Gaceta Crítica

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En Corea del Sur, un golpe de Estado revelador

Al principio parecía uno de los fiascos más estrepitosos de la historia mundial de los golpes de Estado. La intentona golpista del presidente surcoreano Yoon Suk-yeol, el 3 de diciembre de 2024, necesitó menos de seis horas para fracasar. Pero, con el paso de los días, el guion de esta operación digna de unos aficionados ha dado paso a otra interpretación de los hechos mucho más preocupante.

por Renaud Lambert (Le Monde Diplomatique), 2 de febrero de 2025

El pasado 3 de diciembre, el presidente de Corea del Sur abandonó repentinamente una reunión del Consejo de Ministros sin ofrecer ninguna explicación. La mayoría de los miembros de su Gabinete no descubrieron el motivo de esta ausencia imprevista hasta que oyeron a Yoon Suk-yeol pronunciar un discurso televisado emitido desde la sala contigua: Corea del Sur estaba a punto de vivir su decimoséptimo episodio de ley marcial desde la fundación de la República en 1948. Por suerte, este iba a ser el más breve.

Mientras está pronunciando su discurso, todo es sencillo en la cabeza de Yoon: cuando una Asamblea Nacional (el Parlamento surcoreano) controlada por la oposición se niega a obedecer al presidente del país —por ejemplo, votando en contra del presupuesto que exige su Gobierno—, está burlando el sufragio universal y desacatando la Constitución. ¿Qué importa que los propios diputados hayan sido elegidos también por sufragio y que el poder de la oposición en la Asamblea Nacional se explique principalmente por el rechazo hacia el presidente en cuestión? En el mundo de Yoon, un Parlamento obedece o es derrocado.

Basándose en esta lógica —que imaginamos podría interesar a otros dirigentes políticos, y no necesariamente de Asia—, el mandatario conservador denuncia la “dictadura legislativa” orquestada por la oposición y la “parálisis” del Estado: “Una incitación a la rebelión que pisotea el orden democrático […] y perturba las instituciones legítimas establecidas por la Constitución y la ley”.

Corea del Sur sigue inmersa en una guerra con su vecino del norte dado que, desde el armisticio de 1953, su aliado estadounidense se ha afanado en torpedear los esfuerzos destinados a firmar un tratado de paz (1). Así pues, para Yoon no existe ninguna duda al respecto: los diputados sediciosos son, en realidad, agentes comunistas que pretenden “derrocar nuestro sistema democrático liberal” y entregar el país al enemigo. Poco importa que la formación mayoritaria en el Parlamento, el Partido Democrático (partido Minju), haría quedar al primer ministro francés François Bayrou como un zadista [NdlR: neologismo por los militantes de las zonas por defender —ZAD— francesas, belgas y suizas] y siempre ha contribuido a defender los intereses de las clases dominantes: al considerar que la democracia estaba en peligro, Yoon decidió reaccionar suspendiéndola. “Declaro la ley marcial para proteger a la República de Corea de las amenazas de las fuerzas comunistas norcoreanas, para erradicar inmediatamente a las fuerzas antiestatales pro-Pyongyang sin escrúpulos que están despojando a nuestro pueblo de la libertad y la felicidad y para proteger el libre orden constitucional”, anunciaba el 3 de diciembre.JPEG - 74.6 KBNOH SUNTAG. — De la serie Paths of Patriotism #BEK0401 (‘Los senderos del patriotismo’), Seúl, Corea del Sur, 2004

Para evitar el retorno de las juntas militares que han marcado la historia del país, la Constitución de 1987 autoriza a la Asamblea Nacional a votar en contra de la imposición de la ley marcial. Para impedir que los diputados se reunieran en pleno rápidamente se desplegaron allí varios centenares de soldados. Los uniformados se dirigieron también a la Comisión Electoral. ¿El motivo?: en la mente de Yoon, la derrota de su partido en las elecciones legislativas de abril de 2024 solo puede explicarse por la existencia de fraude (patrocinado por Pyongyang, por supuesto…), del que no duda de que los militares descubrirán las pruebas.

Desafortunadamente para Yoon, una parte de la población aún recuerda sus luchas contra las dictaduras que gobernaron el país de forma casi ininterrumpida entre la capitulación japonesa de 1945 y 1987. Algunos fueron testigos del 17 de mayo de 1980, el día en que el dictador Chun Doo-hwan (1980-1988) declaró por última vez la ley marcial. En aquel momento, la población de la ciudad de Gwangju se sublevó, para luego ser aplastada por el Ejército con el apoyo de Estados Unidos: más de ciento sesenta muertos según el balance oficial, una cifra sin duda subestimada. Otros pasaron incluso por los campos donde los matones de Chun “reeducaban” a los “delincuentes”: personas a menudo sospechosas de simpatizar con el comunismo.

Esta parte de la población se dirigió a la Asamblea Nacional para ayudar a los diputados de la oposición a acceder al recinto antes de que los militares se lo impidieran. Por el camino se encontraron con otro segmento de la población, a menudo nacida después de la transición democrática de 1987: personas que creían sinceramente en la democracia coreana, seguras de que se había pasado la página de los años oscuros del país. El pavor de los primeros se encontró con el espanto de los segundos, y los iluminó.

Rápidamente se formó una marea humana. Los militares vacilaron indecisos, la multitud creció, los diputados votaron de forma unánime el levantamiento de la ley marcial. Pocos días después, la Asamblea Nacional votó la destitución del dictador en ciernes.

A la prensa le fascinan las historias con final feliz, y con esta está servida. Mientras la revista británica The Economist celebra la “resiliencia” (2) de la democracia surcoreana, un editorial del diario The Wall Street Journal observa que esta “acaba de superar con éxito su prueba de estrés más seria en décadas” (3). Con Yoon fuera de juego, el agua vuelve a su cauce. Seúl continúa siendo el “campeón de la democracia en el mundo” aclamado por el entonces secretario de Estado estadounidense Antony Blinken el pasado mes de marzo durante una Cumbre sobre la Democracia celebrada precisamente en Corea del Sur (4).

Posteriormente, sin embargo, a medida que la investigación parlamentaria desvelaba nueva información, empezó a aflorar poco a poco otra historia de lo acontecido. Especialmente cuando, el 10 de diciembre de 2024, el Partido Democrático hizo públicos los documentos preparatorios de los facciosos. En ellos se revelaba que el hombre que había aconsejado al presidente Yoon declarar la ley marcial, su ministro de Defensa Kim Yong-hyun, había pretendido “justificarla […] provocando un conflicto militar con Corea del Norte”, concretamente “enviando drones a sobrevolar Pyongyang” (5). Esta información ha sido corroborada por el descubrimiento de las notas de su principal colaborador, Noh Sang-won. La mayoría de los habitantes de la Península sabían que, efectivamente, tres veces en una semana aeronaves no tripuladas surcoreanas habían sobrevolado la capital norcoreana. Pero no en vísperas de la intentona golpista de Yoon sino casi dos meses antes…

Las autoridades surcoreanas habían atribuido estos vuelos a una de las organizaciones anticomunistas que desde hace tiempo envían globos cargados de folletos hostiles a las del Norte. Estos grupos simplemente habían cambiado de método, explicaron entonces en Seúl, al tiempo que fruncían sobremanera el ceño para mostrar que desaprobaban la iniciativa. Sin embargo, esta justificación no resultó convincente. El 20 de octubre, el investigador Kim Jong-dae se hacía la siguiente pregunta: “¿Qué grupo privado podría llevar a cabo con éxito una operación de infiltración a gran altura en el espacio aéreo de Pyongyang sin que el Ejército surcoreano aprobara o guiara activamente el envío de aeronaves sobre la línea de demarcación militar, que está sujeta a una estrecha vigilancia?”. Y Kim concluyó en aquel momento: “Tengo la impresión de que se está gestando una nueva modalidad de guerra contra Corea del Norte, en la que la Administración no ocupa el centro del escenario, sino que deja que grupos privados operen en su lugar” (6).

Cinco días después del golpe de Estado fallido, el 8 de diciembre de 2024, “se declaró” un incendio en el almacén del Centro de Mando que supervisa las operaciones con drones en Corea del Sur. Aunque el Ejército informó que “el incendio había sido causado por una descarga eléctrica”, los partidos de la oposición manifestaron sus “sospechas de que el ministerio de Defensa trataba de destruir pruebas relacionadas con el vuelo de drones sobre Pyongyang de octubre” (7).

Así pues, lejos de la imagen de precipitación y chapucería que inspiraban las imágenes de un presidente demacrado (quizá incluso un poco ebrio) y de soldados que no sabían muy bien cómo comportarse, poco a poco se va perfilando otro cuadro. Al parecer, los golpistas llevaban varios meses trabajando en su plan. Al final, puede que los miembros del Partido Democrático no estuvieran errados al interpelar al gobernante Partido del Poder Popular (PPP) sobre las intenciones del presidente del país con el nombramiento de Kim Yong-hyun —con fama de estar en la extrema derecha de un partido ya de por sí muy derechista— para desempeñar el cargo de ministro de Defensa en septiembre de 2024. “¿Se están preparando para aplicar la ley marcial?”, preguntó entonces el presidente del Partido Democrático, Lee Jae-myung, provocando la ira de su homólogo del PPP en la Asamblea Nacional (8).

Otra revelación: la determinación de los facciosos los había llevado a pensar en provocar un conflicto con Corea del Norte, un país con armas nucleares… Esto arroja nueva luz sobre la supuesta llegada de tropas de la República Popular al frente de Ucrania desde octubre de 2024. La “información” fue adelantada inicialmente por los servicios secretos ucranianos y difundida por la prensa de Kiev (9). El ministro de Defensa surcoreano, Kim Yong-hyun, se apresuró a corroborar su veracidad (10). Un poco como si su plan de agitar la “amenaza” norcoreana para desencadenar la ley marcial en su país lo hubiera llevado a ignorar lo que ya sabían los servicios secretos surcoreanos, que no tardaron en solicitar a los periodistas “que no transmitan información sobre tropas norcoreanas procedente de funcionarios ucranianos” porque, en Ucrania, “la fabricación de ‘noticias falsas’ se ha convertido en un deporte nacional” (11).

A pesar de los vuelos de drones, Pyongyang no cedió a la provocación, optando por una postura que Stephen Cho, coordinador de la Plataforma Antiimperialista Mundial (PAM), describe como “paciencia estratégica”: “Cuando los drones surcoreanos se infiltraron repetidamente en el espacio aéreo de Pyongyang para lanzar panfletos —explica Cho—, la República Popular Democrática de Corea solo respondió con una advertencia. También toleró, sin responder, los disparos de artillería dirigidos contra su territorio desde una isla del mar del Oeste [o mar Amarillo] —mientras que en el pasado respondía con fuego de contrabatería—”. De este modo, Pyongyang habría privado a los golpistas del pretexto que andaban buscando para accionar la ley marcial —una supuesta “agresión” norcoreana—, obligándolos a ser aún más imaginativos. Y menos cautelosos.

Una operación de falsa bandera

El 19 de diciembre, el diputado democrático Kim Byung-joo, antiguo general de cuatro estrellas, trasladó a la Asamblea Nacional las informaciones que le habían llegado: la noche del golpe de Estado, miembros del Destacamento de Inteligencia del Cuartel General (HID, por sus siglas en inglés), una unidad especializada en operaciones de infiltración en Corea del Norte y encargada de asesinar a sus dirigentes en caso de conflicto, habían sido movilizados para, vestidos con falsos uniformes norcoreanos, detener e incluso matar a los diputados que se resistieran (12). Esta información confirma la ya relatada por el periodista Kim Eo-jun el 13 de diciembre de 2024. Según los testimonios que este recogió, los golpistas habían planeado que varios dirigentes políticos (se mencionó el nombre del líder del PPP, Han Dong-hoon) fueran asesinados por miembros de las fuerzas especiales vestidos con uniformes norcoreanos. En resumen, una operación de falsa bandera. El día anterior a la declaración del diputado Kim Byung-joo, la prensa reveló que, efectivamente, una unidad del ejército surcoreano había encargado doscientos uniformes que imitaban los de Corea del Norte. Según Kim, “queda confirmada la relación con la ley marcial” (13).

Semejante panorama plantea naturalmente una pregunta: ¿por qué Yoon decidió jugar con el fuego nuclear, cuando el dirigente norcoreano siempre ha proclamado que no dudaría en utilizarlo si su país se viera amenazado?
Elegido por la mínima en 2022 y encarnando la franja más derechista del PPP, Yoon no despierta ahora más que desprecio fuera de los círculos de extrema derecha. En noviembre de 2024, solo el 17% de los surcoreanos se declaraban satisfechos con su presidencia (14). Enfrentado al rompecabezas geopolítico de un país económicamente dependiente de China y bajo la tutela estratégica de Estados Unidos, el expresidente había optado por alinearse con Washington y, al tiempo, intentar mejorar la tasa de beneficios de los chaebols —los grandes grupos industriales locales— a costa de los surcoreanos.JPEG - 358.3 KBNOH SUNTAG. — De la serie Paths of Patriotism (‘Los senderos del patriotsmo’), Seúl, Corea del Sur, 2004

Mientras que la política del país, a lo ancho y largo del espectro político, había consistido hasta ahora en enfrentar a obreros contra trabajadores de cuello blanco, a contratados contra precarios, a jóvenes contra viejos, Yoon consiguió poner a casi toda la población en su contra al intentar aumentar la semana laboral de 52 a 69 horas, en uno de los países donde ya se trabaja más horas del mundo: frente a la resistencia de los sindicatos, el expresidente consideraba que “aferrarse a los derechos adquiridos equivale a un robo que priva a las generaciones más jóvenes […] de esperanza”. Incluso la Federación de Sindicatos Coreanos, una central sindical de tipo reformista, consideró que era la gota que colmaba el vaso: en junio de 2023 declaró una “guerra total” contra el gobierno “antitrabajadores” de Yoon (15). No necesariamente más progresistas en Corea del Sur que en Europa, los médicos se sumaron al coro del descontento cuando el presidente decidió aumentar el numerus clausus de 3000 a 5000. En el momento del golpe de Estado, el 90% de ellos llevaba en huelga desde febrero de 2024.

Tras hacer campaña para las elecciones presidenciales de 2022 explicando que el feminismo había ido demasiado lejos —en un país cuya naturaleza patriarcal roza la caricatura—, Yoon se apresuró a poner en práctica una de sus promesas: la supresión del Ministerio de Igualdad de Género y Familia. En Corea del Sur “no existe discriminación estructural de género”, sentenció, para después recortar el presupuesto destinado a la lucha contra la violencia de género y borrar los términos “mujer” e “igualdad de género” de los textos legislativos aprobados. Dos años más tarde, una de cada tres personas que se manifestaron para exigir la destitución de Yoon tras el fiasco de su ley marcial era una mujer de entre 20 y 40 años. “Llevo años indignada por sus políticas antifeministas —explica una de ellas—. Y entonces, cuando declaró la ley marcial, me dije que esto tenía que acabarse” (16).

Pero la principal fuente de la aversión visceral hacia Yoon es, sin duda, su esposa. Acusada de fraude fiscal, de delito de uso de información privilegiada, prevaricación y tráfico de influencias en la designación de candidatos del PPP, Kim Keon-hee seguramente estaría ya en la cárcel si su marido (un exfiscal) no hubiera obstruido la acción de la justicia y de la Asamblea Nacional para procesarla.

Aislado incluso dentro de su propia formación política, parte de la cual es consciente de la amenaza que supone para el partido el hundimiento del jefe del Estado, Yoon apuesta por el adoctrinamiento anticomunista al que se ha sometido a la población para retratar a sus oponentes como partidarios de Pyongyang (17). La Ley de Seguridad Nacional, instaurada por el dictador Rhee Syngman en 1948, le permite intimidar, perseguir e incluso encarcelar a quienes considera próximos al adversario norcoreano. El pasado agosto, por ejemplo, se registraron las sedes del Partido de la Democracia Popular (PDP) y, sin la menor prueba tangible, se amenazó a sus militantes con procesarlos judicialmente. Ante este episodio la gran alianza de amigos de la democracia, muy ampliamente representada en los medios de comunicación occidentales, no encontró nada que objetar. Las cosas tomaron un cariz casi cómico cuando el presidente del Partido Democrático, Lee Jae-myung, firme partidario de los chaebols, también fue objeto de acoso: las autoridades lo acusaron de transferir fondos al Norte.

Desacreditado, a la cabeza de un país cuyo modelo de acumulación se ve amenazado por el conflicto entre Washington y Pekín, enfrentado a una oposición crecida tras la victoria en las elecciones legislativas de abril de 2024 y que le amenazaba con la destitución y con demandas judiciales, al parecer Yoon consideró que su salvación pasaba por un mayor autoritarismo, aunque ello significara provocar un conflicto con su vecino del norte… Pero fracasó.

¿Es este el final de la historia? Puede que no del todo. Como aliados en el conflicto con el Norte, los ejércitos surcoreano y estadounidense están perfectamente integrados. Seúl acoge la mayor base de Estados Unidos fuera de su territorio, así como un contingente de casi 30.000 soldados estadounidenses. Washington instruye, coordina y, sin la menor duda, está infiltrado en las Fuerzas Armadas de su aliado (sobre todo en materia de inteligencia), de las que toma automáticamente el control en caso de conflicto abierto. Es difícil imaginar, por tanto, que Estados Unidos no estuviera al corriente de la operación que se venía preparando desde al menos el mes de julio.

¿Significa esto que habían dado luz verde a la imposición de la ley marcial? No de forma automática. El editorial del periódico The Wall Street Journal citado anteriormente sugiere que la Administración del entonces presidente estadounidense Joseph Biden “ofreció a Yoon prudentes consejos acerca de los riesgos de la declaración” que este estaba a punto de realizar. Sin embargo, resulta sorprendente la incapacidad de Estados Unidos para disuadir a un aliado hasta ahora especialmente obediente.

¿Salvar al soldado Yoon?

Los sinsabores de Yoon empezaban a resultar preocupantes para Washington. El 10 de diciembre debía comenzar una investigación especial sobre los casos de corrupción de la primera dama del país. Muchos surcoreanos esperaban que desembocara en un proceso de destitución del presidente en la Asamblea Nacional. Todo apunta a que la votación de la destitución hubiese salido adelante, ya que la mayoría de dos tercios exigida por la Constitución solo requería el respaldo de ocho diputados de un PPP singularmente fragmentado. Parecía evidente que Yoon tenía las horas contadas al frente de la presidencia del país.

El regreso del Partido Democrático al poder era una muy mala noticia para Estados Unidos desde el punto de vista estratégico. En este ámbito, la firma de un acuerdo militar trilateral con Japón y Corea del Sur en agosto de 2023 había sido uno de sus mayores éxitos en los últimos tiempos. Pero, como observa el Financial Times (11 de diciembre de 2024), “no podría haberse producido sin el surcoreano Yoon Suk-yeol, un firme partidario de Estados Unidos que ha promovido el acercamiento a Japón al tiempo que adoptaba una postura más dura respecto a China y Corea del Norte que sus predecesores de izquierdas”. Por su parte, el líder del Partido Democrático y candidato a la presidencia, Lee Jae-myung, está adoptando una línea moderada con respecto a Corea del Norte, cuya mano de obra formada, barata y que habla coreano es el sueño de los chaebols surcoreanos. Este ya había anunciado su voluntad de revertir la “política japonesa” de su predecesor, un doloroso retroceso para Washington.

Estados Unidos no podía, pues, permanecer indiferente ante la perspectiva de perder al hombre descrito por Kim Duyeon, investigador del Center for a New American Security, como “el mejor aliado y socio con el que Washington podría haber soñado”. Un hombre “cuyas convicciones personales están alineadas con los valores y el criterio de Washington sobre los asuntos regionales y globales” (18). ¿“Salvar al soldado Yoon” justificaba tolerar la imposición de la ley marcial en Corea del Sur? El hecho de que la respuesta estadounidense a esta pregunta haya sido “sí” varias veces en la historia no basta para afirmar que lo haya sido también en 2024. Pero también sugiere que la pregunta no debe descartarse sin más. Como señala Song Dae-han, investigador del International Strategy Center, un think tank con sede en Seúl, “la reacción de Estados Unidos fue inusualmente tibia”. De hecho, el entonces secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, no se pronunció hasta el 6 de enero de 2025. “Las medidas adoptadas por el presidente Yoon nos suscitan serias dudas”, se limitó a responder cuando se le preguntó por el intento de golpe de Estado que se había producido en el país. Otras veces Estados Unidos se ha mostrado más contundente.

Por último, está la cuestión de desencadenar un conflicto con Corea del Norte. Dado que la península coreana es una de las regiones más vigiladas del mundo, no cabe duda de que Washington detectó los drones que cruzaron la frontera del Sur hacia el Norte en octubre. Puesto que, en términos estratégicos, Corea del Sur se asemeja más a una colonia estadounidense que a un país soberano, el hecho de que estos vuelos se efectuaran tres veces en un corto periodo de tiempo sugiere, como mínimo, que los estadounidenses no se opusieron a la idea de provocar a Pyongyang.

“No creo que los observadores occidentales aprecien hasta qué punto Corea del Norte es un actor comedido y prudente en materia de política exterior —afirma Song—. En realidad, era muy fácil imaginar que Corea del Norte respondería, pero sin enviar una cabeza nuclear contra Seúl. En resumen, era posible prever un conflicto limitado”. En otras palabras, tras haber apostado por el sentido de moderación de Moscú en Ucrania, Estados Unidos habría apostado por el de Pyongyang en Corea. ¿Pero con qué fin? Para Cho, no hay lugar a dudas: “Arrastrar a China, signataria de un acuerdo de asistencia mutua con Corea del Norte, a un atolladero militar que la debilitaría”.JPEG - 309.2 KBNOH SUNTAG. — Smells Like the Division of the Korean Peninsula (‘Huele a división en la península coreana’), Pyeongtaek, Corea del Sur, 2004

Yoon sigue siendo presidente hasta que el Tribunal Constitucional valide el voto de la Asamblea Nacional a favor de su destitución. Reunidos durante mucho tiempo en torno a la residencia presidencial, sus partidarios defienden su concepción de la “soberanía nacional” agitando banderas estadounidenses e implorando a Washington que intervenga en la justa lucha de su héroe contra Pyongyang y el Partido Comunista Chino (PCCh). El 1 de enero, una carta distribuida por Yoon los alentó: “Queridos ciudadanos patrióticos que amáis la libertad y la democracia, sigo vuestra noble labor en YouTube”. Es un momento crítico, repite: “fuerzas antiestatales”, es decir, “que actúan en nombre de Pyongyang”, están “intentando sabotear nuestra soberanía”. “Lucharé hasta el final junto a vosotros para proteger este país”, concluye el hombre que se enfrenta a la pena capital por “insurrección”.

Y, en efecto, apoyada por poderosos medios de comunicación de extrema derecha, especialmente en las redes sociales, la “camarilla Yoon” ha vuelto a la ofensiva. Nombrado presidente interino tras el voto favorable de la Asamblea Nacional a la destitución de Yoon, su ex primer ministro Han Duck-soo se afanó por ralentizar el proceso de destitución y poner trabas al trabajo de la justicia. Por ello, la Asamblea Nacional le destituyó a su vez el 27 de diciembre de 2024. Fue relevado por el ex ministro de Economía y Finanzas Choi Sang-mok, que optó por proceder de la misma manera que su predecesor.

El PPP ha apartado a su anterior presidente Han Dong-hoon, considerado demasiado blando, en favor de Kweon Seong-dong, que explica a sus militantes: “Tenéis que ser fuertes y manteneros firmes” (19). Mientras la economía del país se hunde y la moneda nacional cae en picado, la editocracia conservadora difunde que “el Partido Democrático […] está obrando para imponer un régimen de partido único y el socialismo en el país, para ayudar a China a meter sus manos en el sector privado surcoreano” (20). El partido del presidente pretende ahora “abolir” el Tribunal Constitucional, cuya decisión de empezar a examinar la destitución de Yoon dicen está “políticamente sesgada” (21). ¿Una locura? El golpista Yoon ha visto aumentar su índice de popularidad hasta el 30% desde finales de 2024 (22).

El papel de los militares

Yoon se negó tres veces seguidas a entregarse a la justicia. El 3 de enero, el pequeño equipo enviado para intentar arrestarlo se topó con unos doscientos miembros armados del Servicio de Seguridad Presidencial (PSS, siglas en inglés). Legado de la dictadura de Chun, este servicio generosamente financiado opera en realidad como “el ejército privado del presidente”. “Cuando la justicia decide registrar las sedes de los sindicatos, envía a cientos de policías armados —ironiza Song—. Y en este caso, sin embargo, lo hacen a hurtadillas y casi arrastrando los pies. ¿A qué estaban esperando?”. La endogamia de sus élites, que roza el esperpento aquí, no alienta ciertamente a los tribunales a tratar a un poderoso como si fuese un “vulgar sindicalista”. Pero sin duda existe otro factor igualmente determinante: el temor a que las Fuerzas Armadas, que de momento mantienen un perfil bajo, se unan a su vez al bando de la extrema derecha, cohesionado en torno a la figura de Yoon. De hecho, no está claro que pueda descartarse una nueva declaración de la ley marcial antes de que el Tribunal Constitucional emita su veredicto…

Bajo la presión de las continuas movilizaciones que exigían su destitución y juicio, el 15 de enero Yoon fue finalmente detenido. Rodeado de un ejército de abogados, proclamó su inocencia: “Declarar la ley marcial no es un delito, sino un derecho presidencial” (23). Está claro que ha comenzado un tira y afloja.
¿Y si, en lugar de dar testimonio de la madurez de la democracia surcoreana, el reciente episodio revelara, en cambio, sus profundas disfunciones? Las propias de un país que sigue en guerra, muy sometido a las prioridades estratégicas de Washington y donde el frenesí anticomunista continúa desempeñando un papel incompatible con las exigencias de la democracia. ¿Y si, una vez más, la fachada del “milagro coreano” se hubiera agrietado?

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(1) Véase Martin Hart-Landsberg, “¿Quién amenaza la península de Corea?”Le Monde diplomatique en español, junio de 2024.

(2) Wi Sung-lac, “South Korea’s crisis highlights both fragility and resilience”, The Economist, Londres, 11 de diciembre de 2024.

(3) “A brief martial law in South Korea”, The Wall Street Journal, Nueva York, 3 de diciembre de 2024.

(4) Christian Davies, Leo Lewis, Demetri Sevastopulo y Edward White, “South Korean upheaval rattles US plan to counter China”, Financial Times, Londres, 11 de diciembre de 2024.

(5) Kwon Hyuk-chul, “Ex-defense chief suspected of plotting war with North Korea to justify martial law”, Hankyoreh, Seúl, 10 de diciembre de 2024.

(6) Kim Jong-dae, “What the drones over Pyongyang really signify”, Hankyoreh, 20 de octubre de 2024.

(7) Kim Sang-bum, “Cinco días después de la ley marcial, el Centro de Mando de los drones fue incendiado. La oposición intentó destruir las pruebas de la existencia de un ‘dron de Pyongyang’” (en coreano), 10 de diciembre de 2024, https://news.naver.com

(8) Cho Mung-kyu, “Han Dong-hoon, ‘Lee Jae-myung debe presentar pruebas de la ley marcial… o colocarse en posición de perturbar los cimientos del país’” (en coreano), The JoonAng, Seúl, 2 de septiembre de 2024.

(9) Kateryna Zakharchenko, “Missile strike near Donetsk eliminates 6 North Korean officers – Intel”, Kyiv Post, Kiev, 4 de octubre de 2024.

(10) “Minister Kim Yong-hyun said, ‘There is a high possibility that six North Korean officers were killed in the attack on Ukraine’”, 8 de octubre de 2024, https://m.ytn.co.kr

(11) Kwon Hyuk-chul, “False report of 40 NK casualties prompts Seoul to warn against Ukrainian disinformation”, Hankyoreh, 6 de noviembre de 2024.

(12) “We need to reveal martial law plot that even mobilizes HID agents”, The Kyunghyang Shinmun, Seúl, 23 de diciembre de 2024.

(13) “Una agencia de inteligencia encarga 200 uniformes para el Ejército Popular de julio… Kim Byung-joo: ‘Se ha constatado la relación con la ley marcial’” (en coreano), 18 de diciembre de 2024, www.ohmynews.com

(14) Yi Wonju, “Yoon’s approval rating hits new low of 17 pct: Gallup poll”, Yonnap News Agency, Seúl, 8 de noviembre de 2024.

(15) No Kyung-min, “What’s really driving Yoon’s war on unions?”, The Korea Herald, Seúl, 12 de junio de 2023.

(16) Lee Hae-rin, “Where were young men in impeachment rallies?”, The Korea Times, Seúl, 17 de diciembre de 2024.

(17) Véase Renaud Lambert, “La otra cara del milagro surcoreano”Le Monde diplomatique en español, julio de 2023.

(18) Choe Sang-hun, “Impeachment in South Korea has cost Washington a staunch ally”, The New York Times, 16 de diciembre de 2024.

(19) Editorial, “South Korea’s insurrection isn’t over yet”, Hankyoreh, 27 de diciembre de 2024.

(20) Gordon G. Chang, X, 27 de diciembre de 2024.

(21) Yoon Han-seul, “El partido en el poder señala incluso al Tribunal Constitucional: Cho Bae-sook ‘hay que abolir el Tribunal, que está políticamente sesgado’”, (en coreano), 6 de enero de 2025, https://hankookilbo.com

(22) Jung Min-ho, “Why is Yoon’s approval rating rebounding?”, The Korea Times, 6 de enero de 2025.

(23) Christian Davies y Song Jung-a, “South Korea’s President Yoon Suk Yeol arrested after stand-off with police”, Financial Times, 15 septiembre de 2025.

Renaud Lambert

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