Gaceta Crítica

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Hitler y Franco: una nueva perspectiva

Ángel Viñas (Historiador y ex diplomático español), 7 de Abril de 2026 (Substack del autor)

Me he ocupado de la descripción y análisis de los comienzos de la ayuda nazi a Franco en por lo menos cinco libros y varios artículos. Siempre he reconocido la existencia de lagunas. Aquí también lo repito, con más intensidad si cabe. Solo en algunas ocasiones he podido reducir la oscuridad que tanto ha existido en la literatura.

Ahora recurriré a un documento que o he perdido o que está con los papeles sobre mi tesis doctoral entregados a la Facultad de Historia de la UCM. Pensé en utilizarlo en otra investigación sucesiva pero mi carrera profesional no lo permitió. Se titulaba HISMA: Entwicklung vom Juli 1936 bis Dezember 1937 (HISMA: Evolución desde julio de 1936 hasta diciembre de 1937). Me lo entregó un miembro del partido nazi que no quiso que le identificara pero al menos sí cité el papelín en mi tesis y en los tres libros que la desarrollaron.

Afortunadamente el historiador alemán Christian Leitz encontró un ejemplar en los Archivos Federales de Coblenza y lo mencionó en uno de sus trabajos, traducido al castellano. No conozco a nadie que haya hecho uso de él. Sin embargo, en la actualidad lo considero como algo absolutamente fundamental. Sorprenderá a más de un lector.

He desarrollado en otro trabajo sus implicaciones que aquí resumiré: a Hitler probablemente le contaron los viajeros procedentes de Tetuán que los sublevados se habían alzado en armas para prevenir una insurrección comunista que estimaban iba a producirse en agosto de 1936.

Esto es una estupidez como un pino pero con una larga vida envidiable por lo que ruego a los amables lectores que contengan la risa. Todavía hay gente que se lo cree. No en vano se trató de uno de los pilares de la primera propaganda franquista que despertó las iras de mi maestro y amigo Herbert R. Southworth hasta el punto de verse obligado a publicar su primer libro (El mito de la Cruzada de Franco). Hoy puede encontrarse con el prólogo de Sir Paul Preston (2008) a un precio muy accesible.

En su aparición en París (1963) despertó las iras del todopoderoso “Caudillo”. Se trata de un clásico y de lectura obligada todavía en 2026. Condujo a la contraofensiva publicística del dúo Franco/Fraga Iribarne que lideró Ricardo de la Cierva a la mayor gloria del primero.

Según el documento de la HISMA, y lo subrayo en negritas, “el judaísmo mundial y la masonería habían decidido hacer en España una república soviética. Tal plan debía llevarse a la práctica en agosto de 1936, por lo cual, bajo la dirección del general Franco, el Ejército español se alzó en legítima defensa el 17 de julio de 1936. Cuando se supo en los días 18 a 20 de julio que una gran parte de España había quedado en manos del gobierno democrático-marxista, Franco inició la dura lucha, reconociendo que no solo cabía aspirar a un cambio de gobierno, sino que era preciso dar una nueva Weltanschauung al pueblo español …”

En consecuencia, Franco llamó a Bernhardt y lo envió a Berlín. Todos felices y comieron perdices. Grotesco, ¿no? En realidad hay gente que escribe algo similar, mutatis mutando, en nuestros días.

Para un largo artículo que he ido preparando en los últimos tiempos en un libro colectivo me he preocupado de comprobar si tal interpretación hubiera podido llegar a ser moneda corriente en el Berlín hitleriano.

Para demostrarlo existe una vía elemental pero que no había explorado: el análisis de la prensa nazi del momento, controlada por Goebbels. En especial Der völkische Beobachter, órgano oficial del partido nazi. Nunca me he sentido con fuerzas de buscarlo. He encontrado una solución mucho mejor: acudir a los discursos del Hitler de la época. Hay, si no recuerdo mal, una edición de los mismos traducida al inglés, pero si llegó a mis manos en pdf ya me he desprendido de ella.

Pues bien, en el mes de septiembre de 1936 tuvo lugar en Nuremberg el congreso anual del partido nacionalsocialista. Todas sus “ediciones” recibían un pomposo nombre. En aquella ocasión fue el “Congreso del honor” (Parteitag der Ehre). Hay que recordar que el “honor” era un concepto muy difundido entre los nazis. Por ejemplo, las dagas de los miembros de las SS llevaban inscrito “mi honor es mi lealtad” (o fidelidad): “Meine Ehre heisst Treue”. Que fuese una interpretación bastarda, no viene al cuento.

Así que pasé varios días buscando los discursos de aquel congreso. Hallé en internet un ejemplar y ¡bingo! Superó mis esperanzas. Aunque en “fraktur” (la letra gótica que utilizaron los nazis en muchas de sus publicaciones), y sin índice analítico o de nombres, encontré lo que buscaba.

Cabe recordar que en septiembre la intervención nazi en España había ido aumentando y estaba a punto de llegar a un escalón más permanente. No sé si ya estaba preparándose tras recibir los informes, contradictorios, de dos observadores militares. El teniente coronel, por ejemplo, enviado del Alto Estado Mayor, Walter Warlimont sugirió un aumento de la ayuda. A mí, sin embargo, me causó una impresión inenarrable entrevistarme con el enviado por el Ejército de Tierra, teniente coronel barón Hans von Funck, sobre la toma de Toledo. Había visto correr la sangre a raudales por los arroyos. A pesar de su experiencia en los duros combates en Francia en la guerra anterior, aconsejó en contra del envío de unidades alemanas a España por temor a su posible desmoralización.

Hitler se mostró combativo. Comparó en su “Congreso del Honor” las intrigas del judaísmo internacional, que tantos destrozos habían causado en Rusia, con lo que pasaba en España. No encontró sus raíces en los protocolos de los “sabios de Sión” (eso quedaba para los indoctos) sino que para las inteligencias privilegiadas como la suya comenzó mucho más atrás.

Así, el omnipotente Führer trazó una línea recta desde los manejos judaicos en el antiguo Egipto y en la no menos antigua Mesopotamia. Pasó después por las culturas heleno-romanas y las destrucciones de los monumentos religiosos en la Edad Media hasta llegar a los incendiarios, provistos con abundante petróleo, de la Comuna francesa del XIX, y a las arremetidas contra los monumentos religiosos tan propios de la cultura española. Todo, absolutamente todo, era obra de los pérfidos judíos.

Desde estas premisas, Hitler se lanzó a una serie de diatribas contra el comunismo y la Unión Soviética. Hizo hincapié en su furia depredadora junto con los “rojos” . Citó como ejemplos las ejecuciones masivas en España; los asesinatos de las esposas de los oficiales del Ejército rociándolas de gasolina; las matanzas de los hijos, grandes y pequeños, de padres imbuidos del espíritu nacional. Todos, absolutamente todos, acontecimientos premonitorios de lo que podía ocurrir en otros países. En consecuencia Hitler fue concentrándose en Europa y, en primer lugar, en Francia.

Su modesto remedo lo hizo en España pero ambos contra los judíos, los rojos y quienes se les pusieran en contra. Uno quería una gran Eurasia bajo su dominio. Franco, un imperio más pequeñito en un camino regado por él y la Falange hacia Dios apoyado por la Iglesia patria. Al final lo circunscribió a “su” España.

Los amables lectores que me hayan hecho el honor de seguir hasta este punto habrán caído en cuenta que la narración anterior combina factores estructurales relacionados con la naturaleza del régimen nazi y, en particular, con el papel de su Führer, y lo aleatorio, la casualidad, la concatenación de circunstancias.

¿Qué hubiera pasado si el avión postal de la Lufthansa no hubiese podido ir a Tetuán? ¿O si la misión de Franco no hubiera llegado a Hitler? ¿Si este no hubiese divisado una oportunidad de extender sus tentáculos hacia el Mediterráneo cuando se acercaba a Mussolini? ¿O si no hubiera estado ya predispuesto a lanzarse contra los judíos en una Europa afrancesada?

La combinación de factores estructurales con la oportunidad funcionó en el caso alemán. Por desgracia para los españoles y, en particular, para la izquierda por masacrar.

Nota: La HISMA fue una compañía fundada en julio de 1936 en Tetuán como destinataria, en principio, de los aviones, adquiridos como si se tratase de una operación meramente comercial. Luego terminó siendo el principal canal para el comercio hispano-alemán. Un exnazi me dio una copia de su escritura de constitución. Ya he olvidado su nombre. La reproduje en mi primer libro.

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