Gaceta Crítica

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Felipe Pigna: «Vivimos una especie de distopía»

Felipe Pigna Entrevista (JACOBIN.LAT), 19 de Abril de 2026

Entrevista al historiador Felipe Pigna, cuyo libro más reciente vuelve sobre la última dictadura militar, los años que la precedieron y sus continuidades. El genocidio de hace 50 años también estuvo al servicio de imponer un modelo económico, que es el mismo que hoy implementa Javier Milei.

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Entrevista por
Leandro Falcón[1]

En épocas en que el poder político derrocha recursos para tratar de poner en duda los acuerdos sociales más básicos de la Argentina, la memoria histórica se convierte en un ejercicio necesario y de actualización permanente. Con esa intención, el historiador Felipe Pigna publicó 76, su vigésimosegundo libro, donde narra la historia del último Golpe Militar.

La «previa» de la dictadura que se aborda en el libro empieza en el año 1973, con la fallida vuelta de Juan Domingo Perón a la presidencia y la serie de acontecimientos que fueron preparando el terreno para el Golpe del 24 de marzo de 1976, del que en estos días se cumplieron 50 años. Pigna aclara desde el prólogo: «Me quiero detener en la idea de “comprender” (esos años), un verbo muy distinto —y casi opuesto— a “justificar”».

Para Pigna, abordar rigurosamente ese escenario previo implica reconocer la violencia desbordada de la Triple A, la incapacidad de Perón para reconciliar a los elementos de izquierda y de derecha dentro del peronismo, el poco estratégico plan de respuesta de las organizaciones guerrilleras y la complicidad de agentes tanto políticos como civiles para concretar el Golpe de Estado e interrumpir el proceso democrático. Comprender aquellos años, entonces, supone asumir una serie de responsabilidades que exceden por mucho el ámbito de las Fuerzas Armadas y que involucran tanto a partidos políticos, como a agentes civiles y judiciales.

Cómo se puso en evidencia en la multitudinaria movilización por el nuevo aniversario del Golpe, recordar el pasado también puede ayudar a explicar el presente. Así como es poco sensato explicar el Golpe partiendo exclusivamente del 24 de marzo de 1976, también lo es fijar su final definitivo en el 10 de diciembre de 1983, día de la asunción de presidente Raúl Alfonsín, porque la continuidad de algunos aspectos de la dictadura sigue manifestándose en diversos ámbitos, hasta el día de hoy.

LF

¿Por qué elegiste este momento particular para hablar de la dictadura del 76?

FP

Porque se cumplían 50 años y sentía un compromiso generacional. También entendía que la ultraderecha planeaba una contraofensiva defendiendo a la dictadura y eso también me planteaba una obligación moral. Fue una tarea dura, porque volver a transitar esas cosas no es gratis, pero la reacción positiva que he recibido hasta ahora me confirma que fue una buena idea hacerlo.

LF

¿Que hayas vivido esa época ha hecho más difícil tu tarea como historiador?

FP

Se planteó un tema metodológico a resolver. Por supuesto que tengo recuerdos de esa época, impresiones y amigos que ya no están… Cosas que me pegan y que me causaron dolor por momentos mientras escribía. Pero tuve que hacer una especie de profilaxis, para no caer en la tentación de contar mi propia experiencia y porque la idea era no ser autorreferencial.

LF

No sería precisamente un libro de historia, en ese caso…

FP

Claro, eso hubiera sido más bien un libro de memorias, cosa que me reservo para cuando esté un poco más viejito. Acá la idea era contar la «historia completa», expresión que por cierto me encanta. Es gracioso porque charlando con un amigo de Harvard que está de visita me preguntaba «¿Qué otra historia hay que no sea la completa?» y tiene razón.

LF

 ¿Será porque «memoria completa» es una de esas expresiones que se repite en la agenda mediática sin tanta reflexión?

FP

Puede ser. En ese contexto ellos critican que no se hablaba de lo que pasó antes del golpe, cosa que en este libro sí hago: tiene siete capítulos y tres se los dedico a la época previa. Me parece importante hablar de lo que pasó antes. El problema es que ellos no hablan de lo que pasó después, que es central, terrorífico y que tiene una actualidad muy potente.

LF

Hay una ley de la escritura que dice que si uno quiere sacar un libro sobre un tema del que ya se ha escrito mucho, se tiene la responsabilidad de agregar enfoques novedosos o nuevas informaciones… En el caso de tu libro ¿qué se agrega a la conversación general sobre el 76?

FP

Es así. Uno tiene que decir algo nuevo, plantear lo ya dicho de otra manera o abrir nuevas perspectivas. En mi caso, son varias cosas: el tema de la previa que decíamos; la vida cotidiana y el consenso civil que existió al principio del golpe; y también darle importancia a cómo se creó el método represivo en Argentina.

Algo de esto último ya estaba dicho, pero me parecía importante sistematizarlo y unirlo a las declaraciones de los propios protagonistas represores, que reconocen a la Escuela Francesa como fuente educacional, con profesores que venían de todas partes del mundo a dar clases sobre tortura y desaparición a plena luz del día en la Escuela Superior de Guerra.

Tipos importantes, como el general Paul Aussaresses o Roger Trinquier, que también fueron contratados por el Pentágono para dar clases en la Escuela de las Américas y en la escuela de West Point, para instruir a los militares que iban a ir a Vietnam. Ahí hay una mezcla entre las dos escuelas fundamentales para la represión en Argentina: la Escuela Francesa y la Doctrina de Seguridad Nacional implantada por Estados Unidos en toda América Latina.

LF

Todos esos antecedentes contradicen el planteo de que el terrorismo de Estado fue una respuesta desprolija e improvisada a una situación de violencia de las guerrillas.

FP

Absolutamente. Fue todo planeado. Y por eso es tan importante hablar de la previa. Primero están los decretos firmados por Isabel Perón y su gabinete, junto a Ruckauf y otra gente que sigue circulando. Y después está, en el mes de octubre de 1975, la orden secreta 404 (apodada «la Peugeot», por el modelo de auto), que establecía ya la metodología represiva: los centros clandestinos de detención que llamaban LRD (lugar de reunión de detenidos), la forma de interrogatorio… Todo muy bien explicado en una orden secreta de octubre del 75, cuando faltaban todavía cuatro meses para el golpe.

LF

¿La pata civil del golpe también estuvo activa durante esa previa?

FP

Si. Estaba activo el Grupo Perriaux (una división del Grupo Azcuénaga), conformado por empresarios muy poderosos entre los cuales estaban Martínez de Hoz, Blaquier e intelectuales de la ultraderecha católica, la ultraderecha liberal —a un europeo le puede sonar raro que digamos ultraderecha liberal, ¿no?, pero en Argentina hay liberales de ultraderecha—, que estaban ya planeando el golpe desde el espacio civil.

Es decir, que fueron diseñando cómo iba a ser el modelo económico, cómo iba a ser el modelo represivo… Todo esto se venía hablando y se intensifican las reuniones a partir de julio del 75, cuando se produce una fuerte crisis económica autoinfligida, que fue el llamado «Rodrigazo». Ese fue un ensayo de la política que iba a aplicar la dictadura, porque inclusive ya en el gabinete económico de Celestino Rodrigo, durante el gobierno de Isabel, hay funcionarios clave del gabinete de Martínez de Hoz, como Ricardo Mansueto Zinn, hombre clave de la ultraderecha económica argentina.

LF

Es interesante notar que esa parte económica estaba igual de planificada que el horror represivo. Eso a veces parecería perderse en la memoria y resurge de la peor manera en eventos como la carrera presidencial del 2023, donde la derecha libertariana argumentaba que por tener un discurso en clave puramente económica constituía una opción más aséptica u objetiva.

FP

La economía nunca puede ser aséptica o quirúrgica. Eso es una falacia. La economía siempre es política. Desde la época en que Adam Smith inaugura esa tendencia, la economía y la política van juntas. Hace falta política para aplicar economía y la economía determina a su vez a la política. Es como cuando se decía que el ex ministro de Economía de Menem, Domingo Cavallo era «un técnico». Ridículo. Era un político que aplica una teoría económica determinada.

LF

Es como el que te dice «soy apolítico»… con lo que uno ya sabe que es de derecha.

FP

Claro, generalmente los apolíticos son de derecha.

LF

Investigando para esta nota, recuerdo escucharte decir que, a pesar de haber terminado el Gobierno Militar en el 83, «ellos habían ganado».

FP

No, no dije que hayan ganado, dije que no estaban vencidos, que no es lo mismo. Lo que sí es cierto es que cuando en 1985 llega el Juicio a las Juntas, los tipos estaban todavía empoderados. Por eso fue un hecho muy valioso. Si lo comparamos con Núremberg, por ejemplo, ese fue el juicio de vencedores a un ejército derrotado, mientras que acá las Fuerzas Armadas Argentinas no estaban derrotadas, en el sentido de que seguían teniendo poder. La gente que las acompañó desde el poder económico estaba viva, coleando y con poder. Eso hace que el juicio haya sido un hecho muy importante.

LF

El Gobierno actual de Javier Milei y su clima de época parecerían ser la más fiel demostración de que algo sobrevivió.

FP

Por supuesto. Me gusta pensar que en Argentina hay un 30% de la sociedad muy de ultraderecha, históricamente. Un núcleo duro, repartido entre la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y otros lugares del país. Gente que durante el kirchnerismo estuvo un poco calladita y que hoy en día está muy habilitada. Habilitada para hablar y para sacar afuera todo su racismo, xenofobia, misoginia…

Habilitada por un presidente que piensa eso, que insulta y que dice cualquier cosa. Que va a Davos a hablar en contra de los homosexuales… Cosas increíbles. Vivimos una especie de distopía. Una cosa que uno la verdad nunca pensó en vivir. Este no es un gobierno negacionista, es un gobierno apologista de la dictadura. Son dos cosas diferentes. Una cosa es cuando vos negás y otra cosa cuando vos afirmás que estuvo bien lo que pasó.

LF

Ya no se pueden presentar como apolíticos, dieron muchos pasos más hacia delante.

FP

No, claro, es un gobierno de ultraderecha. Hace muy poco en las Naciones Unidas unánimemente se condenó la esclavitud como el mayor genocidio de la historia. Hubo tres países que votaron en contra: Israel, Estados Unidos y Argentina. Es impresionante. Hay que votar en contra de la memoria histórica de la esclavitud, o sea, a favor de la esclavitud, reivindicando la masacre de millones de personas que fueron sacadas de África para traerlos como esclavos a América. Es una cosa de locos. Ahí te explicás un poco qué une a estas tres entidades que son Israel, Argentina y Estados Unidos, y las características neofascistas que tiene este presidente.

LF

Parecería haber un poco de vergüenza por definirlos como «fascistas» por parte de la intelectualidad local, ¿por qué pensás que pasa eso?

FP

No se la razón específica, pero sí se que hay mucha literatura hoy en día que habla de neofascismo. Pienso en Sigmund Ginzberg y su libro Síndrome 1933, que es un librazo, donde advierte sobre esto. Hasta el Papa Francisco entre sus últimas intervenciones públicas recomendó este libro, hablando del peligro del neofascismo.

Me parece algo evidente. Si alguien defiende la guerra a ultranza, defiende la casi esclavitud en los contratos laborales, defiende la esclavitud explícitamente… bueno, es un modelo neofascista. Si claramente no tolera al otro, si ve al otro como un enemigo y no como un adversario, que no admite ningún discurso discordante… Eso es fascismo acá y en la China.

LF

Y aparte eso implica una agenda medio incumplible, porque siempre va a haber un otro discordante.

FP

Sí, por supuesto que se agota. Esto va a pasar, como todo pasa en la vida y en el mundo. El problema es qué nos va a dejar a los argentinos. Nos va a dejar un país destrozado, realmente. Y va a ser una reconstrucción muy difícil la que tenemos por delante.

LF

No me gusta mucho pedirle a los historiadores que hagan futurología y supongo que a vos tampoco te fascina que te lo pregunten, pero ya que surgió el tema, ¿cómo ves el futuro de este gobierno de Milei?

FP

El futuro va a depender mucho de la situación económica. Son cosas que se definen en el bolsillo de la gente, porque esa gente no tiene tiempo para hacer política. Una de las virtudes del neofascismo es ir generando situaciones críticas permanentes en las cuales la gente ocupa el diario vivir. No tenés tiempo de filosofar, o de proyectar alianzas políticas. Vas viviendo. Y cuando les toquen demasiado el bolsillo ahí puede que reaccionen. Pero no les pidas el análisis. No porque no sean capaces de hacerlo, sino porque están agobiados.

¿Qué reflexión le vamos a pedir a una persona que trabaja 12 horas por día, viaja 3, a quien no le alcanza la plata para comer, ni para el alquiler? Es una cosa que siempre le costó mucho entender al progresismo. Hablan de la clase obrera pero no terminan de ver cuál es la dificultad para asimilar ciertas ideas en los sectores populares. Trabajé muchísimo de profesor en «zonas de riesgo», como se dice, y ahí es donde te das cuenta cómo es la vida de esa gente. Viven al límite todo el tiempo… ¿Y en qué momento se pueden sentar a analizar?

LF

En otras entrevistas te escuché decir que 76 es un libro dedicado a los jóvenes, uno de los blancos favoritos del movimiento utra conservador que, en parte gracias a un manejo efectivo de las redes sociales, logró construir allí uno de sus “núcleos duros”. ¿En qué pensás que fallan las generaciones más adultas al momento de hablar estos temas con la juventud?

FP

Hay muchos adultos que dan por sabidas cosas que no están sabidas, empezando por la experiencia de vida. La gente joven no tiene idea de lo que era vivir en dictadura, salvo que lo hayan leído. No digo que no les interese o que sean incultos, digo que es muy fuerte haber vivido eso. Entonces hay que contarles cómo era la cuestión cotidiana, cómo era la vida, el contexto. Sino «la dictadura» se convierte en algo muy abstracto.

Y después, hablar de para qué se hizo, tratando de desarmar la idea de que los responsables eran simplemente criminales psicópatas. Que lo eran, pero estaban al servicio de la implantación de un modelo económico. Todo esto se hizo para implantar un modelo económico en un país que era modelo de cultura, de resistencia, de organización sindical, con una sociedad muy movilizada. Se sabía que ese plan económico no se iba a poder aplicar si no era a través de una masacre, que fue lo que se hizo con una clara intención ejemplificadora, didáctica podemos decir.

Eso es lo que hay que explicar. Si no queda como que vinieron los criminales, mataron y se fueron ¿Bueno, pero para qué mataron y por qué mataron? Fue una cuestión instrumental para aplicar un sistema cruel que, por cierto, es el mismo sistema, el mismo modelo que nos está rigiendo en este momento.

LF

La continuidad de las letras M, ¿no? Martinez de Hoz, Menem, Macri, Milei…

FP

Sí, impresionante. Todo eso también hay que explicárselo a los jóvenes cuando hablamos de la dictadura. Hoy es más fácil que nunca. Mirás el modelo que está rigiendo y sólo hace falta imaginarlo hace 50 años. Con otro contexto mundial, pero reteniendo la apertura de importaciones, la desocupación, el ataque a la industria, su desfinanciamiento, la timba financiera, la renta financiera por encima de todo lo demás. Hasta el campo, que apoyó decididamente el golpe, fue perjudicado por el retraso cambiario de la famosa tablita de Martínez de Hoz.

Aquel (y este) modelo ponen el verdadero interés en la banca y en la renta financiera, que en los 70 fue verdaderamente escandaloso. En el momento de la «plata dulce» se pagaron tasas de 10% mensual en dólares. ¿Quién iba a invertir en un emprendimiento productivo? ¿Para qué te ibas a meter en ese lío si podías ganar en intereses algo que no ganabas en ningún lugar del mundo? La tasa LIBOR estaba en más o menos 2% anual, mientras que acá ganabas en un mes lo que afuera te costaba 5 años.

Era una timba escandalosa. Y a todo eso sumale la desarticulación de todo lo que tenga que ver con las redes solidarias. Hubo un ataque directo al movimiento obrero, que fue la «víctima propiciatoria» y que era lo que más les importaba. Porque la guerrilla ya no era ningún problema para ellos.

LF

La guerrilla, los subversivos, los comunistas… todos esos fueron (y siguen siendo) lugares comunes de justificación del terror, ¿pensás que es un discurso sobredimensionado?

FP

Si. Se suele decir que la guerrilla ya estaba desarticulada para 1976. Y sí, estaba desarticulada, pero por algo más importante que la cuestión militar: estaba completamente transformada en algo por fuera de la gente común, que no quería saber nada con la guerrilla.

El secreto de una guerrilla es que tenga apoyo popular. Las de Montoneros y ERP estaban muy militarizadas, eran muy militaristas y la gente no la veía como una opción en lo más mínimo. Entonces no solo que estaba desarticulada en lo militar, sino que estaba desprestigiada y por fuera de las opciones respecto de las que la gente podía optar en ese momento.

LF

Viendo algunas de las declaraciones públicas de ellos que figuran en tu libro se hace un poco difícil entender cuál era para ellos su escenario ideal… como que todos eran de alguna manera sus enemigos…

FP

Creo que estaban muy perdidos. Y siguieron para adelante como quien ve el precipicio y acelera. El ataque a Monte Chingolo es un ejemplo de eso. El ataque más grande de una guerrilla en Argentina contra un cuartel donde sabías o tenías bastantes certezas de que el desenlace estaba cantado y de que estaban yendo a la muerte. Y lo fue. Una masacre realmente.

Y aparte de eso, le daban un elemento de justificación a las Fuerzas Armadas. Así se le facilita mucho a la derecha el discurso. Para ellos el mejor negocio es hablar de «dictadura o guerrilla» y ese no es el tema central de ese período histórico. Su verdadero problema era lo que venimos hablando: el nuevo sindicalismo, la parte de la iglesia que había optado por los pobres, las redes sociales entre la gente, el trabajo en los barrios…

Eso y todo lo que era cultura, que era realmente extraordinario: el cine, el teatro, los libros, las revistas… había 40 revistas literarias en 1975 todavía, con la censura que ya regía. Acá se producían 46 modelos de auto, había 10 fábricas automotrices. Mirá dónde estamos, ¿no? Yo creo que ahí está la cosa. Y a la guerrilla la derrotaron muy fácilmente, o sea, no era el problema.

LF

De hecho, en retrospectiva, si vemos las listas de los desaparecidos cuyos nombres se conocen, lo que les une no es que fueran comunistas o guerrilleros, sino que casi todos eran clase obrera.

FP

Si. La mayoría clase obrera. Según la CONADEP, estudiantes, activistas de distintos rubros, y también gente de la guerrilla, pero no eran la mayoría.

LF

¿Te acordás de cómo fue tu 24 de marzo de 1976?

FP

Si, fue inolvidable. La tapa de la edición de la tarde de La Razón era «Es inminente el final». Todos sabían que venía el golpe, estaba recontra anunciado. Yo me quedé escuchando la radio en casa y a las tres de la mañana entró mi viejo. Me dijo: «Ya está, ya pasó», o algo así. Ahí empezaba esa noche tremenda.

Yo ya estaba laburando, había empezado a trabajar a los 14 años de cadete en un lugar muy elegante de Callao y Alvear, zona rica de la ciudad de Buenos Aires. Llamo por teléfono ese día y pregunto si tenía que ir a trabajar, a lo que el dueño me responde: «Hoy más que nunca, querido, vení que estamos brindando y festejando». Ese fue mi 24 de marzo.

Ya habían empezado las clases, aunque ese día y un par siguientes no hubo. Yo estudiaba en una escuela que había sido muy politizada, en la zona de Belgrano, donde desaparecieron seis compañeros.

LF

¿Y este 24 de marzo, 50 años después?

FP

Estuve en la plaza con cientos de miles de personas. Fue muy feliz. Y la verdad no me parece mal usar la palabra «feliz» porque había una vida potente. Fuimos con mi querido amigo Pedro Aznar. No podíamos caminar prácticamente porque nos paraban cada 50 metros para sacarnos fotos y hablar. Nos fuimos muy contentos de ver tanta gente joven y tanta familia.

Es obvio que la movilización tuvo esa potencia por todo lo que estamos viviendo. Fue una respuesta a este gobierno horrible y mamarracho. Hay días en que me despierto y no puedo asimilar estar viviendo en esta Argentina, país que amo y que siempre voy a amar hasta el último día de mi vida.

Fue como una acción de vida que me emocionó. Me quebré muchas veces. Pasé por la puerta del Buenos Aires y vi chicos de 13 o 15 años cantando con la bandera. Bueno, estábamos en estado de emoción permanente. Fue un muy justo homenaje a los 50 años del Golpe.

Felipe Pigna es escritor, divulgador histórico y docente, especializado en historia argentina. Realiza trabajos en diversos formatos y, por su programa Ver para leer, es considerado como el divulgador con más difusión popular en la Argentina actual.​​

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