Gaceta Crítica

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La clase social también mata en el trabajo (y cada vez más)

Jorge Otero (PÚBLICO), 19 de Abril de 2026

  • «En el sector de la construcción la incidencia de los accidentes laborales se multiplica por cuatro. En el caso de los peones manuales, los accidentes mortales se multiplican por 500 con respecto a los trabajadores técnicos», dice Mariano Sanz, de CCOO.
  • En los dos primeros meses del año, 104 personas perdieron la vida en España en accidentes laborales.Los sindicatos y el Gobierno pactaron en febrero una reforma profunda de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, aprobada en 1995, para mejorar la protección de las personas trabajadoras.
Manifestación contra los accidentes laborales convocada en diciembre de 20254 frente a la sede de la CEOE en Madrid.
Manifestación contra los accidentes laborales convocada en diciembre de 2025 frente a la sede de la CEOE en Madrid.Fernando Sánchez | Europa Press

Morir en el trabajo sigue siendo una triste realidad en 2026. En los dos primeros meses del año, 104 personas perdieron la vida en España en accidentes laborales, según los últimos datos del Ministerio de Trabajo. Son seis fallecimientos más que en los meses de enero y febrero de 2025. En términos relativos, entre enero y febrero, el número de personas que murieron en el trabajo ha repuntado un 6,12% tras dos años consecutivos de descensos.

Los fríos datos del Ministerio de Trabajo reflejan con exactitud el panorama de la siniestralidad laboral en EspañaPor sexo, en enero y febrero de 2026 murieron 98 trabajadores, 12 de ellos in itinere, y seis trabajadoras, una in itinere. De hecho, según un informe de abril de este año de Comisiones Obreras (CCOO), el 93% de las muertes en el trabajo en España son de hombres y el 7% de mujeres. Además, el 70% de los accidentes en jornada con baja afecta a varones y el 30% a mujeres.

Los infartos y derrames cerebrales son la primera causa de muerte durante la jornada laboral. En los dos primeros meses de 2026 murieron 40 trabajadores por estos casos, por delante de accidentes de tráfico y las caídas. El mayor número de estos infartos se dio entre las personas trabajadoras mayores de 60 años. Esta luctuosa estadística demuestra que en los últimos años la población trabajadora en España ha ido envejeciendo progresivamente.

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«Los datos de siniestralidad laboral son inasumibles. Hace 30 años, se aprobó la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, y desde entonces no hemos conseguido bajar el número de accidentes de trabajo en España. Tenemos 1.200.000 de accidentes laborales al año, lo mismo que en 1995. Es cierto que los accidentes mortales de aquel entonces se han reducido bastante, pero a día de hoy aún hablamos de una media de 700 personas trabajadoras muertas al año. No es aceptable», explica a Público Patricia Ruiz, secretaria de Salud Laboral de Unión General de Trabajadores (UGT). 

Mariano Sanz, secretario confederal de Salud Laboral y Medio Ambiente de CCOO, certifica que aunque el total de los accidentes laborales no ha disminuido desde 1995, al menos la mortalidad se ha reducido casi a la mitad al pasar de 1.356 personas trabajadoras muertas en 1995 a las 735 en 2025. Sanz presentó el pasado 16 de abril el informe anual que CCOO elabora sobre los accidentes en el trabajo y las enfermedades profesionales.

De acuerdo con ese documento, el año pasado se produjeron 1.163.047 accidentes en el trabajo, de los que algo más de la mitad, 620.386, implicaron una baja laboral. Otros 584 resultaron mortales durante la jornada laboral, mientras que 151 fueron in itinere. Los accidentes graves fueron 3.701. «Para nosotros son datos tremendamente preocupantes: siguen siendo cifras inasumibles y sobre todo evitables», tercia Patricia Ruiz.

«La siniestralidad laboral en España ha venido cambiando, pero este cambio no viene determinado por una mejora de la prevención de los riesgos laborales, sino que está relacionado con un cambio del modelo de desarrollo del país y un efecto composición», señala Sanz. 

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Al referirse al efecto composición, Sanz alude al hecho de que «la mayoría de las personas trabajadoras que se incorporan al mercado laboral lo hacen en sectores con un menor nivel de siniestralidad». 

«Una cuestión de clase»

En este sentido, Sanz apunta a Público que «la siniestralidad laboral es una cuestión de clase». El dirigente sindical pone varios ejemplos: «En el sector de la construcción la incidencia de los accidentes laborales se multiplica por cuatro. En el caso de los peones manuales, los accidentes mortales se multiplican por 500 con respecto a los trabajadores técnicos».

Sanz también apunta que hay algunas nacionalidades en la que la tasa de mortalidad en el trabajo «triplica a los españoles». Hay nacionalidades concretas en las que esa diferencia aumenta considerablemente. «Las personas procedentes de Ecuador, Colombia, Marruecos y Senegal son las que cuentan con un índice de siniestralidad más elevado, llegando casi a duplicar la incidencia media», señala el informe de CCOO. 

Tanto Sanz como Ruiz insisten en que hay que poner el foco en mejorar la calidad preventiva del empleo en España. Ese es el gran reto. Los dos dirigentes sindicales coinciden en señalar que hay que mejorar la evaluación de los riesgos laborales, así como actualizar el listado de las enfermedades profesionales. Creen que así no solo se evitarían más muertes, sino también más bajas, incluidas la de incapacidad temporal (IT). «En los dos primeros meses del año ha habido 90.000 bajas por accidentes en el trabajo. Esto también se podría evitar», apostilla Patricia Ruiz.

«Hay una clara falta de evaluación del riesgo en el trabajo. En un 35% de los partes de accidentes laborales con baja por accidente laboral no se indica evaluación de riesgos en la empresa, una obligación legal desde el año 1996. Estaríamos ante un incumplimiento legal intolerable y ante un déficit notorio del sistema preventivo español. Nos preocupamos más por tener un papel de la baja de carácter formal que por tener unas buenas evaluaciones de riesgos que sean operativas», advierte Mariano Sanz.

El «cáncer laboral»

Los dos dirigentes sindicales también ponen el dedo en la llaga en lo que se refiere al reconocimiento de las enfermedades profesionales. «Desde UGT reclamamos la actualización del listado de enfermedades profesionales, que hace 20 años que no se actualiza. Por ejemplo, hay muchos tipos de cáncer que  no están reconocidos como enfermedad profesional», ilustra Patricia Ruiz.

Mariano Sanz secunda el análisis de su colega de UGT: «Hay un claro conflicto de intereses entre quienes tienen que reconocer la enfermedad profesional, que además son quienes la pagan, y quienes reclamamos una evaluación justa», sentencia el de CCOO.

«Hay enfermedades profesionales que están infravaloradas e infradeclaradas. En 2025 solo se declararon 30.713 enfermedades profesionales. Es absolutamente insuficiente», añade Sanz. «El año pasado solo reconoció un caso de muerte en el trabajo por un golpe de calor. Los registros en España son tan insuficientes que al final entorpecen tomar medidas para mejorar esta realidad», matiza Patricia Ruiz.

Sanz también se queja del ninguneo que se hace a lo que él denomina «cáncer laboral», el provocado por el trabajo. «En España se diagnostican casi 300.000 nuevos casos de tumores al año, pero solo el 0,23% son reconocidos como cáncer laboral. Y eso que los trabajadores españoles manipulan al día casi 20.000 sustancias tóxicas. En Alemania, el 32% de los tumores son reconocidos como accidente laboral y en Europa el 54% de los accidentes mortales están relacionados con el cáncer. Son casi 100.000 casos al año».

El camino para mejorar esta situación está claro para los dos grandes sindicatos españoles: una reforma profunda de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. De hecho, el pasado mes de febrero, tras 19 meses de negociación, los sindicatos y el Gobierno cerraron un acuerdo para llevar al Congreso el anteproyecto de ley. El acuerdo no contó con el visto bueno de la patronal, que se apeó en el último momento. 

«Hay un compromiso expreso del Gobierno de mejorar la calidad preventiva en el mercado de trabajo y en la actuación de los servicios de prevención, sobre todo en las pequeñas empresas donde no llegan en muchas ocasiones esos servicios de prevención. Tenemos que introducir la cultura preventiva en las empresa. Solo en el año 2024 en estas pequeñas empresas murieron 242 personas porque el 36% de los accidentes que se produjeron no tenían hecha la evaluación de riesgos obligatoria. La nueva ley pretende mejorar esta realidad», afirma a guisa de conclusión Patricia Ruiz.

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