The Palestine Chronicle, 8 de Marzo de 2026

La agresión estadounidense-israelí contra Irán expone el dilema estratégico de los estados del Golfo entre los compromisos de alianza, la estabilidad regional y la supervivencia económica.
Conclusiones clave
- Los estados árabes del Golfo han buscado durante mucho tiempo un equilibrio frágil entre las estrechas alianzas con Estados Unidos y las relaciones relativamente estables con Irán.
- La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán está derrumbando ese equilibrio y arrastrando al Golfo a una confrontación que ha tratado de evitar.
- Israel parece dispuesto a ampliar la guerra arrastrando a los estados árabes a una confrontación directa con Irán.
- Una participación directa podría devastar las economías del Golfo y desestabilizar los principales centros de crecimiento económico de la región.
- Los gobiernos árabes se enfrentan a cuatro opciones difíciles, ninguna de ellas exenta de riesgos.
Un equilibrio frágil
Durante décadas, los estados árabes del Golfo intentaron mantener un delicado equilibrio geopolítico entre su alianza de seguridad con Estados Unidos y la necesidad de coexistir con Irán, su poderoso vecino regional.
Países como Arabia Saudita, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait han dependido históricamente de Estados Unidos como su principal garante de seguridad. Las bases militares estadounidenses en toda la región —en particular en Qatar, Baréin y Emiratos Árabes Unidos— se convirtieron en pilares centrales de la arquitectura de defensa del Golfo.
Al mismo tiempo, estos Estados comprendieron que la hostilidad permanente con Irán conllevaría graves riesgos. Irán se encuentra al otro lado del Golfo Pérsico, frente a sus territorios, posee una importante capacidad militar y tiene una profunda influencia regional.
Por esta razón, muchos gobiernos del Golfo intentaron mantener relaciones relativamente estables con Teherán, incluso cuando las tensiones aumentaron en otras partes de la región.
En los últimos años, algunos países mantuvieron una relación diplomática cautelosa con Irán. Otros tomaron la dirección opuesta, profundizando sus lazos con Israel tras la firma de los Acuerdos de Abraham.
Los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, en particular, desarrollaron relaciones estratégicas con Israel al tiempo que seguían siendo parte del marco de seguridad regional liderado por Estados Unidos.
Sin embargo, a pesar de estos cambios, los estados del Golfo esperaban en gran medida evitar convertirse en participantes directos en una guerra regional que involucrara a Irán.
La actual agresión estadounidense-israelí contra Irán está poniendo a prueba esa estrategia.
La guerra llega al Golfo
A medida que la guerra se ha intensificado, Irán ha señalado que considera las bases militares estadounidenses en el Golfo como objetivos legítimos, argumentando que estas instalaciones son parte de la infraestructura militar que apoya los ataques en territorio iraní.
Los ataques iraníes contra activos estadounidenses en la región han suscitado temores de que los estados del Golfo puedan convertirse en campos de batalla directos en el conflicto en expansión.
Las implicaciones legales de tales ataques ya son tema de debate. En un análisis reciente publicado por Palestine Chronicle, expertos legales examinaron si Irán viola el derecho internacional al atacar bases estadounidenses ubicadas en países del Golfo.
El análisis argumentó que si esas bases se utilizan activamente en operaciones militares contra Irán, pueden considerarse objetivos militares legítimos según el derecho internacional.
Este debate jurídico pone de relieve el dilema estratégico más amplio al que se enfrentan ahora los gobiernos árabes.
Los países del Golfo han instado a Irán a abstenerse de atacar instalaciones estadounidenses en su territorio. Sin embargo, al mismo tiempo, Estados Unidos podría utilizar esas mismas instalaciones para lanzar ataques contra Irán.
Esta postura —pedir a Irán que evite represalias y al mismo tiempo permitir que continúen los ataques contra territorio iraní— es cada vez más difícil de sostener.
Cálculo regional de Israel
Israel tiene fuertes incentivos para ampliar la guerra.
Desde la perspectiva estratégica de Israel, involucrar a los estados árabes en la confrontación con Irán transformaría el conflicto de una guerra bilateral a una alineación regional más amplia contra Teherán.
Esta evolución también reduciría la carga militar de Israel y legitimaría la guerra como un esfuerzo regional colectivo.
Por esta razón, los responsables políticos israelíes han abogado durante mucho tiempo por la creación de una arquitectura de seguridad regional que involucre a Israel y a varios estados árabes, particularmente en el Golfo.
Una guerra más amplia que involucre a los estados árabes también alejaría la narrativa geopolítica del genocidio en Gaza y la acercaría a una confrontación más amplia con Irán.
Sin embargo, para los gobiernos árabes, la participación directa traería graves consecuencias.
Intereses económicos
El Golfo se ha convertido en uno de los centros de estabilidad y crecimiento económico más importantes del mundo.
Los principales flujos energéticos mundiales pasan por la región. Centros financieros como Dubái, Doha y Riad se han forjado una reputación como centros de inversión, turismo y comercio internacional.
Una guerra regional prolongada amenazaría todo este modelo económico.
Una escalada militar podría interrumpir las rutas marítimas, las exportaciones de energía y los mercados financieros. También socavaría la confianza de los inversores y desestabilizaría las economías regionales que dependen en gran medida de la estabilidad y la previsibilidad.
Incluso ataques limitados a la infraestructura o a las rutas marítimas podrían desencadenar graves consecuencias económicas.
Por esta razón, los gobiernos del Golfo tienen pocos incentivos para convertirse en participantes directos en una guerra que podría devastar sus propias bases económicas.
Opciones limitadas
A pesar de estos riesgos, las opciones disponibles para los estados árabes siguen siendo limitadas.
La primera opción —y la más constructiva— sería lanzar una campaña diplomática coordinada destinada a poner fin a la guerra.
Los gobiernos árabes podrían usar su influencia política y económica para presionar a Washington a detener la escalada y entablar negociaciones con Teherán. Dicha estrategia requeriría la participación colectiva árabe, posiblemente a través de instituciones regionales o de una presión diplomática coordinada. Sin embargo, la diplomacia por sí sola podría no dar resultados a menos que vaya acompañada de una influencia significativa sobre las partes involucradas.
Una segunda opción implicaría buscar entendimientos separados con Irán destinados a aislar a los países del Golfo del conflicto.
Bajo tal acuerdo, los países del Golfo podrían intentar persuadir a Estados Unidos de no utilizar sus territorios como plataformas de lanzamiento para ataques contra Irán a cambio de garantías iraníes de no atacar bases estadounidenses ubicadas en dichos países. Sin embargo, este escenario presupone que los gobiernos del Golfo tienen suficiente influencia sobre las operaciones militares estadounidenses en su territorio. También presupone que Irán aceptaría tal acuerdo durante una guerra activa.
Una tercera opción sería tolerar los ataques de represalia de Irán contra instalaciones militares estadounidenses y al mismo tiempo intentar evitar una confrontación directa.
Este enfoque permitiría que el conflicto entre Irán y Estados Unidos se desarrollara mientras los gobiernos del Golfo intentan proteger sus propias infraestructuras y economías de sus consecuencias. Sin embargo, dicha estrategia conlleva riesgos políticos y económicos, sobre todo si el territorio del Golfo se convierte en un campo de batalla o si la inestabilidad comienza a afectar los mercados energéticos y el comercio regional.
La opción final —y la más peligrosa— sería la participación directa en la guerra junto con Estados Unidos e Israel.
Tal medida probablemente prolongaría el conflicto y podría exponer a los Estados del Golfo a represalias directas de Irán. Más importante aún, podría arrastrar a la región a una guerra prolongada y devastadora cuyas consecuencias económicas y políticas se sentirían en todo el Golfo.
Ajuste de cuentas estratégico
La guerra está exponiendo un problema estratégico más profundo para el Golfo.
Durante décadas, muchos gobiernos árabes dependieron en gran medida de Estados Unidos —y en algunos casos de las asociaciones emergentes con Israel— como piedra angular de su estrategia de seguridad.
Sin embargo, la guerra actual demuestra los límites de ese enfoque.
Estados Unidos parece centrado principalmente en defender los intereses de seguridad de Israel, incluso si eso corre el riesgo de desestabilizar al propio Golfo.
Al mismo tiempo, los Estados del Golfo se encuentran ahora efectivamente cobeligerantes en un conflicto que no iniciaron y del que no pueden escapar fácilmente.
Una vez que termine la guerra, los gobiernos árabes pueden enfrentarse a una reevaluación estratégica difícil pero necesaria.
Mantener relaciones estrechas con Washington puede seguir siendo importante. Sin embargo, permitir que su territorio sirva de plataforma para una guerra contra el vecino Irán es cada vez más difícil de justificar.
En última instancia, la estabilidad del Golfo es inseparable de la estabilidad de Irán.
Si el conflicto actual continúa escalando, la larga era de prosperidad económica y relativa estabilidad de la región podría llegar a un final abrupto.
Para muchos líderes del Golfo, la guerra puede servir en última instancia como una llamada de atención sobre el hecho de que su estrategia actual fue un profundo error de cálculo geopolítico.
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