Salvador López Arnal (Espai Marx), 12 de Abril de 2026

Reseña de Jaume Asens, Los años irrecuperables. Barcelona: Península, 2025, 509 páginas (prólogo de Santiago Alba Rico)

Más allá de acuerdos y desacuerdos, Los años irrecuperables (¿no lo son todos?) es un ensayo autobiográficode indudable interés para cualquier lector/a al que no le sean indiferentes los avatares de la política española (incluida la catalana por supuesto) en lo que llevamos de siglo y los decires, haceres y conflictos (y algunos encontronazos) de las formaciones de las izquierdas que se dicen transformadoras, especialmente en el entorno de Comunes, Podemos y Sumar. (El lector verá numerosas referencias a Ada Colau (muy elogiada siempre), Pablo Iglesias, Iñigo Errejón, Yolanda Díaz, Alberto Garzón, Jèssica Albiach, etc. Los dos primeros nombres los más citados, junto a Pedro Sánchez. El buen índice onomástico puede serles de ayuda.
El contenido (tomo pie en lo señalado por el propio autor): «Este libro trata del largo y tortuoso despertar de un grupo de jóvenes que, henchidos por la pasión política, nos organizamos para luchar contra las injusticias del mundo a finales de los noventa del siglo XX y principios del XXI.» Sin apenas saberlo, añade, se convirtieron en activistas (el término-concepto que usa por militante): «personas que se entregan en cuerpo y alma a las luchas sociales para defender a los oprimidos, vencidos o perseguidos. Pero jamás nos sentimos héroes. Ni entonces, ni ahora. Éramos gente común. Deseábamos ser recordados simplemente como personas que quisimos ser libres para que otros también pudieran serlo.» Este lector piensa que, por lo contado, sí se sintieron héroes o, cuanto menos, gentes casi imprescindibles, renovadores y siempre lúcidos.
Es casi innecesario presentar al autor. Lo que se señala en la solapa interior del libro: «Jaume Asens (JA a partir de ahora) es abogado, politólogo, filósofo y político. Licenciado en Derecho y Filosofía por la Universidad de Barcelona y doctorando en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra, comenzó su carrera como abogado penalista, cofundando el despacho Francesc Layret y participando en casos emblemáticos relacionados con la memoria histórica y la lucha contra la corrupción». Demasiados miembros conjuntados en la frase inicial, en mi opinión, y tal vez una referencia evitable a ser doctorando de Ciencias Políticas en la UPF.
JA ha sido, además, uno de los impulsores de Guanyem [Ganemos] Barcelona, la formación que dio origen a Barcelona en Comú. Lleva años en la política institucional: ocupó el cargo de tercer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, diputado en el Congreso de Diputados y es actualmente eurodiputado por Comuns-Sumar en el Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea (Verdes/ALE), grupo que no parece que destaque por sus posiciones de izquierda en política internacional. (Dicho entre paréntesis: esta es una de las estafas a las que estamos sometidos los electores catalanes en las elecciones europeas desde los tiempos de Raül Romeva (o acaso antes): si se quiere votar la lista de Izquierda Unida (o formación afín) no queda otra que votar una lista .Cat en la que el candidato elegido se pasa al día siguiente al grupo de Los Verdes, no a la formación por la que ha sido votado).
Además del prólogo de Santiago Alba Rico (que es justo leer), forman Los años irrecuperables un prefacio, la introducción («Habitar la trinchera»), seis capítulos, los agradecimientos, la bibliografía y el ya citado índice onomástico. Los capítulos: 1. Rebelión en las aulas. 2. Activismo con toga: la lucha desde los juzgados. 3. Sí se puede: el 15M y el salto a la política. 4. La renovación política: los partidos nacidos del 15M. 5. La llegada al gobierno de Pablo Iglesias. 6. El nuevo gobierno de coalición y mi retorno a la política.
Todo lo que JA cuenta de su lucha y fuerte compromiso con los sectores más vulnerables de nuestra sociedad interesarán (y, por momentos, emocionarán) al lector. No sobra nada. Lo mucho que cuenta sobre los avatares de una buena parte de las fuerzas, colectivos y personalidades de la izquierda española y catalana serán también de interés. En todo lo que explica sobre el procés y el procesismo no hallará el lector nada distinto de lo que suele explicar alguien próximo (o incluso muy próximo) a la ideología soberanista y confederalista (en ocasiones, secesionista).
Algunas observaciones críticas (una selección, la lista podría ser más larga):
Una consideración, entre otras, de las que exigen matices y generan sorpresa: «Nunca tuve un póster del Che Guevara en las paredes de mi dormitorio. No quería repetir los errores de quienes cegados por sus ideales construyeron un orden despótico. El asalto de los cielos pronosticado por Marx en la práctica fue un descanso al inframundo. Una montaña en ruinas.» (p. 27). ¿Ernesto Guevara fue un constructor (cegado por sus ideas) de un orden despótico? ¿Marx nos aproximó al inframundo?
Hay exceso de autoelogios: «Levantamos un mundo propio con leyes propias de gravitación. Nadie lo había hecho antes. Rompimos el cantado del bipartidismo, el turnismo de los últimos cuarenta años. Con nuestra aparición en la arena política estatal, tocamos el cielo con los dedos.» (p. 32). ¡Leyes propias de gravitación! ¡Nadie antes lo había hecho! ¡Tocaron el cielo con los dedos! Es ese sentirse imprescindibles al que había referencia anteriormente.
Brocha muy gorda en algunos momentos, más si recordamos que JA se presenta como doctorando en Ciencias Políticas por la UPF y es licenciado en filosofía: «El motor de la historia para Sartre era la violencia, para George W. H. Hegel, la guerra.» (p. 55).
Críticas (muy injustas, en mi opinión) a sus mayores: «Somos una generación marcada por la densa atmósfera de la derrota de nuestros antecesores. Como notarios de la muerte de la mayoría de las cosas que dotaron de sentido a las generaciones antecedentes, sentimos el peso de las derrotas acumuladas. No queremos cometer sus mismos errores de arrogancia.» (p. 91). ¡Errores de arrogancia en las generaciones anteriores! ¿Arrogancia de Manuel Sacristán, Manolo López, Francisco Fernández Buey (el que fuera inicialmente su director de tesis), Miguel Candel, José Luis Martín Ramos, Joaquín Miras, Manolo Monereo, Agustín Moreno, Antoni Domènech?
El sistemático (y usual) olvido del papel del PSUC y de CC.OO. en luchas vecinales: «Conductor de autobús [Manuel Vital], en 1978 secuestra una línea de Barcelona para demostrar que el transporte público puede llegar hasta su barrio. Torre Baró, situado en la sierra de Collserola. La película El 47, de Marcel Barrena. Recupera su historia del olvido.» (p. 93). ¿No ha leído JA ninguna de las críticas de izquierda a la película?
Equivalencia de política con política con cargos institucionales. «Es lunes 12 de diciembre de 2005. Aún no me dedico a la política, pero estoy en el Salón de Crónicas del Ayuntamiento de Barcelona. Se ha convocado una audiencia pública para debatir sobre la futura ordenanza de la conveniencia y el civismo.» ¿Lo que explica no es también política? ¿El hacer militante no es política?
Reflexiones de sabor nacionalista: «Es curioso cómo la cuestión nacional impregna las diferentes sensibilidades políticas de este asunto [feminismo, prostitución, regulación abolicionista]». (p. 100).
Simpatías y gustos políticos: «Con el aval de su líder, Oriol Junqueras, su jefe de lista en el Ayuntamiento -Alfred Bosch- es el principal opositor al acuerdo [de un tripartito]… Además, la opción es difícil de explicar -cree- en el contexto de una probable lista unitaria con CiU para las elecciones catalanas. Otros dirigentes republicanos [de ERC] discrepan. Uno de ellos es Toni Comín, cercano ideológicamente a nosotros [amigo del autor]. De hecho, propuse su incorporación a nuestras listas electorales tras romper su carnet socialista. Lo hice también con los ex dirigentes del PSC, Ernest Maragall y Jordi Martí.» (pp. 244-245). El énfasis es mío. En concreto: Ernest Maragall es uno de los peores ejemplos de políticos profesionales catalanes (y a la sombra de su hermano, al que ha manipulado en varias ocasiones). Un neoliberal cegado y falso, como pude comprobar en discusión con él en su visita al Instituto Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet en 2007 (o fecha cercana).
«Memoria selectiva» no es una descortesía del firmante de este texto. Lo señala el propio JA en el prefacio: «Este libro no es de memorias, sino de memoria selectiva. En realidad, ¿no lo son todos? Es imposible contar las cosas como suceden. Podemos contarlas solo tal como nos sucedieron y recordaron. La memoria no es una sirvienta que esté a nuestro servicio. Dispone de voluntad propia, juega al escondite». Lo de «sirvienta que esté a nuestra servicio» es, desde luego, impropio en alguien de izquierdas, ni siquiera vale como metáfora. En todo caso, la memoria, diga lo que diga JA, no tiene voluntad propia y puede ser controlada desde diversas fuentes, lecturas y contrastaciones. Si hablamos de memoria política, es una exigencia.
Su aproximación a Jordi Pujol (no hay error de copia por mi parte): «Con todo, Pujol es un personaje clave en la mejoría del autogobierno catalán. Un político de raza, todoterreno, con todo el país en la cabeza, entregado en cuerpo y alma a su vocación política. Old school… Las figuras políticas no son blanco o negro. Siempre se puede rescatar de ellas algo positivo. Lo comprobé cuando lo conocí personalmente.» (p. 227). ¡Así habla JA del molt ex honorable! El encuentro personal de varias horas se dio «en julio de 2024 en su despacho en la calle Calàbria de Barcelona. Un lugar viejo, humilde y destartalado [habría que verlo]… La acompaña uno de sus siete hijos, el empresario Josep [¡el empresario Josep Pujol Ferrusola!]. Han pasado diez años desde que le interpuse una querella a él y su padre. Por el camino, muere Marta Ferrusola, la madre, y trasciende la operación Cataluña, un complot criminal, con fabricación de pruebas falsas, contra él y el nacionalismo catalán dirigido por el ministro de las cloacas del PP, Jorge Fernández Díaz. Lo denuncio desde el Congreso, expreso mi solidaridad con los afectados y apoyo la creación de una comisión de investigación. Eso, el linchamiento que sufrió tras el caso, y el vacío que le hizo mucha de su gente, me hace sentir empatía por él. Sin simpatía, no hay ética ni humanidad.» (pp. 227-228). ¡Empatía por Jordi Pujol, con su figura y sus prácticas!
Su aproximación a otro expresidente, Carles Puigdemont: «En este momento [2018], yo mantenía una buena relación con Puigdemont [algún día conoceremos el papel de JA en la huída del expresident]. Como teniente de alcalde de Barcelona, ya lo había visitado en Bélgica tras ser cesado como presidente de la Generalitat por la aplicación del 155 en noviembre de 2017… Conectamos rápidamente. Fornido, con cara amable, ojos mansos, voz suave. Su peinado al estilo de los Beatles, con un flequillo recortado y los cabellos desordenados, le imprimía un sello personal. La primera impresión fue que era alguien honesto, sin dobleces, directo, de trato agradable y una conversación fluida. No me costó entenderme con él, a pesar de las profundas [¿profundas?] discrepancias ideológicas. Siempre nos tratamos de modo cordial, con respeto. Hablamos de la posibilidad de que su partido nos ayudara a hacer caer a Rajoy. Le puse en contacto con Pablo Iglesias para acabar de abordar la cuestión. Al final, la moción de censura tiró hacia adelante. Nadie habría entendido que un partido catalanista hubiera sido el flotador del gobierno que, tras el 1 de octubre de 2017, había aplicado de manera implacable el artículo 155.» (pp. 304-305). Los énfasis son míos.¿Implacable aplicación del 155? ¿Cabe en su cabeza que un dirigente de izquierdas transformadora se exprese en esos términos de Puigdemont? No en la mía.
Teniendo en cuenta el período abarcado, es altamente significativa la ausencia de referencias a pensadores y dirigentes de la izquierda tan esenciales como Julio Anguita o Paco Fernández Buey. JA debe considerarles parte de esa vieja generación de arrogantes a los que hace referencia.
Hay también una explicitación detallada de las relaciones afectivas, de los amores, del autor, que algunos lectores pueden considerar innecesarias (incluso de pavoneo) y propias más bien de un ámbito de privacidad. Mi caso, por ejemplo.
¿Estoy desaconsejando la lectura de estos años irrecuperables? No, por supuesto que no. El libro de Jaume Asens explica muy bien las concepciones políticas y existenciales, la concepción y estar en el mundo por decirlo a la manera clásica, de un sector en absoluto marginal de la izquierda española y catalana que afirma ubicarse a la izquierda del PSOE (lo cual, por otra parte, no es niguna pretensión desmesurada).
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