Por Eric Li (Wenhua Zongheng – Revista de pensamiento chino), 13 de Abril de 2026

Desde el siglo XX, las ideologías políticas modernas de todo el mundo han sido representadas en un espectro binario de izquierda y derecha. Se trata de una abstracción muy simplificada, pero que ha encapsulado eficazmente la estructura de las orientaciones y luchas políticas dentro de casi todos los países y regiones, así como entre ellos, durante más de un siglo. Cualquier estudiante de grado en ciencias políticas podría ubicar las ideologías y valores políticos de todos los partidos y regímenes en este espectro y así determinar la identidad, establecer alineamientos políticos y diseñar estrategias de lucha. Sin embargo, durante las últimas dos décadas, a medida que la globalización posterior a la Guerra Fría ha perdido fuerza desde su apogeo, este espectro ideológico se ha fragmentado. La estructura que antes era clara se ha vuelto difusa y las fuerzas políticas, tanto entre naciones como dentro de ellas, se han desvinculado del marco tradicional de izquierda y derecha.
Este artículo esboza brevemente la estructura del espectro ideológico tradicional de izquierda y derecha, y busca analizar e interpretar los procesos y fuerzas impulsoras detrás de esta fragmentación, así como la ecología ideológica emergente posterior a la división. Su objetivo es observar y explorar un nuevo espectro ideológico emergente y proponer algunas ideas sobre el orden mundial del siglo XXI que China está ayudando a reformar.
Desde la Revolución de Octubre hasta la Guerra Mundial Antifascista: la gran narrativa de izquierda y derecha
La Revolución de Octubre inauguró la gran narrativa del espectro ideológico del siglo XX. La “izquierda” encarnaba el ideal comunista, las instituciones socialistas y la visión internacionalista del mundo defendida por la Unión Soviética (URSS). Aunque había estado respaldada por más de medio siglo por el pensamiento marxista, esta “izquierda” surgió abruptamente como fuerza política y producto de la gran Revolución de Octubre. La “derecha”, como contrafuerza, evolucionó durante 30 años, comenzando con la confrontación del capitalismo y el feudalismo contra la Unión Soviética y culminando finalmente en el fascismo que, con el capitalismo de Estado como base económica, llegó a ocupar el extremo más a la derecha del espectro.
Dentro de esta gran narrativa global, Estados Unidos y ciertos países de Europa Occidental ocupaban una posición intermedia: se oponían al comunismo de izquierda y al mismo tiempo resistían al fascismo de derecha. Su política interna se desarrolló dentro de una pequeña narrativa de “izquierda y derecha”, es decir, la lucha entre el campo de izquierda influenciado por la Unión Soviética que representaba los intereses de la clase trabajadora, y el campo de derecha que defendía el capitalismo y representaba los intereses del capital. En esta narrativa más reducida, las políticas estadounidenses de posguerra se desplazaron hacia la izquierda. La política interna de Estados Unidos finalmente se asentó en el New Deal [Nuevo Trato] de Roosevelt, que protegía a la clase trabajadora, y se alió con la Unión Soviética para llevar a cabo una guerra decisiva contra el fascismo (Polenberg, 2000).
Durante el mismo período, la política de China se posicionó en una zona intermedia, pero con una tendencia de derecha. Después del fracaso de la alianza entre el Kuomintang (KMT) y el Partido Comunista de China (PCCh), el primero emergió como fuerza política que defendía firmemente los intereses de las clases feudales y capitalistas dominantes. A nivel interno, el gobierno del KMT empleó métodos fascistas para reprimir al PCCh. Sin embargo, debido a que tuvo que enfrentar la agresión japonesa y depender del apoyo estadounidense, no pudo seguir un camino fascista a nivel internacional.
En aquel momento, la gran mayoría de las naciones colonizadas y bajo el dominio imperialista de África, América Latina y Asia se inclinaban generalmente hacia la izquierda. Esta postura se reflejaba principalmente en sus posiciones anticoloniales y antiimperialistas, así como en su lucha por la independencia nacional. El marxismo-leninismo sirvió como arma ideológica crítica contra el colonialismo y el imperialismo (Seth, 1992: 99-128). Desde esa época en adelante, la noción de soberanía trascendió la división entre izquierda y derecha. Las fuerzas políticas de países y regiones anticoloniales involucradas en contiendas de izquierda se unieron contra el imperialismo luchando por la soberanía a escala global. En Occidente, en oposición al internacionalismo predominantemente de izquierda, surgieron el nacionalismo de extrema derecha (incluido el fascismo) y las fracciones soberanistas de derecha. En Estados Unidos, las fuerzas políticas que se opusieron a la participación en la Gran Guerra y en la Guerra Mundial Antifascista, y que resistieron unirse a la Sociedad de las Naciones, pertenecían a esta última categoría.1
En general, las luchas entre izquierda y derecha de esta época se centraron en las convulsiones sociales puestas en marcha por la Revolución Industrial y su impacto disruptivo en múltiples dimensiones. Dentro de los países industrializados, el dominio del capital provocó una desigualdad severa, dejando a grandes segmentos de la población sin medios de vida seguros. A nivel internacional, las potencias occidentales industrializadas tempranamente se involucraron en un saqueo global sin precedentes mediante el uso de la fuerza. En pocas palabras, la derecha buscaba proteger los intereses creados del capital y del Estado, mientras que la izquierda luchaba por los derechos de la clase trabajadora, por la independencia y liberación de los pueblos que habían sido saqueados y colonizados (Altman, 2019).
La política de izquierda y derecha de China en aquel momento reflejaba este patrón global, caracterizada por la integración de la revolución comunista con la lucha por la independencia nacional. Esta combinación se convirtió en un elemento fundacional de la construcción del Estado moderno de China y ha influido profundamente en su trayectoria futura.
La Guerra Fría: ¿socialismo o capitalismo?
Después de la Guerra Mundial Antifascista, el mundo se sumió rápidamente en una Guerra Fría marcada por la confrontación entre los dos grandes campos liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética, respectivamente. El espectro ideológico entre izquierda y derecha se volvió particularmente claro en este período. Durante la Guerra Fría, que duró medio siglo, el bloque del Pacto de Varsovia, liderado por la Unión Soviética, y el bloque occidental de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), conducido por Estados Unidos, configuraron un panorama global distintivo de izquierda y derecha. Muchos países en desarrollo del Tercer Mundo eligieron bando, mientras que algunos permanecieron neutrales. Por ejemplo, Filipinas y Argentina se alinearon con la derecha, mientras que la mayoría de las naciones africanas se inclinaron hacia la izquierda. En este panorama global, la izquierda estaba representada por el socialismo y el internacionalismo liderados por la Unión Soviética, mientras que la derecha estaba representada por el capitalismo y el “soberanismo” encabezados por Estados Unidos.2
Dentro de estos dos bloques, las dinámicas políticas oscilaban a lo largo de un espectro más pequeño de izquierda y derecha. En Occidente, la “izquierda” abarcaba políticas de Estado de bienestar dentro de un marco capitalista, caracterizadas por altos impuestos, sistemas de bienestar robustos y protecciones para la clase trabajadora, mientras que la derecha representaba una política de protección de los intereses capitalistas con bajos impuestos y gobiernos limitados. En el bloque soviético, la izquierda implicaba adhesión estricta al socialismo y a una economía planificada, mientras la derecha estaba representada por quienes abogaban por introducir elementos de economía de mercado dentro del marco socialista.
Durante la Guerra Fría, la postura internacional de China abarcaba el espectro ideológico, incluyendo a la izquierda y a la derecha. Desde la fundación de la República Popular China hasta la Revolución Cultural, China se inclinaba claramente hacia la izquierda, adoptando una economía planificada, el internacionalismo y la oposición al revisionismo. Sin embargo, después de la década de 1970, se distanció cada vez más de la Unión Soviética, estableció relaciones diplomáticas con Estados Unidos y comenzó a adoptar el marco de economía de mercado liderado por Occidente. Esto fue visto como un giro hacia la derecha en muchos marcos analíticos. Algunos académicos incluso han clasificado las políticas económicas de Deng Xiaoping como una forma de neoliberalismo (Harvey, 2007).
La era posterior a la Guerra Fría y la globalización
Después del colapso de la Unión Soviética, el panorama global de izquierda y derecha experimentó cambios profundos. La gran división entre izquierda y derecha a nivel internacional esencialmente desapareció, y la derecha dominada por Occidente de la era de la Guerra Fría estableció una hegemonía ideológica unipolar a escala global. Todo el marco ideológico del liberalismo y el neoliberalismo trascendió la división tradicional entre izquierda y derecha, evolucionando hacia los llamados “valores universales” y la tesis del “fin de la historia”. Muchos académicos se refieren a este período como el “momento unipolar” (Brands, 2016). Este marco ideológico reelaboró los conceptos filosóficos de la Ilustración europea en un complejo ideológico contemporáneo de ideologías políticas, económicas y geopolíticas que se promovieron agresivamente en todo el mundo. Este complejo incluye varios elementos centrales: el individuo es la unidad atómica fundamental de la sociedad humana, dotado de derechos inalienables. Las elecciones multipartidistas y la separación de poderes con controles y equilibrios son los únicos sistemas políticos legítimos. Un poder judicial independiente, separado de la política, es el único marco legal legítimo. La economía capitalista de mercado se considera el único sistema económico eficaz para el mundo. Dentro de este marco, algunos derechos como la libertad de expresión y de prensa, y las identidades raciales, de género y de orientación sexual, e incluso la elección de la identidad de género, son vistas como herramientas y expresiones de la expansión continua de la soberanía individual. La esencia de la ideología liberal radica en su pretensión de universalidad: quienes suscriben el liberalismo creen que sus valores trascienden todas las culturas, religiones, naciones e incluso la historia, y que estos valores deben ser finalmente aceptados por toda la humanidad e integrados en el sistema político, las estructuras económicas y las instituciones sociales de cada país.
La universalización de una ideología arraigada en el liberalismo fundamentalista, combinada con políticas económicas neoliberales, se convirtió en la narrativa dominante en el mundo durante este momento unipolar. El espectro ideológico se desvinculó efectivamente de la división tradicional entre izquierda y derecha, y la orientación política de los partidos y Estados pasó a depender del grado de su alineación con esta gran narrativa liberal. A nivel internacional, Estados Unidos se situó en el extremo más liberal, mientras que el extremo opuesto estaba compuesto por Estados como la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte) y la República Islámica de Irán, que rechazaban el liberalismo por completo. También hubo casos como Rusia, que pasó de un abrazo total al liberalismo durante la era de Boris Yeltsin a la resistencia durante la era de Vladimir Putin. En el frente interno, los partidos políticos de todos los países seleccionaron elementos del “menú” del liberalismo y el neoliberalismo según sus intereses y posiciones. Por ejemplo, el Partido Demócrata de Estados Unidos se inclinó culturalmente hacia las políticas identitarias y defendió la expansión continua de los derechos relacionados con la raza, el género y la orientación sexual, promoviendo así los derechos individuales. Por esta razón, se les etiquetó como liberales de izquierda. Sin embargo, esta “izquierda” se había desviado fundamentalmente de la definición de “izquierda” en el espectro ideológico del siglo XX. En el ámbito económico, el Partido Demócrata se acercó cada vez más a la agenda neoliberal del Partido Republicano, mientras ambos partidos se inclinaban cada vez más hacia los intereses del capital. Esta orientación se denominó conservadurismo de derecha, pero también se había alejado de la “derecha” del espectro ideológico del siglo XX. En política internacional, quienes abogaban por el intervencionismo liberal del Partido Demócrata y quienes defendían el neoconservadurismo del Partido Republicano respaldaban el uso de medios políticos, económicos e incluso militares para universalizar el liberalismo.
En esta etapa, China ocupó nuevamente una posición intermedia. En materia económica, adoptó e impulsó una economía de mercado. Política, cultural y geopolíticamente, rechazó el liberalismo y resistió el neoliberalismo en el ámbito económico. Como resultado, la economía de mercado de China se define como una economía socialista de mercado, su sistema político como una democracia popular liderada por el PCCh y un Estado de derecho integrado con la política, y su cultura como una que prioriza la soberanía nacional y los intereses colectivos sobre el individualismo. En la etapa posterior a la Guerra Fría, China rechazó la adhesión al liberalismo y al neoliberalismo mientras absorbía aspectos de la economía de mercado occidental, integrándose profundamente en la globalización y emergiendo como una de sus fuerzas impulsoras más importantes. En asuntos internacionales, China defendió los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica3 y resistió firmemente la universalización del liberalismo occidental.
La fragmentación ideológica causada por la transición hacia un mundo multipolar
Desde la crisis financiera de 2008, que estalló en Estados Unidos y se extendió en todo el mundo, hasta el primer mandato de Donald Trump como presidente, la globalización en Occidente experimentó una transformación profunda, que condujo a una fractura ideológica a escala global. La ola de globalización, que comenzó a principios de la década de 1990 después de la Guerra Fría, alcanzó su punto máximo con la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 y empezó a retroceder con la elección de Trump en 2016. Si bien esta ola de globalización fue liderada principalmente por Estados Unidos, que formuló las reglas, se manifestó a través de la integración comercial y financiera global. La fuerza impulsora subyacente de la globalización tenía una dimensión claramente ideológica. En su núcleo estaban la perspectiva política liberal y su derivado económico, el neoliberalismo.4 China rechazó fundamentalmente este núcleo ideológico. Sin embargo, se integró plenamente en la globalización a nivel económico-estructural y, al adherirse al marco de la globalización, se convirtió en un participante importante y líder del proceso.
La globalización generó un inmenso valor económico: China saltó a convertirse en la economía más grande del mundo en términos de paridad de poder adquisitivo, mientras que la riqueza general de Estados Unidos y de Occidente en general también creció sustancialmente. No obstante, la mayoría de los países y regiones del mundo en desarrollo vieron beneficios limitados. Más crítico aún, las ganancias de la globalización se distribuyeron de manera extremadamente desigual dentro de Estados Unidos y en todo Occidente. Los grupos de interés de las élites capturaron la mayor parte de la nueva riqueza creada, mientras que las clases medias y bajas soportaron los pesados costos económicos y sociales de la desindustrialización. Al mismo tiempo, las disrupciones culturales derivadas de la globalización y la ideología liberal infligieron graves daños al tejido social de las sociedades occidentales, socavando la estabilidad política y el consenso social establecidos en Occidente después de la Guerra Mundial Antifascista (Piketty, 2014; Murray, 2013; Putnam, 2000; Vance, 2016).
Mientras tanto, las alianzas militares lideradas por Estados Unidos y la OTAN intervinieron de manera contundente en los asuntos políticos y económicos de numerosos países y regiones. Estas intervenciones abarcaron desde medidas económicas a través de instituciones internacionales controladas por Occidente (como el Fondo Monetario Internacional) hasta la orquestación de revoluciones de colores e incluso guerras. Estas intervenciones coercitivas a gran escala fueron impulsadas tanto por intereses estratégicos como por imperativos ideológicos, culminando en lo que el historiador británico Paul Kennedy ha denominado “hiperextensión imperial”.5
Esta hiperextensión impuso enormes costos estructurales a Estados Unidos y a Occidente en su conjunto, profundizando sus fracturas sociales y políticas internas.
En este contexto, el espectro ideológico de izquierda y derecha relativamente estable del siglo XX experimentó una fragmentación significativa.
Estados Unidos
Después del colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, el gran espectro de izquierda y derecha esencialmente desapareció dentro de Estados Unidos y de Occidente en general. La antigua derecha se convirtió en la totalidad del espectro político, dentro del cual una división ideológica más pequeña de izquierda y derecha abarcaba todos los debates políticos. En este espectro más estrecho, las diferencias en política económica y exterior disminuyeron considerablemente. En términos económicos, la izquierda, representada por el Partido Demócrata, había abandonado en gran medida, desde la era del presidente Bill Clinton, los intereses de la clase trabajadora. Se inclinó hacia el neoliberalismo, abogando por un gobierno pequeño, bienestar reducido, protección del capital y libre comercio. A nivel socioeconómico, ambos partidos se situaron del lado de los intereses capitalistas y promovieron la desindustrialización de Estados Unidos. En cuanto a la política migratoria, generalmente apoyaban los derechos de las personas migrantes y adoptaban posturas relativamente indulgentes sobre la inmigración ilegal, difiriendo solo en grado. En asuntos exteriores, el Partido Demócrata abandonó en gran medida el camino moderado, previamente asociado con la izquierda, al avanzar hacia políticas intervencionistas liberales, incluido el uso de la fuerza militar. Clinton y el primer ministro británico Tony Blair fueron políticos representativos de esta llamada “tercera vía” o “vía intermedia”, con el primero lanzando intervenciones militares en Yugoslavia y el segundo apoyando firmemente la guerra de Irak (Romano, 2005; Zimmermann, 2023).
La derecha estaba representada por el Partido Republicano, que originó las políticas económicas neoliberales. Apoyaban un gobierno pequeño, impuestos bajos, bienestar limitado, la protección del capital y el libre comercio, incluso más fuertemente que los demócratas. En asuntos exteriores, su orientación política estaba guiada por el neoconservadurismo, que es esencialmente del mismo linaje que las políticas intervencionistas liberales del Partido Demócrata (Vaïsse, 2010). Bajo esta dirección política compartida, durante los 24 años de las presidencias de Clinton, George W. Bush y Barack Obama, las revoluciones de colores y los conflictos militares persistieron sin pausa, y el gasto en defensa aumentó constantemente.
Dentro de este espectro más pequeño de izquierda y derecha, las diferencias entre los demócratas de izquierda y los republicanos de derecha se concentraban más en los valores culturales, las políticas raciales, ambientales o climáticas. Los dos bandos chocaban fuertemente en valores: los demócratas insistían en la legalización del aborto, mientras los republicanos buscaban restringirlo. Los demócratas buscaban regular la posesión privada de armas, mientras los republicanos veían los derechos a poseer armas como garantizados constitucionalmente. Los demócratas abogaban por el llamado multiculturalismo, avanzando en políticas de identidad para las minorías étnicas y sexuales. En política, implementaron lo que se conoce como acción afirmativa proactiva, exigiendo continuamente trato preferencial para las minorías étnicas y grupos de minorías sexuales en las admisiones escolares y el mercado laboral. A lo largo de años de evolución, estas propuestas políticas se han desarrollado en lo que se conoce como wokeísmo [despertar de conciencia por las injusticias sociales]. La mayoría de los republicanos se oponen a estas agendas políticas basadas en la identidad y abogan por la preservación de una forma más clásica de individualismo. Vale la pena señalar que las políticas de identidad defendidas por los demócratas no son colectivismo sino más bien una manifestación del individualismo amplificado, dirigida a ayudar a las personas dentro de ciertos grupos de identidad a superar los valores sociales tradicionales vistos como barreras para el desarrollo personal. El linaje ideológico del wokeísmo proviene de una forma extrema de liberalismo moderno (Kaufmann, 2023: 295-311). En temas ambientales y climáticos, los demócratas normalmente abogan por una regulación más estricta de las empresas y leyes ambientales más rigurosas, mientras los republicanos tienden a favorecer los mercados libres y menos restricciones empresariales.
Este pequeño marco de izquierda y derecha se rompió completamente en 2016. En un extremo del nuevo espectro está la ideología completamente nueva representada por el movimiento “Hagamos a Estados Unidos grande otra vez” (MAGA por su sigla en inglés). En el otro, está la ideología liberal que abarcó el centro-izquierda y el centro-derecha durante toda la era posterior a la Guerra Fría. Muchos medios de comunicación categorizan al movimiento MAGA, liderado por Trump, como de derecha o incluso de extrema derecha. Aunque algunas de las posturas políticas de MAGA, como oponerse a la legalización del aborto, se alinean con la derecha en el antiguo pequeño espectro de izquierda y derecha, esta clasificación está fuera de lugar. Muchas de las posiciones políticas centrales de MAGA, como el proteccionismo comercial y la reindustrialización, están de hecho más cerca de la izquierda en el espectro de izquierda y derecha de la Guerra Fría.
La turbulencia ideológica causada por MAGA quedó claramente de manifiesto en las alineaciones políticas durante las elecciones presidenciales de 2024. La candidata presidencial demócrata Kamala Harris recibió y agradeció el respaldo del exvicepresidente republicano Dick Cheney. La hija del exvicepresidente, Liz Cheney, congresista republicana, también apoyó activamente la campaña de Harris. Cheney ha sido durante mucho tiempo un político de derecha profundamente despreciado por el Partido Demócrata. Muchas figuras de la clase dirigente arraigadas en el Partido Republicano, incluidos George H. W. Bush y George W. Bush, se han opuesto firmemente a Trump y al movimiento MAGA desde 2016. La academia occidental contemporánea, las élites políticas y los medios de comunicación dominantes a menudo etiquetan a MAGA y sus contrapartes europeas como “populismo”. Sin embargo, la definición de populismo aquí sigue siendo vaga. Esta es esencialmente una etiqueta negativa aplicada por el poder constituido en Occidente para calificar un movimiento que está desafiando fundamentalmente las bases de la ideología liberal como mera ignorancia y antiintelectualismo.
El verdadero significado de MAGA se extiende mucho más allá de lo que se denomina populismo. Está desmantelando el antiguo pequeño marco de izquierda y derecha, y puede estar creando un nuevo gran espectro político en Estados Unidos y potencialmente en todo el mundo occidental. En el discurso político y la terminología teórica, las fuerzas revolucionarias a menudo se sitúan a la izquierda, mientras que las fuerzas conservadoras se ubican a la derecha. Dado que MAGA es claramente un movimiento antisistema, cuya fuerza opositora es un establishment relativamente conservador que busca preservar el orden liberal, podría posicionarse tentativamente a la izquierda de este espectro político emergente. Mientras tanto, el poder liberal constituido dentro de los partidos Republicano y Demócrata podría posicionarse a la derecha.
La facción MAGA ahora ha entrado en la Casa Blanca, obteniendo mayorías en ambas cámaras del Congreso y cuenta con una mayoría de magistrados de la Corte Suprema que se inclinan hacia su postura política. Su orientación de política interna va en contra del consenso bipartidista que se ha formado durante décadas a través del pequeño espectro de izquierda y derecha. En términos de valores culturales, la facción MAGA ha revertido la política dominante de las últimas décadas, desmantelando rápida y asertivamente numerosas políticas woke en el gobierno y la sociedad, e intentando reinstaurar culturalmente los valores cristianos tradicionales. También está aplicando medidas antiinmigratorias más estrictas. En la gobernanza social y económica, la facción MAGA abraza una forma pronunciada de libertarismo, siendo Elon Musk una figura representativa. Es crucial señalar que el libertarismo y el liberalismo son fundamentalmente diferentes, y en muchos aspectos incluso opuestos. La libertad libertaria está desprovista de valores liberales. Es amoral (Freeman, 2001: 105-151).
En política exterior, la facción MAGA ha descartado rápida y exhaustivamente todo el marco de políticas del establishment liberal. Quizás el cambio más significativo a corto plazo es el paso desde apoyar firmemente a Ucrania contra Rusia a aceptar, en gran medida, la narrativa de Rusia sobre el conflicto, pasando por alto a Europa y Kiev para buscar negociaciones de cese al fuego y avanzar hacia el acercamiento con Moscú. La visión de política exterior de MAGA parece combinar aislacionismo con expansionismo. Si bien esto puede parecer contradictorio, no tiene por qué serlo. La trayectoria política de la facción MAGA probablemente se asemejará al expansionismo de línea dura al estilo de Theodore Roosevelt, pero esta vez centrado en el hemisferio occidental, impulsado principalmente por intereses realistas con poco contenido ideológico. Existe una probabilidad sustancial de reducción de la presencia militar estadounidense en el Pacífico Occidental e incluso en Europa. Además, las tendencias libertarias de MAGA están reduciendo drásticamente el componente ideológico de la política exterior estadounidense. Las intervenciones en los asuntos internos de otros países bajo el pretexto de “valores universales” probablemente disminuirán significativamente. Dentro de los primeros 100 días de su administración, Trump desmanteló varias instituciones importantes que habían impulsado la propaganda ideológica para “revoluciones de colores” en el extranjero durante décadas (Pager, 2025).
Los avances más significativos se encuentran en el ámbito ideológico. La formación del movimiento MAGA está arraigada en condiciones sociales, económicas e históricas profundas. Durante la era posterior a la Guerra Fría, las fuerzas políticas liberales ganaron dominio dentro de los partidos Republicano y Demócrata, tomando el control de los mecanismos de poder del sistema político estadounidense y el discurso social. Su promoción de la globalización capitalista, las políticas woke individualistas extremas y la propagación global de valores universales erosionaron la cohesión interna de la sociedad estadounidense, resultando en una división interna sin precedentes en casi un siglo. Mirando hacia atrás las tendencias ideológicas dentro de Estados Unidos durante las últimas dos décadas, la verdadera línea de falla no se encuentra entre la política tradicional demócrata y republicana, sino entre las fuerzas que defienden el orden liberal posterior a la Guerra Fría y la reacción colectiva de los grupos desfavorecidos por ese orden. Esta última ahora parece haber tomado el control del Partido Republicano, mientras el Partido Demócrata permanece firmemente en manos del establishment liberal. Quienes suscriben el liberalismo dentro del Partido Republicano ahora están en silencio o alineándose abiertamente con los demócratas.
Lo mismo se aplica a nivel internacional. El discurso del vicepresidente J. D. Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich (Vance, 2025) y la confrontación de finales de febrero entre Trump, Vance y el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky en la Casa Blanca aclararon que la posición de Estados Unidos en el espectro ideológico global ha experimentado una ruptura cualitativa, situándola en oposición directa a las fuerzas que apoyan el orden ideológico liberal. Las fuerzas políticas no liberales que habían sido marginadas en Europa durante la era posterior a la Guerra Fría, como el presidente Viktor Orbán, en Hungría, y la Alternativa para Alemania (AfD), han encontrado repentinamente un nuevo y poderoso abanderado. Estados Unidos ahora está abandonando el consenso bipartidista del intervencionismo liberal y el neoconservadurismo que definieron el pequeño espectro de izquierda y derecha posterior a la Guerra Fría, reposicionándose como defensor del realismo no liberal. Este cambio se ejemplifica con las guerras comerciales basadas en aranceles lanzadas por la administración Trump. En el pasado, las ofensivas económicas contra China impulsadas por el establishment se enmarcaban ideológicamente. Por ejemplo, la administración Biden puso gran énfasis en unir a los países liberales que comparten los valores estadounidenses para contener conjuntamente el ascenso económico de China. En contraste, las guerras arancelarias de Trump apuntan a todos los países, incluidos los aliados occidentales liberales, con un pragmatismo donde los intereses prevalecen sobre la ideología. En el espectro ideológico de la política exterior estadounidense, la nueva división puede describirse de la siguiente manera: a la izquierda, la facción “revolucionaria” realista y opuesta al liberalismo, y a la derecha, la facción de la clase dirigente conservadora liberal.
El impacto del movimiento MAGA en China es sin duda profundo. Debido al papel central que desempeñan las relaciones entre Washington y Beijing en la configuración del orden mundial del siglo XXI, sus efectos en el mundo son enormes. En la actualidad, la política estadounidense hacia China experimenta un rápido cambio: de la estrategia integral de la administración Biden, basada en la alineación ideológica, política, económica y militar con el objetivo de contener a Beijing, a una confrontación económica más unilateral impulsada por los intereses estadounidenses. Si este cambio será duradero, está por verse. El enfoque actual de China parece ser una contramedida mesurada, mientras observa de cerca la evolución de la situación.
Europa
Una escisión ideológica similar a la que ocurrió en Estados Unidos se está desarrollando en Europa, aunque con intensidad variable y por razones tanto superpuestas como distintas. Intelectualmente, muchas naciones europeas han estado reflexionando sobre el liberalismo durante años.
El modelo de Estado de bienestar de Europa ha servido como contrapeso parcial a la desigualdad y fragmentación causadas por el capitalismo al estilo estadounidense. Sin embargo, en muchos ámbitos sociales y culturales, la política transnacional de la Unión Europea (UE) y la gran afluencia de personas migrantes, especialmente de países de mayoría musulmana, también están reconfigurando las líneas de falla políticas originales dentro de las naciones europeas.6 Algunos países se han adelantado al movimiento MAGA de Estados Unidos en tomar el poder y remodelar sus estructuras socioideológicas, siendo Hungría y Polonia ejemplos prominentes, e Italia potencialmente siguiendo su ejemplo. En las principales naciones europeas, las fuerzas políticas antiliberales y críticas con el liberalismo están ganando terreno constantemente. El Reagrupamiento Nacional de Francia, la AfD de Alemania y las fuerzas políticas que surgieron del Brexit en el Reino Unido, cuentan con un apoyo popular significativo y tienen el potencial de tomar el liderazgo nacional. Tendencias similares son visibles en varios Estados de tamaño mediano, como el Partido por la Libertad de los Países Bajos, Dirección-Socialdemocracia de Eslovaquia, el Partido de la Libertad de Austria, y en Rumania, donde Călin Georgescu (a quien se le prohibió presentarse a las elecciones de mayo de 2025) y George Simion (quien ganó la primera ronda de los comicios ) han obtenido una influencia notable. Vale la pena señalar que el camino al poder para las fuerzas antiliberales y no liberales de Europa difiere del de Estados Unidos, donde el movimiento MAGA llegó al poder tomando el control del Partido Republicano. En contraste, en Europa estas fuerzas a menudo están construyendo nuevos partidos desde abajo, un factor que puede resultar en una mayor resistencia enfrentada por las fuerzas no liberales y antiliberales en Europa.
Debido a la diversidad y el número de países de Europa, aún no ha surgido un movimiento político u organización comparable a MAGA que abarque todo el continente. Por el momento, podemos tomar prestado el término del primer ministro húngaro Orbán, “no liberalismo”, para describir esta fuerza política que puede estar en proceso de subvertir la ideología liberal de Europa y su marco institucional.7
A pesar de operar dentro de entornos políticos internos muy diferentes, estos partidos comparten posturas muy similares en muchos temas políticos y de política pública. Están unidos al pedir políticas migratorias más estrictas. Para ellos, la inmigración no es simplemente un tema económico sino, más importante aún, un asunto de cultura e identidad. La percibida dilución y erosión de la cultura y sociedad europeas causada por la inmigración musulmana a gran escala ha sido una fuente crítica del pensamiento no liberal en Europa durante décadas. Al mismo tiempo, estos partidos rechazan el wokeísmo, que se origina en gran medida en Estados Unidos, insistiendo en que Europa debe defender sus fundamentos culturales cristianos. Esta sensación de crisis derivada de la percepción de erosión de la cultura occidental ha llevado a un fenómeno interesante: algunas fuerzas políticas liberales en países europeos se han apartado, al menos formalmente, del liberalismo basado en la identidad de marca estadounidense cuando se trata del llamado multiculturalismo. Algunos incluso abogan por hacer cumplir el secularismo social mediante medidas legales, como la legislación de Francia que prohíbe a las mujeres musulmanas usar velos faciales en público. Mientras tanto, su determinación de preservar la autenticidad cultural ha llevado a la mayoría de los partidos y organizaciones no liberales de varios países a oponerse a la expansión del poder político de la UE y la ideología liberal detrás de ella, abogando en cambio por la preservación de la soberanía nacional, la integridad cultural y las estructuras sociales. En asuntos exteriores fuera de la UE, el terreno común más significativo entre las fuerzas no liberales de Europa es su postura prorrusa. Con la excepción de Italia y Polonia, casi todos los partidos no liberales abogan por el acercamiento con Rusia y, en diversos grados, se oponen al apoyo continuo a Ucrania.
La reelección de Trump en 2024 ha proporcionado un fuerte impulso al pensamiento y la política no liberales en Europa. Queda por ver si estas fuerzas podrán capitalizar este impulso para expandir su influencia y capturar más gobiernos en los próximos años, o si en cambio serán limitadas por el impacto negativo de las políticas de la administración Trump impulsadas por el interés de America First [Estados Unidos primero].
Para China, la ideología y política no liberales de Europa tienen una historia más larga que en Estados Unidos, ofreciendo valiosos puntos de referencia. Un patrón claro es que varios partidos y Estados no liberales importantes son particularmente amigables hacia China. Hungría se destaca como el gobierno más prochino de Europa, y Serbia comparte una orientación similar. La AfD de Alemania también ha mantenido una postura consistentemente positiva hacia el país asiatico a lo largo de los años. Por supuesto, hay partidos no liberales que son más agresivos con China, como los de Polonia e Italia, pero incluso estos no han sido más duros que los regímenes liberales, incluida la propia UE. Del mismo modo, algunos gobiernos liberales tradicionales han sido relativamente moderados, como España, que mantiene una relación sólida con Beijing.
Rusia y otras fuerzas no liberales occidentales
En la fragmentación y evolución en curso del espectro ideológico global, Rusia es indiscutiblemente un actor central. Si tuviéramos que ubicar a los países en el emergente gran espectro de izquierda y derecha, Rusia indudablemente caería en el extremo más a la izquierda entre las fuerzas revolucionarias antiliberales. En la transformación global del espectro ideológico, Rusia se destaca como el sujeto más digno de estudio y análisis. En la era posterior a la Guerra Fría, ha experimentado uno de los ciclos más completos de transformación nacional. Con el colapso de la Unión Soviética, la ideología de Rusia se inclinó por completo hacia el liberalismo occidental. Su sistema político, estructura económica y valores socioculturales fueron modelados exhaustivamente según los de Occidente. Económicamente, el neoliberalismo de Rusia ha ido incluso más lejos que el de Estados Unidos. Sin embargo, durante la década de Yeltsin en el poder, el Estado ruso sufrió un declive dramático, pasando de ser una superpotencia global a algo cercano a un Estado fallido. Aun así, cuando Putin asumió la presidencia en el año 2000, inicialmente continuó por el camino de la occidentalización, incluso expresando su disposición a unirse a la OTAN.8
Sin embargo, Rusia contrasta fuertemente con los otros antiguos Estados soviéticos. Mientras que algunos países más pequeños de Europa del Este abrazaron plenamente el liberalismo y posteriormente fueron absorbidos económica, cultural y estructuralmente en el orden occidental, el tamaño y la trayectoria histórica de Rusia hicieron que una integración tan rápida fuera inviable. Lo que no puede integrarse debe protegerse. En las más de dos décadas posteriores a la Guerra Fría, Occidente abandonó la postura y las promesas hechas de no expandir la OTAN después del fin de la Guerra Fría.9 Al contrario, la OTAN se expandió hacia el este para incluir a la mayoría de los antiguos países del Pacto de Varsovia y a muchas antiguas repúblicas soviéticas, presionando así contra las fronteras rusas.
Al mismo tiempo, la propia situación de Rusia experimentó cambios significativos. Putin lideró al país hacia una amplia recuperación económica y social mediante la centralización del poder y aprovechando eficazmente el aumento de los precios de la energía provocado por el crecimiento económico global. El estatus internacional de Rusia mejoró correspondientemente. Durante este proceso de colapso y recuperación, las élites rusas y varios estratos sociales comenzaron a reflexionar sobre la occidentalización integral que siguió a la Guerra Fría.10
Políticamente, Rusia no pudo atravesar de inmediato la Constitución liberal establecida después del fin de la Guerra Fría. Sin embargo, la administración de Putin utilizó varios mecanismos legales para eludir la intención liberal de la Constitución y lograr los resultados políticos no liberales que Rusia requería. El ejemplo más llamativo es la continuidad de Putin en el poder mediante el intercambio estratégico de los roles presidencial y de primer ministro con Dimitri Medvédev. Socialmente, Putin consolidó la sociedad civil liberal una vez muy fragmentada, que había estado en oposición al gobierno, y la reformó en una estructura social relativamente unificada. Los medios de comunicación también han pasado gradualmente de su anterior orientación liberal a un ecosistema, en gran medida, alineado con los intereses generales del Estado. La dimensión económica es relativamente compleja. En la década posterior a la Guerra Fría, la privatización llevó a que la economía de Rusia fuera controlada por el capital occidental y por oligarcas, transformándola efectivamente en una economía neoliberal extrema. Después de llegar al poder, Putin eliminó a oligarcas con ambiciones políticas, consolidó a quienes estaban dispuestos a desarrollarse bajo la autoridad del Estado y reconstruyó varias empresas estatales, principalmente en el sector energético (Kotz y Weir, 2015). La economía rusa se recuperó relativamente rápido durante los dos primeros mandatos de Putin.
En términos de valores culturales, la era de Putin presenció el restablecimiento de la cultura tradicional central de Rusia. El cristianismo ortodoxo ruso ha llegado a configurar un sentido integral de identidad en todos los aspectos de las estructuras políticas y sociales del país. Desde el colapso de la ideología soviética, pasando por una fase de transformación liberal total, hasta el regreso a sus tradiciones religiosas y culturales milenarias, y construyendo sobre esta base una cohesión social sostenible, Rusia ha logrado una transformación notable. En términos de valores culturales, se ha convertido en un Estado ideológicamente emblemático para las fuerzas no liberales y antiliberales de todo el mundo. Muchas de las políticas antiwoke de Moscú resuenan fuertemente con quienes no suscriben al liberalismo en Occidente.11 Los movimientos políticos no liberales en varios países europeos generalmente consideran a Rusia como aliada ideológica, un sentimiento compartido también por numerosas instituciones antiliberales y figuras antiwoke en Estados Unidos.12
Desde el plan de la OTAN de continuar la expansión hacia el este, en 2008, hasta el conflicto de Crimea, en 2014, las tensiones entre Rusia y la alianza militar occidental liderada por Estados Unidos alcanzaron un punto de ebullición durante el conflicto de Ucrania en 2022, culminando en una ruptura completa. Sobre la base de sus fundamentos políticos, económicos y culturales, esta ruptura con Occidente ha convertido a Rusia en la principal potencia no liberal o antiliberal del mundo, ocupando una posición distinta y fundamental en el emergente nuevo gran espectro ideológico de izquierda y derecha, y al continuar dando forma a su evolución en todo el mundo.
Ideológicamente, Hungría es ahora el país más estrechamente alineado con Rusia. Bajo el liderazgo de Orbán, Hungría ha experimentado una transformación política, cultural y social integral, reclamando un modelo de gobernanza y una identidad ideológica caracterizados como democracia no liberal (Szelényi, 2022). Con el continuo ascenso del movimiento MAGA, es probable que las fuerzas no liberales en las sociedades occidentales emerjan en mayor número, y algunas pueden ganar poder político. Esto promoverá y solidificará aún más la formación del nuevo gran espectro ideológico de izquierda y derecha a nivel práctico.
La trayectoria de la evolución y el desarrollo ideológico de Rusia tiene implicaciones profundas para China, y viceversa. El colapso de la Unión Soviética y las consecuencias de su liberalización total influyeron profundamente en los círculos políticos e intelectuales de China. El compromiso de Beijing con la globalización después de la década de 1990, mientras mantenía el liderazgo del Partido Comunista y la ideología del socialismo con características chinas, estuvo, en gran medida, moldeado por las lecciones extraídas de las experiencias soviética y rusa. Durante la última década, China y Rusia se mantuvieron unidas en resistir el dominio unipolar de la ideología liberal occidental a pesar de sus propias diferencias en ideología y sistemas políticos. La estrecha asociación forjada entre ambos países en la era posterior a la Guerra Fría, junto con el notable éxito de desarrollo de China, ha proporcionado a Rusia un ejemplo poderoso para su propia reflexión sobre la liberalización.13
El Sur Global
El Sur Global abarca a la gran mayoría de países y regiones fuera de las naciones occidentales y Japón. Incluye a los Estados africanos más pobres, las potencias petroleras más ricas de Asia Occidental, potencias militares como Rusia y, por supuesto, los dos grandes países en desarrollo, China e India. El Sur Global es altamente diverso, con vastas diferencias en cultura, religión, historia, etnicidad, fundamentos económicos y estructuras sociales. Ideológicamente, muchos países del Sur Global estuvieron alguna vez atrapados dentro del espectro político de izquierda y derecha del siglo XX por diversas razones. Algunos fueron antiguamente colonias occidentales, fuertemente influenciadas por los sistemas políticos occidentales. Otros tomaron partido durante la Guerra Fría, ya sea adoptando la ideología de izquierda de la Unión Soviética o los sistemas capitalistas y valores de Estados Unidos y Occidente. Lo más importante es que, después de la Guerra Fría, la mayoría de los países en desarrollo abrazaron la tesis del “fin de la historia”, trasplantando sistemas políticos liberales occidentales en su totalidad a sus propios países, muchos incluso copiaron Constituciones textualmente (Li, 2023: 18-21). Esto llevó a la replicación artificial del “pequeño espectro de izquierda y derecha” occidental en muchas naciones del Sur Global.
A medida que este espectro posterior a la Guerra Fría se colapsa rápidamente, la trayectoria del Sur Global merece una atención cercana. La mayoría de los países del Sur Global se desvinculará gradualmente de la ideología liberal y se desplazará hacia el lado no liberal y antiliberal del nuevo gran espectro de izquierda y derecha. Hay dos razones principales para esto. Primero, la mayoría de los países del Sur Global carecen inherentemente de los “genes” ideológicos del liberalismo. Sus valores y sistemas liberales fueron trasplantados en lugar de ser de cosecha propia. Las culturas y valores de muchos de estos países son fundamentalmente antiliberales. El mundo islámico es un ejemplo llamativo: países como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, a pesar de sus estrechos vínculos económicos y de seguridad con Estados Unidos, han resistido con éxito la política y los valores liberales a nivel ideológico. La mayoría de los países islámicos, como Indonesia, Malasia y Turquía, probablemente se mueven en una dirección no liberal o incluso antiliberal. La segunda razón es que el abrazo de la ideología e instituciones liberales posterior a la Guerra Fría arrojó resultados decepcionantes y un desarrollo económico insatisfactorio. En marcado contraste, China, que rechazó el liberalismo, ha emergido como la ganadora de la globalización, un hecho cuyo significado se vuelve cada vez más claro (Li, 2023: 37-45).
La relación ideológica entre China y el Sur Global ha evolucionado a través de tres etapas. Después de la fundación de la República Popular, China participó activamente y ayudó a liderar el pensamiento político del Tercer Mundo. Comenzando con la Conferencia de Bandung, China fue miembro central del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL). Aunque su postura difería de la de la Unión Soviética dentro del marco de la Guerra Fría, la orientación de China era claramente de izquierda y socialista. En la era posterior a la Guerra Fría, China se distanció ideológicamente de los antiguos países de izquierda del Tercer Mundo, mientras se integraba económicamente en la economía globalizada liderada por Occidente. Políticamente, sin embargo, China rechazó la ideología liberal que Occidente buscaba universalizar, mientras la gran mayoría de los países en desarrollo adoptaron el liberalismo e implementaron sistemas políticos basados en él. Desde el XVIII Congreso Nacional del PCCh, la relación de China con el Sur Global ha entrado en una tercera etapa. A través de iniciativas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, las Tres Iniciativas Globales y la visión de una Comunidad con un Futuro Compartido para la Humanidad, China y el Sur Global en general están dando forma a una era completamente nueva de pensamiento político, una que será inherentemente no liberal y trascenderá el espectro de izquierda y derecha del siglo XX.
El nuevo gran espectro ideológico: liberalismo versus no liberalismo
En los medios de comunicación globales, la academia, los círculos políticos e incluso los sectores corporativos y financieros, parece estar emergiendo un nuevo gran espectro ideológico de izquierda y derecha. La derecha consiste en el campo unipolar liberal universalista, mientras que la izquierda está compuesta por fuerzas multipolares no liberales y antiliberales. En el frente ideológico, las y los representantes de derecha continúan defendiendo la estructura unipolar liberal de la era posterior a la Guerra Fría y persisten en promover la universalización de la ideología liberal y los sistemas políticos en todo el mundo. Las fuerzas políticas más influyentes dentro de este campo son el establishment estadounidense, aún poderoso, seguido por los otros países de los Cinco Ojos, las y los aliados estadounidenses en el Pacífico y las fuerzas políticas dominantes dentro de la Unión Europea. La izquierda, por el contrario, consiste en un amplio campo de diversos gobiernos y fuerzas políticas alejadas de los postulados liberales y abiertamente antiliberales. Mientras que las diferencias internas dentro de la derecha radican principalmente en grados, la izquierda exhibe una diversidad mucho mayor. Lo que une a la derecha es un interés compartido en mantener el dominio ideológico del liberalismo en el mundo, aunque en diversos grados. Lo que une a la izquierda, por otro lado, es un interés compartido en rechazar la hegemonía unipolar liberal, aunque sus visiones para el futuro difieren.
Las diferencias dentro de la derecha pueden categorizarse ampliamente en dos campos: quienes suscriben el universalismo de línea dura y quienes abogan por la coexistencia multipolar. La anterior administración Biden y las fuerzas políticas dominantes de la UE están alineadas con quienes suscriben el universalismo de línea dura, como lo evidencia su postura hacia China. En los últimos años, Estados Unidos, la alianza de los Cinco Ojos, la OTAN, Australia, el establishment de la UE y ciertos Estados miembros de la Unión Europea han posicionado cada vez más a China como competidora o adversaria estratégica. En sus documentos de política, más allá de destacar los conflictos de interés con China, citan consistentemente la ideología como uno de los criterios principales para designarla como adversaria.14
Al pedir a las y los aliados que se unan para contener a China, ya sea por intereses comerciales o militares, invocan rutinariamente los valores compartidos como grito de guerra clave. Quienes abogan por la coexistencia multipolar son las y los moderados dentro de la derecha. Si bien creen en los valores liberales y apoyan políticas y leyes basadas en la ideología liberal a nivel interno, adoptan un enfoque más moderado hacia la universalización del liberalismo. Se oponen a la imposición agresiva de la ideología liberal sobre otras naciones a través de medios económicos o militares y, en cambio, favorecen la coexistencia pacífica con países y sociedades no liberales. El gobierno de Pedro Sánchez en España, el partido de izquierda de Francia liderado por Jean-Luc Mélenchon, Nueva Zelanda dentro del grupo de los Cinco Ojos, y las y los aliados de Estados Unidos en Asia-Pacífico, como Corea del Sur y Japón, pueden, en diversos grados, clasificarse como defensores de la coexistencia multipolar. La administración de derecha de Javier Milei en Argentina está ideológicamente alineada con el liberalismo extremo, particularmente en su abrazo de políticas económicas neoliberales radicales. Si bien inicialmente fue muy antagónica hacia China, ha adoptado una postura relativamente más moderada después de asumir el cargo y probablemente pueda clasificarse como parte del campo de coexistencia multipolar.
El ala izquierda del nuevo gran espectro de izquierda y derecha también está fragmentada y puede categorizarse tentativamente en tres grupos principales: fuerzas políticas antiliberales que emergen dentro de Occidente, grandes potencias que han experimentado sus propias transformaciones y exploradores que buscan nuevos caminos de progreso. El primer grupo consiste en el movimiento MAGA de Estados Unidos y varios gobiernos y partidos no liberales y antiliberales en Europa. El segundo grupo comprende China y Rusia. El tercer grupo incluye a la mayoría de los países en desarrollo del Sur Global. Las diferencias entre estos tres grupos radican en las distintas fuerzas impulsoras detrás de sus orientaciones no liberales o antiliberales.
El primer grupo incluye a las fuerzas políticas antiliberales que emergen continuamente dentro de Estados Unidos y varios países europeos. Su lucha ideológica se dirige a sus propias élites del establishment liberal, y creen que el orden global liberal establecido por estas élites ha traicionado los intereses de su propio pueblo y vendido la soberanía nacional en beneficio de su propia clase. Económicamente, en general, se oponen al neoliberalismo, argumentando que el fundamentalismo de mercado extremo ha vaciado las industrias nacionales, concentrado la riqueza en manos de una pequeña élite y erosionado las estructuras sociales. Al mismo tiempo, sienten que los valores liberales de la élite han evolucionado hacia el wokeísmo extremo y las políticas migratorias que promueven la apertura a culturas extranjeras, llevando a la erosión de las culturas nacionales tradicionales.
En el segundo grupo, China y Rusia han tenido experiencias fundamentalmente diferentes bajo el orden liberal. China logró un rápido desarrollo dentro del marco de la globalización liderada por Occidente mientras preservaba su sistema político. Rusia, por el contrario, adoptó sistemas políticos occidentales pero sufrió golpes severos, casi fatales, a su economía y seguridad. China busca construir sobre su éxito y continuar desarrollándose, pero enfrenta obstrucciones duales de Estados Unidos y Occidente. Las fuerzas políticas liberales ven a China como adversaria ideológica y estratégica, mientras que las fuerzas políticas antiliberales la ven como rival principalmente debido a intereses económicos. La guerra comercial de Trump fue impulsada principalmente por esta última. Rusia, habiendo aprendido de su experiencia, se ha separado ideológicamente del liberalismo, convirtiéndose en el epicentro de la ideología antiliberal global y objetivo principal del sistema occidental.
Este conflicto es irreconciliable y no deja espacio para concesiones. Sin embargo, las fuerzas antiliberales occidentales del primer grupo no tienen disputas ideológicas fundamentales con Rusia. En muchas áreas, incluso comparten puntos en común. Si bien sus intereses no están completamente alineados con los de Rusia, tampoco son completamente opuestos. Este entendimiento ideológico tácito y el espacio para la concesión sobre intereses se reflejan claramente en las posiciones actuales de Estados Unidos y Rusia sobre el conflicto en Ucrania. Sin embargo, queda por ver si su relación se moverá hacia el compromiso o hacia un mayor conflicto.15
El tercer grupo, compuesto por países en desarrollo del Sur Global, es tan grande como altamente diverso. La mayoría de estos países vio resultados de desarrollo decepcionantes tras la adopción de sistemas políticos liberales después de la Guerra Fría. Muchas naciones del Sudeste Asiático, África y América Latina abarcan el espectro político tradicional de izquierda y derecha, pero su desarrollo ha sido limitado por el marco político liberal. Como resultado, todas están explorando nuevas ideas y modelos alternativos. Los ejemplos incluyen el gobierno de Argentina, que emergió de la derecha tradicional; el gobierno de Sudáfrica, arraigado en la izquierda tradicional; y países asiáticos como Malasia, Indonesia, Tailandia e India, cada uno con tradiciones culturales y religiosas únicas. Todos están experimentando con enfoques de gobernanza no liberales dentro de los marcos de sus sistemas políticos liberales posteriores a la Guerra Fría. Además, algunos países que han rechazado completamente la ideología liberal y los sistemas políticos, como los principales Estados islámicos, Arabia Saudita e Irán, así como países tradicionalmente de izquierda como Venezuela, también están explorando activamente y experimentando con ideologías e instituciones adecuadas para su supervivencia y desarrollo en la era posterior al gran espectro de izquierda y derecha.
A pesar de su vasta diversidad interna, los países dentro de este grupo comparten una característica común: la negativa a aceptar una ideología universal, un sistema político o un orden global unipolar impuesto sobre ellos o trasplantado desde fuera. Este rechazo de la universalidad y la unipolaridad define un nuevo bloque no liberal dentro del Sur Global, uno que puede posicionarse a la izquierda del nuevo espectro ideológico.
Multipolarismo y reglobalización del siglo XXI
El mundo está experimentando una transformación profunda marcada por la fragmentación en todos los frentes. Observar el presente y predecir el futuro es tan difícil como ver la Osa Mayor desde el sur. Propongo una hipótesis: el espectro ideológico global está en transición. Las alas izquierda y derecha del nuevo espectro están divididas por sus visiones diferentes para el futuro del orden mundial. La izquierda busca un orden mundial multipolar (multipolarismo), mientras la derecha pretende preservar un orden mundial unipolar (unipolarismo). El núcleo ideológico del unipolarismo es el liberalismo, que abarca el conjunto completo de valores liberales junto con sus pretensiones de universalidad y singularidad. La izquierda, por el contrario, es extremadamente diversa, abarcando todas las ideologías y valores más allá del liberalismo, así como ciertas fuerzas políticas que sostienen valores liberales, pero rechazan su universalización. La izquierda incluye elementos tanto antiliberales como no liberales. Estos últimos simplemente se oponen a la naturaleza universal y monolítica del liberalismo. Las ideologías de la izquierda son muy variadas, arraigadas en diferentes tradiciones religiosas, culturales y políticas. Sus intereses también difieren enormemente y a veces incluso chocan. Sin embargo, su mayor denominador común es la oposición a la unipolaridad liberal. Podemos intentar ubicar a todas las naciones, partidos políticos u otras formas de poder político en este nuevo espectro de izquierda y derecha.
Dentro de este marco, la tensión entre multipolarismo y unipolarismo constituirá la contradicción principal en la primera mitad del siglo XXI. Histórica y prácticamente, China está destinada a ser una fuerza importante a favor del multipolarismo. A nivel práctico, las últimas décadas de globalización se han construido sobre una base ideológica de liberalismo. Sin embargo, el modelo unipolar actual de globalización se ha vuelto insostenible. Curiosamente, es la administración MAGA liderada por Trump en Estados Unidos la que ahora está trabajando más arduamente para desmantelar el orden mundial unipolar, creyendo que la unipolaridad no sirve a los intereses de la población que representa. Si bien MAGA considera a China como rival, el mundo que vislumbra también es multipolar, muy parecido a la visión de China. MAGA promueve un mundo multipolar a través de la desglobalización, lo cual, sin embargo, entra en conflicto con los objetivos de China.
China y la abrumadora mayoría de los países del Sur Global deben continuar desarrollándose, lo que requiere mejorar aún más la conectividad. Mientras tanto, la humanidad enfrenta desafíos globales existenciales, incluidos el cambio climático, la proliferación nuclear, la inteligencia artificial y otros, que requieren cooperación entre las naciones. Bajo la actual ola de desglobalización promovida por Estados Unidos y Occidente, China y el Sur Global deben defender una reglobalización fundamentada en una narrativa ideológica multipolar, buscando tanto el desarrollo sostenido como soluciones a las crisis existenciales de la humanidad. Históricamente, China ha sido tanto la originadora como la defensora de un orden mundial multipolar. En marzo de 1990, Deng Xiaoping (邓小平) se convirtió en el primer líder político del mundo en introducir formalmente el concepto de “multipolaridad” (Deng, 1993: 353).
En un momento en que el orden global estaba en transición de la bipolaridad a la unipolaridad, la visión de Deng de un mundo multipolar fue notablemente visionaria. Desde entonces, la búsqueda de la multipolaridad se ha convertido en piedra angular de la teoría política internacional y la estrategia de China (Yu, 2022). En 1997, un nuevo orden global basado en la multipolaridad se introdujo formalmente en el escenario mundial a través de una declaración conjunta sino-rusa (Declaración Conjunta, 1997).
Avanzando 30 años, China ha propuesto importantes iniciativas globales que concretan y estrategizan la visión de un mundo multipolar en tres dimensiones clave: desarrollo, seguridad y civilización.16
Estas iniciativas articulan la visión de China de un multipolarismo inclusivo y pluralista, que contrasta y se opone marcadamente al mundo unipolar liberal. Representan el único camino viable para que la humanidad sostenga el desarrollo y supere las crisis existenciales. China también es la nación más capaz de liderar hoy activamente la construcción de un orden multipolar. Su experiencia de participar con éxito en la globalización mientras mantiene su propio sistema político y camino ofrece lecciones valiosas para muchas naciones del Sur Global. En tiempos modernos, China combinó la ideología comunista con la lucha por la liberación nacional para lograr la fundación del Estado moderno. En tiempos contemporáneos, ha integrado aún más el marxismo y la economía de mercado con la cultura tradicional china.17
Esto representa una encarnación y ejemplo clave de los fundamentos pluralistas necesarios para la reglobalización. Para lograr la visión de un orden mundial multipolar, el interés estratégico de China radica en unir a todas las fuerzas que puedan unirse ideológicamente. Las contradicciones son inevitables entre los Estados multipolares y las fuerzas políticas, y atravesarán fases de tensión, conflicto y compromiso. Sin embargo, la contradicción principal en el mundo de hoy es entre el multipolarismo y el unipolarismo. Solo la victoria del multipolarismo puede lograr una reglobalización del siglo XXI, alineada con los intereses a largo plazo tanto de China como del mundo, y allanar el camino para construir una comunidad con un futuro compartido para la humanidad.
Notas
1Jennifer Mittelstadt, historiadora de la Universidad Rutgers en Estados Unidos, llevó a cabo el proyecto de investigación titulado “Soberanía y subversión: la agenda global de la derecha de base”, que ofrece un estudio profundo de los movimientos soberanistas de derecha occidentales. Su artículo de opinión en The New York Times presenta una visión sistemática del movimiento soberanista de derecha estadounidense (Mittelstadt, 2025).
2Esta noción de soberanismo difiere de la “facción soberanista” discutida anteriormente. Se refiere a una doctrina de soberanía nacional promovida por Estados Unidos después de la Guerra Mundial Antifascista en oposición al internacionalismo soviético. Un estratega representativo de este pensamiento fue Hans Morgenthau (1948: 341-365).
3Nota editorial: Los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica se esbozaron por primera vez en el Acuerdo Sino-Indio de 1954, conocido en hindi como Panchsheel. Estos principios incluyen: respeto mutuo a la integridad territorial y la soberanía, no agresión mutua, no injerencia mutua en los asuntos internos, igualdad y cooperación para el beneficio mutuo, y coexistencia pacífica.
4En septiembre de 1993, Anthony Lake, entonces asistente del presidente para asuntos de seguridad nacional, pronunció un discurso titulado “De la contención a la expansión”, que marcó un cambio estratégico en la política exterior estadounidense desde la doctrina de contención de la era de la Guerra Fría hacia una estrategia más proactiva de expansión. Este nuevo enfoque enfatizaba el apoyo a la democracia liberal y las economías de mercado, y buscaba dar forma a un orden mundial alineado con los valores e intereses estadounidenses a través del poder económico y la cooperación multilateral (Lake, 1993).
5El historiador británico Paul Kennedy propuso la teoría de la “hiperextensión imperial”, argumentando que los Estados hegemónicos en la historia a menudo declinaron debido a un desequilibrio entre los compromisos externos y los recursos internos. Advirtió que Estados Unidos podría seguir una trayectoria similar. Esta perspectiva desencadenó un intenso debate entre estrategas y políticos en Estados Unidos durante los últimos años de la Guerra Fría (Kennedy, 1988).
6Desde la crisis financiera global de 2008, Europa ha visto un aumento de obras políticas e intelectuales que reflexionan sobre el liberalismo, expresando preocupación por el multiculturalismo, la globalización y la erosión de la identidad nacional. Por ejemplo, el comentarista francés de derecha Éric Zemmour criticó duramente el liberalismo y la política migratoria en La France n’a pas dit son dernier mot [Francia no ha dicho su última palabra] (2021). El exmiembro de la junta directiva del Bundesbank alemán Thilo Sarrazin argumentó en Deutschland schafft sich ab [Alemania se autodestruye] (2010) que la inmigración musulmana a gran escala socavaría la cultura, la educación y la cohesión social de Alemania (Zemmour, 2021; Sarrazin, 2010).
7El 26 de julio de 2014, en la 25ª Universidad Libre de Verano de Bálványos y Campamento Estudiantil, Viktor Orbán introdujo el concepto de “no liberalismo”, afirmando que Hungría estaba construyendo un Estado no liberal. Citó a países como Singapur y China como modelos exitosos que habían logrado el desarrollo económico sin ser Estados liberales.
8Tras los ataques del 11 de septiembre, Putin declaró rápidamente en un discurso televisado su apoyo a la coalición antiterrorista liderada por Estados Unidos. Expresó la voluntad de Rusia de ayudar a la Alianza del Norte, permitir el acceso militar estadounidense a Asia Central y señaló interés en asegurar concesiones estadounidenses sobre comercio y seguridad a cambio de cooperación antiterrorista. Estas incluían el levantamiento de las restricciones comerciales de la era de la Guerra Fría, la reestructuración de la deuda, la adhesión a la Organización Mundial del Comercio y, lo más crucial, un aplazamiento o cancelación de la expansión hacia el este de la OTAN. Putin incluso dejó abierta la posibilidad de que Rusia finalmente se uniera a la OTAN (Baker y Glasser, 2005: 83-84).
9En 1990, el entonces secretario de Estado estadounidense James Baker planteó una garantía informal a Mijaíl Gorbachov de que la OTAN no se expandiría “ni una pulgada hacia el este”. En las décadas que siguieron, sin embargo, la OTAN se expandió constantemente e inició “diálogos intensivos” con Ucrania y Georgia, acercando las fronteras militares a las puertas de Rusia. Para muchas élites rusas, esto fue una violación fundamental del consenso de seguridad europeo de posguerra. La presión estratégica resultante intensificó el sentido de inseguridad de Rusia (Colton, 2016: 121-125).
10Por ejemplo, Alexander Dugin (2012), figura destacada del “neoeuroasianismo”, argumentó que la civilización rusa es distinta tanto de Oriente como de Occidente y debe fundarse en los valores del Estado, la nación y la religión para resistir la invasión cultural y política occidental. Yevgeny Primakov (2008) promovió la idea de un “mundo multipolar”, enfatizando que Rusia debería actuar como una gran potencia independiente en los asuntos internacionales en lugar de seguir un orden unipolar liderado por Estados Unidos.
11En su discurso de 2013 en el Club de Discusión Valdai, Putin criticó explícitamente a los países europeos por “rechazar sus raíces, incluidos los valores cristianos” y enfatizó que Rusia debe defender los valores que se han desarrollado durante milenios. En el mismo año, Rusia aprobó una ley anti-LGBTQ+ que prohibió “promover relaciones sexuales no tradicionales” a menores de edad. En 2023, Rusia implementó una prohibición total del cambio legal de género para personas transgénero e impuso restricciones a las intervenciones médicas relacionadas.
12Por ejemplo, la representante Marjorie Taylor Greene (2024), del campo MAGA, elogió públicamente a Rusia como “firme defensora del cristianismo”. El exasesor de seguridad nacional Michael Flynn (2023) también elogió repetidamente a Putin en discursos públicos por “defender a Dios y a la familia”. En 2024, la destacada personalidad mediática estadounidense Tucker Carlson (2024) viajó a Moscú para entrevistar personalmente a Putin, amplificando aún más el papel simbólico de Rusia como “aliada de la cultura antiwoke”.
13Sergei Glazyev, entonces asesor económico del presidente ruso, argumentó que el éxito de China, caracterizado por el desarrollo liderado por el Estado, la política industrial a largo plazo y una estrategia global centrada en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, ofrecía un modelo institucional viable para Rusia. En un discurso en el Foro Económico de Moscú, enfatizó que la experiencia de China en canalizar crédito hacia la economía real y frenar las burbujas financieras vale la pena de ser emulada mientras Rusia persigue su propia modernización (2023).
14Por ejemplo, en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (2022) se afirmó que China es “la única competidora tanto con la intención de remodelar el orden internacional como, cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para avanzar ese objetivo”. En 2019, la Comisión Europea publicó EU-China: A Strategic Outlook [UE-China: una perspectiva estratégica], que por primera vez etiquetó a China como rival sistémica y competidora que intenta promover modelos alternativos de gobernanza.
15Desde una perspectiva ideológica, la administración Trump alineó su narrativa más estrechamente con Rusia y, en busca de intereses estratégicos, estuvo dispuesta a sacrificar a Ucrania a cambio de una distensión con Moscú. Sin embargo, las fuerzas del establishment liberal dentro de Estados Unidos y la Unión Europea se opusieron firmemente a esta posición.
16En la Iniciativa Global de Desarrollo, China enfatiza principios como “el desarrollo primero” y “tecnología para todos”, con el objetivo de reestructurar el modelo global centro-periferia y reducir la dependencia de los países en desarrollo de un sistema financiero y tecnológico único. La Iniciativa Global de Seguridad avanza en conceptos como “seguridad común”, “seguridad indivisible” y “liderazgo regional”, con el objetivo de promover la gobernanza global multicéntrica y coordinada. Mientras tanto, la Iniciativa Global de Civilización aboga por la diversidad e igualdad civilizacionales, critica la exportación de valores, la hegemonía cultural y la demarcación ideológica, y busca romper el monopolio del paradigma liberal sobre el discurso global. En conjunto, las tres iniciativas constituyen una visión trinitaria de la gobernanza global con características chinas, reflejando una visión del orden internacional centrada en la descentralización, la multipolaridad y la desideologización.
17En su discurso que marcó el centenario de la fundación del PCCh, el presidente Xi Jinping hizo una importante propuesta teórica: integrar los principios básicos del marxismo con las realidades concretas de China y con la excelente cultura tradicional china, formulación conocida como las Dos Integraciones.
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Eric Li (李世默) es politólogo radicado en Shanghái. Es fundador y presidente de Guancha, una de las plataformas mediáticas más grandes de China. Es miembro del consejo de administración del Instituto de China de la Universidad de Fudan y presidente de su consejo asesor. También es miembro del consejo de administración de la Asia Society Hong Kong y miembro de la junta directiva de la Escuela de Negocios de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China (USTC por su sigla en inglés). Colabora frecuentemente con plataformas mediáticas internacionales.
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