Laura Prieto Gallego (PÚBLICO), 18 de Marzo de 2026
Un nuevo informe de Oxfam Intermón alerta de que el mercado inmobiliario se ha convertido en una «aspiradora de ingresos». El 85% de los inquilinos destinan más del 30% de sus ingresos a la vivienda.

Es la pescadilla que se muerde la cola: quienes no se pueden permitir dar la entrada de una vivienda acaban recurriendo al alquiler, a pesar de que ya supera con creces lo que se abona por una hipoteca. El problema es que, una vez entras en esta rueda, es imposible salir. Seis de cada diez inquilinos no consigue ahorrar prácticamente nada a final de mes y más de la mitad asume que, si nada cambia, no podrán comprarse una casa en el futuro.
Son datos del nuevo informe de Oxfam Intermón La vivienda, cimiento de desigualdades, que evidencia que el acceso a la vivienda ya es uno de los principales factores de desigualdad económica en España. El análisis se basa en los datos de la encuesta Vivir la desigualdad que la ONG realizó a más de 4.000 personas en 2025. De acuerdo a este estudio, uno de cada tres personas arrendatarias destina más del 50% de sus ingresos al alquiler, mientras que, en los hogares con hipoteca, ocurre en uno de cada cinco.
La población española es muy pesimista sobre su futuro. El horizonte de quienes no tienen resuelta su situación habitacional es de «exposición a los vaivenes del mercado, mudanzas y renuncias», alertan desde Oxfam. Uno de cada cinco personas considera probable tener que mudarse próximamente por las subidas de precios, un porcentaje que supera el 50% en el caso del inquilinato. «Siempre que hay desigualdades existen ganadores y perdedores, y en este caso, las personas arrendatarias se han convertido en el eslabón más débil de la cadena», sentencian.
Uno de los inquilinos entrevistados por la ONG – varón, 54 años, de Barcelona– lamentaba el no poder tener ningún plan de futuro: «Yo creo que, también, a uno le da la sensación de injusticia (…) No puedo tener ningún plan de futuro, ni puedo disfrutar de nada más, porque no me lo puedo permitir. Yo creo que esto es frustración y ansiedad». Frente a la incapacidad de ahorro de este grupo poblacional, el 60% de quienes tienen su casa pagada sí ve crecer la hucha todos los meses.
«Los altos precios de los alquileres impiden ahorrar para una hipoteca. Como resultado, muchas personas quedan atrapadas en un mercado cada vez más asfixiante», advierte Alejandro Gil-Garcia, autor del informe y responsable de políticas de protección social y empleo de Oxfam Intermón.
El alquiler se come los salarios
El 85% de las personas inquilinas destinan más del 30% de sus ingresos a la vivienda y una de cada tres supera el 50%. Estos resultados revelan que este gasto se ha convertido en una «aspiradora de ingresos» para los hogares de clases bajas y medias. «La consecuencia más evidente de unas casas con los precios disparados se encuentra en el bolsillo de la gente. Tal y como señalamos en el informe, llegar a fin de mes ha dejado de ser una cuestión de tener trabajo o de que te suban la pensión. Ahorrar depende, fundamentalmente, de tener el piso pagado«, subrayan los autores.
Comparando la probabilidad de ahorrar para diferentes niveles de ingresos, se aprecia perfectamente esta espiral especulativa: una persona con unos ingresos mensuales de 2.000 euros que viva de alquiler tiene prácticamente la misma probabilidad de ahorrar que una con hipoteca que gane aproximadamente 1.500 euros, es decir esos 500 euros de más «desaparecen». La diferencia es más notable aún con respecto a quienes tienen su inmueble completamente pagado que, con un sueldo cercano al Salario Mínimo Interprofesional (SMI) tienen ocho puntos porcentuales más de probabilidad de generar ahorros. García-Gil alerta, en declaraciones a los medios, de que corremos el riesgo de «consolidar una brecha cada vez mayor entre inquilinos y propietarios«, una desigualdad que puede «marcar el futuro social y económico del país».
«Es un problema realmente preocupante en cuanto que los sueldos no suben, los alquileres están disparados y meterte en una vivienda es casi imposible«, asegura una encuestada de clase media-baja de 46 años, que vive en Sevilla. Un joven de Castellón asegura que, de independizarse, tendría que destinar mínimo un 56% de su salario a la renta. «Es que se te van los alquileres mínimo a 1.000 euros (…) Entonces solo no puedes vivir», dice un funcionario de 35 años, que vive con sus padres, en Barcelona.
Los desahucios invisibles
La «trampa del alquiler» obliga a miles de personas a vivir con el agua al cuello, sabiendo que cada cinco años se exponen a renegociaciones e, incluso, no renovaciones de sus contratos. Detrás de esta realidad están los «desahucios invisibles», las mudanzas forzosas e involuntarias de vecinos que se acaban marchando ante las presiones de los caseros, sin que se inicie un procedimiento judicial. En 2025, al menos tres millones de personas fueron víctimas de este tipo de desahucios, según los datos que maneja Oxfam.
Desde los sindicatos y asociaciones pro-vivienda llevan años advirtiendo de esta práctica cada vez más frecuente, que afecta, sobre todo a los colectivos más precarios: madres solteras, jóvenes y migrantes. «Cada vez más uno se va alejando de la ciudad. No hay otra. Osea, yo viví en Barcelona, luego en El Prat, después tuve que venirme a Sant Boi (…) Uno se va moviendo y moviendo», relata un inquilino migrante de 45 años. Otra mujer extranjera, de 62 años, que trabaja de empleada doméstica en Madrid, explica que primero residió en Usera, de allí pasó a Carabanchel y después regresó a Usera, para mudarse más tarde a Orcasitas. Casi el 40% de las personas extracomunitarias han sufrido una mudanza forzosa, frente a un 15% de los españoles.
Para los jóvenes, emanciparse es cada vez más complicado y acceder a una primera vivienda se ha convertido en un lujo al alcance de aquellos con un buen colchón familiar. Una de cada tres personas emancipadas menores de 34 ha tenido que cambiar su residencia en 2025 por motivos económicos y, de estas, casi la mitad ha tenido que regresar al hogar familiar. Entre quienes se ven obligados a mudarse, un gran porcentaje acaba abandonando su barrio o porcentaje (un 60%). «El incumplimiento del artículo 47 de la Constitución no sólo hace más costoso tener un techo donde dormir: tiene también impactos en la salud, en la seguridad personal, en la intimidad, en la construcción de redes y vínculos familiares y comunitarios«, denuncian los redactores del informe.
«Me dedico al turismo y al final es un trabajo inestable, sobre todo en la Costa del Sol, que va por temporadas. Como estaba trabajando para hacer ferias y congresos con una ETT, nos hacen contratos mensuales y, con esa inestabilidad decidí volver con mis padres (…) Con 35 años tengo que volver y te da la sensación de qué pinto yo ya en esta habitación con este cuadro de cuando era una niña», lamenta una joven malagueña. De entre los menores de 45 años que pertenecen a clases bajas, poco más de la mitad son propietarios.
Más sorprendente aún es que un 27,7% de los encuestados entre 25 y 34 compartan piso, una cifra incluso superior a la registrada en la franja que va de los 18 a los 24. «Hablar de vivienda es hablar de vidas y de modelo de sociedad -explica García-Gil-. La vivienda es la puerta de entrada a otros derechos, cuando el acceso es inestable, el impacto se extiende al conjunto del bienestar».
Según los datos recogidos en la investigación que realizó esta ONG el año pasado, casi el 80% de los españoles consideran que España es un país «muy desigual» y que el principal motivo de esta desigualdad se encuentra en el acceso al mercado inmobiliario. «Si no se corrige esta tendencia, nos enfrentaremos a un futuro donde quienes ya tienen propiedades tienen la expectativa de heredar más que los no propietarios», según el autor del informe. Por eso García-Gil concluye que es «urgente» actuar para que vivir de alquiler sea «una opción asequible, digna y estable, que permita desarrollar un proyecto de vida con seguridad».
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