TeleSur y MR Online, 19 de Febrero de 2026

La solidaridad entre Brasil y Cuba alcanza nuevas cotas a medida que sindicatos y movimientos sociales coordinan esfuerzos para apoyar a Cuba en medio de una grave crisis energética provocada por la presión estadounidense. El 14 de febrero de 2026, la Federación Unificada de Trabajadores del Petróleo ( FUP ) solicitó formalmente una reunión de emergencia con la estatal Petrobras para gestionar el suministro urgente de combustible a la isla caribeña.
La campaña, denominada «Petróleo para Cuba» , contrarresta las recientes amenazas del presidente estadounidense Donald Trump, quien impuso posibles aranceles a países o entidades que suministran hidrocarburos a Cuba, lo que agrava la escasez de combustible que provoca apagones esporádicos e interrumpe servicios esenciales.
Paulo Neves , director de la FUP , enfatizó que Petrobras debe actuar como una empresa pública soberana. Debe resistir la intimidación externa y priorizar la acción diplomática concreta sobre las meras declaraciones.
La iniciativa busca crear canales operativos y regulatorios que garanticen un flujo constante de energía a Cuba, a la vez que reducen los riesgos humanitarios inmediatos que enfrentan hospitales, escuelas y la población en general.
Contexto geopolítico
La solidaridad entre Brasil y Cuba se desarrolla en un contexto de mayores esfuerzos de Estados Unidos por aislar a Cuba económica y políticamente en 2026. Tras la intervención estadounidense en Venezuela, que detuvo los suministros de petróleo a La Habana desde hacía tiempo, y las amenazas que obligaron a México a pausar los envíos, Cuba enfrenta su crisis de combustible más aguda en años. Los apagones se extienden hasta 20 horas diarias en algunas áreas, paralizando la producción de alimentos, la atención médica y el transporte. Esta escalada corre el riesgo de generar una inestabilidad regional más amplia, poniendo a prueba los principios de unidad y soberanía latinoamericanos. La respuesta de Brasil, arraigada en lazos históricos y un sentimiento antiimperialista compartido, desafía las acciones unilaterales de Estados Unidos y refuerza los llamados al multilateralismo. De tener éxito, estos esfuerzos de base e institucionales podrían inspirar acciones similares en otras partes del Sur Global, debilitando la efectividad de las sanciones coercitivas y fortaleciendo la integración regional en medio de crecientes tensiones multipolares.
Presionan sindicatos para entregas de combustible de Petrobras
La FUP lidera los esfuerzos institucionales para romper el bloqueo energético. Los trabajadores argumentan que Petrobras , como entidad mayoritariamente estatal, tiene la capacidad y el deber moral de ayudar.
Destacan que las necesidades anuales de combustible de Cuba equivalen a aproximadamente seis días de producción de Petrobras. Este pequeño volumen podría evitar una catástrofe sin afectar el suministro brasileño.
Los sindicatos exigen que el gobierno de Lula respalde estas medidas. Buscan garantías de que cualquier envío evite las medidas punitivas estadounidenses mediante un enfoque humanitario o canales diplomáticos.
Campaña de Medicina del MST y una movilización más amplia
El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra ( MST ) también ha tomado medidas paralelas. Su líder , João Pedro Stédile, anunció que los laboratorios locales están listos para suministrar medicamentos a precio de costo para su envío a Cuba.
Esto complementa las demandas sindicales de combustible. El MST denuncia el bloqueo estadounidense por estrangular no solo la economía, sino también la salud pública, al bloquear el acceso a divisas básicas.
Avanzan las colectas masivas y los preparativos logísticos. Esta iniciativa se basa en los vínculos de larga data entre Brasil y Cuba en materia de cooperación sanitaria.
El gobierno de Lula evalúa la respuesta humanitaria
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva calificó la difícil situación de Cuba como una «masacre especulativa» . Instó a su Partido de los Trabajadores a intensificar el apoyo en medio del bloqueo.
El gobierno explora medidas formales a través de la Agencia Brasileña de Cooperación. Las opciones incluyen envíos de alimentos y medicamentos, siguiendo el modelo de México, que podrían incluir ayuda energética.
Informes del Ministerio de Desarrollo Agrario indican una activa consideración. Lula enfatiza la solidaridad como un elemento central de la política exterior brasileña.
Rechazo generalizado a la presión estadounidense
El rechazo a la ofensiva de Washington une a sindicatos, partidos políticos y figuras culturales brasileñas. Los movimientos advierten que el estrangulamiento energético busca paralizar la infraestructura civil.
Los hospitales corren el riesgo de sufrir fallos eléctricos. Las escuelas podrían cerrar. La distribución de alimentos se tambalea sin combustible para el transporte.
Aumenta la presión popular para frustrar los objetivos de desestabilización. Las acciones callejeras se hacen eco del lema «Cuba no está sola» .
Integración regional y resistencia
La solidaridad entre Brasil y Cuba reafirma la vitalidad de la integración latinoamericana. Las negociaciones sindicales con Petrobras se combinan con la recolección de medicamentos desde la base.
Estos priorizan la vida humana y la soberanía por encima de los dictados externos. Mientras las sanciones buscan el aislamiento, los sectores populares de Brasil responden con una logística práctica.
El impulso conjunto pone de relieve la resistencia compartida en toda la región y desafía los intentos de imponer bloqueos unilaterales en el siglo XXI.
Las redes de solidaridad se fortalecen. Desde las juntas directivas sindicales hasta las cooperativas rurales, los brasileños se movilizan para apoyar a un vecino asediado.
El resultado sigue siendo incierto en medio de las amenazas estadounidenses. Sin embargo, la determinación indica un compromiso cada vez más profundo con la ayuda mutua y el desafío al poder coercitivo.
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