The Palestine Chronicle, 30 de Marzo de 2026

La gira de Zelensky por los países del Golfo Pérsico puso de manifiesto la entrada de Ucrania en la guerra contra Irán y la rapidez con que ese papel fue cuestionado.
Volodymyr Zelensky llegó a Arabia Saudí el 26 de marzo como parte de una gira por varios países del Golfo Pérsico destinada a asegurar apoyo militar y económico en un momento de creciente presión sobre el esfuerzo bélico de Ucrania.
El 27 de marzo se firmó un acuerdo de cooperación en materia de defensa con Riad, lo que marcó el inicio de una serie de acuerdos centrados en la coordinación militar a largo plazo, el intercambio de tecnología y el apoyo energético.
Para el 28 de marzo, Zelensky se había trasladado a Qatar y a los Emiratos Árabes Unidos, donde se anunciaron acuerdos adicionales. Estos incluían cooperación en sistemas de defensa antimisiles, guerra con drones y una coordinación de seguridad más amplia, además de esfuerzos para garantizar el suministro de combustible fundamental para las operaciones militares de Ucrania.
El 29 de marzo, Zelensky llegó a Jordania para mantener «importantes conversaciones sobre seguridad», confirmando que la visita formaba parte de una iniciativa regional más amplia y no una parada simbólica, como informó Reuters.
¿Por qué estaba Zelensky en el Golfo?
La visita estuvo motivada por la urgencia, ya que Ucrania se enfrenta a una presión constante en el campo de batalla y a una creciente incertidumbre sobre la ayuda militar occidental. Por ello, Kiev ha buscado diversificar sus alianzas, recurriendo a los estados del Golfo que pueden proporcionar tanto apoyo financiero como flexibilidad estratégica.
Zelensky presentó los acuerdos como asociaciones a largo plazo centradas en la producción conjunta de material de defensa, sistemas antidrones y capacidades de defensa aérea.
Ucrania también ofreció su experiencia en la interceptación de drones y misiles —experiencia adquirida durante años de guerra con Rusia— al tiempo que garantizaba el suministro de diésel, esencial para la estabilidad militar y económica.
En un nivel más profundo, este acercamiento reflejaba el intento de Ucrania de reposicionarse dentro de un panorama geopolítico cambiante, donde las guerras regionales están cada vez más interconectadas y la experiencia tecnológica se ha convertido en una forma de moneda de cambio.
¿Qué pasó en Dubái?
Fue en este contexto que surgió una afirmación impactante. El 28 de marzo, la Guardia Revolucionaria iraní declaró haber destruido un depósito ucraniano de sistemas antidrones o de defensa aérea en Dubái, afirmando que la instalación estaba vinculada a operaciones militares estadounidenses.
El momento elegido suscitó interrogantes de inmediato, ya que la afirmación surgió a las pocas horas de que se hiciera pública la presencia de Zelensky en los Emiratos Árabes Unidos.
Ucrania rechazó la acusación de plano, y su Ministerio de Asuntos Exteriores declaró: “Esto es una mentira. Rechazamos oficialmente esta información”, describiéndola como parte de un patrón más amplio de desinformación, según cita The Kyiv Independent.
¿Estaba Rusia en segundo plano?
El contexto geopolítico más amplio hace que el episodio sea más significativo. El Washington Post había informado recientemente, citando a funcionarios familiarizados con la inteligencia, que Rusia ha estado proporcionando a Irán información sobre objetivos, incluyendo la ubicación de buques de guerra y aeronaves estadounidenses en la región.
Zelensky afirmó que Ucrania tiene «pruebas irrefutables» de que Rusia comparte información de inteligencia con Irán, una afirmación publicada por Reuters el 25 de marzo de 2026. Esta aseveración apunta a un mayor nivel de coordinación entre Moscú y Teherán, que va más allá de la cooperación militar previamente conocida.
También sugirió que este intercambio de inteligencia debería entenderse dentro del contexto más amplio de la respuesta de Rusia al apoyo militar occidental a Ucrania, lo que indica que Moscú está ajustando su postura estratégica en consecuencia, aunque sin presentarlo como un intercambio condicional directo o explícito.
Este hecho no se da de forma aislada. Irán ha sido un socio crucial para Rusia durante toda la guerra de Ucrania, en particular mediante el suministro de drones Shahed, que han desempeñado un papel importante en la campaña aérea rusa.
Esa fase inicial de cooperación parece estar evolucionando ahora hacia un acuerdo más recíproco.
Lo que antes era un flujo unidireccional de apoyo militar —de Teherán a Moscú— ahora parece operar cada vez más en ambas direcciones, y Rusia podría ofrecer a cambio ventajas estratégicas y de inteligencia.
¿Estaba Washington buscando refuerzos?
Al mismo tiempo, Estados Unidos parece estar sometido a una presión cada vez mayor al intentar gestionar múltiples escenarios de conflicto.
Washington ha buscado una mayor participación de sus aliados, en particular para asegurar las rutas marítimas y contener la escalada en el Golfo, pero las respuestas han sido cautelosas.
Si bien algunos estados han mostrado disposición a participar en la cooperación defensiva, especialmente en torno al estrecho de Ormuz, ha habido poco interés en una mayor implicación militar.
Los debates sobre la posibilidad de redirigir hacia Oriente Medio las armas originalmente destinadas a Ucrania sugieren, además, una creciente presión sobre los recursos militares estadounidenses.
Esto refleja una dificultad más amplia. Washington está intentando ampliar el alcance de la guerra involucrando a nuevos actores, pero estos esfuerzos aún no han producido un cambio decisivo en el equilibrio de poder.
¿El papel de Ucrania se desmoronó rápidamente?
Independientemente de si el ataque a Dubái se produjo realmente o no, las implicaciones políticas son difíciles de ignorar. Si la afirmación fuera cierta, sugeriría que el intento de Ucrania de establecer una base en el Golfo fue neutralizado casi de inmediato.
De ser falso, esto indicaría que Irán está siguiendo de cerca —y respondiendo a— la posibilidad de la participación de Ucrania en la región.
En ambos escenarios, el papel de Ucrania parece limitado. Zelensky llegó con acuerdos, conocimientos técnicos y necesidades urgentes, pero no hay indicios claros de que su visita haya alterado el equilibrio estratégico de manera significativa.
Finalmente, este episodio pone de manifiesto una realidad más profunda. Los esfuerzos por introducir nuevos actores en el conflicto no están cambiando fundamentalmente su trayectoria, que sigue estando marcada por dinámicas arraigadas: las capacidades iraníes, la contrapresión rusa, la cautela de los actores regionales y la creciente presión sobre los recursos estadounidenses.
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