Luis Manuel Arce Isaac (MUNDO OBRERO), 2 de Marzo de 2026
No se puede olvidar que Beijing es el principal socio comercial de Teherán y destino de cerca del 90% de sus exportaciones petroleras. No parece que vaya a renunciar a ese suministro.

Lanzamiento de misiles por parte del Ejército de Irán | Fuente: @irna_es
El 28 de febrero puede ser una fecha apocalíptica en la historia contemporánea porque la riesgosa y criminal agresión de Estados Unidos a Irán —tomando a Israel como punta de lanza—, se sabe cómo empezó, pero no cómo terminará. La envergadura de la orden presidencial y su objetivo declarado de cambio de régimen amenazan con fracturar de forma irreversible el equilibrio político-militar y geoestratégico no solamente en Oriente Medio.
El asesinato del líder de la revolución islámica, ayatolá Alí Khamenei, reportado por Al Jazeera, y la de su familia, hija, yerno, nietos, complicará por tiempo prolongado la situación militar en toda la región mesoriental la cual puede convertirse en un infierno, aún incluso en la hipotética posibilidad de que Trump ordene un alto el fuego para presionar la toma del país desde posiciones negociadoras, pero de fuerza.
El mandatario republicano acaba de cruzar la raya roja, no solamente en política internacional, sino en los propios Estados Unidos, porque el pueblo estadounidense sería demasiado irresponsable si acepta de brazos cruzados la mancha que sobre él ha vertido su presidente.
Trump ha puesto en grave peligro una paz mundial que ya no es sustentable desde el 20 de enero de 2025 cuando asumió la Casa Blanca y comenzó una serie de guerras con la falacia de hacer más grande a su país, aunque todo el mundo conoce que es para llenarse los bolsillos y aspirar a dominar el mundo.
Reto consciente a la humanidad
No hay otra alternativa que calificar esta impunidad de Trump como un reto consciente a la humanidad, incluido al pueblo estadounidense que lo eligió equivocadamente para gobernar y sacarlo de la crisis, no para desacreditarlo ante el mundo y comprometerlo con sus crímenes.
Por mucho que se hurgue en los propósitos de Trump, no hay otra forma de asimilar lo que se inició en la madrugada del 28 de febrero de 2026, como un esfuerzo de controlar una zona muy estratégica para sus rivales de China e India, incluyendo a sus aliados Japón y Corea del Sur, y de suprema importancia en su plan de restaurar por la fuerza de las armas un unilateralismo imposible de regresar.
El Estrecho de Ormuz
No es necesario recordar que Irán es la nación que controla el Estrecho de Ormuz, el cual une a los golfos Arábigo-Pérsico con el de Omán y el Mar Arábigo, una ruta que permite el trasiego diario de más del 20 % del petróleo que se comercializa en el mundo, y un altísimo porcentaje de gas natural licuado que suministran a sus mercados Irán, Iraq, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.
Todos ellos usan esa vía y debido a su impacto en los precios internacionales, es considerado uno de los puntos de estrangulamiento de petróleo más vitales en la economía mundial.
Hasta hace unos pocos meses, Trump escondía sus verdaderas intenciones geopetroleras y comerciales, las cuales implicaban la eliminación de la revolución islámica para poder tomar el control del golfo y los estrechos de Ormuz y Omán. La revuelta interna propiciada por sus agentes de inteligencia, según numerosos analistas, propició el adelanto de las acciones.
Como todo el mundo lo sabía, en este segundo ataque con Israel como mascarón de proa, decidió soltarse la careta y admitir que las negociaciones previas fueron una farsa, pues de lo que se trataba era de imponerle cambios estructurales al régimen político-ideológico islámico, y dominar y administrar su economía, que Teherán no aceptó.
Asesinar a Khamenei y los líderes del gobierno
En esta nueva ocasión Trump dejó bien clara su obsesión de asesinar a todos los líderes islámicos, incluidos sus más connotados ayatolás, como Alí Khamenei, a fin de reconfigurar el mapa del Oriente Medio e intentar convertir al Israel sionista de Benjamín Netanyahu en su metrópoli imperial, y obligar con ello a China y la India a pasar bajo sus horcas caudinas no solamente a sus tanqueros, sino también a sus naves militares.
No se puede poner en dudas de que, ya conseguido ese propósito, asuma el papel de héroe y pacificador, declare un alto el fuego y convoque al gobierno a negociar la entrega del país bajo la amenaza de convertir a Teherán y las demás ciudades en escombros, como hizo George W. Bush con Bagdad. Hacer algo parecido o mayor que con Venezuela tras el secuestro de Nicolás Maduro.
El mandatario republicano tomó esa decisión, seguramente, porque consideró timorata la reacción del mundo, en particular de las potencias tanto de occidente como de oriente, y la nulidad de Naciones Unidas, roto ya el orden mundial e inexistente el derecho internacional.
Bejing y Nueva Delhi tendrán que recapitular su posición ante la irreverencia de Trump quien ya considera que Yemen no podrá resguardar el golfo de Omán, como tampoco Irán el Estrecho de Ormuz, dado que China e India, junto con Japón y Corea del Sur, son los principales usuarios de esa ruta marítima por la que se transporta tanta cantidad de petróleo y gas.
Cálculos en la correlación de fuerzas
En la correlación de poderío militar, Trump no guarda temores con el de Irán, pero sí lo pensaría dos veces si la comparación fuera con el de Rusia y de China, incluso hasta con el de la India. Pero él ha intentado convencer a los tres de que el conflicto con los persas no se relaciona con ellos.
Al mismo tiempo, conoce que los iraníes son excelentes combatientes, poseen una cultura milenaria que no quieren occidentalizarla, y una visión teocrática que, aunque con el tiempo ha flexibilizado su ortodoxia, sigue siendo el horcón de esa sociedad y donde radica su fortaleza. Así que lo más conveniente para él es buscar una rendición persa y declarar que derrotó la revolución sin tener ni una sola baja estadounidense.
El cambio de régimen
De todas formas, un cambio de régimen es complejo aun en ese escenario porque habrá un conflicto interno violento si tropas israelíes o estadounidenses intentan repetir en Irán lo que hicieron en Gaza, amén de que la cultura iraní es poderosa y difícilmente asimilará pasivamente cambios estructurales fuera de sus leyes basadas en el dogma religioso, la unión de Iglesia y Estado, y de sus costumbres.
Trump y Netanyahu tienen listo su plan de bombardeo masivo de destrucción de la nación persa, si no prosperan las presiones en las negociaciones, pero no han expresado cómo ni cuándo invadirán su territorio. Las guerras se ganan no con los bombardeos ni con la invasión de la infantería, sino con el sostenimiento de la ocupación militar, el control del orden, y la administración de la economía.
China y Rusia
Todavía se desconoce el rol de China y Rusia ante el nuevo escenario creado por Trump. Pero no se puede olvidar que Beijing es el principal socio comercial de Teherán y destino de cerca del 90% de sus exportaciones petroleras. No parece que vaya a renunciar a ese suministro. La prudencia del gigante asiático seguramente tiene límites.
Lo mismo debe ocurrir con los propios aliados de Trump en Europa que se sirven del petróleo de Oriente Medio, si crecen a un nivel insoportable las dificultades para que los barriles lleguen a ellos sin guerras arancelarias, monetarias y financieras. Temen a que se disparen los precios del crudo en momentos en que tanto lo necesitan y cuando una gran parte de sus presupuestos los engulle la guerra en Ucrania y el fortalecimiento de la OTAN.
Al mandatario republicano le importa tres bledos que se corte el suministro de crudo a Europa, que la escasez se haga más presente y los precios del barril suban en espiral para agravar sus economías individuales ya dañadas por Ucrania, mientras siguen haciendo esfuerzos inútiles e inconcebibles para que Moscú se desgaste hasta perder la contienda con Kiev, lo cual es un imposible comprobado.
¿Hasta cuándo Beijing va a mantener la prudencia o a responder de forma no diplomática a los compromisos firmados en 2021 con Teherán en una asociación estratégica integral vigente? ¿En qué medida el asesinato de Khamenei afecta esa situación, aun cuando es el gobierno, y no la religión, el que administra la nación?
En la anterior agresión de junio de 2025, China evitó compromisos militares con los persas, pero ahora es diferente porque está en el tapete una reconfiguración geoestratégica en toda la cuenca que abarca los tres golfos y afecta a su navegación comercial. No parece que Trump busque una repartición de sus aguas, sino un control total.
Hay especulaciones muy fuertes, quizás inducidas desde Washington y Tel Aviv, de que ahora Beijing tendrá que paralizar no solamente los ejercicios militares conjuntos con Irán en el golfo, sino readecuar sus relaciones militares, lo que podría interpretarse como una debilidad frente a Trump y una aceptación de un bombardeo con objetivo de cambio de gobierno como advirtió la Casa Blanca. Los líderes chinos son muy reservados y será difícil saber cómo piensan, más allá de las declaraciones formales.
Posiciones más contundentes
La prensa proestadounidense insiste en que el asesinato de la alta dirección del gobierno y de la revolución islámica, fue la prioridad máxima de los ataques directamente ordenados por Trump, y la cumplió tranquilamente, sin ni siquiera pensar o admitir que fue un crimen de lesa humanidad penalmente sancionable, o temer a una reacción china por militarizar en extremo el golfo arábigo-pérsico, que es lo que debe venir ahora.
A Irán, sin lugar a dudas, le hace falta posiciones más contundentes y menos retóricas. Al igual que otros países, incluida la Francia de Emmanuel Macron, Rusia denunció una violación del derecho internacional y cuestionó que la ofensiva ocurriera mientras se desarrollaban negociaciones diplomáticas, lo cual Washington entiende como parte de un protocolo.
Además de China, Rusia e India, Trump también ha retado a sus propios compatriotas estadounidenses al violar todo lo instituido con su orden letal contra Irán, pues una encuesta en el propio día de inicio del ataque realizada por AP-NORC, reveló que tres de cada 10 estadounidenses se opusieron a la guerra.
El dato es de la mayor importancia si se tiene en cuenta que un 61 por ciento estimó que el programa nuclear iraní es una amenaza, y aun así, se pronunciaron contra lo que está haciendo Trump. De todas formas, hasta la propia inteligencia militar desmintió el argumento del presidente al confirmar que Irán no está en condiciones de desarrollar el arma nuclear hasta después de 2035, si es que así lo decide.
¿Cómo va a evolucionar la guerra?
¿Cómo va a evolucionar la guerra? Eso no se sabe. Puede que Trump la termine en horas, como ya dijimos, pero si una vez destruidas Teherán y las principales ciudades se decide la invasión, no parece que Israel la ejecute solo con sus soldados.
Es de suponer que sea el propio Trump quien no resista una guerra larga, que es lo que la lógica indica si hubiese desembarco. Participarán infantes estadounidenses quienes seguramente tendrán cientos de bajas, muchas mortales y otros mutilados, y la sociedad seguramente reaccionará en contra, como en la época de Vietnam, en los 50 estados de la Unión, sean republicanos o demócratas. Entonces, más temprano que tarde, perderán la guerra.
Eso no le conviene a Trump, ni es lo que desea. Lo que le interesa es ganar un gran aval para noviembre de este año, y arrasar con todas las curules de ambas cámaras. El objetivo: mantener la mayoría congresional. Si no tiene garantías de lograrlo, dará un golpe de Estado legislativo y parará las elecciones. Sobrevivir como presidente y crear condiciones para una tercera reelección y con ello consolidar el autoritarismo neofascista y supremacista, es su gran ideal.
Deja un comentario