez se acerca de manera detallada al problema de la Dialéctica,10 al señalar que “lo ideal no es más que el reflejo de lo material” y estableciendo una fórmula materialista que tendrá gran futuro: “La Verdad abstracta no existe, la Verdad es siempre concreta”. Se debe razonar pero en “forma dialéctica”, ya que Lenin considera a la sociedad burguesa como 

“un Organismo vivo, que se halla en continuo desarrollo (y no pensarlo como algo mecánicamente enlazado y que, por ello, permite toda clase de combinaciones arbitrarias de elementos sociales aislados) y para cuyo estudio es necesario realizar un análisis objetivo de las relaciones de producción que constituyen una formación social determinada, estudiar las leyes de su funcionamiento y desarrollo”. 

El análisis materialista debe ser especial en cuanto debe considerar las condiciones en las que debe aplicarse en forma concreta los principios general esbozados por Marx. Es el que debe establecer objetivamente “el principal campo de batalla político”. 

En 1906 Lenin define al Parlamento burgués en todas su formas como “la forma principal de dominación de las clases y fuerzas gobernantes”, “el campo de batalla fundamental de los intereses políticos y sociales”, además lo define como una institución jurídica y simultáneamente un órgano del “orden burgués”, que expresa la voluntad de determinados elementos de la burguesía. Queda claro que la burguesía decide que formas de lucha política son válidas o no para la funcionalidad de su propio dominio, para hacer eficaz y universal su propia hegemonía, y en este caso particular Lenin subraya que toda lucha parlamentaria es un mecanismo sofisticado “de anular todo ‘modo revolucionario’ de resolver problemas histórico-sociales”. Por eso Lenin cita al Marx demócrata revolucionario de 1848 al hacer suya la idea que toda democracia parlamentaria burguesa tiene una “significación altamente traidora”. Lenin se anima incluso con una metáfora: la lucha parlamentaria es solo una pequeña etapa, una estación ferroviaria menor, un “apeadero liberal”, en el camino de la constitución de la revolución, por lo que puede servir indirectamente al desarrollo de esa lucha. En esa época podemos decir que Lenin es un socialdemócrata revolucionario “germanizado”,11 un “ruso erfurtiano” como le denomina Lih,12 que tiene muchas coincidencias con Kautsky no solo en cuanto a organización, en cuanto al proceso revolucionario, en cuanto a la teoría del imperialismo sino también en el problema del Parlamentarismo,13 citándolo para establecer que resulta a todas luces indispensable para una praxis revolucionaria “analizar las condiciones histórico-concretas para toda lucha parlamentaria”. Recordemos que la democratización “total” de las instituciones parlamentarias, junto con la abolición de la policía, el ejército y la burocracia (nobleza de estado moderna), eran parte del programa mínimo del SPD alemán, que Kautsky suscribía, poniendo como ejemplo histórico-concreto explícitamente a la Commune de París. Kautsky, y Lenin lo seguía en esto, repetía una y otra vez que “el Parlamento será siempre el ‘umbral’ de toda actividad política”.14 Toda lucha parlamentaria debe resolverse sobre la base materialista-dialéctica de un análisis minucioso de todas las condiciones políticas del momento, debe “usarse” la lucha parlamentaria, así como sus conflictos internos y sus choques con el gobierno de turno, para combatir los elementos reaccionarios, prestando “especial atención” a los componentes democráticos revolucionarios liberales como el de apoyar a quienes “en sus actos” respondan o coincidan con los intereses amplios del proletariado.

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II

Todo análisis científico en Política debe ser un análisis de clase”

Lenin, 1906

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Por muy desnaturalizado que esté el mecanismo de representación popular en el Parlamento burgués, no obstante para Lenin (y Kautsky) tal mecanismo político proporciona: 1) materiales para analizar las políticas de las diferentes clases en pugna; 2) ayuda a corregir opiniones erróneas y puntos de vista estrechos sobre las políticas de las distintas clases sociales (precisamente es aquí, dirá Lenin, “en donde reside el fundamento de la Táctica”). Lenin reconoce en una editorial del diario bolchevique legal Vperiod (Adelante!) que la fracción socialdemócrata parlamentaria podría ser “de gran utilidad para la causa de la Revolución. Ya habíamos señalado la importancia que le otorga Lenin a revelar de modo materialista la “nomenclatura de clase” que poseen, de manera velada y codificada, todos los partidos políticos. Esta “nomenclatura de clase” tiene grados en el análisis leniniano: puede ser que un partido sea una “organización de clase” cuasi pura, de manera que se encuentra vinculado en forma total con una clase social determinada (sea esta dominante o no); pero también, Lenin señala, puede no estar relacionado en “forma exclusiva” con una clase particular pero aún a pesar de ello, ser “esencialmente expresión general de un interés de clase (ideal)”, con lo que su vinculación tiene una grado intermedio, su pureza clasista se encuentra degradada, como en los casos de partidos semi-burgueses o semi-terratenientes.

Por ello es que se remarca una y otra vez el principio metodológico materialista-dialéctico: “nunca sustituir un problema histórico concreto por una consideración abstracta”. En el análisis de toda lucha parlamentaria hay que establecer la “concordancia” de las fuerzas parlamentarias con la posición de las fuerzas verdaderas que existen en la Sociedad, en el Pueblo. El Lenin maduro dirá que “el Marxismo exige de nosotros un análisis estrictamente exacto y objetivamente verificable de las relaciones de clase y los rasgos concretos propios de cada momento histórico. Nosotros siempre hemos tratado de llenar este requisito absolutamente esencial para dar a la Política una base científica”. La pregunta para Lenin, y aquí sigue la productiva intuición de Ferdinand Lassalle de 1862,15 es: ¿diverge la Constitución escrita con la Constitución “real”, con la relación de fuerzas existente (la fuerza de combate relativa)? Lenin, como Marx y Schmidt, sabe que la Constitución no es una “simple Ley”, ni un “papel mojado”, ni una mascarada institucional, sino un “poder efectivo” configurado (como un pacto a la sombra) en un momento específico en la relación cambiante de fuerzas entre las clases fundamentales. Toda Constitución expresa una concreta y peculiar Machtverhältnisse. “Los grandes banqueros” –decía Lassalle– son “un fragmento de la Constitución… Se toman estos factores reales de poder, se extienden en una hoja de papel, se les da expresión escrita, y a partir de este momento, incorporados a un papel, ya no son simples factores reales de poder sino que se han erigido en derecho, en instituciones jurídicas, y quien atente contra ellos atenta contra la ley, y es castigado.” Ya Hegel (y el joven Marx en su Kritik de 1843) había dado suma importancia a la Constitución en la idea del Estado, ya que configuraba el propio Derecho político como una “necesidad externa” que se presenta como universal, aunque no lo fuera.

Toda la política de la Socialdemocracia revolucionaria consiste para Lenin en “iluminar” el camino que deberán recorrer las masas populares, pero eso significa, al mismo tiempo, que nunca se debe reducir la Taktik a la tarea complementaria de “educar políticamente al Pueblo”. En esto nuevamente Lenin sigue la actividad de Engels y Marx en la “primavera europea” de 1848-1850.16 Desde este punto de vista la “actitud” leninista hacia el Parlamento puede formalizarse hacia 1906 en dos grandes puntos focales: 1) aprovechar “sistemáticamente” todos los conflictos que surjan, tanto entre el Gobierno de turno y el Parlamento como en los conflictos ínter-parlamentarios, con la finalidad tanto de ampliar (ejercicio extensivo) como de profundizar (ejercicio intensivo) el movimiento revolucionario; para este trabajo extensivo-intensivo, Lenin afirma que deben plantearse los conflictos de tal manera que puedan convertirse en el origen de “vastos movimientos de masas”, orientados a modificar el sistema político actual, acciones de masas que mediante la agitación puedan lograr presentar al Parlamento “reivindicaciones revolucionarias” y organizar la presión sobre el Parlamento “desde afuera”, desde la calle, a fin de ganarlo para la causa socialista. En cada caso concreto, intentar vincular las tareas políticas del movimiento con las reivindicaciones económico-sociales de la mayoría de la masa obrera. Y: 2) como segundo momento en este ejercicio extensivo-intensivo de la lucha electoral y parlamentaria Lenin enumera la tarea de “interferencia” de la organización en los conflictos institucionales más agudos y subversivos, con el objetivo doble de “revelar” a las masas la inconsecuencia de los partidos políticos burgueses que asumen en el Parlamento el papel de portavoz de la voluntad general, y, además, hacer comprender a las más amplias capas trabajadoras (Lenin enumera entre ellas al proletariado, al campesinado y a la pequeña burguesía urbana) la “total inutilidad” del Parlamento como institución representativa auténtica, generando la necesidad de un nuevo proceso constituyente. Para Lenin (siguiendo a Kautsky)17 el Parlamentarismo es un “arma” que puede servir (y ha servido) a diferentes partidos y clases, pero que requiere entre el “ganado electoral” (sic) poseer cierta “habilidad parlamentaria” de la que generalmente carecen las clases más populares (facilidad de palabra, visión amplia de las cosas, comprensión de los problemas administrativos y organizativos, formación jurídica y manejo de todos los “trucos y recursos” de la abogacía). Por eso, en esto coinciden tanto Kautsky como Lenin, la “casta parlamentaria” procede predominantemente de aquellas clases cuya profesión lleva consigo automáticamente estas condiciones previas: abogados, profesores, notarios, periodistas, funcionarios de la nobleza estatal, etc. Por ello tarea primordial de la organización socialdemócrata es la generación-formación de “oradores y políticos de clase”, capaces de competir con los parlamentarios burgueses. Es indispensable, subraya Lenin, escapar de las pequeñeces de la “Técnica parlamentaria”, que oscurece los problemas de principio de la lucha proletaria de clase. Y para evitar el momento populista, Lenin también subraya la capacidad de “control” del proletariado militante sobre estos nuevos parlamentarios obreros. No es el grupo parlamentario (para Lenin carece de autonomía propia) quién dirige la organización sino lo contrario. Esto es más importante que todo lo anterior. Para Lenin allí donde exista un movimiento obrero desarrollado y progresista (supuesto el derecho electoral universal) la “participación práctica” en el trabajo parlamentario deja de ser un monopolio de los propietarios o de la pequeña burguesía tradicional. Incluso en momentos de “primavera de masas” Lenin cree que se debe meditar si en el “aquí-y-ahora” puede utilizarse el Parlamento, trabajando dentro de él con las condiciones mínimas, si se dispone de los “socialdemócratas adecuados” para esa tarea y si las “condiciones externas” son favorables para el trabajo parlamentario. La figura del “socialdemócrata adecuado” requiere una digresión por su importancia decisiva, no solo en Lenin sino en el Marx de 1847-1851. Aquí podemos entender la obsesión de Marx, Engels y Lenin, en momentos históricos precisos, por asegurar la autoemancipación de la clase por sí misma en la práctica, asegurando ya sea candidatos de extracción obrera y proletaria al Parlamento o promocionando cuadros de origen trabajador a las mejores escuelas de cuadros del partido en el extranjero (Bolonia, Capri o Longjumeau en París)18 con el objetivo doble de generar una “Intelligentsia obrera” y “dirigentes-obreros”, los “socialdemócratas adecuados”, para la lucha parlamentaria y política en general. Lenin utilizaba el concepto de “instinto de clase” (klassovyi instinktklassovoe chut’ie), basado profundamente en las condiciones materiales del trabajador, que contrariamente a la pulsión espontánea, se encontraba arraigado firmemente como una fuerza positiva, se trata de un rasgo caracterológico irrenunciable, punto de partida de la conciencia de clase plena. El “instinto de clase” no puede ser reemplazado por ninguna máscara electoral o subcontratado por políticos profesionales provenientes de la pequeña burguesía. En esta cuestión Engels y Marx coinciden con Lenin, cuando sugieren para las elecciones para la Asamblea Constituyente de Prusia en 1850, aprendiendo de las fallas propias en la “primavera europea” de 1848: “contra los candidatos burgueses democráticos se deben presentar en todas partes candidatos de la clase trabajadora, quienes, en la medida que ello sea posible, deberán ser miembros de la Liga [de los Comunistas] y por cuyo triunfo todos deben trabajar por todos los medios a su alcance. Incluso en los distritos donde no hay posibilidad de que nuestro candidato salga triunfante, los obreros deben, no obstante, presentar sus propios candidatos a los fines de mantener su independencia [de clase], templar sus fuerzas y presentar su actitud revolucionaria y los puntos de vista del partido ante el público.” Aquí se puede entender ese epigrama de Brecht que dice que es más importante el que aprende que lo que aprende…

También coincide con Kautsky en el papel bivalente y equívoco del Parlamento en la “mente del Pueblo”, a la que se lleva a la confusión irremisiblemente con la maraña de una “proyectomanía legislativa constructiva”, que le ofusca, le embota, desmoraliza y le deja indiferente. Por ello, en la lucha electoral, es necesario demostrar la necesidad de “otra” institución mucho más fuerte, más democrática que el viejo Parlamento burgués, tarea que Lenin define como “tarea fundamental del Proletariado revolucionario”. Lenin elabora una máxima en forma proverbial: “la vida real habla con su voz más allá del Parlamento”. La conclusión no puede ser más radical: una clase sólo tendrá la certeza de que sus intereses están siempre bien garantizados en el Parlamento, de una manera decidida y visible, cuando no se contente únicamente con “elegir a sus representantes”, sino que puede “vigilar e influenciar” siempre y en todo momento su quehacer parlamentario. Por ello para Lenin hay que explicar a las más amplias capas populares que el Parlamento “solo expresa tímida e inadecuadamente las reivindicaciones fundamentales de un pueblo”. Para satisfacer de modo efectivo las necesidades apremiantes de las masas, Lenin, concluye, “se requiere que todo el Poder esté en manos del Pueblo”, sin que queden áreas autónomas sin “democratizar” o arcanos “Guardianes de la Constitución” que posibiliten la reversión de los proceso de cambio o incluso consolidar una contrarrevolución pasiva a pesar de la hegemonía parlamentaria. La conclusión de Lenin es que la lucha del Proletariado por la Libertad política, por su ampliación y profundización, es una lucha eminentemente revolucionaria, porque “su objetivo es lograr una Democracia total”. En cuanto al Parlamento como institución ética, Lenin como Kautsky no tienen duda que dado el rol que juega en el Estado moderno es una fuente de corrupción “innata”. En un Estado centralizado y ampliado regido de “forma parlamentaria”, como en las democracias y monarquías liberales, se encuentra en manos de los parlamentarios (y de la burocracia) no solo los intereses de las distintas clases, sino miles de intereses particulares que provocan tentaciones que pocos saben resistir. Los enemigos “absolutos” del Parlamentarismo, con los que Lenin tendrá que lidiar después de 1918 en Europa, se olvidan que la abolición de la “limitada” Democracia liberal nunca podrá anular la influencia corruptora perenne del propio Capitalismo sobre el Estado moderno (en especial sobre la burocracia y los funcionarios de alto grado). Relacionado con el tema de la corrupción y la actividad parlamentaria, Lenin comienza a establecer un concepto político novedoso, el “Oportunismo político”, que en un primer momento se define como el sacrificio “de los intereses permanentes y duraderos del proletariado a intereses superficiales y momentáneos”, en el caso más simple y menos ideologizado, y en casos más ideológicos, como políticos de buena fe que se reclaman en la tradición socialista u obrera, Lenin habla de la aplicación mecánica de un “modelo estereotipado”, copiado de períodos de la Historia pasados o transplantados de la experiencia de otros países sin su “traducibilidad” materialista. Un método usual del Oportunismo histórico es, según Lenin, el de tratar de probar “que la consigna más moderada es la más razonable, porque en torno a ella se puede unir el mayor número de elementos sociales”. El falso dilema oportunista es que se debe elegir siempre y en todo momento no entre Reforma o Revolución sino entre Reacción o Reforma. El Oportunismo afirma que por ello no se necesita ni un programa revolucionario (mucho menos “marxista”), ni una forma-partido revolucionaria, ni siquiera una táctica revolucionaria: solo consignas electorales moderadas, reformas y más proyectos de reformas. Lenin afirma que en realidad lo que demuestra la Historia parlamentaria europea es que “la táctica de los reformistas es la menos apta para logra reformas reales”. O como decía el Marx en 1851 después de las primaveras europeas de 1848:

“Las peticiones democráticas no pueden satisfacer nunca al Partido del Proletariado. Mientras la democrática pequeña burguesía desearía que la revolución terminase tan pronto ha visto sus aspiraciones más o menos satisfechas, nuestro interés y nuestro deber es hacer la revolución permanente, mantenerla en marcha hasta que todas las clases poseedoras y dominantes sean desprovistas de su poder.”

“La lógica de la Vida” –escribe Lenin en una bella fórmula– “es más fuerte que la de los manuales de Derecho Constitucional. La Revolución enseña”. Las amplias masas populares deben convencerse “por su propia experiencia” de que toda asamblea representativa democrática no es nada si no tiene pleno poder. Todas las leyes, todos los proyectos, todos los bellos discursos en la tribuna y todos los diputados no significan nada si no tienen el poder efectivo. Por ello, la educación socialdemócrata debe inculcar la idea que una asamblea representativa del Pueblo con poder irrestricto, plural, es incompatible con la subsistencia de un régimen basado en la lógica del Capital. Lenin también se ve obligado a desarrollar, dentro de su reflexión sobre lo electoral, lo que podemos denominar la “Ciencia de la Consigna”, el arte de analizar de manera dialéctico-materialista la coyuntura y el acontecimiento. Subraya una y otra vez que un marxista no debe olvidar nunca que la consigna de toda lucha inmediata “no puede ser deducida sencilla y directamente de la consigna general” de un determinado programa. Hay que tener en cuenta la situación histórica específica (el universal concreto, un universal que abarca en sí toda la riqueza de lo individual, de lo singular, de lo individual), seguir todo el desarrollo y todo el curso sucesivo del ciclo revolucionario. Se puede hablar de una auténtico axioma leninista: El Tiempo (devenir) es a la Política lo que el Espacio es a la Física. Por eso, en una rara reflexión cuasi-filosófica, incluso heideggeriana, Lenin decía que “la Clase Obrera crea la Historia mundial con historicidad, abnegación y espíritu de iniciativa”. La tarea más ardua, incluso para alguien que posea el método y la teoría de Marx, es para Lenin éste: determinar los tempos y ritmos de la Política en su relación con la situación revolucionaria. Durante este período vemos que paralelamente a sus análisis materialistas sobre la Política qua parlamentaria, Lenin comienza a profundizar tanto en sus estudios sobre Marx como sobre su formación filosófica. En una carta a uno de los benefactores financieros de la fracción bolchevique (tanto de la leninista como de la de Bogdanov), el escritor Máksim Gorki,19 Lenin comenta que precisamente a comienzos de 1906 leyendo una obra de Bogdanov, se vio obligado a exponer los principios de Marx en una “cartita filosófica en tres cuadernos”. Lenin, que se autodefinía como “un marxista de filas en materia de Filosofía”, termina escribiendo una obra sobre la teoría de Marx que titula: Observaciones de un marxista de filas en materia de Filosofía,20 que intenta publicar, sin llegar a lograrlo por la irrupción de la Revolución de 1905. O sea que en el punto más complejo de sus reflexiones sobre la Política electoral, Lenin se encontraba inmerso en una nueva profundización crítica de Marx. 

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III

El problema de la ‘forma de la lucha’ se hallaba ligado íntimamente al problema de la ‘organización para la lucha’”

Lenin, 1906

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Para el Lenin de 1906-1907 toda lucha electoral es una forma de lucha subordinada, secundaria en condiciones objetivas revolucionarias. El problema de la “forma de la lucha” se halla ligado por ello íntimamente al de la organización de la lucha. Pero: ¿en qué consiste una condición objetiva revolucionaria? Recordemos qué significa para Lenin una situación revolucionaria, “análisis concreto de la situación concreta” que se deriva del marco general de una categoría crítica decisiva en Marx: la de formación económico-social.21 En Lenin funge el principio marxista de entender la “lógica específica del objeto específico”. El análisis materialista crítico (que Lenin muchas veces llama al mejor estilo de Lakatos “métodos de investigación del Marxismo”) simplemente busca las formas de la “transición” o el “acceso” a la Revolución proletaria, ni más ni menos. Lenin estableció de forma clásica y tardía en varias ocasiones lo que denominó “Ley fundamental de la Revolución”. Es sintomático que Lenin se exija en definir las coordenadas fundamentales de un acontecimiento revolucionario objetivo (base de toda táctica eficaz), que denomina políticamente como “crisis nacional general”, a medida que se sumerge en la compleja arena parlamentaria burguesa. En 1902: 

“[en un primer momento] reivindicaciones de carácter puramente económico, se transforman con rapidez en un acontecimiento político, a pesar de participar en ella un número insuficiente en extremo de fuerzas revolucionarias organizadas… [sin embargo] la verdadera desorganización del gobierno se consigue sólo cuando las amplias masas, realmente organizadas por la propia lucha, obligan al gobierno a desconcertarse; cuando la legitimidad de las reivindicaciones de los componentes avanzados de la clase obrera es esclarecida ante la multitud en la calle…; cuando a las acciones militares contra decenas de miles de hombres del Pueblo precede la vacilación de las autoridades, que carecen de toda posibilidad real de determinar a dónde conducirán esas acciones militares; cuando la multitud ve y reconoce en los muertos en el campo de la guerra civil a sus camaradas, a sus compañeros, y acumula nuevas reservas de odio y el deseo de una lucha más resuelta contra el enemigo… [entonces] todo el régimen actual el que aparece como enemigo del Pueblo.”22

El descalabro de una formación económico-social solo se logra cuando existe una masa crítica organizada (no “mera-formalmente” organizada, Lenin lo especifica: por-y-en-la-propia-lucha) que logra erosionar el bloque histórico a partir de un inicio menor: una lucha económica, pero ésta está sobredeterminada por el nivel institucional de las organizaciones de masas. Todavía no existe una experiencia propia revolucionaria, por lo que Lenin debe recurrir a los últimos sucesos revolucionarios históricos con participación obrera: las revoluciones de 1848-1850 y la Commune de París de 1871. Lenin en 1908, ya teniendo sobre sus espaldas la Revolución rusa de 1905, habla de “momento revolucionario”: 

“no se puede defender en general y siempre la participación en cualquier institución representativa [Parlamento], sin tener en cuenta las condiciones del momento revolucionario. Es deber de los marxistas… plantear de modo concreto, y no abstracto,… cualquier problema político, teniendo en cuenta toda la situación revolucionaria en su conjunto… Si las masas experimentaran un vivo interés por la Política, ello implicaría la existencia de las condiciones objetivas de una crisis en desarrollo, es decir: significaría estar ya en presencia de determinado ascenso; y si este ascenso adquiriese cierta fuerza, el sentir de las masas se traduciría sin falta en acción de masas.”23

El modo concreto de especificar un “momento revolucionario” exige se considere la Totalidad, y un índice subjetivo clave es la existencia de un masivo interés (verificable) de las masas populares por participar en la Política activa (no meramente en los marcos de la Política profesional). Lenin en 1913: “una situación revolucionaria [se genera cuando] se ha agudizado al máximo la opresión de la aplastante mayoría de la población, no sólo del Proletariado […] siendo de notar que la opresión agudizada, el hambre, la miseria, la ausencia de derechos y los ultrajes al Pueblo se hallan en flagrante desacuerdo con el estado de las fuerzas productivas”, y continúa diciendo Lenin que “mas con ello no basta. La sola opresión, por grande que sea, no siempre origina una situación revolucionaria en un país. Para que estalle la Revolución no basta con que los de abajo no quieran seguir viviendo como antes. Hace falta, además, que los de arriba no puedan seguir administrando y gobernando como hasta entonces.”; además debe afectar “precisamente las bases de la estructura estatal, y en modo alguno cualquier parte secundaria de ella, afecta los cimientos del edificio y no tal o cual accesorio, tal o cual piso.”; las condiciones objetivas de una situación revolucionaria deben comprender, de manera dialéctica (pensando la propia Totalidad concreta) el estado subjetivo de las masas y las condiciones internacionales, es decir: un “cuadro social” (sic) que genera “la imposibilidad de resolver las tareas burguesas por este camino y por los medios existentes (en manos del gobierno y de las clases explotadoras)”.24 Se han sumado a la configuración concreta del momento revolucionario otros aspectos e índices, ahora se trata de una opresión en grado máximo (no exclusivamente económica: opresión agudizada con ausencia o limitación de derechos adquiridos o fundamentales) a una mayoría casi absoluta de la población, incluso la no-proletaria; las clases dirigentes ya no pueden gobernar con normalidad en el marco de los mecanismos que usaban en el pasado, pero esta condición es insuficiente sin el elemento de clase revolucionario: los de abajo (el Pueblo bajo como lo denomina Lenin) ya no quieren seguir en la “normalidad” de dominio del período anterior: se presenta un escenario de doble poder; un último índice es que la entera estructura estatal, las bases de la forma-estado (por ejemplo: la Constitución o la propia legitimidad del Poder Ejecutivo) se encuentra irremediablemente erosionada, hay una disociación esencial y sin retorno. Lenin en 1915, en una de las formulaciones más conocidas: 

“A un marxista no le cabe duda de que la Revolución es imposible sin una situación revolucionaria; además, no toda situación revolucionaria desemboca en una Revolución. ¿Cuáles son, en términos generales, los síntomas distintivos de una situación revolucionaria? Seguramente no incurrimos en error si señalamos estos tres síntomas principales: 1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las ‘alturas’, una crisis en la política de la clase dominante que abre una grieta por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar con que ‘los de abajo no quieran’, sino que hace falta, además, que ‘los de arriba no puedan’ seguir viviendo como hasta entonces. 2) Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de ‘paz’ se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos ‘de arriba’, a una acción histórica independiente.”

Lenin aclara más adelante que “son cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la Revolución es, por regla general, imposible” y que “no toda situación revolucionaria origina una Revolución, sino tan sólo la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria [no del Pueblo bajo] de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficiente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, ‘caerá’ si no se le ‘hace caer’”.25 Lenin habla de “síntomas” de una situación revolucionaria, y no por casualidad: todos ellos no tienen jerarquía uno sobre el otro, ni siquiera lexicográficamente, sino que requieren que sucedan simultáneamente, son co-originarios y en constante pero relativa interdependencia. Trotsky denomina a esta co-originariedad de los índices de una “situación revolucionaria” como un caso de “Reprocidad condicional”.26 Deben “concurrir” al mismo tiempo como sombras inseparables que acompañan al momento revolucionario. Al mismo se introduce en la reflexión leninista la diferencia entre un kairós revolucionario, momento kairológico que abre la posibilidad de una acción subjetiva decisiva, y el de crisis revolucionaria, que es la situación revolucionaria en la que existe plenamente desarrollada la organización revolucionaria: 

“la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria [no del Pueblo bajo] de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficiente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno”. 

Trotsky reforzaría este elemento-condición esencial al afirmar que: 

“el Proletariado sólo puede adquirir esa confianza en sus propias fuerzas –indispensable para la revolución– cuando descubre ante él una clara perspectiva, cuando tiene la posibilidad de verificar activamente la relación de fuerzas que cambia a su favor y cuando se siente dirigido por una dirección perspicaz, firme y audaz”. 

La otra formulación clásica es ya de 1920, en plena confrontación con anarco-comunistas, autonomistas, consejistas, luxemburguistas y neoizquierdistas europeos: 

“La Ley fundamental de la Revolución, confirmada por todas ellas, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX [1905, febrero de 1917 y octubre de 1917], consiste en lo siguiente: para que tenga lugar una Revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de vivir como antes y reclamen cambios; para la Revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo ni gobernando como antes. Sólo cuando los ‘de abajo’ no quieren vivir como antes y los ‘de arriba’ no pueden continuar como antes, puede triunfar la Revolución. Esta verdad puede expresarse con otras palabras: la Revolución es imposible sin una ‘crisis nacional general’ (que afecte tanto a explotados como a explotadores). Se desprende que, para que tenga lugar una Revolución, es indispensable, primero, que la mayoría de los obreros (o por lo menos la mayoría de los obreros con conciencia de clase, que piensan, políticamente activos) comprenda plenamente que la Revolución es necesaria y que esté dispuesta a morir por ella; segundo: es preciso que las clases dirigentes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la Política incluso a las masas más atrasadas (es síntoma de toda Revolución verdadera es la decuplicación o centuplicación del número de hombres capaces de librar una lucha política, pertenecientes a la masa trabajadora y oprimida, antes apática), que debilite al gobierno y haga posible su rápido derrumbamiento por los revolucionarios.”

Y retornando a la necesidad del método del Materialismo militante Lenin señala que “indagar, investigar, prever, captar lo que es nacionalmente específico, nacionalmente particular en la forma concreta en que cada país debe abordar una tarea internacional única”; el nexo vanguardia-masas en una situación revolucionaria es determinada por Lenin: 

“En este caso hay que preguntarse no sólo si hemos convencido a la vanguardia de la clase revolucionaria, sino también si están dislocadas las fuerzas históricamente activas de todas las clases de la sociedad dada, obligatoriamente de todas sin excepción, de manera que la batalla decisiva se halle por completo en sazón, de manera que: 1) todas las fuerzas de clase que nos son adversas estén suficientemente sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre sí, suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas; 2) todos los elementos vacilantes, volubles, inconsistentes, intermedios, es decir, la pequeña burguesía, la democracia pequeño-burguesa, que se diferencia de la burguesía, se hayan desenmascarado suficientemente ante el pueblo, se hayan cubierto suficientemente de oprobio por su bancarrota práctica; 3) en las masas proletarias empiece a aparecer y a extenderse con poderoso impulso el afán de apoyar las acciones revolucionarias más resueltas, más valientes y abnegadas contra la burguesía. Entonces es cuando está madura la Revolución”.27

Por primera vez aparece netamente definido un elemento subjetivo, “revolucionarismo subjetivo”, que evita caer en el Blanquismo o en formas románticas de aventurerismo sectario. En una comunicación al IIº Congreso de la Internacional Comunista (en julio de 1920) Lenin volverá por última vez a intentar establecer la “Ley fundamental de la Revolución”, el acontecimiento revolucionario: “[se deben producir] natural e inevitablemente dos condiciones, dos situaciones fundamentales. Por una parte, la pobreza, la miseria de las masas debe crecer en forma inaudita… los obreros se encuentran en una situación insoportable… agudización inaudita de todas las contradicciones capitalistas… ese es el origen de esa profundísima efervescencia revolucionaria… por otra parte, en la ínfima minoría de los todopoderosos… se inició y crece la desintegración… nos encontramos ante la maduración de las dos condiciones de la Revolución.”28

Contra toda tentación “populista” o recurso fácil al romanticismo folklórico, Lenin advierte que no es la “mente del Pueblo”, ni algún enigmático Volksgeist los que deciden el problema, sino la fuerza de las respectivas clases y elementos de la sociedad. Y este análisis se deriva del análisis materialista de la situación concreta. Las enseñanzas de Marx entre 1847 y 1851,29 afirma Lenin, obligan a estudiar: 1) qué clases exigen el cambio del status quo y cuales exigen limitaciones en el poder; 2) qué “condiciones materiales” engendran o contribuyen al acontecimiento de una lucha revolucionaria y cuales los esfuerzos por concertar la “coexistencia constitucional” de los (potenciales) derrocadores con los (potenciales) derrocados; 3) aplicar el método y la teoría de Marx al “esclarecimiento del profundo e interesantísimo proceso de formación de los partidos políticos”. El Marx político no aparece en estos y otros textos menores por casualidad: Lenin siempre sostuvo que el Revisionismo se apoya en una deformación “liberal-constitucional” de Marx y la forma de retornarlo a su pureza era aplicar las enseñanzas políticas de 1848-1851. Por ello en el caso de alianzas o mayorías silenciosas, Lenin remarca que la famosa “Aritmética política” en el Parlamentarismo es un proceso un poco más complicado que la simple adición de todos los elementos de la oposición. En un artículo titulado “La Socialdemocracia y los acuerdos electorales” de octubre de 1906, Lenin establece la premisa general para toda lucha electoral, que denomina premisa general: asegura en todo momento una “Política de Clase”, independiente y autónoma en toda la campaña; a su vez toda campaña electoral debe supeditarse a los intereses de la lucha de clases histórica. Nuevamente retorna sobre la re-definición de Parlamento: para Lenin se trata de un “instrumento de hegemonía y de opresión burguesa” con una importancia histórica determinada. Un “verdadero régimen parlamentario” puede ser igualmente la Dictadura del Proletariado como la Dictadura de la Burguesía. El Parlamentarismo es uno de los métodos de la lucha política “por la liberación de la Clase Obrera”, dentro de estos parámetros, toda actividad parlamentaria debe estar subsumida (“en forma absoluta”) a las tareas especiales del Proletariado en una situación concreta. La tarea principal entonces es “romper” el poder que el gobierno burgués de turno tiene frente y sobre el Parlamento, asegurando no solo la igualdad del derecho al voto sino una distribución proporcional de los distritos electorales, períodos legislativos cortos, total libertad de prensa, de reunión y de asociación y en especial progresiva ampliación del derecho a voto en la edad ciudadana. En esta posición el Marxismo debe diferenciarse tanto del Liberalismo (o su reacción: el Conservadurismo) como del Anarquismo. Mientras liberales y radicales burgueses o pequeños-burgueses ven el Parlamentarismo como el método “natural”, en realidad el “único método normal y legítimo para manejar los asuntos del Estado burgués en general”, con esta posición dogmática niegan la existencia de la lucha de clases y el “carácter de clase” del propio Parlamentarismo. Los anarquistas no terminan de valorar “la importancia históricamente determinada del Parlamentarismo”, rechazando in totoeste método de lucha específico. Por ello la “participación parlamentaria” de los socialdemócratas revolucionarios es completamente distinta, e incluso a veces opuesta, a la de los demás partidos. En cuanto a los acuerdos electorales, Lenin vuelve a subrayar que la tarea principal, “decisiva”, es “desarrollar la conciencia de clase y la organización independiente, de clase, del Proletariado”, por lo tanto debe asegurarse “una Política de clase”, independiente, en toda la campaña electoral y en toda campaña “parlamentaria”. Por ello se debe “vigilar a todo aliado procedente de la Democracia burguesa como vigilarían a un enemigo”, ya que nada debe restringir en las elecciones la independencia de clase y menos aún renunciar a esta independencia por ventajas en tal o cual bloque electoral. Los conciertos electorales se conciertan entre partidos políticos, por lo que Lenin exige un tipología y un análisis clasista de los principales partidos. Por ello la actitud por intereses electorales o de agit-prop de disimular o aplanar las diferencias entre los partidos políticos es “absolutamente inadmisible” para la Socialdemocracia revolucionaria. Desde el punto de vista proletario, la claridad materialista acerca del “agrupamiento de clase” de los partidos es de suma importancia, y este análisis debe incluir el del sistema electoral. 

Lo que hay de “permanente y firme en toda elección” es para Lenin el desarrollo de la conciencia de clase (desde el instinto, en tanto “espontaneidad progresiva”) y la cohesión del Proletariado socialista. La famosa “Aritmética electoral” solo puede resolverse de manera adecuada y concreta desde el punto de vista de los principios políticos “de clase”. Deber de todo socialdemócrata revolucionario es contraponer a la “caza de bancadas parlamentarias” la defensa absolutamente tenaz y consecuente de la “posición del Proletariado socialista” y de todo aquello de cuanto interesa al triunfo total de la Revolución. Lenin vuelve a subrayar que “en modo alguno ni bajo ninguna condición” deberán los candidatos y diputados socialdemócratas “ocultar nuestros objetivos ‘socialistas’, nuestra posición estrictamente de clase, en tanto partido proletario”. La causa de la Democracia tiene demandas que exceden y trascienden la urna electoral. Por supuesto que no se trata de mero marketing electoral, ni de fraseología de coyuntura, ya que no basta con emplear a cada paso la palabra “Clase” para indicar el rol y la centralidad proletaria como vanguardia de la “actual” Revolución, ni exponer la Teoría general de Marx para demostrarlo. El criterio último en Lenin (como en Marx) es la propia praxis: “hay que saber poner de manifiesto en la práctica, al analizar los problemas candentes de esta Revolución… no es una tarea fácil y preparase para cumplirla constituye el deber primero y fundamental de todos los socialdemócratas que intervienen en la campaña electoral.” En cuanto a la campaña electoral en sí misma, recordemos que Lenin se refiere a la de la Segunda Duma, se debe determinar a través de ella las diferencias de matices, “distinguir certeramente”, entre los partidos democrático-burgueses de los otros. En cuanto al componente retórico, Lenin recuerda que se debe hablar en forma sencilla y clara, “lenguaje asequible a las masas”, desechando sin reservas “la artillería pesada de los términos eruditos de las palabras extranjeras de las consignas, definiciones y conclusiones aprendidas de memoria, preparadas como recetas, pero que las masas todavía no conocen ni entienden”. Los candidatos electorales deben saber “explicar los problemas del Socialismo y los problemas de la actual Revolución” sin frases rimbombantes, sin retórica profesional o abogadil, sino de manera materialista: “con hechos incontestables y cifras”. La Socialdemocracia, concluye Lenin, debe defender en campaña electoral consecuentemente “el punto de vista del Proletariado”. Pero la campaña electoral tiene además una tarea extra: se trata de enfocar “cuidadosamente el problema de los medios de lucha”, cuyo objetivo no es otro que “subordinar íntegramente” toda la actuación de los representantes parlamentarios a los intereses de la lucha fuera del Parlamento: “debemos aprovechar la campaña electoral para organizar la Revolución, es decir: para organizar al Proletariado y a los elementos realmente revolucionarios de la propia Democracia burguesa”. Lenin denomina a esto último como el “contenido positivo” que hay que dar a toda campaña electoral y, en particular, a las alianzas o acuerdos parciales con otros partidos. Todo acuerdo electoral constituye un bloque (do ut des: “doy para que tú me des”). Resumiendo: el punto de arranque de la Táctica general en elecciones más o menos democráticas deber ser, desde el Lenin de 1906, “la total independencia del Partido de Clase del Proletariado revolucionario”. Solamente en casos de extrema necesidad y en condiciones bien delimitadas históricamente, es posible para Lenin (y Marx) apartarse de este “Principio general”. 

En un brevísimo informe electoral de Lenin,30 afirma que hay que basar la campaña electoral en la contraposición entre lucha revolucionaria y la “pacífica”, y demostrar cuán peligrosa es la hegemonía de la pequeña-burguesía urbana en el movimiento de liberación. Hay que explicar siempre porqué vamos al Parlamento y cómo haremos nuestra tarea allí, señalando en todo momento “la impotencia y falta de independencia de esa institución”, el vaciamiento sistémico de la soberanía del Pueblo. La no-soberanía popular, la tendencia del Capital a refugiarse en “instituciones no-mayoritarias”, no-mandatarias, excluidas de todo control político popular, es el fundamento material de la indiferencia de masas hacia la Política in toto y en un segundo momento hacia la Democracia. Lenin redactó varios llamamientos generales a votantes y electores, algunos con extensión de folleto, donde se ruega a los lectores “reflexionen sobre las enseñanzas que la primera Duma nos ha dado”. En él se determina qué tipo de lucha por la Libertad democrática es la proletaria, diferenciada de la de la burguesía revolucionaria o radical, ya que “los obreros necesitan la Libertad a fin de desplegar una amplia lucha para emancipar totalmente al Trabajo del yugo del Capital, para acabar con toda explotación del Hombre por el Hombre, para organizar el sistema social socialista”. Mientras subsista el poder del Capital, dentro del mecanismo de la propia Democracia liberal, no podrá imponerse “ningún género de igualdad”. Lenin realiza un llamamiento a los votantes y ciudadanos de Rusia: “¡Aprovechen las elecciones para fortalecer a los verdaderos defensores de la Libertad y el Socialismo, para explicar los objetivos reales y el verdadero carácter de los diferentes partidos!”. En una segunda interpelación, busca la identidad de clase (“camaradas obreros y cuantos son asalariados del Capital”) para remarcar que no se debe tener fe en ninguna promesa del Poder, y que todo proletariado consciente-combatiente “no busca la salvación de la pobreza y la penuria en la consolidación de la pequeña producción, sino en la lucha unida de todos los trabajadores”. Finalmente Lenin pide el voto socialdemócrata, señalando que “es el partido que lucha por la Libertad completa, por la República,… Lucha contra toda opresión nacional”. 

El “desarrollo dialéctico de la lucha parlamentaria” genera que bloques (acuerdos, alianzas, pactos) y partidos, independientemente de que sean o no conscientes, independiente de su voluntad y de sus ideologías, sean obligados y forzados por las condiciones objetivas a tomar decisiones y alineamientos no-intencionales, que pueden terminar en “acuerdo de lucha” informales. Para Lenin el problema central no es si son admisibles o no los “acuerdos restringidos” o los acuerdos amplios, sino “sobre qué lineamientos debe el Proletariado socialista concertar acuerdos con la burguesía revolucionaria” que a veces son inevitables. No hay que reducir los problemas por medio de la “mezquina y trivial Técnica parlamentaria”, ya que no podemos olvidar que tal técnica tiene un “contenido político” determinado, profundamente ambiguo y de cuño burgués. Lenin ejemplifica esta política de acuerdos: sólo deben admitirse acuerdos con partidos “que luchen por la República”, y no que se presenten como “oposición general” al partido de gobierno. Mientras para Lenin “República”, “Burguesía revolucionaria” o “Insurrección” son categorías políticas claras y definidas, “Oposición” es un término “puramente parlamentario”, vago, impreciso, no-clasista, una mala infinitud que abarca a cualquiera que esté descontento con el gobierno de turno. La cuestión política marxista en la lucha electoral y parlamentaria es: “¿con quién y para qué fines es admisible un acuerdo o un bloque?” Por ello, nunca debe encubrirse las diferencias entre partidos políticos que encubren diferentes puntos de vista de clase. En el problema de los “bloques electorales” debe destacarse en primerísimo plano “los principios e ideas de las clases” e incluso de fracciones y sub-fracciones de clase (como la galaxia fragmentada de la pequeña-burguesía). Muchos errores en al lucha electoral derivan de la falsa valoración del rol del Parlamento burgués, ya que la cuestión es si “sacrificamos o no la independencia de la campaña electoral” en aras de un Parlamento “totalmente liberal”. Por eso para Lenin existe en realidad una “unicidad” de toda Política revolucionaria (sea en la lucha electoral, sea en la lucha dentro del Parlamento, sea en la lucha en las movilizaciones populares): acuerdos con la Burguesía (democrática) y la pequeña-burguesía revolucionaria contra la gran burguesía reaccionaria. Se enuncia aquí una pequeña regla táctica, que Lenin enuncia de esta forma: en la vida política “prescindiendo de nuestra voluntad y a despecho de nuestros deseos” lo que vale es la conducta práctica y no la fraseología de la Técnica parlamentaria. Los conservadores, los liberales y compañeros de ruta van al Parlamento a (meramente) “legislar”, a ejecutar “proyectomanía legislativa” de manera serial, no para hacer ninguna Revolución, dirá Lenin. En cuanto al problema de la lucha ideológica y teórica, Lenin se pregunta cómo puede conjugarse esa tarea con la disciplina de un “partido democrático de clase”(sic) que pretende sostener el punto de vista del Proletariado. Existe en Lenin una cuestión primordial en cuanto a la Lucha electoral, cuestión que surge en la misma práctica, y ella es la relación entre la Lucha ideológica y la disciplina de un partido proletario. Disciplina “partidaria” es para Lenin, en orden lexicográfico y de forma co-originaria: Unidad de Acción-Libertad de Discusión-Libertad de Crítica. “Unidad de Acción” significa que existe una organización viva que ejerce la unidad en la actividad práctica. Obviamente que toda acción política valiosa lo es si contribuyen a “cohesionar ideológicamente al Proletariado, a elevarlo”, lo que implica que una organización no basada en principios carece de sentido, debe ser criticada desde su interior, por ello Lenin no reconoce la “Unidad de Acción” sin los componentes co-originarios de “Libertad de Discusión” y de “Libertad de Crítica”. 

En un volante titulado “¿A quién se debe elegir para la Duma del Estado?” de 1906, Lenin expone un fino análisis clasista de los principales partidos políticos que se presentan a las elecciones. Su exposición recuerda a los detallados análisis de Kautsky en sus comentarios sobre el programa de Erfurt del SPD sobre la Clase dominante, el Partido dominante, la jerarquía piramidal, la aristocracia obrera y la élite revolucionaria socialista.31 Lenin discrimina los partidos principales (Centurionegrista, Kadete y Socialdemocracia), identifica los intereses de clase que defienden, cuál es el objetivo de su lucha política, el tipo de Libertad que defienden e incluso su coherencia en la “gran lucha mundial del Trabajo contra el Capital”. Siguiendo a Kautsky, Lenin sostiene que el origen de los partidos políticos de la Democracia burguesa debe buscarse en la situación histórica en la que se trataba de unir a todas las clases sociales contra el régimen de la Aristocracia absolutista, lo que obligaba a “obviar” las diferencias irreconciliables entre las clases revolucionarias. Por ello, el imperativo de la función histórica de la Democracia burguesa es precisamente “encubrir” y reprimir el antagonismo clasista (y el de la Socialdemocracia revolucionaria el descubrirlo, develarlo, llevarlo a la claridad) y hacerlo comprender al Proletariado de la manera más clara y simple. Lenin trata de explicar que el “Pueblo bajo” (pequeños burgueses tradicionales y nuevos, artesanos, cuentapropistas y autónomos, jornaleros y campesinado, pequeños funcionarios, etc.), aunque pueda formar parte de la masa de afiliados socialdemócratas, son también campo de reclutamiento primordial de los partidos burgueses. En su influencia sobre esas clases y fracciones de clase es que se apoyó y se apoya aún hoy el resorte principal del Poder político burgués.

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NOTAS

1. Los ejemplos pueden multiplicarse pero tomamos dos: en la gran biografía oficial colectiva de la URSS V. I. Lenin. Biografía, edición actualizada de 1961 a cargo del IMEL de Moscú, le dedica al trabajo electoral de Lenin con las Dumas las páginas 155-156 y 188-189 (sobre la fracción antiparlamentaria de Bogdanov, los “otzovistas”, los “retiraristas”) de un total de 558, resumiendo la táctica electoral en “desenmascarar públicamente la Política de la Autocracia y la burguesía”, subordinando esta actividad a la lucha interna contra los mencheviques y sin mencionar el método de lucha del boicot activo y el pasivo, en español: AA. VV.: V. I. Lenin. Biografía; Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1961; en la de Gerard Walter, Lenin, de 1950, versión casi oficial del Dia-Mat, la política electoral es reducida a momentos de oasis legales en el perenne asalto contra el “ala derecha” del POSDR, aunque Walter menciona el método del boicot activo: p. 156 y ss.; la campaña electoral para la Segunda Duma se resume en media página (161) en que Lenin deseaba una alianza parlamentaria “con los laboristas” (sic) y evitar a los “kadetes”, en español: Gérard Walter: Lenin, Grijalbo, Barcelona, 1967.

2 Un clásico en este sentido es la biografía de Daniel Shub, Lenin- A biography (1948, que menciona el trabajo de boicot activo de Lenin en torno a la primera Duma, para concluir que la táctica bolchevique coincidía vis-a-vis con las intenciones del Zar (pp. 146-148), sin profundizar en la táctica electoral o parlamentaria; en español: Lenin, Alianza Editorial, Madrid, 1977. El conocido sovietólogo Robert Service, en su obra Lenin. A Biography del año 2000, señala escuetamente que Lenin argumentaba que el POSDR debía presentar “candidatos propios y utilizar la Segunda Duma como una oportunidad para difundir la propaganda del partido” (p. 193) y más adelante vuelve ya sobre la Tercera Duma en torno a la lucha contra Bogdanov y los “otzovistas” para demostrar el carácter faccioso de Lenin y su aparente falta de estatura como dirigente nacional-democrático; Service ignora toda la estrategia y táctica parlamentaria de Lenin in toto; en español: Lenin. Una biografía; Siglo XXI, Madrid, 2001. En la mayoría de los sovietólogos si hay un Lenin electoral, es para demostrar su instinto antidemocrático y conspirativo, el “arma humeante” de la futura evolución autoritaria hacia el Stalinismo.

3 La distorsión-subestimación de la contribución a la lucha y rupturas democráticas de Engels-Marx tiene su paradigma socialdemócrata en Jürgen Habermas (en su estudio sobre la esfera pública burguesa) y el posmoderno-neopopulista en el libro de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, ahora puesto de moda por el éxito del partido Podemos en España: Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Siglo XXI, Madrid, 1987 (edición original de 1985) o en el prólogo de Slavoj Zizek a una compilación de escritos de Lenin, que llega a firmar que “Lenin no entendió realmente a Marx… la complejidad hegeliana de la ‘Crítica de la Economía Política’ de Marx le venía grande”, un libro sorprendente que pese a su título y su intención (“reactivar a Lenin”) habla poco y distorsionadamente de Lenin como político, en español: Repetir Lenin, Akal, Madrid, 2004; ya veremos “que poco” entendió Lenin al Marx político y que “grande” le queda al propio Zizek la complejidad leniniana y su eventual reactivación. Negri en su libro sobre Lenin, resume el Lenin político a partir de 1905 como una etapa de transición desde “la Democracia consecuente al Socialismo”, sin mencionar el trabajo electoral-parlamentario; se resume la etapa 1905-1917 abstractamente como la de “la construcción de las condiciones de unidad del Proletariado”, o sea, una vez más se reconduce el Lenin real al Lenin insurrecionalista-constructor de “la” Organización; Lenin queda atrapado en una oscilación entre dos polos: el escrito “Dos tácticas de la socialdemocracia rusa” de 1905 y “El Estado y la Revolución” de 1917, véase: Antonio Negri, La fabbrica della strategia: 33 lezioni su Lenin CLEUP, Padua, 1977; en español: La fábrica de la estrategia: 33 lecciones sobre Lenin, Akal, Madrid, 2004, p. 56 y ss.

4 Excepción de los pioneros trabajos de August H. Nimtz: Lenin’s Electoral Strategy from 1907 to the October Revolution of 1917, Palgrave-Macmillan, New York, 2014.

5 Sobre los experimentos constitucionales burgueses en la Rusia zarista sigue siendo imprescindible el trabajo todavía no superado de Geoffrey A. Hosking: The Russian Constitutional Experiment: Government and Duma, 1907-1914, Cambridge University Press, Cambridge-New York, 1973. El Dia-Mat en la URSS consideraba los experimentos de las Dumas zaristas como un intento de adaptación fallida del estado monárquico-feudal a la era burguesa, intentando políticamente una política de “maniobras” entre las dos clases principales (terrateniente y burguesa), similar a la de Napoleón III o Bismarck, coincidiendo con las opiniones de Lenin para la IIIª Duma.

6 De aquí en adelante dejamos hablar a la voz de Lenin. Hemos utilizado la edición española de la editorial Akal: Obras Completas, Akal Editor, Madrid, 1976, 45 volúmenes más índices complementarios, versión de la cuarta edición soviética; en caso de duda o falta del texto nos hemos remitido a la edición en alemán (más completa y exhaustiva que la rusa): Werke (40 Bände, 2 Ergänzungsbände, Register, Vergleichendes Inhaltsverzeichnis). Dietz-Verlag, Berlin (DDR), 1956–1972; y su correspondencia: Briefe (10 Bände), Dietz-Verlag, Berlin (DDR),1967–1976. Para una guía de las obras completas de Lenin, véase: Harding, Neil: “Appendix 2. Guide to Lenin’s ‘Collected Works’”, en: Leninism, Duke University Press, Durham, pp. 300-316.; la crónica de la vida de Lenin en: Weber, Gerda/ Weber, Hermann: Crónica de Lenin. Datos sobre su vida y obra; Anagrama, Barcelona, 1975.

7 Lenin ya lo tenía claro en 1895 al resumir in extenso la obra de Engels y Marx: La Sagrada Familia, en la edición original de 1845 (seguramente facilitada por Plejanov). Krupskaia señalaba que Lenin tenía “un conocimiento maravilloso” de Marx para el estándar de la época y que cuando llegó a San Petersburgo en 1893 ya había leído el tomo I de Das Kapital en 1888 asi como textos raros o menores, como “El Manifiesto Comunista”, casi desconocidos en la Rusia zarista; incluso Lenin traducía del alemán (aprendido de su madre) y el francés (cuando estudiaba con su hermana Olga) los textos de Marx que le interesaban.

8 En la Rusia zarista solo podía conseguirse la edición alemana de contrabando; Krupskaia confiesa que recién pudo leerlo en el año 1898 y en el exilio.

9 Lenin además había leído varias obras de Feuerbach, como Grundsätze der Philosophie der Zukunft (1843) o Vorlesungen über das Wesen der Religion (1851).

10 Lenin utiliza in extenso el estratégico segundo prólogo de Marx a Das Kapitalque aclara malentendidos sobre su Método y donde explica la diferencia entre el Modo de Investigación (Forschungswiese) y el Modo de Exposición (Darstellungswiese).

11 Sobre la influencia absoluta del Marxismo del SPD y su ala izquierda sobre Lenin hasta 1914, véase: Norman Levine: “The germanization of Lenin”; en: Studies in Soviet Tought, 35, 1981, pp. 1-37.

12 Por la influencia del famoso “Programa de Erfurt” del SPD, cuya autoría se debía a Karl Kautsky: Das Erfurter Programm in seinem grundsätzlichen Theil, Dietz Verlag, Stuttgart, 1892; un “Erfurtiano” es para Lih alguien que acepta el SPD como modelo de partido, acepta el Programa de Erfurt como una autorizada profesión de fe de la misión socialdemócrata revolucionaria, acepta el comentario al programa escrito por Karl Kautsky como una declaración de principios socialistas irrebatible, el Programa de Erfurt como definición de socialdemocracia, en todos los aspectos, Leih sostiene que Lenin era un apasionado”Erfurtiano”; véase: Lars T. Lih: Lenin rediscovered. “What is to be Done?” in Context , Brill, Leiden, 2005, en especial su “Part I. Erfurtianism”, p. 41 y ss. Según Lih Lenin era un “socialdemócrata revolucionario”, que consideraba que el futuro “renegado” Kautsky era uno de los principales exponentes de las ideas marxistas, y que las aplicaba con éxito a las condiciones de su tiempo.

13 Karl Kautsky: Der Parlamentarismus, die Volksgesetzgebung und die Socialdemokratie, Dietz Verlag, Stuttgart, 1893; en español: Parlamentarismo y Democracia; Editora Nacional, Madrid, 1982.

14 Como señala Lih, de hecho Lenin siguió afirmando el pasado revolucionario de Kautsky incluso más allá de 1917, incluso después de Kautsky se hubiera convertido en una especie de diablo y renegado. Hasta el día de su muerte, Lenin continuó afirmando que Kautsky fue el teórico marxista más destacado de su tiempo, lo confirma que se preparaba en el IME bajo la dirección de David Riazanov, que preparaba las obras completas histórico-críticas de Marx y Engels, una edición exhaustiva de sus escritos.

15 Su ponencia a trabajadores en Berlín, edición actualizada: Über Verfassungswesen. Rede am 16. April 1862 in Berlin. Europäische Verlagsanstalt, Hamburg 1993; en español: Sobre la Constitución, Planeta, Barcelona, 2012.

16 El marxólogo David Riazanov, que dirigirá el IME, decía que Lenin se sabía de memoria el texto “Circular del Comité Central a la Liga Comunista” de 1850 y que la citaba con frecuencia; veáse en español: Riazanof, David: Marx y Engels. Conferencia del curso de Marxismo en la Academia Comunista de Moscú), Claridad, Buenos Aires, 1962, p. 79.

17 En 1906, entre noviembre y diciembre, Lenin traduce y corrige una versión en ruso del artículo de Kautsky: “Bewegungskrafte und Perspektiven der russischen Revolution” (Fuerzas motrices y las perspectivas de la Revolución rusa), aparecido en dos partes en Die Neue Zeit, Vol. 25, 1906-1907, I: pp. 284-290 y II: pp. 324-333; además de escribir una introducción muy elogiosa, en español: “Prólogo a la traducción al ruso del folleto de K. Kautsky ‘Las fuerzas motrices y las perspectivas de la Revolución rusa’”, en: Lenin. Obras Completas, Tomo XI, Akal Editor, Madrid, 1976, pp. 447-453.

18 La escuela de partido se denominaba oficialmente “Escuela Superior de Agitación y Propaganda socialdemócrata para los obreros”, participaron entre otros Bogdanov, Gorki, Kollontai, Lunacharski, Riazanov y Trotsky; véase: Jutta Scherrer: “Les écoles du parti de Capri et de Bologne: La formation de l’intelligentsia du parti”, en: Cahiers du Monde russe et soviétique, Vol. 19, No. 3, Hommage à Georges Haupt (Jul. -Sep., 1978), pp. 259-284. 

19 Carta a A. M. Gorki, 25 de febrero de 1908; en: Lenin. Obras Completas, Tomo XIII, Akal Editor, Madrid, 1977, pp. 455-462.

20 Los cuadernos con los manuscritos del libro, que quedaron en San Petersburgo, nunca fueron hallados.

21 No existen trabajos exhaustivos sobre el tema, salvo los pioneros de Daniel Bensaïd: “Mémoire de maîtrise. La notion de crise révolutionnaire chez Lénine” (1968) y de Massimo L. Salvadori: “¿Qué es una crisis revolucionaria? (Revolución y conservación en la crisis de 1919-1920)”, en: Materiales. Crítica de la Cultura, Nº 6, nov-dic. 1977, pp. 77-100, lamentablemente ambos solo analizan las últimas dos definiciones leninistas, las más conocidas.

22 Lenin, V. I.: “Nuevos acontecimientos y viejos problemas”, en: Obras Completas, tomo VI, Akal editor, Madrid, 1976, pp. 306-312.

23 Lenin, V. I.: “A propósito de dos cartas”, en: Obras Completas, tomo XV, Akal editor, Madrid, 1977, pp. 306-307.; itálicas de Lenin,

24 Lenin, V. I.: “La celebración del Primero de Mayo por el proletariado revolucionario”, en: Obras Completas, tomo XXIII, Akal editor, Madrid, 1978, pp. 211-212; itálicas de Lenin.

25 Lenin, V. I.: “La bancarrota de la IIª Internacional”, en: Obras Completas, tomo XXI, Akal editor, Madrid, 1978, pp. 211-212.

26 “La reciprocidad condicional de esas premisas es evidente: cuanto más resuelta y firmemente actúe el Proletariado y, por tanto, mayores sean sus posibilidades de arrastrar a las capas intermedias, tanto más aislada quedará la clase dominante y más se acentuará su desmoralización. Y, en cambio, la disgregación de los grupos dirigentes lleva agua al molino de la clase revolucionaria.”, en: Trotsky, León: Historia de la Revolución rusa, Tomo II, Ediciones Sarpe, Madrid, 1985, p. 362.

27 Lenin, V. I.: “El ‘Izquierdismo’: enfermedad infantil del Comunismo”, en: Obras Completas, tomo XXXIII, Akal editor, Madrid, 1978, pp. 190-191; 201-202 y 347-348; itálicas de Lenin.

28 Lenin, V. I.: “Informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista”, en: op. cit., pp. 347-348.

29 Con razón Krupsakia afirmaba en sus memorias que Lenin “siempre consultaba a Marx”; señalamos aquí un coincidencia de Gramsci con Lenin en este “rescate-recuperación” del Marx político, puede verse a lo largo de su Quaderni esta propuesta de lectura, que permite hallar el nexo entre Filosofía y Política (Catarsis) como clave decisiva (Traducibilidad) para comprender el pensamiento “completo” del autor de Das Kapital. Remitimos al lector a nuestro ensayo: “Gramsci y el Marx desconocido”

30 Titulado: “Informe sobre la campaña electoral para la IIª Duma del Estado”, es de noviembre de 1906.

31 Karl Kautsky: Das Erfurter Programm in seinem grundsätzlichen Theil erläutert, Sttutgart, Dietz Verlag, 1892, en especial el capítulo V titulado: «La Lucha de Clases»

PUBLICADO POR ELSUDAMERICANO ⋅ MAYO 1, 2026 ⋅ DEJA UN COMENTARIO

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I

La situación política es más fuerte que todas las declaraciones”

Lenin, 1906

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El tradicional culto a Lenin, un poco en decadencia, en el mejor de los casos reduce caricaturescamente su figura al heroico bronce de la insurrección armada, los coches blindados y las bayonetas de los fusiles Mosin-Nagant. El Kul’t lichnosti además de servir de legitimación y consolidación del régimen de Stalin trajo como efecto secundario una reducción y mutilación del Lenin político, ya no podíamos comprenderlo en su dimensión completa, en su práctica materialista-histórica, en su “concretidad”. Hablar de las elecciones, del parlamentarismo en relación con el pensamiento de Lenin parece un equívoco, un oxímoron o el intento de construir una relación extraña. Tanto la Leninología como la mayoría de los biógrafos (desde hagiógrafos a críticos) raras veces mencionan la actividad electoral revolucionaria de Lenin, mucho menos describen o analizan su táctica parlamentaria y su “uso” del mecanismo representativo de voto burgués. Queda poco espacio para la política electoral en el monumental Lenin insurreccionalista e ingeniero organizativo, salvo como “momento de pausa”, el descanso del guerrero entre la fallida revolución de 1905 y la revolución democrática burguesa de febrero de 1917. Por elevación esta etiqueta-estigma efectúa un ritornello negativo a su maestro Marx por influencia lógica: tampoco en las luchas democrático-burguesas es muy útil su escasa u ocasional contribución. Coinciden en esto todas las tendencias: la Leninología1, la Sovietología heredada de la Guerra Fría2 y el Post-marxismo3 promulgan en que poco tienen que decir sobre rupturas democráticas y participación electoral tanto Marx como Lenin. El Lenin electoral es un lapsus accidental,4un interregno secundario entre la lucha por el control del partido y la conquista del poder. El Lenin electoral es una mera máscara del auténtico Lenin “conspirador-de-facción-insurreccionalista”.

La negación a estas lecturas sectarias la presenta verbatim el propio Lenin. Ulianov recalcaba la importancia de las diferentes fases “parlamentaristas” del POSDR y en particular del Bolchevismo, al afirmar tres años después de la Revolución de Octubre de 1917 que “los bolcheviques hemos actuado en los parlamentos más contrarrevolucionarios, y la experiencia ha demostrado que semejante participación ha sido, no sólo útil, sino necesaria “…para preparar la segunda revolución burguesa (febrero de 1917) y luego la revolución socialista (octubre de 1917).” O sea que parece invertirse el mito stalinista, ya que desde esta nueva perspectiva la experiencia bolchevique sería un laboratorio único y precioso en el que el “uso” de la arena parlamentaria permitió no solo potenciar la (auto) conciencia de clase de los trabajadores sino además la construcción de su propio poder autónomo en tanto clase. Y eso es coherente con la propia biografía de Ulianov: su práctica política revolucionaria estuvo inmersa en el sistema parlamentario y las tácticas electorales de 1905 a 1918 al menos (a través de la participación en cuatro Dumas, la tercera de largo aliento, y luego en los Soviets pre y post-revolucionarios).5

Por supuesto que aquí no hay que olvidar la máxima leniniana, aquella que sentencia que “la acción de las masas, por ejemplo, una gran huelga, es siempre más importante que la acción parlamentaria, y no sólo durante la revolución o en una situación revolucionaria.” Ya en octubre de 1905, en carta a Lunatcharski, Lenin reconoce que “es preciso analizar a fondo la relación del ‘Parlamentarismo’ con la Revolución”. ¿Cómo entonces combinaba de manera virtuosa Lenin este carácter bifronte de toda lucha revolucionaria bajo el Capital? De lo que se trata, como intentó Negri en los años 1970’s, de aspirar a una lectura “marxista” del Marxismo de Lenin: la capacidad de situar la inevitable discontinuidad y las variaciones del análisis político en un marco crítico-histórico. 

A partir del año-bisagra de 1905,6 Lenin comienza a reflexionar teóricamente sobre la práctica electoral revolucionaria, sobre la praxis marxista en condiciones “naturales” del dominio capitalista. En primer lugar es llamativo el “uso” minucioso, casi filológico por su precisión, de las enseñanzas teórico-prácticas de Engels y Marx entre 1847 y 1851, durante su participación en la ola de revoluciones burguesas en Europa que estallaron en 1848. En segundo lugar, las elecciones burguesas, en cuanto posibilidad de “crisis política”, es la fuente, subraya Lenin, de todo movimiento revolucionario. La participación constitucional en la posible Duma mutilada diseñada por el Zarismo tiene para Lenin un objetivo final claro: descubrir las “ilusiones constitucionalistas”, desvelar lo que denomina los “ejercicios escolares de parlamentarismo”. Durante el boicot a la Duma de Bulyguin (segunda mitad de 1905) señalaba que la tarea general electoral era la de “despertar e ilustrar políticamente a vastas y atrasadas masas” a las que, por el momento, hubiera sido utópico pretender abarcar a través de la agitación típica de la Socialdemocracia. Las propias luchas constitucionalistas interburguesas, a las que Lenin denomina “labor destructiva” inconsciente, son un campo invalorable para la “ilustración incesante” de la clase tanto en cuanto a sus objetivos socialistas como a la exhibición de la contradicción de sus intereses. Pero: ¿cuál es entonces el valor de la táctica electoral? Debe ser siempre, remarca Lenin, la de extender e intensificar la “agitación política”. Para ampliar esta agitación política, Lenin cree en la conveniencia de “acuerdos provisionales”, alianzas parlamentarias, con grupos del ala de la “democracia burguesa revolucionaria”, cuyo objetivo no es otro que “romper” todo “Frente popular” burgués, generar “crisis de élites”, sin perder la valiosa autonomía e independencia de clase. El “uso” táctico del Parlamento burgués no significa para Lenin un “fundirse-diluirse”, ni desaparecer en la degradación del “Parlatorio” (sic) en el cual “se charla acerca de la Libertad, se decreta la Libertad pero no se toman medidas efectivas para eliminar los organismos de Poder que destruyen la Libertad”. De ninguna manera: para Lenin puede utilizarse el mecanismo parlamentario siendo simultáneamente una organización política “independiente, unánime, cohesionada”. Incluso se puede convertir, en situaciones de reflujo o de contra-revolución, en el “principal centro de agitación”. La lucha entre los partidos es para Lenin la expresión “más íntegra, completa y específica de la lucha política entre clases”. La táctica electoral, como no podía ser de otra manera, debe desembocar, condensarse y solidificarse en una consigna, pero en una consigna “precisa y directa”. Obviamente para Lenin (y para Marx como queda demostrado) la táctica electoral se deduce (dialécticamente!) del análisis de las condiciones objetivas, de la situación concreta, nunca debe ser una abstracta unidad formal de la autoconciencia revolucionaria. La deducción dialéctica de la táctica debe ser la resultante una unidad orgánica y materialista, lo que garantiza su cohesión y le confiere movimiento y vida. Todos los problemas de la táctica son “problemas de la actividad político del partido”, y aunque se asegure la deducción materialista y dialéctica, se puede y se debe fundar la praxis en la Teoría de Marx, Lenin exige la necesidad de brindar respuestas absolutamente claras “que no admitan dos interpretaciones” a los interrogantes concretos de la práctica (“¿sí/no?”; “¿debemos ahora, en este preciso momento, hacer tal o cual cosa/ no?”). 

En cuanto a la “participación electoral”, Lenin a partir de 1906, con la nueva Duma zarista más democrática en su funcionamiento, cree que debe superarse el momento del boicot “activo” (como en la etapa de Bulyguin). Toda participación en elecciones (más o menos formalmente democráticas) debe ser pensada para desarrollar la conciencia de clase del proletariado, “el fortalecimiento y ampliación de su organización de clase y su preparación combativa”. Toda participación en campañas electorales no debe crear “ilusiones constitucionalistas” jamás; y debe tener como efecto secundario lo que Lenin denomina “educación socialdemócrata”. La pregunta que debe responder toda organización revolucionaria es: ¿cuál es el significado “objetivo” de las elecciones y de la participación plena en ellas, al margen de la voluntad, la conciencia, los discursos y las promesas de los propios participantes históricos?. Muchas veces el denostado “juego parlamentario” burgués es para limitar y vaciar al propio Parlamentarismo. La búsqueda de este enigmático “significado objetivo” de las elecciones liberales exige, en primer lugar, un enfoque histórico-materialista crítico, de los “elementos de clase” presentes en los comicios, además de un análisis de la estructura de clase de los partidos, que para Lenin “se expresan con particular relieve en su programa y en su táctica”. Para Lenin el sistema marxiano que devela el significado objetivo no es otro que “el concepto de las relaciones de producción”y el Materialismo crítico no es otra cosa que “la explicación de las formas sociales por las condiciones materiales”.7 En su primer texto importante de 1894, “¿Quiénes son los Amigos del Pueblo?”, Lenin cita muchos textos desconocidos de Marx en la época (en la Rusia zarista estaban prohibidos los textos de Engels y Marx), como sus cartas a Arnold Ruge de 1843, la crítica a la Filosofía del Derecho de Hegel de 1843, la Misère de la Philosophie (en francés) de 1847, la maldita Die deutsche Ideologie de 1845, la Kritik de 1857-1859, la correspondencia de Marx con la redacción de la revista rusa Otetschestwennyje Sapiski a causa de un artículo del liberal Michailowski, además de El Manifiesto Comunista,8 Das Kapital (primer volumen), el Anti-Dühring, los textos de Engels sobre las Tesis de Feuerbach9 y el origen del estado y la familia. En ese texto además Lenin por primera vez se acerca de manera detallada al problema de la Dialéctica,10 al señalar que “lo ideal no es más que el reflejo de lo material” y estableciendo una fórmula materialista que tendrá gran futuro: “La Verdad abstracta no existe, la Verdad es siempre concreta”. Se debe razonar pero en “forma dialéctica”, ya que Lenin considera a la sociedad burguesa como 

“un Organismo vivo, que se halla en continuo desarrollo (y no pensarlo como algo mecánicamente enlazado y que, por ello, permite toda clase de combinaciones arbitrarias de elementos sociales aislados) y para cuyo estudio es necesario realizar un análisis objetivo de las relaciones de producción que constituyen una formación social determinada, estudiar las leyes de su funcionamiento y desarrollo”. 

El análisis materialista debe ser especial en cuanto debe considerar las condiciones en las que debe aplicarse en forma concreta los principios general esbozados por Marx. Es el que debe establecer objetivamente “el principal campo de batalla político”. 

En 1906 Lenin define al Parlamento burgués en todas su formas como “la forma principal de dominación de las clases y fuerzas gobernantes”, “el campo de batalla fundamental de los intereses políticos y sociales”, además lo define como una institución jurídica y simultáneamente un órgano del “orden burgués”, que expresa la voluntad de determinados elementos de la burguesía. Queda claro que la burguesía decide que formas de lucha política son válidas o no para la funcionalidad de su propio dominio, para hacer eficaz y universal su propia hegemonía, y en este caso particular Lenin subraya que toda lucha parlamentaria es un mecanismo sofisticado “de anular todo ‘modo revolucionario’ de resolver problemas histórico-sociales”. Por eso Lenin cita al Marx demócrata revolucionario de 1848 al hacer suya la idea que toda democracia parlamentaria burguesa tiene una “significación altamente traidora”. Lenin se anima incluso con una metáfora: la lucha parlamentaria es solo una pequeña etapa, una estación ferroviaria menor, un “apeadero liberal”, en el camino de la constitución de la revolución, por lo que puede servir indirectamente al desarrollo de esa lucha. En esa época podemos decir que Lenin es un socialdemócrata revolucionario “germanizado”,11 un “ruso erfurtiano” como le denomina Lih,12 que tiene muchas coincidencias con Kautsky no solo en cuanto a organización, en cuanto al proceso revolucionario, en cuanto a la teoría del imperialismo sino también en el problema del Parlamentarismo,13 citándolo para establecer que resulta a todas luces indispensable para una praxis revolucionaria “analizar las condiciones histórico-concretas para toda lucha parlamentaria”. Recordemos que la democratización “total” de las instituciones parlamentarias, junto con la abolición de la policía, el ejército y la burocracia (nobleza de estado moderna), eran parte del programa mínimo del SPD alemán, que Kautsky suscribía, poniendo como ejemplo histórico-concreto explícitamente a la Commune de París. Kautsky, y Lenin lo seguía en esto, repetía una y otra vez que “el Parlamento será siempre el ‘umbral’ de toda actividad política”.14 Toda lucha parlamentaria debe resolverse sobre la base materialista-dialéctica de un análisis minucioso de todas las condiciones políticas del momento, debe “usarse” la lucha parlamentaria, así como sus conflictos internos y sus choques con el gobierno de turno, para combatir los elementos reaccionarios, prestando “especial atención” a los componentes democráticos revolucionarios liberales como el de apoyar a quienes “en sus actos” respondan o coincidan con los intereses amplios del proletariado.

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II

Todo análisis científico en Política debe ser un análisis de clase”

Lenin, 1906

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Por muy desnaturalizado que esté el mecanismo de representación popular en el Parlamento burgués, no obstante para Lenin (y Kautsky) tal mecanismo político proporciona: 1) materiales para analizar las políticas de las diferentes clases en pugna; 2) ayuda a corregir opiniones erróneas y puntos de vista estrechos sobre las políticas de las distintas clases sociales (precisamente es aquí, dirá Lenin, “en donde reside el fundamento de la Táctica”). Lenin reconoce en una editorial del diario bolchevique legal Vperiod (Adelante!) que la fracción socialdemócrata parlamentaria podría ser “de gran utilidad para la causa de la Revolución. Ya habíamos señalado la importancia que le otorga Lenin a revelar de modo materialista la “nomenclatura de clase” que poseen, de manera velada y codificada, todos los partidos políticos. Esta “nomenclatura de clase” tiene grados en el análisis leniniano: puede ser que un partido sea una “organización de clase” cuasi pura, de manera que se encuentra vinculado en forma total con una clase social determinada (sea esta dominante o no); pero también, Lenin señala, puede no estar relacionado en “forma exclusiva” con una clase particular pero aún a pesar de ello, ser “esencialmente expresión general de un interés de clase (ideal)”, con lo que su vinculación tiene una grado intermedio, su pureza clasista se encuentra degradada, como en los casos de partidos semi-burgueses o semi-terratenientes.

Por ello es que se remarca una y otra vez el principio metodológico materialista-dialéctico: “nunca sustituir un problema histórico concreto por una consideración abstracta”. En el análisis de toda lucha parlamentaria hay que establecer la “concordancia” de las fuerzas parlamentarias con la posición de las fuerzas verdaderas que existen en la Sociedad, en el Pueblo. El Lenin maduro dirá que “el Marxismo exige de nosotros un análisis estrictamente exacto y objetivamente verificable de las relaciones de clase y los rasgos concretos propios de cada momento histórico. Nosotros siempre hemos tratado de llenar este requisito absolutamente esencial para dar a la Política una base científica”. La pregunta para Lenin, y aquí sigue la productiva intuición de Ferdinand Lassalle de 1862,15 es: ¿diverge la Constitución escrita con la Constitución “real”, con la relación de fuerzas existente (la fuerza de combate relativa)? Lenin, como Marx y Schmidt, sabe que la Constitución no es una “simple Ley”, ni un “papel mojado”, ni una mascarada institucional, sino un “poder efectivo” configurado (como un pacto a la sombra) en un momento específico en la relación cambiante de fuerzas entre las clases fundamentales. Toda Constitución expresa una concreta y peculiar Machtverhältnisse. “Los grandes banqueros” –decía Lassalle– son “un fragmento de la Constitución… Se toman estos factores reales de poder, se extienden en una hoja de papel, se les da expresión escrita, y a partir de este momento, incorporados a un papel, ya no son simples factores reales de poder sino que se han erigido en derecho, en instituciones jurídicas, y quien atente contra ellos atenta contra la ley, y es castigado.” Ya Hegel (y el joven Marx en su Kritik de 1843) había dado suma importancia a la Constitución en la idea del Estado, ya que configuraba el propio Derecho político como una “necesidad externa” que se presenta como universal, aunque no lo fuera.

Toda la política de la Socialdemocracia revolucionaria consiste para Lenin en “iluminar” el camino que deberán recorrer las masas populares, pero eso significa, al mismo tiempo, que nunca se debe reducir la Taktik a la tarea complementaria de “educar políticamente al Pueblo”. En esto nuevamente Lenin sigue la actividad de Engels y Marx en la “primavera europea” de 1848-1850.16 Desde este punto de vista la “actitud” leninista hacia el Parlamento puede formalizarse hacia 1906 en dos grandes puntos focales: 1) aprovechar “sistemáticamente” todos los conflictos que surjan, tanto entre el Gobierno de turno y el Parlamento como en los conflictos ínter-parlamentarios, con la finalidad tanto de ampliar (ejercicio extensivo) como de profundizar (ejercicio intensivo) el movimiento revolucionario; para este trabajo extensivo-intensivo, Lenin afirma que deben plantearse los conflictos de tal manera que puedan convertirse en el origen de “vastos movimientos de masas”, orientados a modificar el sistema político actual, acciones de masas que mediante la agitación puedan lograr presentar al Parlamento “reivindicaciones revolucionarias” y organizar la presión sobre el Parlamento “desde afuera”, desde la calle, a fin de ganarlo para la causa socialista. En cada caso concreto, intentar vincular las tareas políticas del movimiento con las reivindicaciones económico-sociales de la mayoría de la masa obrera. Y: 2) como segundo momento en este ejercicio extensivo-intensivo de la lucha electoral y parlamentaria Lenin enumera la tarea de “interferencia” de la organización en los conflictos institucionales más agudos y subversivos, con el objetivo doble de “revelar” a las masas la inconsecuencia de los partidos políticos burgueses que asumen en el Parlamento el papel de portavoz de la voluntad general, y, además, hacer comprender a las más amplias capas trabajadoras (Lenin enumera entre ellas al proletariado, al campesinado y a la pequeña burguesía urbana) la “total inutilidad” del Parlamento como institución representativa auténtica, generando la necesidad de un nuevo proceso constituyente. Para Lenin (siguiendo a Kautsky)17 el Parlamentarismo es un “arma” que puede servir (y ha servido) a diferentes partidos y clases, pero que requiere entre el “ganado electoral” (sic) poseer cierta “habilidad parlamentaria” de la que generalmente carecen las clases más populares (facilidad de palabra, visión amplia de las cosas, comprensión de los problemas administrativos y organizativos, formación jurídica y manejo de todos los “trucos y recursos” de la abogacía). Por eso, en esto coinciden tanto Kautsky como Lenin, la “casta parlamentaria” procede predominantemente de aquellas clases cuya profesión lleva consigo automáticamente estas condiciones previas: abogados, profesores, notarios, periodistas, funcionarios de la nobleza estatal, etc. Por ello tarea primordial de la organización socialdemócrata es la generación-formación de “oradores y políticos de clase”, capaces de competir con los parlamentarios burgueses. Es indispensable, subraya Lenin, escapar de las pequeñeces de la “Técnica parlamentaria”, que oscurece los problemas de principio de la lucha proletaria de clase. Y para evitar el momento populista, Lenin también subraya la capacidad de “control” del proletariado militante sobre estos nuevos parlamentarios obreros. No es el grupo parlamentario (para Lenin carece de autonomía propia) quién dirige la organización sino lo contrario. Esto es más importante que todo lo anterior. Para Lenin allí donde exista un movimiento obrero desarrollado y progresista (supuesto el derecho electoral universal) la “participación práctica” en el trabajo parlamentario deja de ser un monopolio de los propietarios o de la pequeña burguesía tradicional. Incluso en momentos de “primavera de masas” Lenin cree que se debe meditar si en el “aquí-y-ahora” puede utilizarse el Parlamento, trabajando dentro de él con las condiciones mínimas, si se dispone de los “socialdemócratas adecuados” para esa tarea y si las “condiciones externas” son favorables para el trabajo parlamentario. La figura del “socialdemócrata adecuado” requiere una digresión por su importancia decisiva, no solo en Lenin sino en el Marx de 1847-1851. Aquí podemos entender la obsesión de Marx, Engels y Lenin, en momentos históricos precisos, por asegurar la autoemancipación de la clase por sí misma en la práctica, asegurando ya sea candidatos de extracción obrera y proletaria al Parlamento o promocionando cuadros de origen trabajador a las mejores escuelas de cuadros del partido en el extranjero (Bolonia, Capri o Longjumeau en París)18 con el objetivo doble de generar una “Intelligentsia obrera” y “dirigentes-obreros”, los “socialdemócratas adecuados”, para la lucha parlamentaria y política en general. Lenin utilizaba el concepto de “instinto de clase” (klassovyi instinktklassovoe chut’ie), basado profundamente en las condiciones materiales del trabajador, que contrariamente a la pulsión espontánea, se encontraba arraigado firmemente como una fuerza positiva, se trata de un rasgo caracterológico irrenunciable, punto de partida de la conciencia de clase plena. El “instinto de clase” no puede ser reemplazado por ninguna máscara electoral o subcontratado por políticos profesionales provenientes de la pequeña burguesía. En esta cuestión Engels y Marx coinciden con Lenin, cuando sugieren para las elecciones para la Asamblea Constituyente de Prusia en 1850, aprendiendo de las fallas propias en la “primavera europea” de 1848: “contra los candidatos burgueses democráticos se deben presentar en todas partes candidatos de la clase trabajadora, quienes, en la medida que ello sea posible, deberán ser miembros de la Liga [de los Comunistas] y por cuyo triunfo todos deben trabajar por todos los medios a su alcance. Incluso en los distritos donde no hay posibilidad de que nuestro candidato salga triunfante, los obreros deben, no obstante, presentar sus propios candidatos a los fines de mantener su independencia [de clase], templar sus fuerzas y presentar su actitud revolucionaria y los puntos de vista del partido ante el público.” Aquí se puede entender ese epigrama de Brecht que dice que es más importante el que aprende que lo que aprende…

También coincide con Kautsky en el papel bivalente y equívoco del Parlamento en la “mente del Pueblo”, a la que se lleva a la confusión irremisiblemente con la maraña de una “proyectomanía legislativa constructiva”, que le ofusca, le embota, desmoraliza y le deja indiferente. Por ello, en la lucha electoral, es necesario demostrar la necesidad de “otra” institución mucho más fuerte, más democrática que el viejo Parlamento burgués, tarea que Lenin define como “tarea fundamental del Proletariado revolucionario”. Lenin elabora una máxima en forma proverbial: “la vida real habla con su voz más allá del Parlamento”. La conclusión no puede ser más radical: una clase sólo tendrá la certeza de que sus intereses están siempre bien garantizados en el Parlamento, de una manera decidida y visible, cuando no se contente únicamente con “elegir a sus representantes”, sino que puede “vigilar e influenciar” siempre y en todo momento su quehacer parlamentario. Por ello para Lenin hay que explicar a las más amplias capas populares que el Parlamento “solo expresa tímida e inadecuadamente las reivindicaciones fundamentales de un pueblo”. Para satisfacer de modo efectivo las necesidades apremiantes de las masas, Lenin, concluye, “se requiere que todo el Poder esté en manos del Pueblo”, sin que queden áreas autónomas sin “democratizar” o arcanos “Guardianes de la Constitución” que posibiliten la reversión de los proceso de cambio o incluso consolidar una contrarrevolución pasiva a pesar de la hegemonía parlamentaria. La conclusión de Lenin es que la lucha del Proletariado por la Libertad política, por su ampliación y profundización, es una lucha eminentemente revolucionaria, porque “su objetivo es lograr una Democracia total”. En cuanto al Parlamento como institución ética, Lenin como Kautsky no tienen duda que dado el rol que juega en el Estado moderno es una fuente de corrupción “innata”. En un Estado centralizado y ampliado regido de “forma parlamentaria”, como en las democracias y monarquías liberales, se encuentra en manos de los parlamentarios (y de la burocracia) no solo los intereses de las distintas clases, sino miles de intereses particulares que provocan tentaciones que pocos saben resistir. Los enemigos “absolutos” del Parlamentarismo, con los que Lenin tendrá que lidiar después de 1918 en Europa, se olvidan que la abolición de la “limitada” Democracia liberal nunca podrá anular la influencia corruptora perenne del propio Capitalismo sobre el Estado moderno (en especial sobre la burocracia y los funcionarios de alto grado). Relacionado con el tema de la corrupción y la actividad parlamentaria, Lenin comienza a establecer un concepto político novedoso, el “Oportunismo político”, que en un primer momento se define como el sacrificio “de los intereses permanentes y duraderos del proletariado a intereses superficiales y momentáneos”, en el caso más simple y menos ideologizado, y en casos más ideológicos, como políticos de buena fe que se reclaman en la tradición socialista u obrera, Lenin habla de la aplicación mecánica de un “modelo estereotipado”, copiado de períodos de la Historia pasados o transplantados de la experiencia de otros países sin su “traducibilidad” materialista. Un método usual del Oportunismo histórico es, según Lenin, el de tratar de probar “que la consigna más moderada es la más razonable, porque en torno a ella se puede unir el mayor número de elementos sociales”. El falso dilema oportunista es que se debe elegir siempre y en todo momento no entre Reforma o Revolución sino entre Reacción o Reforma. El Oportunismo afirma que por ello no se necesita ni un programa revolucionario (mucho menos “marxista”), ni una forma-partido revolucionaria, ni siquiera una táctica revolucionaria: solo consignas electorales moderadas, reformas y más proyectos de reformas. Lenin afirma que en realidad lo que demuestra la Historia parlamentaria europea es que “la táctica de los reformistas es la menos apta para logra reformas reales”. O como decía el Marx en 1851 después de las primaveras europeas de 1848:

“Las peticiones democráticas no pueden satisfacer nunca al Partido del Proletariado. Mientras la democrática pequeña burguesía desearía que la revolución terminase tan pronto ha visto sus aspiraciones más o menos satisfechas, nuestro interés y nuestro deber es hacer la revolución permanente, mantenerla en marcha hasta que todas las clases poseedoras y dominantes sean desprovistas de su poder.”

“La lógica de la Vida” –escribe Lenin en una bella fórmula– “es más fuerte que la de los manuales de Derecho Constitucional. La Revolución enseña”. Las amplias masas populares deben convencerse “por su propia experiencia” de que toda asamblea representativa democrática no es nada si no tiene pleno poder. Todas las leyes, todos los proyectos, todos los bellos discursos en la tribuna y todos los diputados no significan nada si no tienen el poder efectivo. Por ello, la educación socialdemócrata debe inculcar la idea que una asamblea representativa del Pueblo con poder irrestricto, plural, es incompatible con la subsistencia de un régimen basado en la lógica del Capital. Lenin también se ve obligado a desarrollar, dentro de su reflexión sobre lo electoral, lo que podemos denominar la “Ciencia de la Consigna”, el arte de analizar de manera dialéctico-materialista la coyuntura y el acontecimiento. Subraya una y otra vez que un marxista no debe olvidar nunca que la consigna de toda lucha inmediata “no puede ser deducida sencilla y directamente de la consigna general” de un determinado programa. Hay que tener en cuenta la situación histórica específica (el universal concreto, un universal que abarca en sí toda la riqueza de lo individual, de lo singular, de lo individual), seguir todo el desarrollo y todo el curso sucesivo del ciclo revolucionario. Se puede hablar de una auténtico axioma leninista: El Tiempo (devenir) es a la Política lo que el Espacio es a la Física. Por eso, en una rara reflexión cuasi-filosófica, incluso heideggeriana, Lenin decía que “la Clase Obrera crea la Historia mundial con historicidad, abnegación y espíritu de iniciativa”. La tarea más ardua, incluso para alguien que posea el método y la teoría de Marx, es para Lenin éste: determinar los tempos y ritmos de la Política en su relación con la situación revolucionaria. Durante este período vemos que paralelamente a sus análisis materialistas sobre la Política qua parlamentaria, Lenin comienza a profundizar tanto en sus estudios sobre Marx como sobre su formación filosófica. En una carta a uno de los benefactores financieros de la fracción bolchevique (tanto de la leninista como de la de Bogdanov), el escritor Máksim Gorki,19 Lenin comenta que precisamente a comienzos de 1906 leyendo una obra de Bogdanov, se vio obligado a exponer los principios de Marx en una “cartita filosófica en tres cuadernos”. Lenin, que se autodefinía como “un marxista de filas en materia de Filosofía”, termina escribiendo una obra sobre la teoría de Marx que titula: Observaciones de un marxista de filas en materia de Filosofía,20 que intenta publicar, sin llegar a lograrlo por la irrupción de la Revolución de 1905. O sea que en el punto más complejo de sus reflexiones sobre la Política electoral, Lenin se encontraba inmerso en una nueva profundización crítica de Marx. 

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III

El problema de la ‘forma de la lucha’ se hallaba ligado íntimamente al problema de la ‘organización para la lucha’”

Lenin, 1906

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Para el Lenin de 1906-1907 toda lucha electoral es una forma de lucha subordinada, secundaria en condiciones objetivas revolucionarias. El problema de la “forma de la lucha” se halla ligado por ello íntimamente al de la organización de la lucha. Pero: ¿en qué consiste una condición objetiva revolucionaria? Recordemos qué significa para Lenin una situación revolucionaria, “análisis concreto de la situación concreta” que se deriva del marco general de una categoría crítica decisiva en Marx: la de formación económico-social.21 En Lenin funge el principio marxista de entender la “lógica específica del objeto específico”. El análisis materialista crítico (que Lenin muchas veces llama al mejor estilo de Lakatos “métodos de investigación del Marxismo”) simplemente busca las formas de la “transición” o el “acceso” a la Revolución proletaria, ni más ni menos. Lenin estableció de forma clásica y tardía en varias ocasiones lo que denominó “Ley fundamental de la Revolución”. Es sintomático que Lenin se exija en definir las coordenadas fundamentales de un acontecimiento revolucionario objetivo (base de toda táctica eficaz), que denomina políticamente como “crisis nacional general”, a medida que se sumerge en la compleja arena parlamentaria burguesa. En 1902: 

“[en un primer momento] reivindicaciones de carácter puramente económico, se transforman con rapidez en un acontecimiento político, a pesar de participar en ella un número insuficiente en extremo de fuerzas revolucionarias organizadas… [sin embargo] la verdadera desorganización del gobierno se consigue sólo cuando las amplias masas, realmente organizadas por la propia lucha, obligan al gobierno a desconcertarse; cuando la legitimidad de las reivindicaciones de los componentes avanzados de la clase obrera es esclarecida ante la multitud en la calle…; cuando a las acciones militares contra decenas de miles de hombres del Pueblo precede la vacilación de las autoridades, que carecen de toda posibilidad real de determinar a dónde conducirán esas acciones militares; cuando la multitud ve y reconoce en los muertos en el campo de la guerra civil a sus camaradas, a sus compañeros, y acumula nuevas reservas de odio y el deseo de una lucha más resuelta contra el enemigo… [entonces] todo el régimen actual el que aparece como enemigo del Pueblo.”22

El descalabro de una formación económico-social solo se logra cuando existe una masa crítica organizada (no “mera-formalmente” organizada, Lenin lo especifica: por-y-en-la-propia-lucha) que logra erosionar el bloque histórico a partir de un inicio menor: una lucha económica, pero ésta está sobredeterminada por el nivel institucional de las organizaciones de masas. Todavía no existe una experiencia propia revolucionaria, por lo que Lenin debe recurrir a los últimos sucesos revolucionarios históricos con participación obrera: las revoluciones de 1848-1850 y la Commune de París de 1871. Lenin en 1908, ya teniendo sobre sus espaldas la Revolución rusa de 1905, habla de “momento revolucionario”: 

“no se puede defender en general y siempre la participación en cualquier institución representativa [Parlamento], sin tener en cuenta las condiciones del momento revolucionario. Es deber de los marxistas… plantear de modo concreto, y no abstracto,… cualquier problema político, teniendo en cuenta toda la situación revolucionaria en su conjunto… Si las masas experimentaran un vivo interés por la Política, ello implicaría la existencia de las condiciones objetivas de una crisis en desarrollo, es decir: significaría estar ya en presencia de determinado ascenso; y si este ascenso adquiriese cierta fuerza, el sentir de las masas se traduciría sin falta en acción de masas.”23

El modo concreto de especificar un “momento revolucionario” exige se considere la Totalidad, y un índice subjetivo clave es la existencia de un masivo interés (verificable) de las masas populares por participar en la Política activa (no meramente en los marcos de la Política profesional). Lenin en 1913: “una situación revolucionaria [se genera cuando] se ha agudizado al máximo la opresión de la aplastante mayoría de la población, no sólo del Proletariado […] siendo de notar que la opresión agudizada, el hambre, la miseria, la ausencia de derechos y los ultrajes al Pueblo se hallan en flagrante desacuerdo con el estado de las fuerzas productivas”, y continúa diciendo Lenin que “mas con ello no basta. La sola opresión, por grande que sea, no siempre origina una situación revolucionaria en un país. Para que estalle la Revolución no basta con que los de abajo no quieran seguir viviendo como antes. Hace falta, además, que los de arriba no puedan seguir administrando y gobernando como hasta entonces.”; además debe afectar “precisamente las bases de la estructura estatal, y en modo alguno cualquier parte secundaria de ella, afecta los cimientos del edificio y no tal o cual accesorio, tal o cual piso.”; las condiciones objetivas de una situación revolucionaria deben comprender, de manera dialéctica (pensando la propia Totalidad concreta) el estado subjetivo de las masas y las condiciones internacionales, es decir: un “cuadro social” (sic) que genera “la imposibilidad de resolver las tareas burguesas por este camino y por los medios existentes (en manos del gobierno y de las clases explotadoras)”.24 Se han sumado a la configuración concreta del momento revolucionario otros aspectos e índices, ahora se trata de una opresión en grado máximo (no exclusivamente económica: opresión agudizada con ausencia o limitación de derechos adquiridos o fundamentales) a una mayoría casi absoluta de la población, incluso la no-proletaria; las clases dirigentes ya no pueden gobernar con normalidad en el marco de los mecanismos que usaban en el pasado, pero esta condición es insuficiente sin el elemento de clase revolucionario: los de abajo (el Pueblo bajo como lo denomina Lenin) ya no quieren seguir en la “normalidad” de dominio del período anterior: se presenta un escenario de doble poder; un último índice es que la entera estructura estatal, las bases de la forma-estado (por ejemplo: la Constitución o la propia legitimidad del Poder Ejecutivo) se encuentra irremediablemente erosionada, hay una disociación esencial y sin retorno. Lenin en 1915, en una de las formulaciones más conocidas: 

“A un marxista no le cabe duda de que la Revolución es imposible sin una situación revolucionaria; además, no toda situación revolucionaria desemboca en una Revolución. ¿Cuáles son, en términos generales, los síntomas distintivos de una situación revolucionaria? Seguramente no incurrimos en error si señalamos estos tres síntomas principales: 1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; tal o cual crisis de las ‘alturas’, una crisis en la política de la clase dominante que abre una grieta por la que irrumpen el descontento y la indignación de las clases oprimidas. Para que estalle la revolución no suele bastar con que ‘los de abajo no quieran’, sino que hace falta, además, que ‘los de arriba no puedan’ seguir viviendo como hasta entonces. 2) Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas. 3) Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de ‘paz’ se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos ‘de arriba’, a una acción histórica independiente.”

Lenin aclara más adelante que “son cambios objetivos, no sólo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la Revolución es, por regla general, imposible” y que “no toda situación revolucionaria origina una Revolución, sino tan sólo la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria [no del Pueblo bajo] de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficiente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, ‘caerá’ si no se le ‘hace caer’”.25 Lenin habla de “síntomas” de una situación revolucionaria, y no por casualidad: todos ellos no tienen jerarquía uno sobre el otro, ni siquiera lexicográficamente, sino que requieren que sucedan simultáneamente, son co-originarios y en constante pero relativa interdependencia. Trotsky denomina a esta co-originariedad de los índices de una “situación revolucionaria” como un caso de “Reprocidad condicional”.26 Deben “concurrir” al mismo tiempo como sombras inseparables que acompañan al momento revolucionario. Al mismo se introduce en la reflexión leninista la diferencia entre un kairós revolucionario, momento kairológico que abre la posibilidad de una acción subjetiva decisiva, y el de crisis revolucionaria, que es la situación revolucionaria en la que existe plenamente desarrollada la organización revolucionaria: 

“la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria [no del Pueblo bajo] de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficiente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno”. 

Trotsky reforzaría este elemento-condición esencial al afirmar que: 

“el Proletariado sólo puede adquirir esa confianza en sus propias fuerzas –indispensable para la revolución– cuando descubre ante él una clara perspectiva, cuando tiene la posibilidad de verificar activamente la relación de fuerzas que cambia a su favor y cuando se siente dirigido por una dirección perspicaz, firme y audaz”. 

La otra formulación clásica es ya de 1920, en plena confrontación con anarco-comunistas, autonomistas, consejistas, luxemburguistas y neoizquierdistas europeos: 

“La Ley fundamental de la Revolución, confirmada por todas ellas, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX [1905, febrero de 1917 y octubre de 1917], consiste en lo siguiente: para que tenga lugar una Revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de vivir como antes y reclamen cambios; para la Revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo ni gobernando como antes. Sólo cuando los ‘de abajo’ no quieren vivir como antes y los ‘de arriba’ no pueden continuar como antes, puede triunfar la Revolución. Esta verdad puede expresarse con otras palabras: la Revolución es imposible sin una ‘crisis nacional general’ (que afecte tanto a explotados como a explotadores). Se desprende que, para que tenga lugar una Revolución, es indispensable, primero, que la mayoría de los obreros (o por lo menos la mayoría de los obreros con conciencia de clase, que piensan, políticamente activos) comprenda plenamente que la Revolución es necesaria y que esté dispuesta a morir por ella; segundo: es preciso que las clases dirigentes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la Política incluso a las masas más atrasadas (es síntoma de toda Revolución verdadera es la decuplicación o centuplicación del número de hombres capaces de librar una lucha política, pertenecientes a la masa trabajadora y oprimida, antes apática), que debilite al gobierno y haga posible su rápido derrumbamiento por los revolucionarios.”

Y retornando a la necesidad del método del Materialismo militante Lenin señala que “indagar, investigar, prever, captar lo que es nacionalmente específico, nacionalmente particular en la forma concreta en que cada país debe abordar una tarea internacional única”; el nexo vanguardia-masas en una situación revolucionaria es determinada por Lenin: 

“En este caso hay que preguntarse no sólo si hemos convencido a la vanguardia de la clase revolucionaria, sino también si están dislocadas las fuerzas históricamente activas de todas las clases de la sociedad dada, obligatoriamente de todas sin excepción, de manera que la batalla decisiva se halle por completo en sazón, de manera que: 1) todas las fuerzas de clase que nos son adversas estén suficientemente sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre sí, suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas; 2) todos los elementos vacilantes, volubles, inconsistentes, intermedios, es decir, la pequeña burguesía, la democracia pequeño-burguesa, que se diferencia de la burguesía, se hayan desenmascarado suficientemente ante el pueblo, se hayan cubierto suficientemente de oprobio por su bancarrota práctica; 3) en las masas proletarias empiece a aparecer y a extenderse con poderoso impulso el afán de apoyar las acciones revolucionarias más resueltas, más valientes y abnegadas contra la burguesía. Entonces es cuando está madura la Revolución”.27

Por primera vez aparece netamente definido un elemento subjetivo, “revolucionarismo subjetivo”, que evita caer en el Blanquismo o en formas románticas de aventurerismo sectario. En una comunicación al IIº Congreso de la Internacional Comunista (en julio de 1920) Lenin volverá por última vez a intentar establecer la “Ley fundamental de la Revolución”, el acontecimiento revolucionario: “[se deben producir] natural e inevitablemente dos condiciones, dos situaciones fundamentales. Por una parte, la pobreza, la miseria de las masas debe crecer en forma inaudita… los obreros se encuentran en una situación insoportable… agudización inaudita de todas las contradicciones capitalistas… ese es el origen de esa profundísima efervescencia revolucionaria… por otra parte, en la ínfima minoría de los todopoderosos… se inició y crece la desintegración… nos encontramos ante la maduración de las dos condiciones de la Revolución.”28

Contra toda tentación “populista” o recurso fácil al romanticismo folklórico, Lenin advierte que no es la “mente del Pueblo”, ni algún enigmático Volksgeist los que deciden el problema, sino la fuerza de las respectivas clases y elementos de la sociedad. Y este análisis se deriva del análisis materialista de la situación concreta. Las enseñanzas de Marx entre 1847 y 1851,29 afirma Lenin, obligan a estudiar: 1) qué clases exigen el cambio del status quo y cuales exigen limitaciones en el poder; 2) qué “condiciones materiales” engendran o contribuyen al acontecimiento de una lucha revolucionaria y cuales los esfuerzos por concertar la “coexistencia constitucional” de los (potenciales) derrocadores con los (potenciales) derrocados; 3) aplicar el método y la teoría de Marx al “esclarecimiento del profundo e interesantísimo proceso de formación de los partidos políticos”. El Marx político no aparece en estos y otros textos menores por casualidad: Lenin siempre sostuvo que el Revisionismo se apoya en una deformación “liberal-constitucional” de Marx y la forma de retornarlo a su pureza era aplicar las enseñanzas políticas de 1848-1851. Por ello en el caso de alianzas o mayorías silenciosas, Lenin remarca que la famosa “Aritmética política” en el Parlamentarismo es un proceso un poco más complicado que la simple adición de todos los elementos de la oposición. En un artículo titulado “La Socialdemocracia y los acuerdos electorales” de octubre de 1906, Lenin establece la premisa general para toda lucha electoral, que denomina premisa general: asegura en todo momento una “Política de Clase”, independiente y autónoma en toda la campaña; a su vez toda campaña electoral debe supeditarse a los intereses de la lucha de clases histórica. Nuevamente retorna sobre la re-definición de Parlamento: para Lenin se trata de un “instrumento de hegemonía y de opresión burguesa” con una importancia histórica determinada. Un “verdadero régimen parlamentario” puede ser igualmente la Dictadura del Proletariado como la Dictadura de la Burguesía. El Parlamentarismo es uno de los métodos de la lucha política “por la liberación de la Clase Obrera”, dentro de estos parámetros, toda actividad parlamentaria debe estar subsumida (“en forma absoluta”) a las tareas especiales del Proletariado en una situación concreta. La tarea principal entonces es “romper” el poder que el gobierno burgués de turno tiene frente y sobre el Parlamento, asegurando no solo la igualdad del derecho al voto sino una distribución proporcional de los distritos electorales, períodos legislativos cortos, total libertad de prensa, de reunión y de asociación y en especial progresiva ampliación del derecho a voto en la edad ciudadana. En esta posición el Marxismo debe diferenciarse tanto del Liberalismo (o su reacción: el Conservadurismo) como del Anarquismo. Mientras liberales y radicales burgueses o pequeños-burgueses ven el Parlamentarismo como el método “natural”, en realidad el “único método normal y legítimo para manejar los asuntos del Estado burgués en general”, con esta posición dogmática niegan la existencia de la lucha de clases y el “carácter de clase” del propio Parlamentarismo. Los anarquistas no terminan de valorar “la importancia históricamente determinada del Parlamentarismo”, rechazando in totoeste método de lucha específico. Por ello la “participación parlamentaria” de los socialdemócratas revolucionarios es completamente distinta, e incluso a veces opuesta, a la de los demás partidos. En cuanto a los acuerdos electorales, Lenin vuelve a subrayar que la tarea principal, “decisiva”, es “desarrollar la conciencia de clase y la organización independiente, de clase, del Proletariado”, por lo tanto debe asegurarse “una Política de clase”, independiente, en toda la campaña electoral y en toda campaña “parlamentaria”. Por ello se debe “vigilar a todo aliado procedente de la Democracia burguesa como vigilarían a un enemigo”, ya que nada debe restringir en las elecciones la independencia de clase y menos aún renunciar a esta independencia por ventajas en tal o cual bloque electoral. Los conciertos electorales se conciertan entre partidos políticos, por lo que Lenin exige un tipología y un análisis clasista de los principales partidos. Por ello la actitud por intereses electorales o de agit-prop de disimular o aplanar las diferencias entre los partidos políticos es “absolutamente inadmisible” para la Socialdemocracia revolucionaria. Desde el punto de vista proletario, la claridad materialista acerca del “agrupamiento de clase” de los partidos es de suma importancia, y este análisis debe incluir el del sistema electoral. 

Lo que hay de “permanente y firme en toda elección” es para Lenin el desarrollo de la conciencia de clase (desde el instinto, en tanto “espontaneidad progresiva”) y la cohesión del Proletariado socialista. La famosa “Aritmética electoral” solo puede resolverse de manera adecuada y concreta desde el punto de vista de los principios políticos “de clase”. Deber de todo socialdemócrata revolucionario es contraponer a la “caza de bancadas parlamentarias” la defensa absolutamente tenaz y consecuente de la “posición del Proletariado socialista” y de todo aquello de cuanto interesa al triunfo total de la Revolución. Lenin vuelve a subrayar que “en modo alguno ni bajo ninguna condición” deberán los candidatos y diputados socialdemócratas “ocultar nuestros objetivos ‘socialistas’, nuestra posición estrictamente de clase, en tanto partido proletario”. La causa de la Democracia tiene demandas que exceden y trascienden la urna electoral. Por supuesto que no se trata de mero marketing electoral, ni de fraseología de coyuntura, ya que no basta con emplear a cada paso la palabra “Clase” para indicar el rol y la centralidad proletaria como vanguardia de la “actual” Revolución, ni exponer la Teoría general de Marx para demostrarlo. El criterio último en Lenin (como en Marx) es la propia praxis: “hay que saber poner de manifiesto en la práctica, al analizar los problemas candentes de esta Revolución… no es una tarea fácil y preparase para cumplirla constituye el deber primero y fundamental de todos los socialdemócratas que intervienen en la campaña electoral.” En cuanto a la campaña electoral en sí misma, recordemos que Lenin se refiere a la de la Segunda Duma, se debe determinar a través de ella las diferencias de matices, “distinguir certeramente”, entre los partidos democrático-burgueses de los otros. En cuanto al componente retórico, Lenin recuerda que se debe hablar en forma sencilla y clara, “lenguaje asequible a las masas”, desechando sin reservas “la artillería pesada de los términos eruditos de las palabras extranjeras de las consignas, definiciones y conclusiones aprendidas de memoria, preparadas como recetas, pero que las masas todavía no conocen ni entienden”. Los candidatos electorales deben saber “explicar los problemas del Socialismo y los problemas de la actual Revolución” sin frases rimbombantes, sin retórica profesional o abogadil, sino de manera materialista: “con hechos incontestables y cifras”. La Socialdemocracia, concluye Lenin, debe defender en campaña electoral consecuentemente “el punto de vista del Proletariado”. Pero la campaña electoral tiene además una tarea extra: se trata de enfocar “cuidadosamente el problema de los medios de lucha”, cuyo objetivo no es otro que “subordinar íntegramente” toda la actuación de los representantes parlamentarios a los intereses de la lucha fuera del Parlamento: “debemos aprovechar la campaña electoral para organizar la Revolución, es decir: para organizar al Proletariado y a los elementos realmente revolucionarios de la propia Democracia burguesa”. Lenin denomina a esto último como el “contenido positivo” que hay que dar a toda campaña electoral y, en particular, a las alianzas o acuerdos parciales con otros partidos. Todo acuerdo electoral constituye un bloque (do ut des: “doy para que tú me des”). Resumiendo: el punto de arranque de la Táctica general en elecciones más o menos democráticas deber ser, desde el Lenin de 1906, “la total independencia del Partido de Clase del Proletariado revolucionario”. Solamente en casos de extrema necesidad y en condiciones bien delimitadas históricamente, es posible para Lenin (y Marx) apartarse de este “Principio general”. 

En un brevísimo informe electoral de Lenin,30 afirma que hay que basar la campaña electoral en la contraposición entre lucha revolucionaria y la “pacífica”, y demostrar cuán peligrosa es la hegemonía de la pequeña-burguesía urbana en el movimiento de liberación. Hay que explicar siempre porqué vamos al Parlamento y cómo haremos nuestra tarea allí, señalando en todo momento “la impotencia y falta de independencia de esa institución”, el vaciamiento sistémico de la soberanía del Pueblo. La no-soberanía popular, la tendencia del Capital a refugiarse en “instituciones no-mayoritarias”, no-mandatarias, excluidas de todo control político popular, es el fundamento material de la indiferencia de masas hacia la Política in toto y en un segundo momento hacia la Democracia. Lenin redactó varios llamamientos generales a votantes y electores, algunos con extensión de folleto, donde se ruega a los lectores “reflexionen sobre las enseñanzas que la primera Duma nos ha dado”. En él se determina qué tipo de lucha por la Libertad democrática es la proletaria, diferenciada de la de la burguesía revolucionaria o radical, ya que “los obreros necesitan la Libertad a fin de desplegar una amplia lucha para emancipar totalmente al Trabajo del yugo del Capital, para acabar con toda explotación del Hombre por el Hombre, para organizar el sistema social socialista”. Mientras subsista el poder del Capital, dentro del mecanismo de la propia Democracia liberal, no podrá imponerse “ningún género de igualdad”. Lenin realiza un llamamiento a los votantes y ciudadanos de Rusia: “¡Aprovechen las elecciones para fortalecer a los verdaderos defensores de la Libertad y el Socialismo, para explicar los objetivos reales y el verdadero carácter de los diferentes partidos!”. En una segunda interpelación, busca la identidad de clase (“camaradas obreros y cuantos son asalariados del Capital”) para remarcar que no se debe tener fe en ninguna promesa del Poder, y que todo proletariado consciente-combatiente “no busca la salvación de la pobreza y la penuria en la consolidación de la pequeña producción, sino en la lucha unida de todos los trabajadores”. Finalmente Lenin pide el voto socialdemócrata, señalando que “es el partido que lucha por la Libertad completa, por la República,… Lucha contra toda opresión nacional”. 

El “desarrollo dialéctico de la lucha parlamentaria” genera que bloques (acuerdos, alianzas, pactos) y partidos, independientemente de que sean o no conscientes, independiente de su voluntad y de sus ideologías, sean obligados y forzados por las condiciones objetivas a tomar decisiones y alineamientos no-intencionales, que pueden terminar en “acuerdo de lucha” informales. Para Lenin el problema central no es si son admisibles o no los “acuerdos restringidos” o los acuerdos amplios, sino “sobre qué lineamientos debe el Proletariado socialista concertar acuerdos con la burguesía revolucionaria” que a veces son inevitables. No hay que reducir los problemas por medio de la “mezquina y trivial Técnica parlamentaria”, ya que no podemos olvidar que tal técnica tiene un “contenido político” determinado, profundamente ambiguo y de cuño burgués. Lenin ejemplifica esta política de acuerdos: sólo deben admitirse acuerdos con partidos “que luchen por la República”, y no que se presenten como “oposición general” al partido de gobierno. Mientras para Lenin “República”, “Burguesía revolucionaria” o “Insurrección” son categorías políticas claras y definidas, “Oposición” es un término “puramente parlamentario”, vago, impreciso, no-clasista, una mala infinitud que abarca a cualquiera que esté descontento con el gobierno de turno. La cuestión política marxista en la lucha electoral y parlamentaria es: “¿con quién y para qué fines es admisible un acuerdo o un bloque?” Por ello, nunca debe encubrirse las diferencias entre partidos políticos que encubren diferentes puntos de vista de clase. En el problema de los “bloques electorales” debe destacarse en primerísimo plano “los principios e ideas de las clases” e incluso de fracciones y sub-fracciones de clase (como la galaxia fragmentada de la pequeña-burguesía). Muchos errores en al lucha electoral derivan de la falsa valoración del rol del Parlamento burgués, ya que la cuestión es si “sacrificamos o no la independencia de la campaña electoral” en aras de un Parlamento “totalmente liberal”. Por eso para Lenin existe en realidad una “unicidad” de toda Política revolucionaria (sea en la lucha electoral, sea en la lucha dentro del Parlamento, sea en la lucha en las movilizaciones populares): acuerdos con la Burguesía (democrática) y la pequeña-burguesía revolucionaria contra la gran burguesía reaccionaria. Se enuncia aquí una pequeña regla táctica, que Lenin enuncia de esta forma: en la vida política “prescindiendo de nuestra voluntad y a despecho de nuestros deseos” lo que vale es la conducta práctica y no la fraseología de la Técnica parlamentaria. Los conservadores, los liberales y compañeros de ruta van al Parlamento a (meramente) “legislar”, a ejecutar “proyectomanía legislativa” de manera serial, no para hacer ninguna Revolución, dirá Lenin. En cuanto al problema de la lucha ideológica y teórica, Lenin se pregunta cómo puede conjugarse esa tarea con la disciplina de un “partido democrático de clase”(sic) que pretende sostener el punto de vista del Proletariado. Existe en Lenin una cuestión primordial en cuanto a la Lucha electoral, cuestión que surge en la misma práctica, y ella es la relación entre la Lucha ideológica y la disciplina de un partido proletario. Disciplina “partidaria” es para Lenin, en orden lexicográfico y de forma co-originaria: Unidad de Acción-Libertad de Discusión-Libertad de Crítica. “Unidad de Acción” significa que existe una organización viva que ejerce la unidad en la actividad práctica. Obviamente que toda acción política valiosa lo es si contribuyen a “cohesionar ideológicamente al Proletariado, a elevarlo”, lo que implica que una organización no basada en principios carece de sentido, debe ser criticada desde su interior, por ello Lenin no reconoce la “Unidad de Acción” sin los componentes co-originarios de “Libertad de Discusión” y de “Libertad de Crítica”. 

En un volante titulado “¿A quién se debe elegir para la Duma del Estado?” de 1906, Lenin expone un fino análisis clasista de los principales partidos políticos que se presentan a las elecciones. Su exposición recuerda a los detallados análisis de Kautsky en sus comentarios sobre el programa de Erfurt del SPD sobre la Clase dominante, el Partido dominante, la jerarquía piramidal, la aristocracia obrera y la élite revolucionaria socialista.31 Lenin discrimina los partidos principales (Centurionegrista, Kadete y Socialdemocracia), identifica los intereses de clase que defienden, cuál es el objetivo de su lucha política, el tipo de Libertad que defienden e incluso su coherencia en la “gran lucha mundial del Trabajo contra el Capital”. Siguiendo a Kautsky, Lenin sostiene que el origen de los partidos políticos de la Democracia burguesa debe buscarse en la situación histórica en la que se trataba de unir a todas las clases sociales contra el régimen de la Aristocracia absolutista, lo que obligaba a “obviar” las diferencias irreconciliables entre las clases revolucionarias. Por ello, el imperativo de la función histórica de la Democracia burguesa es precisamente “encubrir” y reprimir el antagonismo clasista (y el de la Socialdemocracia revolucionaria el descubrirlo, develarlo, llevarlo a la claridad) y hacerlo comprender al Proletariado de la manera más clara y simple. Lenin trata de explicar que el “Pueblo bajo” (pequeños burgueses tradicionales y nuevos, artesanos, cuentapropistas y autónomos, jornaleros y campesinado, pequeños funcionarios, etc.), aunque pueda formar parte de la masa de afiliados socialdemócratas, son también campo de reclutamiento primordial de los partidos burgueses. En su influencia sobre esas clases y fracciones de clase es que se apoyó y se apoya aún hoy el resorte principal del Poder político burgués.

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NOTAS

1. Los ejemplos pueden multiplicarse pero tomamos dos: en la gran biografía oficial colectiva de la URSS V. I. Lenin. Biografía, edición actualizada de 1961 a cargo del IMEL de Moscú, le dedica al trabajo electoral de Lenin con las Dumas las páginas 155-156 y 188-189 (sobre la fracción antiparlamentaria de Bogdanov, los “otzovistas”, los “retiraristas”) de un total de 558, resumiendo la táctica electoral en “desenmascarar públicamente la Política de la Autocracia y la burguesía”, subordinando esta actividad a la lucha interna contra los mencheviques y sin mencionar el método de lucha del boicot activo y el pasivo, en español: AA. VV.: V. I. Lenin. Biografía; Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1961; en la de Gerard Walter, Lenin, de 1950, versión casi oficial del Dia-Mat, la política electoral es reducida a momentos de oasis legales en el perenne asalto contra el “ala derecha” del POSDR, aunque Walter menciona el método del boicot activo: p. 156 y ss.; la campaña electoral para la Segunda Duma se resume en media página (161) en que Lenin deseaba una alianza parlamentaria “con los laboristas” (sic) y evitar a los “kadetes”, en español: Gérard Walter: Lenin, Grijalbo, Barcelona, 1967.

2 Un clásico en este sentido es la biografía de Daniel Shub, Lenin- A biography (1948, que menciona el trabajo de boicot activo de Lenin en torno a la primera Duma, para concluir que la táctica bolchevique coincidía vis-a-vis con las intenciones del Zar (pp. 146-148), sin profundizar en la táctica electoral o parlamentaria; en español: Lenin, Alianza Editorial, Madrid, 1977. El conocido sovietólogo Robert Service, en su obra Lenin. A Biography del año 2000, señala escuetamente que Lenin argumentaba que el POSDR debía presentar “candidatos propios y utilizar la Segunda Duma como una oportunidad para difundir la propaganda del partido” (p. 193) y más adelante vuelve ya sobre la Tercera Duma en torno a la lucha contra Bogdanov y los “otzovistas” para demostrar el carácter faccioso de Lenin y su aparente falta de estatura como dirigente nacional-democrático; Service ignora toda la estrategia y táctica parlamentaria de Lenin in toto; en español: Lenin. Una biografía; Siglo XXI, Madrid, 2001. En la mayoría de los sovietólogos si hay un Lenin electoral, es para demostrar su instinto antidemocrático y conspirativo, el “arma humeante” de la futura evolución autoritaria hacia el Stalinismo.

3 La distorsión-subestimación de la contribución a la lucha y rupturas democráticas de Engels-Marx tiene su paradigma socialdemócrata en Jürgen Habermas (en su estudio sobre la esfera pública burguesa) y el posmoderno-neopopulista en el libro de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, ahora puesto de moda por el éxito del partido Podemos en España: Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia, Siglo XXI, Madrid, 1987 (edición original de 1985) o en el prólogo de Slavoj Zizek a una compilación de escritos de Lenin, que llega a firmar que “Lenin no entendió realmente a Marx… la complejidad hegeliana de la ‘Crítica de la Economía Política’ de Marx le venía grande”, un libro sorprendente que pese a su título y su intención (“reactivar a Lenin”) habla poco y distorsionadamente de Lenin como político, en español: Repetir Lenin, Akal, Madrid, 2004; ya veremos “que poco” entendió Lenin al Marx político y que “grande” le queda al propio Zizek la complejidad leniniana y su eventual reactivación. Negri en su libro sobre Lenin, resume el Lenin político a partir de 1905 como una etapa de transición desde “la Democracia consecuente al Socialismo”, sin mencionar el trabajo electoral-parlamentario; se resume la etapa 1905-1917 abstractamente como la de “la construcción de las condiciones de unidad del Proletariado”, o sea, una vez más se reconduce el Lenin real al Lenin insurrecionalista-constructor de “la” Organización; Lenin queda atrapado en una oscilación entre dos polos: el escrito “Dos tácticas de la socialdemocracia rusa” de 1905 y “El Estado y la Revolución” de 1917, véase: Antonio Negri, La fabbrica della strategia: 33 lezioni su Lenin CLEUP, Padua, 1977; en español: La fábrica de la estrategia: 33 lecciones sobre Lenin, Akal, Madrid, 2004, p. 56 y ss.

4 Excepción de los pioneros trabajos de August H. Nimtz: Lenin’s Electoral Strategy from 1907 to the October Revolution of 1917, Palgrave-Macmillan, New York, 2014.

5 Sobre los experimentos constitucionales burgueses en la Rusia zarista sigue siendo imprescindible el trabajo todavía no superado de Geoffrey A. Hosking: The Russian Constitutional Experiment: Government and Duma, 1907-1914, Cambridge University Press, Cambridge-New York, 1973. El Dia-Mat en la URSS consideraba los experimentos de las Dumas zaristas como un intento de adaptación fallida del estado monárquico-feudal a la era burguesa, intentando políticamente una política de “maniobras” entre las dos clases principales (terrateniente y burguesa), similar a la de Napoleón III o Bismarck, coincidiendo con las opiniones de Lenin para la IIIª Duma.

6 De aquí en adelante dejamos hablar a la voz de Lenin. Hemos utilizado la edición española de la editorial Akal: Obras Completas, Akal Editor, Madrid, 1976, 45 volúmenes más índices complementarios, versión de la cuarta edición soviética; en caso de duda o falta del texto nos hemos remitido a la edición en alemán (más completa y exhaustiva que la rusa): Werke (40 Bände, 2 Ergänzungsbände, Register, Vergleichendes Inhaltsverzeichnis). Dietz-Verlag, Berlin (DDR), 1956–1972; y su correspondencia: Briefe (10 Bände), Dietz-Verlag, Berlin (DDR),1967–1976. Para una guía de las obras completas de Lenin, véase: Harding, Neil: “Appendix 2. Guide to Lenin’s ‘Collected Works’”, en: Leninism, Duke University Press, Durham, pp. 300-316.; la crónica de la vida de Lenin en: Weber, Gerda/ Weber, Hermann: Crónica de Lenin. Datos sobre su vida y obra; Anagrama, Barcelona, 1975.

7 Lenin ya lo tenía claro en 1895 al resumir in extenso la obra de Engels y Marx: La Sagrada Familia, en la edición original de 1845 (seguramente facilitada por Plejanov). Krupskaia señalaba que Lenin tenía “un conocimiento maravilloso” de Marx para el estándar de la época y que cuando llegó a San Petersburgo en 1893 ya había leído el tomo I de Das Kapital en 1888 asi como textos raros o menores, como “El Manifiesto Comunista”, casi desconocidos en la Rusia zarista; incluso Lenin traducía del alemán (aprendido de su madre) y el francés (cuando estudiaba con su hermana Olga) los textos de Marx que le interesaban.

8 En la Rusia zarista solo podía conseguirse la edición alemana de contrabando; Krupskaia confiesa que recién pudo leerlo en el año 1898 y en el exilio.

9 Lenin además había leído varias obras de Feuerbach, como Grundsätze der Philosophie der Zukunft (1843) o Vorlesungen über das Wesen der Religion (1851).

10 Lenin utiliza in extenso el estratégico segundo prólogo de Marx a Das Kapitalque aclara malentendidos sobre su Método y donde explica la diferencia entre el Modo de Investigación (Forschungswiese) y el Modo de Exposición (Darstellungswiese).

11 Sobre la influencia absoluta del Marxismo del SPD y su ala izquierda sobre Lenin hasta 1914, véase: Norman Levine: “The germanization of Lenin”; en: Studies in Soviet Tought, 35, 1981, pp. 1-37.

12 Por la influencia del famoso “Programa de Erfurt” del SPD, cuya autoría se debía a Karl Kautsky: Das Erfurter Programm in seinem grundsätzlichen Theil, Dietz Verlag, Stuttgart, 1892; un “Erfurtiano” es para Lih alguien que acepta el SPD como modelo de partido, acepta el Programa de Erfurt como una autorizada profesión de fe de la misión socialdemócrata revolucionaria, acepta el comentario al programa escrito por Karl Kautsky como una declaración de principios socialistas irrebatible, el Programa de Erfurt como definición de socialdemocracia, en todos los aspectos, Leih sostiene que Lenin era un apasionado”Erfurtiano”; véase: Lars T. Lih: Lenin rediscovered. “What is to be Done?” in Context , Brill, Leiden, 2005, en especial su “Part I. Erfurtianism”, p. 41 y ss. Según Lih Lenin era un “socialdemócrata revolucionario”, que consideraba que el futuro “renegado” Kautsky era uno de los principales exponentes de las ideas marxistas, y que las aplicaba con éxito a las condiciones de su tiempo.

13 Karl Kautsky: Der Parlamentarismus, die Volksgesetzgebung und die Socialdemokratie, Dietz Verlag, Stuttgart, 1893; en español: Parlamentarismo y Democracia; Editora Nacional, Madrid, 1982.

14 Como señala Lih, de hecho Lenin siguió afirmando el pasado revolucionario de Kautsky incluso más allá de 1917, incluso después de Kautsky se hubiera convertido en una especie de diablo y renegado. Hasta el día de su muerte, Lenin continuó afirmando que Kautsky fue el teórico marxista más destacado de su tiempo, lo confirma que se preparaba en el IME bajo la dirección de David Riazanov, que preparaba las obras completas histórico-críticas de Marx y Engels, una edición exhaustiva de sus escritos.

15 Su ponencia a trabajadores en Berlín, edición actualizada: Über Verfassungswesen. Rede am 16. April 1862 in Berlin. Europäische Verlagsanstalt, Hamburg 1993; en español: Sobre la Constitución, Planeta, Barcelona, 2012.

16 El marxólogo David Riazanov, que dirigirá el IME, decía que Lenin se sabía de memoria el texto “Circular del Comité Central a la Liga Comunista” de 1850 y que la citaba con frecuencia; veáse en español: Riazanof, David: Marx y Engels. Conferencia del curso de Marxismo en la Academia Comunista de Moscú), Claridad, Buenos Aires, 1962, p. 79.

17 En 1906, entre noviembre y diciembre, Lenin traduce y corrige una versión en ruso del artículo de Kautsky: “Bewegungskrafte und Perspektiven der russischen Revolution” (Fuerzas motrices y las perspectivas de la Revolución rusa), aparecido en dos partes en Die Neue Zeit, Vol. 25, 1906-1907, I: pp. 284-290 y II: pp. 324-333; además de escribir una introducción muy elogiosa, en español: “Prólogo a la traducción al ruso del folleto de K. Kautsky ‘Las fuerzas motrices y las perspectivas de la Revolución rusa’”, en: Lenin. Obras Completas, Tomo XI, Akal Editor, Madrid, 1976, pp. 447-453.

18 La escuela de partido se denominaba oficialmente “Escuela Superior de Agitación y Propaganda socialdemócrata para los obreros”, participaron entre otros Bogdanov, Gorki, Kollontai, Lunacharski, Riazanov y Trotsky; véase: Jutta Scherrer: “Les écoles du parti de Capri et de Bologne: La formation de l’intelligentsia du parti”, en: Cahiers du Monde russe et soviétique, Vol. 19, No. 3, Hommage à Georges Haupt (Jul. -Sep., 1978), pp. 259-284. 

19 Carta a A. M. Gorki, 25 de febrero de 1908; en: Lenin. Obras Completas, Tomo XIII, Akal Editor, Madrid, 1977, pp. 455-462.

20 Los cuadernos con los manuscritos del libro, que quedaron en San Petersburgo, nunca fueron hallados.

21 No existen trabajos exhaustivos sobre el tema, salvo los pioneros de Daniel Bensaïd: “Mémoire de maîtrise. La notion de crise révolutionnaire chez Lénine” (1968) y de Massimo L. Salvadori: “¿Qué es una crisis revolucionaria? (Revolución y conservación en la crisis de 1919-1920)”, en: Materiales. Crítica de la Cultura, Nº 6, nov-dic. 1977, pp. 77-100, lamentablemente ambos solo analizan las últimas dos definiciones leninistas, las más conocidas.

22 Lenin, V. I.: “Nuevos acontecimientos y viejos problemas”, en: Obras Completas, tomo VI, Akal editor, Madrid, 1976, pp. 306-312.

23 Lenin, V. I.: “A propósito de dos cartas”, en: Obras Completas, tomo XV, Akal editor, Madrid, 1977, pp. 306-307.; itálicas de Lenin,

24 Lenin, V. I.: “La celebración del Primero de Mayo por el proletariado revolucionario”, en: Obras Completas, tomo XXIII, Akal editor, Madrid, 1978, pp. 211-212; itálicas de Lenin.

25 Lenin, V. I.: “La bancarrota de la IIª Internacional”, en: Obras Completas, tomo XXI, Akal editor, Madrid, 1978, pp. 211-212.

26 “La reciprocidad condicional de esas premisas es evidente: cuanto más resuelta y firmemente actúe el Proletariado y, por tanto, mayores sean sus posibilidades de arrastrar a las capas intermedias, tanto más aislada quedará la clase dominante y más se acentuará su desmoralización. Y, en cambio, la disgregación de los grupos dirigentes lleva agua al molino de la clase revolucionaria.”, en: Trotsky, León: Historia de la Revolución rusa, Tomo II, Ediciones Sarpe, Madrid, 1985, p. 362.

27 Lenin, V. I.: “El ‘Izquierdismo’: enfermedad infantil del Comunismo”, en: Obras Completas, tomo XXXIII, Akal editor, Madrid, 1978, pp. 190-191; 201-202 y 347-348; itálicas de Lenin.

28 Lenin, V. I.: “Informe sobre la situación internacional y las tareas fundamentales de la Internacional Comunista”, en: op. cit., pp. 347-348.

29 Con razón Krupsakia afirmaba en sus memorias que Lenin “siempre consultaba a Marx”; señalamos aquí un coincidencia de Gramsci con Lenin en este “rescate-recuperación” del Marx político, puede verse a lo largo de su Quaderni esta propuesta de lectura, que permite hallar el nexo entre Filosofía y Política (Catarsis) como clave decisiva (Traducibilidad) para comprender el pensamiento “completo” del autor de Das Kapital. Remitimos al lector a nuestro ensayo: “Gramsci y el Marx desconocido”

30 Titulado: “Informe sobre la campaña electoral para la IIª Duma del Estado”, es de noviembre de 1906.

31 Karl Kautsky: Das Erfurter Programm in seinem grundsätzlichen Theil erläutert, Sttutgart, Dietz Verlag, 1892, en especial el capítulo V titulado: «La Lucha de Clases»

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