William Murphy (substack del autor), 2 de Marzo de 2026
Cómo la clase de Epstein, los oligarcas y el Estado estadounidense han creado un monopolio de la violencia
La mayoría de los estadounidenses aún creen que Estados Unidos es una democracia con pesos y contrapesos. Creen que las elecciones y los tribunales los protegen. La realidad es mucho más oscura: Estados Unidos está controlado por una pandilla, una red criminal transnacional que utiliza al Estado, las fuerzas armadas y la policía como herramientas para el robo y la violencia.

La idea de que «Estados Unidos es una democracia» es una mentira reconfortante para las masas. En realidad, Estados Unidos se maneja como el sindicato del crimen organizado más sofisticado de la historia. Esto no es una metáfora ni una hipérbole; está literalmente codificado en la estructura de poder. La riqueza, la influencia y la violencia se concentran en manos de una pequeña clase, que opera por encima de la ley y mantiene su dominio mediante el monopolio de la fuerza.
Desde la perspectiva de la clase trabajadora, todos los aspectos de la sociedad estadounidense refuerzan este monopolio. Las guerras, la policía, la vigilancia y la política económica están diseñadas para proteger las ganancias y los privilegios de esta pandilla gobernante. Mientras que los estadounidenses comunes están acostumbrados a ver «controles y contrapesos» en el gobierno, la clase de Epstein, los oligarcas corporativos y sus operadores políticos operan con una impunidad casi total.
La pandilla que gobierna Estados Unidos
En el núcleo de este sistema se encuentra una clase de multimillonarios y oligarcas que controlan los resortes del poder nacional e internacional. Su red se extiende a través de conglomerados financieros, tecnológicos, de inteligencia, de contratación militar y mediáticos. Son la encarnación moderna del crimen organizado: transnacional, sofisticado e intocable por los medios legales convencionales.
Esto es precisamente lo que las leyes RICO en Estados Unidos se diseñaron para abordar: empresas criminales que coordinan delitos reiterados bajo una estructura unificada. La clase Epstein, por ejemplo, demuestra características clásicas de una empresa RICO: tráfico coordinado, delitos financieros, tráfico de influencias y protección contra el enjuiciamiento.
No se trata simplemente de una falla moral ni de unas cuantas «manzanas podridas». Es sistémico. La pandilla utiliza al Estado —sus tribunales, policía, ejército y aparato de inteligencia— para mantener su dominio, reprimir a la oposición y extender su alcance criminal a nivel mundial.
Monopolio de la violencia
La señal más evidente de esta estructura del crimen organizado es el monopolio de la violencia. El ejército, la policía y los servicios de inteligencia estadounidenses son instrumentos de la pandilla, no defensores del pueblo. Esto no es una teoría abstracta; es visible en cada guerra imperial, en cada represión interna de las protestas y en cada operación de inteligencia que protege los intereses oligárquicos.
Las guerras son un instrumento central de este monopolio. No se libran para defender la libertad, la democracia ni la seguridad nacional. Como observó Emma Goldman hace décadas, las guerras son «guerras entre ladrones demasiado cobardes para luchar y que, por lo tanto, incitan a la juventud de todo el mundo a luchar por ellos». El imperio es robo. El ejército estadounidense es el ejecutor de la extracción global de la clase dominante. Mientras tanto, el pueblo paga con sangre y dinero.
A nivel nacional, la policía y el encarcelamiento cumplen la misma función. Comunidades enteras, especialmente las de color, son criminalizadas, vigiladas y castigadas para proteger la riqueza y la propiedad de las pandillas. La criminalización de los pobres garantiza el control social, manteniendo al mismo tiempo la ilusión de «ley y orden».
El teatro de la democracia
Una de las herramientas más eficaces de esta red de crimen organizado es el teatro ideológico. Las elecciones, los partidos políticos, los tribunales y los medios de comunicación son representaciones cuidadosamente coreografiadas. Convencen a la población de que el poder está distribuido, cuando en realidad está centralizado.
Los medios de comunicación, tanto los tradicionales como los independientes financiados por corporaciones, actúan como el brazo de relaciones públicas de la banda. Se inventan historias para proteger a los oligarcas, vilipendiar a los disidentes y fabricar el consentimiento para las guerras y la explotación económica. Incluso el llamado periodismo de investigación rara vez cuestiona el sistema en sí; se centra únicamente en actores prescindibles, dejando intacta la red.
Las elecciones funcionan de la misma manera. El espectáculo de las campañas, la recaudación de fondos y la rivalidad política oculta el hecho de que los resultados políticos están predeterminados por la clase que controla la economía. Los políticos son empleados, no representantes. Imponen la agenda de la pandilla, desde la política fiscal hasta la intervención extranjera, y son recompensados o castigados en consecuencia.
Extralimitación y fragilidad imperial
Aunque esta banda proyecta poder globalmente, no es invulnerable. El imperio estadounidense está sobrecargado, con dificultades financieras y cada vez más dependiente de la coerción en lugar del consentimiento genuino. Las guerras en el extranjero, en particular contra naciones soberanas como Irán, son pruebas de dominio y también indicios de fragilidad. La dependencia de la red de la imposición militar pone de manifiesto su incapacidad para garantizar la cooperación voluntaria o la legitimidad.
Esta fragilidad crea oportunidades para la solidaridad internacional y la resistencia nacional. La pandilla gobernante se apoya en el monopolio global de las finanzas y los medios de comunicación para mantener su dominio. Interrumpir estos canales —mediante la organización de base, los medios alternativos y la cooperación internacional— ataca la esencia de su poder.
Construyendo conciencia revolucionaria
El primer paso para desmantelar esta pandilla es comprender su estructura. Los estadounidenses deben reconocer que su estado no es neutral, sus elecciones no son justas y sus «líderes» no son representantes. El sistema es criminal en su esencia, y su defensa de la propiedad y el lucro se impone mediante la violencia.
La resistencia debe ser informada, estratégica y revolucionaria. La organización clasista, la solidaridad internacional y la confrontación directa con los mecanismos del poder estatal-corporativo son esenciales. Las revoluciones no se ganan con apelaciones morales a la pandilla; se ganan desmantelando su infraestructura y empoderando a la gente.
Esto implica atacar no solo los delitos individuales, sino también el sistema que los posibilita. Las redes financieras, los monopolios mediáticos, los contratos militares-industriales y la corrupción política deben abordarse como partes interconectadas de una organización criminal. En resumen, la lucha es estructural, sistémica y global.
Conclusión
Estados Unidos es un estado controlado por una pandilla. Su monopolio de la violencia, su coordinación del robo global y su manipulación de la sociedad nacional son indicadores de una organización criminal que opera con impunidad. La clase de Epstein, los oligarcas y sus agentes no son la excepción; son ejemplos.
Reconocer al Estado estadounidense como crimen organizado no es pesimismo; es claridad. Desde allí, la acción revolucionaria se hace posible. Los jóvenes ya no serán enviados a morir en guerras por los ricos, los pobres ya no serán criminalizados por su supervivencia, y los mecanismos de las pandillas finalmente enfrentarán la justicia.
La lucha es inmensa, pero la historia demuestra que las organizaciones criminales arraigadas, por sofisticadas que sean, nunca son inmortales. La conciencia, la estrategia y la solidaridad son las armas del pueblo. El monopolio de la violencia no durará para siempre.
Fuentes y lecturas adicionales
- Emma Goldman, “Viviendo mi vida” : Una visión sobre la naturaleza de la guerra y las clases dominantes.
- Departamento de Justicia de los EE. UU., Estatutos RICO (18 USC § 1961–1968) – Codificación legal de las estructuras del crimen organizado.
- The Grayzone – Informes de investigación sobre el imperialismo estadounidense, la oligarquía y los crímenes de Estado.
- Chris Hedges, “Empire of Illusion” – Análisis del engaño de la élite estadounidense y la corrupción sistémica.
- David Graeber, “Deuda: Los primeros 5000 años” – Contexto sobre el control financiero y la explotación sistémica.
- Alex Cockburn, “Ruling Class Wars” – Perspectiva histórica sobre el poder oligárquico estadounidense.
- Investigaciones sobre Jeffrey Epstein y las redes de la clase Epstein : consulte documentos judiciales públicos e informes de medios independientes.
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