TeleSur y MR Online, 24 de Septiembre de 2026

La Resistencia de las Mujeres Cubanas brilla con cinco rostros valientes que enfrentan la dura realidad del bloqueo estadounidense, demostrando que la solidaridad y la dignidad no pueden ser sancionadas.
La resistencia de las mujeres cubanas se ha convertido en la característica distintiva de una nación asediada durante más de seis décadas. El severo bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos ha transformado la vida cotidiana en una carrera de obstáculos que pone a prueba la resistencia humana constantemente. Este asedio no solo afecta la economía, sino que llega al corazón mismo de los hogares cubanos, donde las mujeres se han convertido en la columna vertebral de la supervivencia y la resistencia.
En las últimas semanas, esta presión se ha intensificado con nuevas medidas restrictivas de Washington destinadas a impedir la llegada de combustible a la isla, lo que ha desencadenado una crisis energética que pone a prueba una vez más la capacidad de la nación caribeña para reinventarse. Pero en medio de la escasez, surge la organización popular y, sobre todo, se hace patente la fuerza de las mujeres cubanas.

La atención sanitaria bajo asedio: las mujeres luchan por la vida
Emma Doris Ricardo Santana conoce profundamente el peso de estas restricciones. Madre y profesora universitaria, su vida dio un giro radical cuando un cáncer de mama agresivo la obligó a abandonar las aulas. El bloqueo interfirió directamente en su recuperación : la escasez de sueros citotóxicos le impidió recibir el tratamiento completo en el plazo previsto.
La falta de medicamentos se vio agravada por las dificultades del transporte, lo que la obligó a peregrinar a tres hospitales diferentes. A pesar de todo, Emma resurgió gracias al compromiso de la sanidad pública cubana y a una red inquebrantable de afecto y solidaridad.
“La medicina cura, pero la solidaridad también. Eso es lo que te levanta”, dice con una sonrisa recuperada, aunque sus ojos revelan una preocupación latente que nunca desaparece del todo.
Su hija Claudia, de 10 años, sufre un trastorno del crecimiento. Los reactivos y hormonas necesarios no llegan a la isla debido a las sanciones. «La prioridad de la familia es ella. La pequeña requiere un tratamiento que aún no podemos brindarle en Cuba», explica Emma con una claridad desgarradora.
Pero lejos de rendirse, Emma se mantiene firme en sus convicciones. «Tengo las botas puestas. No nos dejaremos intimidar; la rendición no tiene cabida entre los cubanos. Nosotros decidimos nuestro propio destino, nadie más», declara con inquebrantable determinación.
El sueño de la maternidad contra todo pronóstico
A sus 29 años, Rocío Rincón tiene un único objetivo en la vida: ser madre. Trabajadora civil del Hospital Carlos J. Finley, vive con un tumor pituitario que le ha impedido cumplir su sueño. En su casa, un altar yoruba y una pintura de cinco angelitas resguardan su anhelo más profundo.
“Ninguna de esas criaturas es mía, pero tener un bebé es mi meta”, confiesa con profunda tristeza, pero con una serenidad notable. Rocío agradece que su tratamiento sea gratuito gracias al sistema de salud cubano, aunque la inestabilidad en el suministro de medicamentos —que a menudo depende de donaciones de países amigos— ensombrece constantemente sus esperanzas.
“Demasiada gente está sufriendo por este bloqueo. Con Trump, la situación es mucho más agresiva; son medidas para asfixiarnos, pero no lo conseguirán”, afirma Rocío con firmeza, reflejando el sentimiento de miles de mujeres que, entre la escasez y la fe, se niegan a soltar las riendas de su futuro.
El movimiento de Resistencia de Mujeres Cubanas no está organizado en estructuras formales, sino que surge orgánicamente de las luchas diarias de madres, hijas, hermanas y abuelas que se niegan a permitir que las presiones externas dicten su destino o disminuyan su dignidad.
Contexto geopolítico: un asedio de seis décadas
El bloqueo estadounidense contra Cuba representa una de las sanciones económicas más antiguas de la historia moderna, que se remonta a principios de la década de 1960. Este embargo integral ha sido condenado reiteradamente por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con una oposición casi universal de la comunidad internacional. Las medidas restringen el acceso de Cuba a los mercados financieros internacionales, limitan las oportunidades comerciales y crean graves obstáculos para la adquisición de medicamentos esenciales, equipo médico y alimentos.
El impacto humanitario se extiende mucho más allá de las estadísticas económicas y afecta todos los aspectos de la vida cotidiana, desde la atención médica hasta la educación, desde el acceso a la energía hasta la seguridad alimentaria. Las mujeres, quienes tradicionalmente son las principales responsables del bienestar familiar y la cohesión comunitaria, enfrentan cargas desproporcionadas al afrontar esta escasez artificial, al tiempo que mantienen sus hogares y cuidan de sus hijos y familiares mayores.
El reciente endurecimiento de las sanciones bajo las sucesivas administraciones estadounidenses se ha centrado específicamente en los envíos de combustible, creando efectos en cascada en toda la sociedad cubana. La escasez de energía afecta la capacidad de los hospitales para operar sus equipos, la capacidad de las escuelas para brindar educación y la capacidad básica de las familias para cocinar o conservar medicamentos. Este punto de presión estratégico revela la verdadera naturaleza del bloqueo como una herramienta de castigo colectivo, más que como un instrumento legítimo de política exterior.
Comunidad Manuel Isla: Cultivando la soberanía en el rincón más remoto

Lejos del bullicio de la capital, la comunidad de Manuel Isla —nombrada en honor a un joven mártir de la Revolución— se erige como un modelo de autogestión. Allí, profesionales, educadores y trabajadores han construido un oasis de resistencia que demuestra el poder de las soluciones locales a los problemas globales.
En este entorno vive María Eva Puentes Torres, una repostera santiaguera de más de 60 años que trabaja con un delantal adornado con conejitos y lucha contra los desmayos para entregar sus pasteles. Cada tarta es una obra de arte y resistencia , elaborada con determinación a pesar de los obstáculos diseñados para quebrantar su espíritu.
“Los apagones nos quitan la posibilidad de trabajar y afectan los estudios de mi hija universitaria, que ni siquiera puede cargar el móvil para ver sus asignaturas”, confiesa indignada, con una frustración palpable pero controlada.
Sin embargo, su postura se mantiene inquebrantable ante la adversidad. «Este país es nuestro. Resistiremos con creatividad. Aquí nadie se rinde», declara María Eva con la tranquila confianza de quien ha superado innumerables tormentas y ha salido fortalecido cada vez.
La resistencia de las mujeres cubanas ejemplificada por María Eva se extiende más allá de la supervivencia individual a la construcción de comunidades, la producción de alimentos y la preservación de valores culturales que fuerzas externas intentan socavar mediante la guerra económica.
Ainara: La voz del futuro que no conoce el miedo

La valentía cubana no conoce límites de edad. Ainara Neira Reyes, con tan solo 11 años, habla con la madurez de quien entiende que su escuela es una trinchera de valores y principios. Aunque el bloqueo limita sus lápices, cuadernos e incluso la posibilidad de practicar voleibol por falta de balones, se siente protegida por sus maestros y su comunidad.
“Los pioneros siempre seguiremos adelante”, afirma Ainara, quien se mantiene informada diariamente y entiende que el odio externo busca doblegar su espíritu pero nunca lo logrará.
Su mensaje a los niños de todo el mundo es de pura solidaridad y esperanza inquebrantable. «Estamos pasando por un momento difícil, pero si ustedes pasan por algo similar, desde aquí los apoyaremos. ¡No se dejen vencer!», proclama con la claridad y la convicción que solo la honestidad infantil puede brindar.
La joven pionera representa la próxima generación de la Resistencia Femenina Cubana , demostrando que la dignidad y la determinación no son comportamientos aprendidos sino cualidades inherentes que florecen incluso en las circunstancias más difíciles.
El lenguaje de la “guerrilla indomable”
Como bien recuerda Tatiana Coll, colaboradora histórica de la Isla y testigo de la histórica zafra de 1970, los cubanos tienen un carácter especial: tal vez en la rutina parezcan relajados, pero “en cuanto suena la trompeta de la defensa, nadie los supera”.
Se activan en modo guerrillero, una característica que Fidel les inculcó y que hoy las mujeres —desde la panadera hasta la pionera— encarnan con una dignidad que no conoce rendición. Esta capacidad de movilización rápida y resolución creativa de problemas se ha convertido en el sello distintivo de la respuesta de la sociedad cubana a la presión externa.
En Cuba, la resistencia no es solo un concepto político; es la mano de una madre horneando un pastel en la oscuridad , es una niña que defiende su derecho a estudiar, y es una comunidad que, ante la falta de combustible, decide cultivar sus propios alimentos. La solidaridad y la soberanía, en definitiva, tienen rostro de mujer.
El movimiento de Resistencia de las Mujeres Cubanas demuestra que la verdadera fuerza no reside en el poderío militar ni en el poder económico, sino en el espíritu humano inquebrantable que se niega a ser conquistado, en los lazos comunitarios que se fortalecen bajo presión y en la creencia inquebrantable de que el destino de un pueblo debe ser determinado por sus propias manos, no por potencias extranjeras que buscan imponer su voluntad a través del hambre y la escasez.
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