Gaceta Crítica

Un espacio para la información y el debate crítico con el capitalismo en España y el Mundo. Contra la guerra y la opresión social y neocolonial. Por la Democracia y el Socialismo.

OTAN, la pesada hipoteca militar y política

Rafael Fraguas (Mundo Obrero), 5 de Marzo de 2026

OTAN y Unión Europea forman parte del mismo lote. Acceder a Europa se vio supeditado siempre al previo ingreso de España en la denominada Alianza Atlántica.

Mitin del PCE durante la campaña del referéndum por la OTAN con la presencia de Dolores Ibárruri, Gerardo Iglesias, Irene Falcón, Nicolás Satorius, Marcelino Camacho, Enrique Curiel y Antoni Gutiérrez | Archivo Histórico PCE (AHPCE)

Mitin del PCE durante la campaña del referéndum por la OTAN con la presencia de Dolores Ibárruri, Gerardo Iglesias, Irene Falcón, Nicolás Satorius, Marcelino Camacho, Enrique Curiel y Antoni Gutiérrez | Archivo Histórico PCE (AHPCE)

La soberanía estatal española está doblemente hipotecada. En su dimensión militar, la integración en la OTAN, que dura ya 40 años, menoscaba la autonomía de las Fuerzas Armadas españolas. Y en su dimensión legislativa, la soberanía española depende en último término de lo que decida la Comisión Europa, no electa, en Bruselas. OTAN y Unión Europea forman parte del mismo lote. Acceder a Europa, anhelo muy extendido en España durante el aislamiento impuesto por el franquismo, se vio supeditado siempre al previo ingreso de España en la denominada Alianza Atlántica. Sin OTAN no había UE.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Franco no ocultó su sintonía con Hitler y Mussolini por su imprescindible ayuda militar, diplomática y económica para procurarle la victoria en la Guerra Civil. A tal fin, envió a 40.000 españoles de la División Azul, falangistas al mando de militares, integrados en el 250º Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht hitleriana, para combatir allí a la Unión Soviética.

Sin embargo, antes de concluir la contienda, Washington ya barajaba la necesidad geoestratégica de disponer de España para integrarla en lo que sería la futura Coalición de la Guerra Fría [1]. Tal coalición consistía en un agrupamiento forzoso de Estados y Gobiernos europeos occidentales, teledirigido por Estados Unidos, para hacer frente a la Unión Soviética, percibida ya por Washington como futuro rival geoestratégico estadounidense, que haría peligrar el capitalismo. Y ello pese a que tropas soviéticas y estadounidenses combatían todavía como aliados contra las tropas de Hitler en los campos de batalla europeos.

Fruto de aquel planteamiento surgiría en 1949 la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte, conocida también como Alianza Atlántica. Se trataba de una organización político-militar, si bien la ecuación mostraba la prevalencia unilateral de su dimensión militar, hegemonizada por Estados Unidos, frente a su sumisa dimensión política.

Washington ya impuso su designio hegemónico sobre Franco, pese a las simpatías del dictador por el Eje nazi-fascista. Y lo consiguió en 1953, mediante tres importantes acuerdos que otorgaban a Estados Unidos bases militares de gran importancia, Rota, Morón, Torrejón y Zaragoza, que perforaban España en una diagonal trágica de sur a norte del país. Trufado de cláusulas secretas, el tratado incluiría en 1955 una estación norteamericana de observación aeronaval por radar en la cumbre del Puig Major, en Mallorca. En 1959, año en que el presidente Dwight D. Eisenhower (1890-1969) abrazó a Franco en la plaza del Callao, comenzó a emitir la emisora de alta frecuencia Radio Liberty, en Pals, costa catalana, que difundía propaganda anticomunista hacia los países del Este europeo. La emisora permaneció activa hasta mayo de 2001, 42 años después de su inauguración.

Durante la transición en ciernes, Washington acarició ya planes para cooptar figuras socialistas y centristas de oposición moderada a Franco que cortaran el paso a la hegemonía comunista

Algunas democracias europeas se habían mostrado reticentes a que España, bajo la dictadura de Franco, se integrase en la Comunidad Europea en tanto no se democratizase el régimen. Por lo cual, el ingreso español tuvo que demorarse. Para conseguir formalmente una democratización vigilada, Estados Unidos esperó hasta la muerte del dictador, pero impuso un esquema de transición política que exigía, antes de su muerte, la designación de Juan Carlos de Borbón como sucesor del dictador y la entrega de la Presidencia del Gobierno, que Franco retenía, a un garante político de tal tránsito. Inicialmente se pensó en el almirante Luis Carrero Blanco (1904-1973), mano derecha del dictador.

Sin embargo, la CIA [2], la organización del espionaje estadounidense, al tanto de las movilizaciones de masas en España a favor de las libertades democráticas secuestradas por la dictadura, imaginó que cuando Franco muriera, su ascendiente desaparecería con él; y que Carrero, sin carisma alguno, contribuiría, a su pesar, a polarizar España y a otorgar la hegemonía, en la transición prevista, a la izquierda real encarnada por el Partido Comunista de España que dominaba entonces la impugnación de masas, en fábricas, aulas, barrios y calles contra el franquismo.

No obstante, Washington acariciaba ya planes para cooptar figuras socialistas y centristas de oposición moderada a Franco que cortaran el paso a la hegemonía comunista durante la transición en ciernes, dada la salud precaria de un Franco decrépito ya en la víspera de su muerte.

Tan solo seis meses después de acceder a la Presidencia del Gobierno, en diciembre de 1973, y aún en vida de Franco, Carrero fue asesinado en Madrid por un comando de ETA que colocó un potente explosivo en el subsuelo de una calle al paso del automóvil en el que salía de misa en los jesuitas de la calle de Serrano, justo enfrente de la Embajada de Estados Unidos en Madrid.

Los planes del Departamento de Estado y de la CIA para España sufrieron una violenta sacudida con la revolución de los claveles en el vecino Portugal, protagonizada en abril de 1974 por un denominado Movimiento de las Fuerzas Armadas, dirigido por militares comunistas. Para la CIA, se trataba entonces de impedir que en España militares demócratas, integrados en la incipiente Unión Militar Democrática, siguieran el ejemplo de sus colegas portugueses, que acabaron sin un solo disparo con la dictadura lusa heredera del autócrata Antonio de Oliveira Salazar (1889-1970). El temor de Washington era el considerar que, a la muerte de Franco, España saliera de su órbita geoestratégica y surgiera aquí una democracia plena, soberana y progresista.

La integración de España en la OTAN, a escala de la opinión pública española, era una misión casi imposible: la derecha española recelaba todavía de Estados Unidos por la pérdida de las colonias en América a manos de los norteamericanos en 1898; y la izquierda, por la prórroga que el presidente Eisenhower le dio a Franco en 1959 para seguir en el poder 16 años más, pese a su anterior sintonía hitleriana y mussoliniana. Con todo, el propósito obsesivo de Washington consistía en mantener la estructura socioeconómica capitalista del franquismo, tolerando cambios políticos formales con los que retener a España en la esfera del capitalismo bajo el dominio geoestratégico estadounidense.

Sociólogos destacados en el recuento de votos del referéndum OTAN, informaron de un apagón de hora y media en los registros contables

A la muerte del dictador, España, en los albores de la democracia, se planteaba como prioritario acceder a la Comunidad Económica Europea, pero Washington se oponía a ello mientras no se consumara la integración en la Alianza Atlántica. Adolfo Suárez, jefe del primer Gobierno democrático, retardó cuanto pudo la integración española, invocando cierto neutralismo; pero su demora le costaría la Presidencia del Gobierno, con su dimisión previa al golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, perpetrado por militares golpistas que decidieron secuestrar a mano armada del Congreso de los Diputados.

Antonio Tejero, pistola en mano, con su uniforme verde oliva, en el atril de oradores del Congreso, permitió evocar a millones de españoles que era otra vez posible el regreso de los uniformados al poder, flagelo de la política española desde 150 años atrás con una cadena incesante de cuartelazos, pronunciamientos y dictaduras hasta la muerte del dictador en 1975.

El mismo Congreso de los Diputados que acababa de ser  secuestrado por Tejero y sus conmilitones a punta de pistola y metralletas, aceptó el precipitado ingreso de España en la OTAN decidido por Leopoldo Calvo Sotelo, presidente del Gobierno, el 30 de mayo de 1982. Aquel siniestro rittornello, el eventual retorno de los uniformados al poder, forzó el cambio de la opinión española que en marzo de 1986 votó en un referéndum supuestamente a favor de la integración en la OTAN, principal beneficiaria del golpe de Estado de febrero de 1981. Sociólogos destacados en el recuento de votos de aquel referéndum, instado por Felipe González, informaron de un apagón de hora y media en los registros contables.

Hoy, 40 años después, la OTAN agoniza. Las ínfulas imperiales de Donald Trump son inadmisible para Europa.

Notas:

[1] Soberanos e intervenidos. Por Joan Garcés, 4ª edición. Siglo XXI. 2012

[2] La CIA en España. Por Alfredo Grimaldos. Atalaya. 2006

(*) Periodista. Experto en geopolítica

Deja un comentario

Acerca de

Writing on the Wall is a newsletter for freelance writers seeking inspiration, advice, and support on their creative journey.