Laura Prieto Gallego (PÚBLICO), 24 de Febrero de 2026
Los expertos piden cautela ante unos documentos que podrían resolver las grandes dudas sobre el papel que jugaron los protagonistas de este día tan decisivo para la democracia.

Era una petición histórica de historiadores, escritores, asociaciones y partidos políticos. «Desclasifique todo lo que haya. No va a cambiar nada la interpretación del golpe de Estado porque la verdad la sabemos y los de los bulos y las bolas van a seguir contándolas,» rogaba a Pedro Sánchez Javier Cercas, autor de Anatomía de un instante, en el Congreso hace apenas unos meses.
Justo el día en el que se cumplen 45 años del 23-F y apenas una semana después de que la Constitución de 1978 se convirtiera en la más longeva de la historia de España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este lunes que se desclasificarán «todos los documentos sobre el golpe de Estado». El Consejo de Ministros aprueba este martes la iniciativa, de la que la ministra portavoz dará más detalles. Este mismo miércoles serán publicados en el BOE poniendo fin a décadas de un oscurantismo amparado en la Ley de Secretos Oficiales de 1968.
La información que saldrá a la luz esta semana podría ayudar a aclarar algunas de las grandes incógnitas que giran en torno al día más decisivo de la democracia española moderna. Aunque los expertos consultados por Público prefieren ser prudentes y no pecar de optimismo, porque se conocen muy pocos detalles acerca de esta iniciativa.
Entre los textos que podrían hacerse públicos se encuentra el sumario completo del juicio, con hasta 89 legajos que contienen declaraciones de los procesados y grabaciones originales. Es una pieza fundamental del post-golpe, aunque gran parte de su contenido ya se conoce. El historiador Roberto Muñoz Bolaños accedió a él gracias al abogado del golpista Antonio Tejero y ha realizado su tesis y uno de sus libros en torno a él.

Otras informaciones generan mucha más expectación entre los investigadores. En especial, los archivos de los servicios de inteligencia o las transcripciones de las escuchas de la noche del golpe. Se sabe que muchas conversaciones fueron registradas, pero no en qué medida se conservan ni si fueron expurgadas. Las comunicaciones entre el Congreso y el exterior, o las que se cruzaron entre Zarzuela y Moncloa son las piezas más codiciadas. A esto se suman los informes internos de movilización de las distintas regiones militares, inéditos hasta la fecha.
Qué sabía el rey… y la clase política
A lo largo de 1980, el general Armada había hablado con los principales representantes del arco parlamentario sobre la posibilidad de hacer una moción de censura contra Suárez para forjar un gobierno de concentración que él mismo presidiría. Ese movimiento era conocido tanto por el rey como por la clase política.
«Pero eso no es el 23F», subraya Alfonso Pinilla, autor del libro El laberinto del 23-F: Lo posible, lo probable y lo imprevisto en la trama del Golpe. Aquella operación de 1980 iba a desarrollarse por cauces constitucionales. Iba a ser una moción de censura perfectamente constitucional, no lo que terminó siendo: un asalto al Congreso, con los tanques en las calles.
Estas conversaciones son el origen de muchas de las teorías que apuntan al rey Juan Carlos como uno de los responsables de la rebelión, una idea que ya han descartado varios historiadores, como el propio Javier Cercas o Muñoz Bolaños (El 23-F y otros golpes de estado de la transición).

Ante esta cuestión, Pinilla, profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, se remonta varias semanas atrás y la pregunta que se hace es la siguiente: «¿Qué grado de conocimiento tenía tanto el jefe de Estado,p como la clase política española de lo que iba a pasar esa noche? ¿Qué se sabía los días y semanas previos? Es un asunto que siempre está ahí».
El experto cree que los archivos clasificados pueden servir para resolver las dudas respecto al conocimiento que se tenía de los movimientos que se estaban dando en el Ejército, tanto en Zarzuela, como en Moncloa, o en el propio Congreso de los Diputados. La cuestión no es sólo quién paró el golpe o quién lo alentó, también hay que preguntarse por qué no se frenó antes.
Concretamente, sobre el emérito, aún se desconocen los encuentros y llamadas que realizó a lo largo de esa jornada, por ejemplo, con el general Armada, uno de los grandes protagonistas del golpe. En sus memorias, el rey emérito reconoce que constatar la participación de Armada en el golpe fue algo «muy doloroso»: «Alfonso Armada estuvo a mi lado durante 17 años. Lo quería mucho, y él me traicionó. Convenció a los generales de que hablaba en mi nombre».
El papel de los servicios de inteligencia
Si hablamos de los protagonistas del golpe de Estado, José Luis Cortina Prieto es quizá una de las figuras más enigmáticas. El entonces comandante del Ejército dirigía la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) del CESID –actual CNI– y fue el principal absuelto del 23-F. «Es una figura fundamental, que nunca quiso hablar al respecto, y que dispone de información muy importante, porque él estuvo en este asunto«, señala Pinilla.
Cortina fue juzgado como «catalizador logístico y de inteligencia», pero resultó absuelto por falta de pruebas tras pasar un año de prisión militar en Alcalá de Henares. A pesar de esta sentencia, persisten muchas dudas sobre la labor de los recién creados servicios secretos y sobre su nivel de conocimiento de los preparativos del golpe.
«¿Esto es una operación del CESID que elige como cabeza al general Armada o esto es una operación del general Armada asistida por el CESID? El orden de los factores sí altera el producto sustancialmente en este caso», plantea Pinilla.
Un golpe de estado con dimensión internacional
Más allá de las fronteras españolas, las sombras proyectadas desde fuera de España son una de las preguntas fundamentales que siguen sin respuesta: ¿Hasta qué punto los Estados Unidos eran conocedores de lo que iba a ocurrir esa noche?
«Hay indicios que ponen de manifiesto que quizá algún grado de información tenían. Por ejemplo, el acceso a las bases militares del personal español que trabajaba allí se prohibió esa mañana del 23 de febrero. Es decir, ningún español pudo entrar en las bases militares estadounidenses ubicadas en España esa mañana, algo absolutamente excepcional, que sólo ocurre cuando hay una situación de máxima alerta», explica Pinilla.
El hecho de que la Sexta Flota estadounidense estuviera desplegada en las inmediaciones de València aquel día es otro indicador. «¿Por qué en torno a València?, ¿qué sucedía en esa zona? Con lo que sabemos que ocurrió después en la capital, con la salida de los tanques de Milans del Bosch, las dudas son inevitables», se pregunta el historiador.
Para Gerard Pamplona, doctor en Historia (UAB), esta es una de las incógnitas que siempre han sobrevolado el caso: el papel de las potencias exteriores y si Estados Unidos fue un actor de primer orden, si lo supo y calló, o si no sabía nada directamente. «No creo que esta información salga nunca y, si sale, será dentro de décadas, cuando todo quede ya diluido; cuando sea un estudio histórico como ahora estudiamos la Primera República o la Restauración Borbónica, donde la generación que lo vivió ya no esté», lamenta.
Sobre la mesa hay otras muchas cuestiones, que recuerdan ambos historiadores. Quién era el famoso «elefante blanco«, es decir, la autoridad competente militar que los golpistas esperaron durante horas, pero que nunca apareció. También ha sido cuestionado el papel de Sabino Fernández Campo, el entonces secretario general de la Casa Real, encargado de coordinar las llamadas del rey en aquellas horas. Y se ha apuntado, en ciertas ocasiones a una posible trama civil detrás del golpe militar, que nunca se investigó y por la que solo Juan García Carres, dirigente de los sindicatos verticales durante el franquismo, llegó a ser juzgado.
Qué esperar de la desclasificación
A pesar de la relevancia del anuncio, los historiadores mantienen la cautela sobre lo que realmente encontraremos en los archivos. Por un lado, insisten en esperar a conocer más detalles de la operación anunciada por el presidente del Gobierno y cuál será su alcance real, mientras que recuerdan que gran parte de la historia ya ha sido desvelada.
«Una de las cuestiones más interesantes de ver sería la caja negra del golpe, como dice Pilar Urbano. Todas las conversaciones mantenidas esa noche desde el Congreso de los Diputados con el exterior, las de Tejero con Pardo Zancada desde Brunete», subraya Pinilla.
Respecto a esta cuestión, Pamplona lamenta que siempre se trate con «cierto paternalismo a la sociedad» considerando que «no está preparada para asumir el impacto social» de conocer su propia historia. «Desgraciadamente creo que el grueso de lo que sucedió se sabrá cuando gran parte de los implicados hayan fallecido. Mi sensación es que será un trabajo de transparencia gradual, una carrera de fondo, aunque nada de esto empaña que estemos ante una buena noticia para nuestra democracia», explica.
El historiador reconoce la delicadeza de este tipo de desclasificaciones, que pueden llegar a «desestabilizar a un país». «Hay temas controvertidos que, digamos, pueden llegar a alterar el relato general y es importante gestionarlo bien», apunta, señalando el caso de Francia con los papeles de Argelia, de Rusia con los de la Unión Soviética o, más recientemente, el caso Epstein, en Estados Unidos. «Sin embargo, creo que, en este caso, hablamos de una demanda histórica de la sociedad que demanda saber la verdad de uno de los sucesos más importantes de nuestra historia reciente», concluye.
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