Gaceta Crítica

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Cerco a Cuba : La soberanía bajo la bota del imperialismo estadounidense

Daniel Delgado y Ellen Von Zur Muehlen (PEOPLE’S WORLD), 24 de Febrero de 2026

Cuba resiste: La soberanía bajo la bota del imperialismo estadounidenseLa Habana, Cuba, 16 de enero de 2026. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel y otros altos funcionarios saludan a los manifestantes que marchan frente a la embajada de Estados Unidos. | Daniel Delgado/People’s World

LA HABANA—La reciente escalada de Trump contra Cuba, amenazando con imponer aranceles a las naciones que comercian petróleo con Cuba, está agravando las dificultades en la nación insular y motivando a la comunidad solidaria internacional a ayudar.

Desde el secuestro del presidente en funciones de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero, la administración MAGA ha puesto su mira más intensamente en Cuba, con Marco Rubio liderando un asedio total a la soberanía no sólo de la nación insular caribeña, sino de toda América Latina. 

Si bien Cuba ha padecido un bloqueo durante más de 60 años, en los últimos años ha tenido que soportar una presión redoblada del coloso del norte, desde su inclusión en la espuria Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo hasta el ahora virtual bloqueo petrolero. Los efectos de esta presión son palpables en la isla: largas colas para obtener gasolina, graves apagones, retrasos en la recolección de basura y escasez de equipos y suministros médicos necesarios. 

Sin embargo, sintonizar los medios estadounidenses da la impresión de que Cuba enfrenta estos desafíos con los brazos cruzados, esperando el golpe final que la doblegue. Los periodistas corporativos manipulan la narrativa, aparentemente sin ninguna prueba, de que la población cubana está al borde de una hambruna masiva, todos los servicios públicos han dejado de funcionar y la nación espera un héroe externo que la alivie de su sufrimiento. 

Esto está lejos de la verdad. 

Esto no sólo exagera las condiciones sobre el terreno, sino que también oscurece las medidas racionales y creativas adoptadas activamente por el gobierno y el pueblo cubanos no sólo para mitigar los efectos de la crisis, sino también para construir un futuro más independiente y sostenible. 

Los activistas solidarios deben ser cautelosos al reproducir los clichés de los medios corporativos, que presentan a la isla como un vestigio desesperanzado de una era pasada, ahora en total decadencia. Mientras el movimiento de solidaridad con Cuba se moviliza para afrontar el momento y brindar asistencia al pueblo cubano, es crucial que los activistas cuenten con información correcta y precisa, así como con una visión a largo plazo.

 Unos pocos envíos de alimentos o productos médicos brindarán un alivio a corto plazo y serán una contribución bienvenida, pero se requiere una visión más amplia. La ayuda humanitaria puede ser útil, pero no resolverá los problemas económicos más amplios que enfrenta Cuba como resultado del bloqueo que limita su capacidad de desarrollo autónomo y el comercio internacional. 

Las acciones solidarias harían bien en seguir el ejemplo del gobierno y el pueblo cubanos para ayudar a co-crear un sistema energético nacional más fuerte y soberano. 

¿Qué está haciendo Cuba?

La dependencia del petróleo importado hace a Cuba vulnerable a ataques como los que Trump, incitado por Rubio, está lanzando. Por eso, el enfoque nacional se centra en construir una red energética autónoma, sustentada por energías renovables y petróleo de producción nacional.

Con la cooperación de Rusia y China, Cuba está desarrollando su capacidad de energía solar y eólica, además de renovar sus centrales termoeléctricas. El gobierno no solo está desarrollando grandes parques solares para abastecer a la red eléctrica nacional, sino que también está instalando paneles para electrificar hogares en zonas rurales remotas, con el objetivo de lograr el pleno acceso a la electricidad para toda la población. Además, el gobierno ofrece opciones de financiamiento favorables para que personas de sectores críticos como la salud y la educación adquieran paneles solares para sus hogares.

Si bien la experiencia y los paneles solares son suministrados por China, Cuba también está desarrollando una fuerza laboral experta, capacitada en diversos aspectos del desarrollo de las energías renovables. Este es un paso más hacia la soberanía energética y constituye una inversión en recursos humanos que, en el futuro, permitirá a Cuba ayudar a otras naciones a desarrollar sus sectores de energías renovables. 

En una reciente conferencia de prensa nacional, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, señaló que además de los más de 1.000 megavatios que se incorporarán al sistema eléctrico nacional en 2025, “pretendemos sumar una cifra similar este año, por lo que estaremos logrando niveles superiores al 15 o cercanos al 20 por ciento de nuestra generación eléctrica con fuentes renovables”. 

Al ritmo que sigue Cuba, alcanzará su objetivo original de un 25 % de energía renovable para 2030 con algunos años de antelación. Cuba también cuenta con importantes reservas de cobalto y níquel, lo que le permite producir sus propios paneles solares, vehículos eléctricos y tecnología de baterías, además de seguir desarrollando su capacidad industrial. 

Otra política con visión de futuro: Cuba incentiva a hogares y empresas que han adquirido sus propios sistemas de generación de energía solar y eólica a que participen en la cogeneración. Esto significa que los ciudadanos y las empresas utilizarían su excedente de energía (generada por paneles solares o aerogeneradores) para compartirla con sus vecinos o venderla a la red eléctrica nacional. 

Lo que estos ejemplos demuestran es que Cuba sabe desde hace tiempo que su futuro reside en las energías renovables y la producción nacional autónoma de energía, tecnología y otros recursos. Por otro lado, la agresiva petropolítica estadounidense, encapsulada en el lema de campaña «perfora, bebé, perfora», evidencia su visión miope y retrógrada del mundo. 

A la luz de estos hechos, Cuba es más que un suplicante pasivo, esperando la ayuda humanitaria para traer petróleo u otros productos esenciales a sus costas. Es una nación que se adapta a la escasez artificial de petróleo creada por el bloqueo intensificado de Trump y Rubio y se prepara racionalmente para un futuro independiente de los combustibles fósiles, capaz de afrontar los desafíos políticos y ambientales que seguramente se avecinan.

La Habana, Cuba, 16 de enero de 2026. Cientos de miles de cubanos marchan por el Malecón para protestar contra el imperialismo estadounidense y defender la soberanía nacional de Cuba y Venezuela. | Daniel Delgado/ People’s World

Como muestra de los nuevos tiempos, en La Habana, ciudad conocida por sus autos clásicos estadounidenses, los taxis colectivos que la gente usa para sus desplazamientos diarios están cambiando rápidamente. Mientras que antes eran viejos Chevrolets de los años 50, que consumían mucha gasolina, cada vez más cubanos usan los nuevos triciclos eléctricos chinos. 

Imperialismo vs. Internacionalismo

Destacar las formas de resistencia y la planificación con visión de futuro de Cuba no implica negar los efectos materiales reales del recrudecimiento del bloqueo en la vida de los cubanos. Actualmente, Cuba aún está lejos de alcanzar sus objetivos de independencia energética, y el impacto de la escasez de combustible en la vida de la población es real y grave; los cubanos se enfrentan a realidades difíciles que nadie debería tener que soportar. 

Estados Unidos utiliza su hegemonía financiera y económica para impedir que la isla participe plenamente en el mercado mundial, cortándole el acceso, por ejemplo, al dólar. Cuba también debe depender del comercio con socios geográficamente distantes, como Rusia y China, lo que encarece los bienes.

Un ejemplo de esta dificultad es la escasez de gas que enfrentan algunos cubanos para sus cocinas. Cocinar con carbón puede ser una forma divertida de pasar una tarde de sábado en el parque, pero no es como preparar la cena en un apartamento en un cuarto piso de La Habana. Sin embargo, esto es a lo que algunos cubanos han tenido que recurrir ante la creciente escasez de gas. 

Como explicó un joven investigador cubano del Instituto de Filosofía de La Habana, el gas para cocinas se distribuye a la población de dos maneras: mediante tuberías directas, que solo tienen algunos edificios en las zonas más antiguas de la capital, o mediante la distribución de tanques de gas líquido. Si bien el gobierno proporciona estos tanques a los ciudadanos mediante su sistema de distribución social, las averías en el sistema nacional de refinación —resultado del desgaste que no se puede reparar fácilmente debido a la inaccesibilidad de piezas y maquinaria— han provocado que no haya suficiente gas líquido para todos, y la importación de estos tanques implica un aumento de precios. 

“La última vez que tuve acceso a un tanque fue el 6 de junio del año pasado”, explicó el investigador. “En el mercado informal, un tanque lleno cuesta alrededor de 18.000 pesos cubanos, una cifra que mi modesto salario como investigador en una institución estatal no puede cubrir”. Como resultado, comentó que ha tenido que cambiar su dieta y sus hábitos. Al vivir solo y necesitar el máximo tiempo de la semana para avanzar en su trabajo en el Instituto de Filosofía, se centra en cocinar durante los fines de semana, cuando tiene electricidad en casa. “También he ido incorporando más productos a mi dieta que no necesitan recalentarse para consumir, como espaguetis, pan y batidos de frutas y yogur”. 

Las instituciones y servicios públicos, si bien siguen funcionando, han tenido que recurrir a horarios reducidos y se encuentran con escasez de personal porque los trabajadores que viven más lejos no pueden encontrar transporte para ir a trabajar. 

Esto añade presión adicional a la vida del investigador con el que hablamos, quien comentó que, debido a que su computadora portátil personal está rota, tiene que completar la mayor parte de su trabajo in situ en el Instituto. Entre su horario limitado y las dificultades de transporte, tiene que salir muy temprano por la mañana y, por lo general, regresa a casa bastante tarde. 

Así, muchos cubanos se sienten frustrados porque los derechos históricos que han logrado, como la atención médica y la educación universales y gratuitas, se han visto gradualmente comprometidos por las privaciones materiales impuestas desde el exterior por el cruel bloqueo estadounidense. 

Estos problemas no se resolverán solo con ayuda humanitaria. Solo pueden resolverse con medidas estatales, mediante el logro de los planes a largo plazo de Cuba. Entonces, ¿cómo pueden ayudar los activistas y amigos de Cuba? 

En primer lugar, y reiteramos que si bien las lentejas, los medicamentos y el equipo médico, la leche en polvo y el arroz constituyen formas importantes y necesarias de ayuda, el movimiento de solidaridad con Cuba no debe ignorar la lucha política en su país. Mientras el bloqueo estadounidense siga vigente, Cuba sufrirá penurias. 

Eliminar el embargo requerirá una ley del Congreso, y es precisamente ahí donde los activistas deben concentrar sus esfuerzos. Debemos presionar a los congresistas para que apoyen el fin del bloqueo, uniéndonos a la coalición liderada por el representante Jim McGovern (demócrata por Massachusetts) y otros. El 12 de febrero, McGovern presentó el proyecto de ley HR 7521 para derogar la base legal del embargo estadounidense a Cuba. Los senadores Ron Wyden (demócrata por Oregon) y Jeff Merkley (demócrata por Oregon) presentaron una legislación similar en el Senado.

También se necesitan movilizaciones políticas masivas. La agresión estadounidense hacia Cuba no es un caso aislado; está profundamente relacionada con un aparato de política exterior (en gran medida bipartidista) que utiliza la intervención y la intimidación del mercado para allanar el camino a los intereses comerciales estadounidenses. Además de generar miseria en el extranjero, esta política perjudica a la clase trabajadora estadounidense, ya que se utilizan vastos recursos militares para asfixiar a otras naciones en lugar de apoyar programas sociales nacionales. También es una tendencia política que conduce a una mayor deslocalización de empleos, mayor destrucción del medio ambiente y una menor cooperación internacional positiva (en, por ejemplo, cuestiones de salud pública o ambientales).

En este aspecto, Cuba también tiene mucho que enseñar. Cuba es un socio internacional codiciado, con un historial de ayuda a otras naciones para recuperarse de desastres climáticos y fortalecer sus sistemas de salud y educación. El internacionalismo cubano, basado en la cooperación y el respeto mutuo, coexiste en simbiosis con su historia de lucha antiimperialista. 

En enero, las calles de La Habana presenciaron dos importantes expresiones de la voluntad política cubana, manifestadas en un firme rechazo a la agresión imperial estadounidense contra ellos mismos y su nación hermana, Venezuela. El 16 de enero, medio millón de cubanos marcharon por el Malecón, frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana, en defensa de su soberanía y en honor a los 32 combatientes cubanos que murieron mientras cumplían su servicio militar coordinado bilateralmente en Caracas. 

Los sentimientos de los participantes abarcaron desde la solemne determinación hasta el dolor, la tristeza y la ira. Una mujer levantó el dedo medio al pasar frente a la embajada estadounidense, mientras que los discursos condenaron las acciones criminales del gobierno estadounidense en Venezuela y las amenazas contra Cuba. 

Las recientes marchas masivas en Estados Unidos son poderosas y grandes, pero necesitan crecer exponencialmente en número y desarrollar un mensaje más unificado, así como una crítica antiimperialista más aguda que conecte problemas internos como la pérdida de empleos y la inflación con una política exterior derrochadora y violenta arraigada en el complejo militar industrial.

Al vincular el fin del embargo con un llamado general a construir una economía de paz en lugar de una economía de guerra, los activistas pueden articular una visión de clase trabajadora de las relaciones internacionales. Nuestra demanda, fundamentalmente, debería ser dejar a Cuba en paz e invertir recursos en nuestros propios servicios sociales y desarrollo económico. 

Solidaridad sostenida con Cuba

Nuestra lucha por los derechos básicos y las mejoras económicas en Estados Unidos está fundamentalmente ligada a la lucha contra el imperialismo mundial. Cuba también lo entiende. Por eso, sus luchas internas se centran en la independencia energética y el crecimiento de su capacidad productiva. Por eso, el trabajo solidario, cuando incluye la ayuda, debe considerar qué tipo de ayuda contribuirá directamente a este objetivo a largo plazo, además de brindar el tan necesario alivio a corto plazo en forma de alimentos y medicamentos. 

En esencia, la sabiduría aquí sigue el viejo dicho: si le das un pescado a un hombre, comerá un día; si le enseñas a pescar, comerá toda la vida. En el caso de Cuba, no es el conocimiento lo que falta, sino los medios materiales para una producción autodeterminada y más eficiente. En lugar de donar pescado, hay que dejar todo el barco pesquero.

Mientras activistas y partidarios de Cuba se movilizan para recaudar fondos y prepararse para llevar bienes a las costas cubanas, deberían priorizar cosas como paneles solares, estaciones de baterías de respaldo y otras herramientas y tecnologías que ayudarán a reducir la dependencia del petróleo y mejorar la resiliencia energética. 

Otras tecnologías que podrían marcar una verdadera diferencia serían los biodigestores. La crisis de la basura podría transformarse en otra fuente de combustible mediante estas tecnologías que convierten los residuos orgánicos en gas que puede utilizarse directamente para cocinar o quemarse para generar electricidad. 

Otra forma de este tipo de solidaridad sostenible podría ser la colaboración directa con industrias productivas, en particular la agricultura y la manufactura. Mediante la colaboración con granjas o fábricas, los grupos solidarios podrían identificar las mayores necesidades de tecnología u otros materiales y comprometerse a proporcionar también estos productos. En otras palabras, la ayuda humanitaria también debería adoptar la forma que mejor empodere a las instituciones e industrias cubanas para atender de forma independiente las necesidades del país. 

Este modelo de solidaridad contrasta marcadamente con la supuesta ayuda que la administración Trump distribuye en colaboración con la Iglesia Católica. Este intento apenas disimulado de socavar aún más el tejido social cubano busca desplazar el rol y asumir funciones que son responsabilidad del gobierno. Al hacerlo, impulsan la propaganda antigubernamental, en particular la narrativa de que el gobierno es incapaz o no está dispuesto a atender a su pueblo. Mientras tanto, mientras Trump se jacta de la eficacia de su reciente asedio a la prensa antes de abordar el Air Force One, el jefe de misión de la Embajada de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, afirma que no existe tal cosa como un embargo, y mucho menos un bloqueo, y hace gala de su preocupación por el pueblo cubano, tanto en la isla como en la comunidad de la diáspora. 

Como contrapartida, si bien México ha dejado de vender petróleo a Cuba bajo la amenaza de aranceles estadounidenses, ha brindado ayuda humanitaria de forma que se respete la soberanía de la nación caribeña y sus socios internacionales. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, envió 800 toneladas de productos esenciales en coordinación con las autoridades cubanas, al tiempo que denunciaba la agresión extraterritorial del gobierno estadounidense contra los países que comercian con petróleo en Cuba. Afirmó el principio de autodeterminación de todos los pueblos y naciones, advirtiendo a Estados Unidos contra un cambio de régimen y ofreciéndose a mediar en las conversaciones entre ambos países.

Resistencia, reciprocidad y regeneración

Los problemas de Cuba no son insalvables. Con una demanda máxima diaria de energía de unos 3500 megavatios para todo el país, las necesidades de Cuba pueden, en teoría, satisfacerse con una inversión moderada en infraestructura energética soberana, basada principalmente en energías renovables, así como con la modernización de sus centrales termoeléctricas. Para poner las cosas en perspectiva, una estimación conservadora de la demanda media continua de energía en Estados Unidos se sitúa entre 400 000 y 500 000 megavatios, con un pico superior a los 700 000. Esto se traduce en un promedio de aproximadamente 1,4 kilovatios por persona en Estados Unidos, en comparación con los 0,35 kilovatios por persona en Cuba en su máxima demanda. 

Si bien los proyectos de infraestructura energética en curso en Cuba son factibles, especialmente dada la renovada urgencia de su implementación, el prolongado bloqueo económico ha dejado a Cuba en una situación precaria para financiar la transición. Sin embargo, es fundamental destacar cómo la organización social y económica estadounidense produce un despilfarro prodigioso y un uso excesivo de recursos críticos, como la electricidad. En contraste, la distribución racionalmente organizada de los recursos en Cuba y su priorización general de las necesidades humanas esenciales le otorgan la experiencia y la visión para desarrollarse con mayor eficiencia e ingenio. 

Si bien gran parte del ingenio de Cuba se debe a las limitaciones impuestas por el bloqueo, su visión para superar sus circunstancias singulares es más generalizable de lo que se podría pensar. De hecho, Cuba ofrece una visión de futuro donde se priorizan las necesidades humanas y el consumo energético es eficiente y sensato. Mientras tanto, los monopolios petroleros y las empresas privadas de servicios públicos en Estados Unidos seguirán incrementando artificialmente la demanda energética y fomentando el despilfarro para obtener ganancias cada vez mayores. La solidaridad con Cuba también implica aprender de su sistema y considerarla, en muchos sentidos, un líder en el desarrollo ambiental y socialmente responsable. 

Si bien las narrativas de sufrimiento surgen, con razón, de las críticas al bloqueo, la manipulación mediática a menudo las utiliza para crear la impresión de ineptitud estatal o colapso social. Por lo tanto, la solidaridad también requiere reconocer y apoyar activamente las estrategias creativas que Cuba ya emplea para superar sus crisis cada vez más complejas. Una labor solidaria eficaz desafía directamente el proyecto imperial del bloqueo, vincula las luchas de Cuba con las de la clase trabajadora en el país y busca empoderar a los cubanos para que gestionen y desarrollen sus propias soluciones sostenibles.

Daniel Delgado es un estudiante de posgrado en la USC y miembro del UAW Local 872.

Ellen von zur Muehlen es una estudiante de posgrado en la UCLA y miembro del UAW Local 4811.

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