Akram Belkaïd (LE MONDE DIPLOMATIQUE, 8 de abril de 2026
ZARTOSHT RAHIMI. — De la serie “Calling All Angels” (‘Invocar a todos los ángeles’), 2025
En respuesta a los disparos de misiles de Hezbolá contra el norte y el centro de Israel, Tel Aviv lanzó a finales de febrero importantes represalias militares contra el País del Cedro. Intensos bombardeos, incluso sobre Beirut, han provocado la muerte de más de mil personas —al menos doscientas de las cuales eran niños— y el desplazamiento forzado de un millón de habitantes (de una población de menos de seis millones). Los disparos de Hezbolá en respuesta a la muerte del líder supremo iraní Alí Jameneí sorprendieron a los observadores: aunque se creía que el partido estaba debilitado por los reveses sufridos en el otoño de 2024, su decisión de reanudar las hostilidades ha acarreado la ruptura definitiva del alto el fuego al que se llegó a finales de noviembre del mismo año: un alto el fuego, sin embargo, violado diariamente por Tel Aviv con bombardeos, ataques selectivos y la destrucción deliberada de tierras agrícolas en el sur del Líbano.
Cerca de un mes después del inicio de los combates, la estrategia israelí resulta evidente: su propósito es empezar creando una zona tampón completamente despoblada entre la frontera y el río Litani, 30 kilómetros al norte. Según el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, su Ejército se inspira en las operaciones realizadas en Gaza (1). Dicho de otro modo: una destrucción prácticamente total de las construcciones e infraestructuras (carreteras, puentes, etc.) con el fin de volver la vida imposible en esta zona, ya ocupada por los israelíes entre 1978 y el año 2000.
La segunda etapa puede que consista en una invasión militar comparable a la de 1982, y su objetivo oficial probablemente sea el desarme total de Hezbolá. Esta operación —muy arriesgada— pasaría por hacerse con el control de Beirut y su extrarradio sur. Consciente del precio que pagaría la población civil, el Gobierno libanés ha propuesto en vano negociar directamente con su homólogo israelí. En cuanto a Hezbolá, sus dirigentes afirman estar dispuestos a una guerra total y enarbolan la bandera de la resistencia a la ocupación de su país.
Al igual que en Gaza o en Siria, a Tel Aviv —seguro de su superioridad militar— le mueve también una lógica de conquistas territoriales. Antes incluso de la creación de Israel, los promotores del “hogar nacional judío” reivindicaban ya la parte meridional del Líbano actual, en concreto las ciudades de Naqoura, Tiro y Nabatieh. Hoy en día, los partidarios del “Gran Israel” que podemos encontrar tanto en el Gobierno de Benjamín Netanyahu como en las Fuerzas Armadas se sienten tentados de aprovechar la impunidad de la que goza su país para redibujar el mapa de Oriente Próximo.
Y los países occidentales puede que se lo permitan. Francia, que no deja de presentarse como amiga —y hasta protectora— del País del Cedro, apenas ha levantado la voz en contra de Israel, por más que Jean-Yves Le Drian, el representante personal del presidente francés para el Líbano, juzgase “desproporcionada” la reacción israelí a los disparos de Hezbolá (France Inter, 12 de marzo de 2026). En cuanto al ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot —que ha acudido a ambos países—, se ha limitado a señalar la “disponibilidad” de París para facilitar unas posibles negociaciones.
Deja un comentario