En recesión económica y con una extrema derecha en auge y una política exterior errática, Alemania afronta las elecciones legislativas anticipadas del 23 de febrero en situación de crisis. Previsiblemente favoritos, los conservadores tendrán que negociar con los socialdemócratas y quizá también con Los Verdes. Este partido, antaño pacifista, parece encabezar ahora el nuevo belicismo alemán.
por Fabian Scheidler (Le Monde Diplomatique) 2 de febrero de 2025
Neo Rauch. — Falle (’Trampa’), 2001
La estabilidad —virtud cardinal en Alemania— ya no es lo que era. Una crisis política ha precipitado la convocatoria de unas elecciones anticipadas que se celebrarán el próximo 23 de febrero. La recesión lleva dos años socavando la mayor economía del continente europeo. Golpeada de lleno por el fuerte aumento del precio de la energía a consecuencia de las sanciones europeas contra Rusia, el corazón industrial alemán desfallece; grandes grupos como Volkswagen anuncian la supresión de decenas de miles de puestos de empleo, el número de quiebras llega a su nivel más elevado desde la crisis financiera de 2008 y emerge la amenaza de la desindustrialización. El pasado noviembre, la coalición de socialdemócratas (SPD), verdes (Die Grünen) y liberales (FDP) se desintegró a propósito del presupuesto para 2025. La cuestión de cómo financiar los envíos de armas a Ucrania tuvo un papel importante. El rearme a gran escala, en efecto, pesa sobre las finanzas nacionales: después de que en 2022 el canciller Olaf Scholz asignara al Ejército 100.000 millones de euros en cinco años, Los Verdes, el SPD y la Unión Demócrata Cristiana (CDU) hablan de una cifra de entre 100.000 y 300.000 millones de euros suplementarios, esto es, que se añadirían al presupuesto ordinario de defensa (Der Spiegel, 16 de febrero de 2024). Con excepción de Die Linke y de Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), todos los partidos se muestran de acuerdo con la necesidad de un rearme sin precedentes en la historia de la República Federal. Pero discrepan sobre cómo financiarlo: la CDU, la organización de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) y los liberales del FDP apuestan por una reducción drástica de los gastos sociales, mientras que el SPD y Los Verdes prefieren recurrir al endeudamiento, aunque sin renunciar por ello a la creación de una coalición proausteridad cuyo líder, Friedrich Merz, aboga por “atreverse a más capitalismo”. El politólogo Christoph Butterwegge teme un “ataque frontal contra el Estado social” tras las elecciones (Taz, 30 de diciembre de 2024).
El nuevo militarismo alemán, impensable hace solo unos años, se ve acompañado de un profundo cambio de cultura política. En los carteles electorales socialdemócratas, el ministro de Defensa Boris Pistorius (SPD) exige un Ejército “en condiciones de entrar en guerra antes de 2029” y posa en uniforme de campaña y portando un arma: un cambio de imagen espectacular para el antiguo partido de “la distensión”, una política de acercamiento a la Unión Soviética que le valió el Premio Nobel de la Paz al excanciller Willy Brandt. Pero el cambio de rumbo más radical ha sido, sin duda, el obrado por Los Verdes. Fundado en 1980 como partido antiguerra, el partido Die Grünen lleva varios años distinguiéndose como un activista singularmente solícito en favor del rearme y el belicismo. Por ejemplo, Anton Hofreiter —que durante mucho tiempo presidió el grupo parlamentario de Los Verdes en el Bundestag, la Cámara baja del Parlamento alemán—, reclama incansablemente “armas, armas y más armas” (1) y le reprocha al SPD su negativa a entregar misiles de largo alcance Taurus a Ucrania. En su campaña de 2021, Los Verdes habían insistido en la necesidad de no brindar armas a regiones en guerra; apenas un año después, la ministra verde de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, desvelaba el perfil orwelliano del nuevo pacifismo ecológico: “Las entregas de armas ayudan a salvar vidas humanas” (Süddeutsche Zeitung, 14 de septiembre de 2022). Su predecesor entre 1998 y 2007, Joschka Fischer, ha llegado incluso a reclamar una bomba atómica europea (Die Zeit, 3 de diciembre de 2023) con el apoyo de periodistas con fama de progresistas como Ulrike Herrmann, del periódico “de izquierdas” Taz (2).
Los Verdes, junto con sus compañeros de coalición y los principales partidos de oposición –la CDU y la AfD–, apoyan asimismo las guerras de Israel en Oriente Próximo. Berlín –segundo proveedor de armas a Tel Aviv después de Washington– protege a Israel tanto financiera como diplomáticamente. En el caso de la guerra en Ucrania, el Gobierno federal alemán se ha presentado como el valedor sin concesiones del derecho internacional, ese mismo derecho internacional que pisotea al ayudar a los israelíes a cometer unos crímenes de guerra que Amnistía Internacional y Human Rights Watch ya califican de genocidio (3). Ni Baerbock ni el ministro de Economía y vicecanciller Robert Habeck —candidato de Los Verdes a la Cancillería— han puesto en tela de juicio las entregas de armas ni las han condicionado al cese de los atropellos en Palestina.
La transformación del partido ecologista del verde clorofila al caqui deja estupefactos a los pocos militantes que aún recuerdan su programa fundacional (Das Bundesprogramm) de 1980: “La política exterior ecológica es una política no violenta. […] La no violencia no significa la capitulación, sino la garantía de la paz y la vida por medios políticos en vez de por medios militares. […] El desarrollo de un poder civil que gire en torno al valor rector de la paz debe ir de la mano con el comienzo inmediato de la disolución de los bloques militares, en concreto de la OTAN y del Pacto de Varsovia”. En plena Guerra Fría, este texto exigía “el desmantelamiento de la industria alemana de armamento y su reconversión a una producción pacífica”.
Aunque la conversión del partido por la paz en partido de la guerra no haya sido lineal, no cabe duda de que el conflicto en Kosovo señaló un antes y un después. La coalición de socialdemócratas y verdes dirigida por el canciller Gerhard Schröder (SPD) y el ministro de Asuntos Exteriores Joshcka Fischer decidió, en la primavera de 1999, la participación de Alemania en los bombardeos de Serbia realizados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) sin mandato del Consejo de Seguridad. Al hacerlo, el Gobierno violó la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Tratado Dos más Cuatro y la prohibición de las guerras de agresión que figura en la Constitución alemana. En el congreso de Los Verdes de 1999, Joschka Fischer justificó dichas infracciones del siguiente modo: “Nunca más un Auschwitz, nunca más un genocidio”. La comparación entre Auschwitz y la guerra civil en Kosovo suscitó una carta de protesta de varios supervivientes del Holocausto (4), pero favoreció que el congreso del partido aprobara la implicación de Alemania. Parangonar a los adversarios geopolíticos de Occidente con Hitler y recordar el exterminio de los judíos para legitimar intervenciones militares es, actualmente, parte del repertorio de Los Verdes. En abril de 2022, uno de ellos, el exministro de Medioambiente Jürgen Trittin, trazó un paralelo entre la masacre de civiles ucranianos perpetrada por soldados rusos en Bucha (cerca de 200 víctimas civiles, según la ONU) y las atrocidades cometidas en el este de Europa por los grupos de asalto de las SS que acabaron con la vida de centenares de miles de judíos.
Con el paso de las décadas, la evolución de la política exterior defendida por el partido ecologista se ha señalado por un alineamiento creciente con la postura de los neoconservadores estadounidenses. Esta se explica, sobre todo, por un enfoque fundado en la promoción de “valores” —la ejemplaridad del “Nunca más” en 1999 y el modelo de la democracia occidental hoy en día— cada vez más influidos por los círculos de reflexión atlantistas en los que participan muchas personalidades de primer orden de Los Verdes. Annalena Baerbock —que cita a la exsecretaria de Estado estadounidense Madeleine Albright como fuente de inspiración (5)— fue, en concreto, miembro del laboratorio de ideas German Marshall Fund, con sede en Washington. La mayoría de los presidentes del partido en las dos últimas décadas, como Claudia Roth, Katrin Göring-Eckardt, Cem Özdemir o Reinhard Bütikofer han sido miembros del Atlantik-Brücke, una red de banqueros, estrategas militares, periodistas y políticos decididos a estrechar los lazos entre Alemania y Estados Unidos. De hecho, Omid Nouripour, presidente del movimiento hasta noviembre de 2024, pertenece actualmente al consejo de administración de la organización. En cuanto a Özdemir, actual ministro de Agricultura, firmó en 2004 una carta abierta de la organización neoconservadora estadounidense Project for the New American Century en la que se abogaba por el desarrollo de una política más agresiva frente a Rusia (6). Desde el punto de vista estadounidense, la captación de los dirigentes verdes ha dado sus frutos: el partido, antaño favorable a la disolución de la Alianza Atlántica, lucha hoy con denuedo por su ampliación y la militarización de la política exterior. Los Verdes también cierran filas con los halcones estadounidenses en cuanto a la confrontación con China… siempre en nombre de la diplomacia de los “valores”. Semejante vuelco ha dislocado el movimiento ecologista y el pacifista, cuyo vínculo afianzaba en el pasado los cimentos y la fuerza política de ambas corrientes.
Hay una figura que ha tenido un papel de primer orden en este proceso de conversión: Ralf Fücks, antiguo maoísta, más adelante codirector durante más de dos décadas de la Fundación Heinrich-Böll —vinculada a Los Verdes— y, en la actualidad, director de Zentrum Liberale Moderne, un laboratorio de ideas que defiende las “democracias liberales” frente a los “regímenes autoritarios” por medio del rearme y el atlantismo. El Estado alemán financia en gran medida esta organización supuestamente no gubernamental. A finales de los ochenta, Fücks militaba con Daniel Cohn-Bendit en una tendencia que trataba de apartar a Los Verdes tanto de su anticapitalismo como de su pacifismo. En 1998, el programa del partido para las elecciones federales de aquel año seguía reivindicando “un orden de paz y seguridad paneuropeo” susceptible de “sustituir a la OTAN y brindar la condición previa a un desarme completo” (7). La entrada de Los Verdes en el Gobierno federal y la guerra en Kosovo enterraron definitivamente esas promesas electorales.
La transformación sociológica del electorado verde apuntaló el giro: de conformidad con un modelo clásico en las democracias occidentales, las clases medias contestatarias de la década de 1970 conforman, dos décadas más tarde, un sector social acomodado, urbano y educado en el que el partido recluta a sus simpatizantes (8). El 78% de ellos se muestran favorables a seguir con la entrega de armas a Ucrania, un porcentaje mayor que en ningún otro partido; ahora bien, solo el 9% se declara dispuesto a tomar las armas para defender Alemania, un porcentaje menor que en ningún otro partido (9). Luchar contra Rusia hasta el último ucraniano brinda una solución para este compromiso militar en nombre de los “valores occidentales”.
Desde febrero de 2022, la postura de Los Verdes en materia de política exterior se cuenta entre las más belicistas. Inmediatamente después del inicio de la invasión rusa, Baerbock afirmaba —al igual que muchos dirigentes occidentales— que era preciso “arruinar a Rusia” (10). “¡Vamos a enviar a la Rusia de Vladímir el Terrible de vuelta a los años 1970!”, especificaba Jürgen Trittin ente el Bundestag el 6 de abril de 2022, añadiendo que las sanciones debían aplicarse incluso después de concluida la guerra. Los Verdes se han opuesto desde entonces a toda solución diplomática, incluso cuando los jefes de Estado Mayor estadounidenses y ucranianos declaraban hallarse en un callejón sin salida en lo militar. El declive industrial de Alemania —un coste colateral de este conflicto que se verá agravado si la Administración de Trump acaba imponiendo aranceles— no parece preocupar gran cosa a los dirigentes ecologistas: su base electoral trabaja más bien en el sector servicios.
Aunque el número de militantes se ha doblado entre 2017 y 2024, Die Grünen prácticamente ha dividido entre dos sus resultados electorales en las elecciones europeas de 2024 (11,6% frente al 20,5% en 2019). La hemorragia se revela especialmente severa entre los jóvenes. El pasado septiembre, los tres comicios regionales en el este del país sonaron como tres bofetadas: el partido ya no participa en el Gobierno de Turingia ni en el de Brandeburgo ni en el de Sajonia. En los dos primeros casos no superó el mínimo de 5% de los votos que permite el acceso a los parlamentos de los länder. La cúpula de Los Verdes dimitió a la vista de los resultados. Ya en septiembre, el comité de dirección de las juventudes del partido lo abandonó en bloque aduciendo que el rumbo tomado por la organización se estaba volviendo incompatible con sus ideales (11). No obstante, el equipo dirigente no contempla el menor cambio de rumbo. El jefe de filas de Los Verdes, Robert Habeck, exige que, en el futuro, Alemania dedique el 3,5% de la riqueza producida cada año (el PIB) a gastos militares. De ese modo, un tercio del presupuesto nacional acabaría invirtiéndose en el sector económico más dañino para el clima. La opción de posicionar a Alemania y Europa como fuerza de paz entre bloques en la nueva realidad geopolítica ni siquiera está sobre la mesa.
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(1) Lenz Jacobsen, Ferdinand Otto y Michael Schlieben, “Der Waffengang”, Die Zeit, Hamburgo, 15 de abril de 2022.
(2) Ulrike Herrmann, “Ja zur Atombombe”, Taz, Berlín, 15 de febrero de 2024. Véase también Pierre Rimbert y Anne-Cécile Robert, “Un ‘feminismo’ bombardero”, Le Monde diplomatique en español, noviembre de 2024.
(3) Véase Akram Belkaïd, “Israel, acusado de genocidio en Gaza”, Le Monde diplomatique en español, enero de 2025.
(4) Der Tagesspiegel, Berlín, 23 de abril de 1999.
(5) “Baerbock würdigt verstorbene frühere US-Außenministerin Madeleine Albright”, 24 de marzo de 2022, www.merkur.de
(6) “An Open Letter to the Heads of State and Government of the European Union and NATO”, Project for the New American Century, 28 de septiembre de 2004, www.merkur.de
(7) Bündnis 90 – Die Grünen, Grün ist der Wechsel. Programm zur Bundestagswahl, 1998.
(8) Véase Olivier Cyran, “En el laboratorio de la ‘eco-burguesía’”, Le Monde diplomatique en español, septiembre de 2011.
(9) “Nur 17 Prozent der Deutschen bereit zur Landesverteidigung mit der Waffe”, 20 de diciembre de 2023, www.stern.de
(10) “Baerbock über Sanktionspaket: ‘Das wird Russland ruinieren’”, Redaktionsnetzwerk Deutschland, 25 de febrero de 2022.
(11) “Grüne Jugend im Wortlaut: Darum verlassen wir die Partei”, 26 de septiembre de 2024, www.theeuropean.de
Fabian Scheidler
Periodista y escritor. Autor de Das Ende der Megamaschine. Geschichte einer scheiternden Zivilisation (‘El final de la megamáquina. Historia de una civilización que fracasa’), Promedia Verlag, Viena, 2015.
GACETA CRÍTICA, 2 DE FEBRERO DE 2025
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