Ana Hurtado y Oriol Sabata (Cuba en Resumen), 25 de Marzo de 2026

Una entrevista a Ana Hurtado por Oriol Sabata
Cuba atraviesa una grave situación debido a la intensificación del bloqueo criminal estadounidense. ¿Cómo se vive el ambiente en la isla? ¿Qué sentimiento se percibe entre la población? ¿Cuál ha sido la reacción del gobierno y del pueblo ante esta nueva ofensiva imperialista?
Esta semana, la crisis en Cuba se ha intensificado; una crisis que, en mi opinión, lleva gestándose uno o dos años. Llevo tres años viviendo en la isla y, durante los últimos dos o dos años y medio, he observado cómo los cortes de luz se producen a diario o casi a diario, incluso en La Habana, donde son menos frecuentes que en el resto de las provincias, lo que da una idea clara de la gravedad del problema energético.
Si bien Estados Unidos ha impulsado activamente una política de desestabilización del pueblo cubano desde principios de la década de 1960 —comenzando con el memorándum de Lester Mallory, que proponía crear escasez de materiales para provocar la rebelión del pueblo contra su gobierno—, lo cierto es que esta crisis se ha intensificado con cada administración sucesiva. Durante el primer mandato de Trump, se impusieron cientos de medidas, incluso durante la pandemia de COVID-19; se negó el acceso al oxígeno al pueblo cubano; medidas que no se revirtieron posteriormente y que hoy han derivado en un bloqueo energético con consecuencias directas en la vida cotidiana.
Este país lleva años funcionando bajo una economía de guerra y ha desarrollado una enorme capacidad de resistencia. La gente está cansada, pero conserva un fuerte espíritu de resistencia. No debemos olvidar que, dentro de esta isla, un porcentaje muy elevado de la población apoya la revolución y su modelo político, en un país que ha elegido su parlamento con una participación superior al 70% del electorado registrado.
Al mismo tiempo, el gobierno está centrando sus esfuerzos en garantizar los recursos básicos necesarios para el sustento de la vida diaria en un contexto de escasez, asegurando los servicios esenciales y priorizando las necesidades fundamentales de la población.

El 25 de febrero, una embarcación procedente de Florida con diez personas armadas a bordo fue interceptada por la Guardia Fronteriza. Posteriormente se supo que planeaban una infiltración armada en Villa Clara. ¿Podemos afirmar que Cuba enfrenta una guerra multidimensional que trasciende el ámbito económico?
El bloqueo estadounidense a Cuba no solo es integral, sino también multifacético. Pocos pueblos en el mundo han enfrentado una guerra en todos los frentes como es el caso de Cuba.
El pueblo cubano ha enfrentado una constante guerra ideológica, cuyo objetivo es desmantelar sus valores, su historia y su cultura. Ha sufrido una guerra militar mediante invasiones armadas y terrorismo, con miles de muertos y muchos heridos. Cuba también ha padecido ataques bacteriológicos, con la introducción de enfermedades que afectaron gravemente a la población, y una guerra biológica dirigida contra sus cultivos básicos.
Asimismo, ha sido víctima de actos terroristas, como el atentado con bomba contra un avión; los primeros actos terroristas contra la aviación civil en el mundo fueron perpetrados por terroristas anticubanos.
No podemos olvidar, por mencionar solo algunos, a las nefastas figuras de Posada Carriles, Orlando Bosch y Félix Rodríguez —quien fue el que le cortó las manos al Che después de su muerte—, con el ataque al avión de Barbados, el intento de atentado en el auditorio de la universidad de Panamá y los intentos de asesinato contra el líder Fidel Castro a lo largo de su carrera política.
Se trata de figuras obsoletas que quieren continuar con esta lucha indecente.
En resumen, Cuba lleva 67 años enfrentándose a una guerra no convencional.
Cuba lleva inmersa en un largo proceso de resistencia desde la década de 1960, cuando, tras el triunfo de la Revolución Cubana, Estados Unidos impuso un bloqueo criminal con consecuencias devastadoras tanto económicas como sociales que afectan la vida cotidiana de la población. ¿Podría darnos algunos ejemplos concretos del día a día para que nuestros lectores comprendan su magnitud?
Como ya hemos dicho, el bloqueo es de carácter generalizado y no podemos afirmar que afecte únicamente a determinados sectores; lo cierto es que ningún ámbito de la vida escapa a este bloqueo.
Permítanme dar un ejemplo: actualmente, más del 80% de la población cubana vive bajo el bloqueo. Cabe recordar que, con la guerra que Estados Unidos libra contra el mundo —simplemente imponiendo aranceles a las economías—, ha logrado forzar a los gobiernos a someterse a sus intereses. En el caso de Cuba, no se trata solo de la imposición de aranceles, sino de la privación del comercio directo con un socio que, geográficamente hablando —como es el caso de Estados Unidos—, se encuentra en la misma región y muy cerca.
Ahora bien, las repercusiones se sienten en el día a día. Diría que estos son los factores que, sin duda, dificultan la vida de los cubanos. El suministro de agua, la electricidad, las comunicaciones y la alimentación: todo esto afecta a todos los aspectos de la actividad nacional.
A esto se suma la situación del transporte, no solo por el combustible sino también por las piezas de repuesto. Lo mismo ocurre con la generación de electricidad.
Además, Estados Unidos, con su bloqueo contra Cuba, ejerce una enorme presión sobre terceros países y sobre las empresas.
Cabe mencionar también que, debido a las regulaciones del bloqueo, ningún producto que contenga más del 10% de componentes de origen estadounidense puede venderse en Cuba.
A esto se suma la caza de brujas financiera, en la que Estados Unidos supervisa constantemente todas las transacciones bancarias, como si Cuba fuera realmente un país que patrocina el terrorismo.
Sin embargo, Cuba siempre se ha dedicado a combatir el terrorismo y la piratería. Ha librado una guerra abierta y total contra el narcotráfico. En Cuba, la tolerancia hacia los estupefacientes y las drogas es cero.
Por lo tanto, un punto clave es que la inclusión de Cuba en la lista de estados patrocinadores del terrorismo es cínica y absolutamente repugnante.
Cabe destacar que Cuba mantiene un firme compromiso con el internacionalismo y la ayuda a los pueblos. No hay país que no haya recibido la ayuda de médicos y maestros cubanos. La Operación Milagro en Venezuela, las campañas de alfabetización en diversos países y las misiones médicas durante la pandemia de COVID-19 en una Europa incapaz de salvar a su propia población.
Este esfuerzo internacionalista y solidario es conocido en todo el mundo.
El 13 de marzo, el presidente Díaz-Canel informó que se habían establecido conversaciones con Washington. ¿Cuánta confianza se puede depositar en una administración como la de Trump, dados los recientes ataques contra Venezuela e Irán mientras ambos gobiernos se encontraban inmersos en negociaciones activas?
La cuestión no radica en la confianza, sino en la voluntad. Cuba siempre ha tenido la voluntad de negociar cualquier diferencia existente y de dialogar en cualquier contexto donde surjan dichas diferencias. En el caso específico de las relaciones con Estados Unidos, existen intereses hegemónicos que no son circunstanciales, sino que han persistido durante más de 200 años.
Esta administración se caracteriza precisamente por su comportamiento disruptivo en el ámbito internacional y, sobre todo, por su falta de fiabilidad. En ese sentido, la cuestión nunca se ha planteado en términos de confianza en las negociaciones en curso, sino más bien en términos de principios.
El objetivo es reafirmar esos principios en cualquier proceso de diálogo o negociación, dejando claro que hay cuestiones que no están en juego ni pueden estarlo.
La soberanía no está en juego, la autodeterminación no está en juego, la dignidad del pueblo cubano no está en juego. Ese es el punto.
¿Qué papel desempeña la solidaridad internacionalista en estos tiempos difíciles que atraviesa Cuba?
La solidaridad internacionalista es hoy más esencial que nunca para Cuba. En un mundo globalizado y deshumanizado, impregnado por un capitalismo que ha penetrado en todos los ámbitos, es la solidaridad —la compasión de los pueblos— la que debe sostener y acompañar al pueblo cubano.
En definitiva, no es más que devolver, en parte, todo lo que Cuba ha dado al mundo a lo largo de las décadas. En estos días, flotillas solidarias procedentes de diferentes partes del mundo llegan a la isla: amigos de este pueblo que, con su presencia, ayudan a visibilizar la magnitud de un conflicto que se extiende ya por casi siete décadas.
Pero no se trata simplemente de una solidaridad material o puntual. Esta solidaridad internacionalista debe servir también para promover la causa de Cuba, la defensa de su soberanía y su proceso revolucionario, y para desafiar la narrativa hegemónica que el imperialismo ha construido a escala global.
¿Qué recomendaciones daría a nuestros lectores para hacer frente a la guerra mediática y psicológica que los principales medios de comunicación están librando contra Cuba?
Recomiendo a los lectores que siempre obtengan su información de los medios de comunicación oficiales cubanos y de los medios de izquierda que no reproducen la narrativa hegemónica de los medios de comunicación convencionales que apuntalan la economía capitalista.
Hoy en día, la guerra mediática y la guerra psicológica son incluso más decisivas que la guerra militar o los llamados ataques quirúrgicos, porque son las que penetran en el imaginario colectivo de la gente, llegando a los trabajadores de Francia, Italia, España o Japón.
Llegados a este punto, la responsabilidad no recae únicamente en los medios de comunicación, sino también en nosotros mismos, que contamos con canales de internet —como las redes sociales— para ayudar a difundir la verdad y luchar contra la desinformación.
Es fundamental mantener una mentalidad crítica hacia los principales medios de comunicación occidentales y buscar información en medios alternativos con una perspectiva crítica y humanista, al tiempo que se contribuye a su difusión.
Hoy en día, existen herramientas como la inteligencia artificial que pueden distorsionar cualquier tipo de realidad. Vivimos en una época en la que, con la inteligencia artificial, las redes sociales y la era de la posverdad, es difícil distinguir qué noticias son falsas y cuáles son verdaderas.
Por lo tanto, esta debe ser una lucha esencial y un deber moral para toda persona consciente del daño que el imperialismo estadounidense y el sionismo infligen a los pueblos.
La opinión pública internacional suele ser bombardeada con la idea de que el socialismo es un fracaso y no funciona. Sin embargo, desde que la Revolución triunfó en Cuba, nunca se le ha permitido desarrollarse con un mínimo de paz y estabilidad. ¿Qué temor subyace a este acoso y boicot constantes?
Si se intenta definir a Cuba como un «estado fallido», como ellos lo llaman, cabe preguntarse cómo un estado fallido puede sobrevivir durante 67 años bajo un bloqueo incesante por parte de Estados Unidos y bajo múltiples formas de agresión como las que hemos explicado.
Si se trata de un Estado fallido, ¿cómo puede mantenerse a lo largo del tiempo? Además, ¿por qué no se levanta el bloqueo? ¿Qué ocurriría si se levantaran esas medidas? ¿Qué pasaría si se le permitiera desarrollarse sin esas restricciones?
Durante la administración Obama se demostró que, sin renunciar a su intención de desmantelar el sistema sociopolítico del país, se produjo una apertura económica mediante decisiones ejecutivas que aliviaron parcialmente el bloqueo, y en ese contexto, múltiples sectores de la economía cubana mostraron indicadores favorables.
Si realmente se trata de un Estado fallido, ¿por qué mantener y reforzar las medidas de bloqueo? ¿Por qué sostener un bloqueo extraterritorial? ¿Por qué impedir que otros países comercien con Cuba o le suministren combustible? ¿Por qué es necesario todo esto?
¿Quién define un Estado fallido cuando hay países que enfrentan crisis políticas, económicas y sociales —o incluso desastres naturales— con consecuencias mucho más graves? Cuba enfrenta repetidamente fenómenos naturales de gran magnitud, como huracanes, con pérdidas humanas y materiales mínimas.
Sin embargo, en otras regiones del mundo, incluyendo Europa, América e incluso los propios Estados Unidos, ocurren desastres naturales con consecuencias devastadoras, y nadie etiqueta automáticamente a esos países como estados fallidos.
¿Por qué se insiste en esta etiqueta para un país que sitúa a los seres humanos en el centro de su gobierno? Son incoherencias evidentes, difíciles de sostener.
Se afirma que el socialismo no progresa, pero esta afirmación coexiste con la necesidad constante de imponerle medidas asfixiantes. Esta contradicción, en sí misma, revela la raíz del problema.
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