Gaceta Crítica

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Hablar con extraños. En recuerdo de Luis Brandoni.

Gerardo Almaraz (CEMEES -México-), 26 de Abril de 2026

Ver a Luis Brandoni implica estar dispuesto a escucharlo. Pero no es solo la voz: hay en su presencia una arquitectura más amplia, donde el silabeo preciso, el ritmo y la belleza de decir las cosas se sostienen también en el gesto, en una actuación natural que parece fluir sin artificio. Incluso cuando articula ideas que titubean entre la mentira y la verdad a medias, todo en él —voz y cuerpo— construye sentido: un estilo que condensa la experiencia de un actor más de teatro que de cine, aunque lo conocemos más por sus películas, porque sin movernos de nuestros asientos nos llegan de inmediato antes que las carteleras de teatro de Buenos Aires. Vemos que pasa de encarnar a un pintor incrédulo en Mi obra maestra (2018); luego a un cooperativista en La odisea de los giles (2019) o a un crítico gourmet en Nada (2023), hasta su más reciente aparición como un don Quijote, si se quiere. Aunque otros le llaman simplemente un viejo comunista en el Parque Lezama.

Comparte el parque con Cardozo (Eduardo Blanco), un veterano también, que padece el problema más elemental de esa estirpe: mendigar una pensión como si fuera caridad. A su edad, y quizá porque los huesos ya lo resienten, hay en él un conformista de manual que desprestigia la vejez. Se aferra a su trabajo de maquinista en el consorcio donde laboró durante cincuenta años, aunque ya no lo necesiten; insiste en quedarse, aun viviendo de las propinas. Su necedad es económica: sabe que convertirse en una carga humana resulta más costoso que una indemnización de cuatro meses. Y acepta, resignado, una situación tan lamentable que incluso podría atreverse a asumir su existencia con un “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”. No es falsa, entonces, la sospecha: Cardozo encierra no solo a un Sancho Panza desbordado y resignado, sino también a ese mundo que Don Quijote atraviesa y desarma: Andrés el cabrero, los galeotes liberados, figuras todas de una dignidad gastada, conformes con su suerte, hasta que su irrupción les devuelve algo de aliento.

Sancho Panza se redime, se transforma. Cardozo también se libra de hallar en la vejez un pozo seco, un fondo de dolor constante. Pero, de no ser por León Schwartz (Luis Brandoni), ese empeño suyo por socorrer a los menesterosos, a los flacos y a los oprimidos, no la habría librado. El viejo conformista queda impactado por la lucidez en un cuerpo octogenario, porque no importa lo desleídos que estemos: rendirse no es una opción, incluso cinco segundos antes de la muerte. Quizá idealista, pero consecuente. ¿Cómo no hallar mérito en llegar a viejo con la idea joven de cambiar el mundo, en mantenerse combativo ante tanta indiferencia? Es más fácil cambiar los ideales por Dolce & Gabbana que permanecer en la lucha, aunque seamos la última estrella de la que penda el mundo, la ciudad asediada sin petróleo ni luz.

El parque es la metáfora, el marco, el escenario donde sucede la vida. Es una experiencia que todos hemos tenido al tomar asiento en un parque: te detienes y las cosas parecen ajenas, pero es como si estuviéramos dentro de una película. Vemos a la gente que corre, que pasea con sus perros, a los niños jugando, a las parejas encantándose, o a dos ancianos en los que uno intenta convencer al otro de que, si lo que le resta se lo va a pasar contemplando y, de vez en cuando, tirarse al suelo para sentir alguna emoción, entonces no vale la pena. Y ahí nos interpela: no se trata de esa escena, sino de la actitud; en cualquier cuerpo, a cualquier edad, hay que agitar las cosas, hay que hacer que sucedan. De eso se trata. Y es ahí donde la mirada del director cobra sentido: aquel que en 2009 dio de qué hablar en los Óscar con el cine argentino. Que vuelva ahora no es menor: en tiempos de resignación, insistir en la incomodidad también es una forma de tomar partido.

Luis Brandoni falleció recientemente.


Gerardo es Sociólogo por la UACh, autor de Vestigios (2022) y creador artístico del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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