Gaceta Crítica

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El genocidio en Gaza no terminó

Lee Mordechai (JACOBIN), 1 de Marzo de 2026

El historiador radicado en Jerusalén Lee Mordechai pasó los últimos dos años documentando la violencia israelí contra civiles en Gaza. En una entrevista, explica por qué el genocidio continuó incluso después del supuesto alto el fuego.

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Entrevista por Elias Feroz[1]

La destrucción de la Franja de Gaza que se desplegó desde el 7 de octubre de 2023 no tiene precedentes incluso en comparación con crímenes israelíes anteriores. Algunas estimaciones sostienen que más del 80 por ciento de la infraestructura material fue destruida, y hasta las propias fuerzas israelíes admiten una cifra de más de 70.000 muertos. Desde que comenzó el llamado alto el fuego, el ejército israelí continuó arrasando barrios enteros con topadoras, lo que llevó a algunas organizaciones de derechos humanos a acusarlo de destruir pruebas de sus crímenes.

Uno de los israelíes que se negó a apartar la mirada de estas atrocidades es Lee Mordechai, historiador del Imperio Romano de Oriente y profesor titular en el Departamento de Historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Pasó los últimos dos años documentando la guerra en Gaza a través de su proyecto Bearing Witness [Dar testimonio]. La iniciativa recopila sistemáticamente testimonios, informes periodísticos y otras pruebas de la violencia contra civiles, con el objetivo de preservar un registro factual de lo que él define como un genocidio en curso.

A su juicio, la violencia no terminó pese al alto el fuego entre Israel y Hamas anunciado en octubre. En una entrevista para Jacobin, le contó a Elias Feroz cómo la indiferencia institucional, el silencio mediático y la normalización social permiten que las atrocidades continúen en gran medida sin control. Al explicar su propia investigación, detalla por qué la mayoría de los académicos israelíes permanecen en silencio y por qué documentar estos hechos es esencial para garantizar la responsabilidad histórica.

EF

Fuiste una de las primeras voces públicas en Israel en describir las acciones de Israel en Gaza como genocidio y fundaste Bearing Witness, un proyecto que documenta los crímenes de guerra de Israel en Gaza. Dado que el de Israel-Palestina no es tu principal campo de investigación, ¿qué te impulsó a emprender este trabajo?

LM

Sí, no me formé en la historia de Israel-Palestina. Cuando ocurrió el 7 de octubre, estaba de año sabático en Estados Unidos. Observar los acontecimientos desde afuera, especialmente consumiendo medios no israelíes y en particular fuentes alternativas y no convencionales, fue extremadamente influyente para mí. Me hizo comprender el horror de los hechos que estaba presenciando.

En ese momento sentí que necesitaba hacer que otras personas fueran conscientes de lo que yo estaba viendo, en particular un público israelí más amplio. Intenté diferentes maneras de hacerlo. Hablé con amigos y familiares e intenté publicar columnas y artículos de opinión en Haaretz. Nada de eso pareció tener demasiado impacto.

Luego, en diciembre de 2023, Sudáfrica presentó su caso ante la Corte Internacional de Justicia. Leí el documento completo, la presentación de más de ochenta páginas, y recuerdo haber pensado que esto era algo que yo podía hacer por mi cuenta. Las fuentes y los métodos no eran fundamentalmente distintos de los materiales con los que trabajo en mi investigación académica como historiador.

Ya antes del 7 de octubre venía pensando en mis obligaciones como académico hacia la sociedad que paga mi salario. Después del 7 de octubre intenté entender qué papel debía desempeñar en esta realidad. También me influyó el politólogo John Mearsheimer, quien sostuvo que incluso si nadie escucha, uno sigue teniendo la obligación de hablar y dejar constancia pública del argumento, para que quede registro de haber estado del lado correcto de la historia.

Empecé a recopilar pruebas y a publicarlas en mis redes sociales, que en ese momento eran prácticamente inexistentes. Al principio casi nadie prestó atención, pero continué de todos modos. Con el tiempo la gente empezó a interesarse. Comencé a publicar a principios de enero de 2024.

EF

Tu proyecto se volvió viral un par de semanas después.

LM

Exactamente. La primera gran ola fue hacia mediados de marzo de 2024. Empezó como un proyecto individual. Después de que regresé a Israel en el verano de 2024, un extenso perfil en Haaretz llevó a decenas de israelíes, en su mayoría judíos y algunos palestinos, a contactarme para ofrecerse como voluntarios.

Ahora tenemos alrededor de cien voluntarios con ciudadanía israelí, con aproximadamente dos tercios radicados en Israel y el resto principalmente en Europa y Estados Unidos. Llevamos más de un año trabajando para documentar, catalogar y preservar pruebas.

Publicamos nuestro trabajo en hebreo, inglés y, esperamos, también en árabe. Aunque representamos a una pequeña minoría, aprendí que incluso un grupo relativamente reducido y bien coordinado puede tener un impacto significativo, especialmente cuando se utilizan herramientas digitales de manera responsable.

EF

¿Cómo te afectó tu experiencia en Estados Unidos? ¿Fue necesario estar fuera de Israel para llegar a estas conclusiones?

LM

No creo que hubiera podido iniciar este proyecto si hubiera estado en Israel en ese momento. Tanto la realidad sobre el terreno como el discurso público que la rodea tienden a arrastrarte hacia cuestiones de corto plazo, por lo que se vuelve extremadamente difícil concentrarse en una sola tarea durante un período prolongado. Si hubiera estado en Israel, probablemente me habría sumado a manifestaciones, hecho voluntariado en una ONG o ayudado a israelíes desplazados de manera práctica.

Estar en Estados Unidos implicaba que ninguna de esas opciones estaba disponible, así que tuve que encontrar otra forma de responder. Soy historiador y escribir es lo que sé hacer. En ese sentido, la escritura fue el canal más natural. Al principio no estaba destinada a un público específico. Escribía para mí, pero también con la esperanza de que eventualmente este trabajo pudiera llegar a un público más amplio.

EF

¿Qué tipo de repercusiones personales, si las hubo, enfrentaste en Israel por tu proyecto o por tus acciones en general?

LM

Las repercusiones fueron mínimas. Nadie de la policía, los servicios de seguridad ni las autoridades gubernamentales se contactó conmigo. En la práctica, puedo decir lo que quiera. Hubo cierto rechazo académico, pero nada más serio que algún correo de odio ocasional. No recibí amenazas ni sufrí acoso significativo, lo que francamente me sorprendió. Esperaba una reacción muy distinta. Mi impresión es que la gente me ve como algo así como el tonto del pueblo, alguien que dice cosas incómodas o inconvenientes. Es más fácil ignorarme que comprometerse seriamente con lo que estoy diciendo.

EF

¿Cómo reaccionan tus estudiantes cuando hablas sobre Gaza?

LM

Di dos cursos directamente relacionados con el tema. Uno fue sobre la historia de Gaza, desde la prehistoria hasta el presente, que dicté a comienzos de 2025. Más recientemente, ofrecí un seminario específicamente sobre la guerra. Ambos cursos tuvieron una matrícula muy superior a la habitual. Hubo tensiones, por supuesto, pero eso era de esperar. En general, los estudiantes se comprometieron seriamente con los contenidos, y creo que fueron importantes para ellos. Nadie cuestionó mi derecho a dictarlos ni me pidió que dejara de hacerlo.

Al primer curso asistieron exclusivamente estudiantes judíos israelíes. El segundo incluyó a un pequeño número de ciudadanos o residentes palestinos de Israel. [Nota: Los residentes palestinos de Jerusalén en su mayoría no tienen ciudadanía israelí, sino que poseen una identificación israelí que acredita su residencia permanente en la ciudad.] En ambos casos, las discusiones permanecieron en gran medida dentro de un marco intraisraelí, lo cual es comprensible. En general, la experiencia fue positiva y planeo seguir ofreciendo estos cursos en los próximos años.

EF

¿Qué presencia tiene hoy la situación en Gaza dentro del discurso académico israelí, particularmente en la Universidad Hebrea donde enseñás?

LM

Está en gran medida ausente. Tanto en la academia como en la sociedad israelí en general, es relativamente fácil ignorar lo que está ocurriendo en Gaza y volver a una sensación de normalidad. La vida cotidiana en Israel continúa más o menos como siempre. Un amigo periodista me contó recientemente que había revisado una edición completa de Haaretz sin encontrar un solo artículo sobre Gaza. Lo mismo suele ocurrir con Ynet, el sitio de noticias más leído de Israel.

Gaza rara vez aparece en conversaciones cotidianas y a menudo está ausente de los medios. Como resultado, la mayoría de la gente aquí no piensa en Gaza ni se involucra con lo que sucede allí. Los medios desempeñan un papel activo en sostener esta falta de conciencia. A menos que alguien busque deliberadamente información, siempre hay otras preocupaciones más inmediatas que ocupan el primer plano.

EF

Cuando se trata de Gaza, ¿el gobierno y la academia están alineados?

LM

En gran medida, sí. Muchos académicos pueden sentirse incómodos con lo que ocurre en Gaza, pero justifican su silencio enmarcando la situación como un momento de emergencia. La crítica a la política de Israel en Gaza es fácilmente presentada por la derecha como apoyo a Hamas. Esa amenaza disuade por igual a políticos, jueces y académicos.

EF

Desde que Israel y Hamas acordaron lo que se presentó como un alto el fuego, cientos de palestinos siguieron muriendo. ¿Cómo caracterizarías la etapa actual del sufrimiento palestino?

LM

No creo que el genocidio haya terminado. Lo que estamos viendo es la continuación del mismo proceso bajo una forma diferente. La mayoría de los israelíes no es consciente de que la violencia continúa.

Los bombardeos en curso, la destrucción de escuelas y las muertes civiles, a menudo incluyendo mujeres y niños, o bien no se informan o se presentan casi exclusivamente en términos de «terroristas». Esta dinámica no es nueva. Incluso antes del 7 de octubre, Gaza era tratada como algo distante, un asunto que convenía ignorar, que otros debían manejar, sin exigir atención sostenida ni compromiso moral por parte de la sociedad israelí.

EF

¿Qué tendría que suceder para que el genocidio pudiera considerarse terminado? ¿Hay indicadores concretos que buscarías?

LM

Sería esencial una solución política genuinamente acordada, combinada con un cese claro y sostenido de las hostilidades. Existen, en teoría, distintos desenlaces posibles. Uno sería una solución abiertamente violenta, como la expulsión masiva, es decir, la limpieza étnica. Eso pondría fin a esta fase particular, aunque obviamente no en un sentido positivo. Otra alternativa sería un arreglo político que estabilice la vida en Gaza y aborde las condiciones básicas de la existencia palestina allí, quizá mediante un Estado.

EF

Poco después del alto el fuego de octubre, escribiste sobre la amnesia colectiva de Israel y el rápido borrado del sufrimiento palestino de la conciencia pública. ¿Se aceleró este proceso ahora que fueron devueltos los últimos rehenes israelíes?

LM

Es difícil medir una aceleración en este sentido. Lo que importa más es el proceso en sí. A una hora de donde vivo, aproximadamente dos millones de personas están viviendo en medio de una catástrofe humanitaria. La mayoría perdió sus hogares y sus medios de vida. El hambre y las privaciones están generalizados. Sin embargo, la vida cotidiana en Israel se siente normal.

Aún más cerca de Gaza, la vida también puede parecer normal, salpicada ocasionalmente por explosiones (ataques aéreos, demoliciones o detonaciones cuya naturaleza a menudo no está clara). A menos que alguien elija activamente prestar atención, es extraordinariamente fácil olvidar que todo esto está ocurriendo. Como historiador, encuentro esto profundamente instructivo. Se asemeja a situaciones sobre las que he leído durante años: personas que viven en estrecha proximidad al sufrimiento masivo y que luego afirman que no sabían. La realidad es que no saber, o elegir no saber, es más fácil de lo que nos gusta admitir.

EF

El terror de los colonos en Cisjordania, que va desde ataques contra civiles palestinos hasta demoliciones de viviendas, a menudo recibe poca atención pública. ¿Cómo encaja esta omisión en el patrón más amplio de olvido colectivo que describes en la sociedad israelí?

LM

La situación en Cisjordania es algo diferente. Allí hay menos olvido, en parte porque Cisjordania sigue siendo relativamente accesible para los israelíes. Numerosas ONG operan sobre el terreno, documentando abusos e intentando llevarlos a la atención pública. Eso no significa que la situación sea buena —no lo es— pero los incidentes individuales en Cisjordania sí reciben cobertura mediática. Este no es el caso de Gaza. Eso era cierto incluso antes del 7 de octubre y sigue siéndolo hoy.

Organizaciones como B’Tselem pueden operar en Cisjordania. Activistas y periodistas pueden viajar allí, recoger testimonios, distribuir cámaras y construir redes a largo plazo. Gaza estuvo mucho más aislada. Desde donde vivo, puedo llegar a muchas partes de Cisjordania en media hora. Gaza es completamente diferente y estuvo totalmente cerrada para los israelíes.

También hay una dimensión política. Ciertos actores políticos de centroizquierda están ocasionalmente dispuestos a criticar los asentamientos y la violencia de los colonos, al menos cuando eso se alinea con sus intereses políticos. Ese espacio para la crítica no existe en lo que respecta a Gaza. Casi no existe ninguna crítica significativa de la política hacia Gaza incluso dentro de la oposición judía liberal-sionista.

EF

En los últimos meses, Israel suspendió los permisos de decenas de grupos de ayuda para operar en los territorios palestinos ocupados —una medida que expertos de la ONU califican como una clara violación del derecho internacional— y destruyó la sede de UNRWA [Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente, por sus siglas en inglés] en Jerusalén. ¿Qué impacto creés que tendrán estas medidas en Gaza y en el futuro de la sociedad civil palestina?

LM

Debo ser claro acerca de los límites de mi especialización. No soy un experto en derecho internacional ni en gobernanza de ONG. Lo que puedo ofrecer es una interpretación más amplia. Lo que estamos presenciando es la desintegración del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, en particular del marco que surgió después de la Guerra Fría. Los Estados son cada vez más capaces de hacer cosas que antes se consideraban inaceptables.

La destrucción de instalaciones de UNRWA es un ejemplo claro. Un Estado no debería incautar y demoler propiedad de la ONU. Que esto pueda ocurrir refleja la debilidad de las instituciones internacionales. El poder ahora anula de manera rutinaria normas anteriores. Los países que se suponía debían sostener este orden internacional —especialmente Estados Unidos, pero también los Estados de Europa Occidental— son los que en gran medida permitieron que colapse.

El secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio declaró recientemente en Múnich que los intereses de Estados Unidos y de Occidente deberían situarse por encima del orden global. Algunos gobiernos occidentales anunciaron restricciones a la venta de armas a Israel, solo para revertirlas silenciosamente. Alemania es un ejemplo reciente. La cooperación militar, económica y diplomática continua con Israel indica que estas acciones son, en última instancia, tolerables.

Dentro de Israel, esto produce una sensación de normalidad. Si las relaciones internacionales continúan como de costumbre, la gente concluye que no está ocurriendo nada excepcional. Y si no está ocurriendo nada excepcional, no hay razón para cambiar de rumbo. Las restricciones solo importan si violarlas tiene un costo.

EF

En los medios y en la política de habla alemana en particular, la táctica de BDS (Movimiento Boicot, Desinversiones, Sanciones) y, más específicamente, los llamados a boicotear a las universidades israelíes reciben críticas incluso desde la izquierda, ya que se sostiene que tales boicots aislarán al sector progresista de la intelligentsia israelí y lo empujarán a los brazos de los nacionalistas. Como académico israelí que se opone al genocidio en Gaza, ¿estarías de acuerdo con esa evaluación?

LM

No considero convincente ese argumento. La comunidad académica progresista en Israel es muy pequeña. Invocarla a menudo funciona como una forma de evitar tomar medidas. Un boicot académico sería inconveniente para mí, pero lo entendería. Creo que los académicos genuinamente progresistas también entenderían la lógica detrás de tales medidas.

La comunidad académica liberal en Israel es mucho más grande que la comunidad académica progresista. Muchos liberales se opondrían firmemente a un boicot, pero no veo evidencia de que esa presión los empuje hacia el nacionalismo. Más ampliamente, dentro de la academia israelí, el aislamiento académico se toma en serio. El reconocimiento académico internacional confiere legitimidad, y muchos académicos están profundamente comprometidos con el mantenimiento de esas conexiones. El gobierno está menos preocupado por el BDS académico y, de hecho, a menudo considera a la academia israelí como un adversario político. Pero eso no significa que la presión académica sea irrelevante para el gobierno. Apunta a un sector que todavía valora las normas y el estatus internacionales.

EF

En tus frecuentes viajes a Estados Unidos, ¿enfrentaste personalmente llamados a boicots o a un aislamiento profesional?

LM

No explícitamente, hasta donde sé. Pero en este punto, no me importa mucho. Continuaré haciendo lo que creo que es necesario. Que eso conduzca a boicots o no es algo que otros deben decidir.

EF

Como historiador del Imperio Bizantino, ¿cuál considerás que es el valor de estudiar y enseñar historia en general? ¿No resulta frustrante presenciar el presente —especialmente la destrucción en Gaza— y ver que las lecciones de la historia no parecen impedir estas tragedias recurrentes?

LM

No creo que la historia ofrezca lecciones simples o directas. No es un manual para prevenir la catástrofe.

Dicho esto, el estudio histórico tiene valor al menos de dos maneras. En primer lugar, el conocimiento tiene un valor intrínseco. Comprender el pasado importa por sí mismo. En segundo lugar, la historia entrena habilidades que son esenciales para el presente: el pensamiento crítico, el juicio independiente y la capacidad de sintetizar fuentes diversas en una interpretación coherente de los acontecimientos.

La historia también hace que uno sea muy consciente de cómo el pasado es constantemente manipulado para fines políticos presentes. Vemos esto, por ejemplo, en los intentos de presentar la historia de Gaza como inherentemente judía. Existen numerosos libros que afirman que Gaza siempre fue judía, que siempre hu򰁯 allí una comunidad judía. Es una forma de fabricar reivindicaciones históricas. Estos no son relatos neutrales del pasado; son herramientas políticas.

Terminé en una posición —geográfica, profesional e históricamente— que me permite observar estos acontecimientos de cerca y documentarlos de manera sistemática. Mi responsabilidad, tal como la entiendo, es registrar, analizar y organizar este material con la mayor claridad posible para quienes puedan venir después, elijan o no involucrarse con él. Si observamos rondas anteriores de violencia en Gaza, muy pocas personas las siguieron de cerca en ese momento o regresaron a ellas más tarde. Eso puede volver a ocurrir. Pero esa posibilidad no cambia la necesidad de hacer el trabajo ahora.

EF

¿Cómo crees que los historiadores del futuro mirarán hacia atrás lo que pasó en Gaza desde el 7 de octubre?

LM

Hay dos posibles respuestas. Una es optimista: que los historiadores del futuro mirarán hacia atrás con conmoción y se preguntarán cómo tantas personas permitieron que esto sucediera, y quizá utilicen ese juicio para exigirle responsabilidades morales a sus sociedades futuras.

Pero esa respuesta puede ser ingenua. Si observamos tendencias globales más amplias, muchas normas que antes parecían estables ya no lo son. Acciones que previamente se consideraban inaceptables ahora se llevan a cabo con poca resistencia. Las instituciones internacionales, ya sean nacionales o globales, demostraron ser débiles o, al menos, fácilmente eludibles.

No hay garantía de que el tiempo traiga claridad o una rendición de cuentas moral. Es totalmente posible que estemos avanzando hacia un orden internacional más violento, menos restringido por el derecho internacional y las normas compartidas. En ese escenario, puede que nunca haya un momento de realización colectiva o de rendición de cuentas.

Notas

↑1Elias Feroz es escritor freelance. Entre otros temas, se enfoca en el racismo, el antisemitismo y la islamofobia, así como en la política y la cultura de la memoria.

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