WILLIAM MURPHI (Substack del autor), 18 de Febrero de 2026
Epstein, el capital globalista versus el capital doméstico y las primeras etapas de una guerra de clases que los medios tradicionales se niegan a informar.
Estados Unidos no está al borde de una guerra civil entre la izquierda y la derecha, ni entre ciudadanos comunes. Está al borde de una guerra civil entre la propia élite gobernante. Y la saga de Epstein es solo un arma en su arsenal.

Dos alas de una clase dirigente dividida
La clase dirigente estadounidense no es un monolito . Políticos, expertos y medios de comunicación quieren hacernos creer que lo es, pero esa ilusión esconde una profunda y peligrosa división.
Hay dos facciones principales :
Capital globalista:
- Finanzas transnacionales, corporaciones multinacionales, Wall Street, Silicon Valley.
- Prioriza las cadenas de suministro globales, las inversiones internacionales y la geopolítica que favorecen las ganancias transnacionales.
- El capital interno estadounidense es prescindible si amenaza el posicionamiento global.
Capital nacional:
- Fabricantes regionales, magnates inmobiliarios y élites políticas locales arraigadas.
- Las ganancias dependen de una economía interna estable, de políticas proteccionistas y de la demanda interna de los consumidores.
- Cualquier política que favorezca al capital global por sobre las ganancias nacionales es una amenaza directa.
Para llevar: cuando estas alas chocan, el propio Estado se convierte en un campo de batalla y la gente común es un daño colateral.
Epstein como arma en la guerra intercapitalista
Jeffrey Epstein no era solo un financiero o un depredador. Era un nexo de influencia para la élite , y el ala globalista del capital está utilizando esa influencia como arma para debilitar a sus rivales nacionales.
- Exposición selectiva: ciertas élites nacionales están implicadas públicamente, mientras que los financistas internacionales en gran medida escapan al escrutinio.
- Intimidación estratégica: los archivos de Epstein sirven de advertencia al capital nacional y consolidan la influencia globalista.
- Normalización del crimen de élite: no se trata de justicia, se trata de hacer que la criminalidad sea manejable si sirve al capital.
Epstein es una herramienta de guerra intercapitalista, no un escándalo moral. Es una pieza de ajedrez, y el tablero es el capitalismo estadounidense.
Conclusión: El capital globalista convierte el escándalo en palanca: los rivales nacionales caen, pero el sistema permanece intacto.
Los medios de comunicación como campo de batalla
Los medios de comunicación tradicionales no informan sobre las noticias: orquestan guerras entre facciones de élite .
- La polarización está diseñada: los medios alineados con el capital global atacan a las élites nacionales como corruptas; los medios nacionales atacan a los globalistas como depredadores.
- Los escándalos son selectivos: Epstein, Manafort y otros son utilizados estratégicamente para cambiar el poder.
- Se despliegan instituciones estatales: tribunales, reguladores y agencias de inteligencia atacan silenciosamente a facciones rivales.
“Esto es una guerra de clases disfrazada de teatro moral”.
Conclusión: No confíe en la narrativa: mire quién se beneficia.
Primeros indicios de una guerra civil entre las clases dominantes
El conflicto es sutil, pero medible:
- Batallas políticas: aranceles, regulaciones y decisiones económicas revelan prioridades facciosas.
- Tácticas legales: Las investigaciones y los procesos judiciales se dirigen a los intereses del capital opuesto.
- Alineación de los medios: las narrativas sirven explícitamente a los objetivos de las facciones de élite.
- Maniobras financieras: Los flujos de capital revelan confianza en las facciones globales frente a las nacionales.
“La guerra civil aún no está en las calles: está en las salas de juntas, en los tribunales y en los ciclos de noticias”.
Conclusión: La clase dominante lucha por el poder; todos los demás pagan el precio.
Los estadounidenses comunes son daños colaterales
Los trabajadores y los ciudadanos no son el enemigo , son daños colaterales:
- Capital doméstico sacrificado en aras del beneficio globalista → pérdida de empleo, inseguridad y precariedad económica .
- Escándalos selectivos → desviación de la atención pública de la explotación sistémica .
- Instituciones estatales armadas → erosión del estado de derecho para todos, excepto para las élites .
Esta es la guerra civil que los medios no te mostrarán. El campo de batalla es el capital mismo.
Por qué esto importa
Reconocer este conflicto explica:
- Políticas económicas y políticas contradictorias.
- Tolerancia a la corrupción y al crimen de élite.
- Dificultad para que los movimientos de base ganen fuerza.
Los archivos de Epstein, las políticas de la Reserva Federal y las narrativas de los medios de comunicación no son aleatorios: son movimientos de ajedrez en una guerra entre el capital globalista y el capital nacional.
Conclusión: comprender el faccionalismo de las élites es el primer paso para resistirlo.
Cómo pueden responder los trabajadores
- Realice un seguimiento de las políticas para ver qué facción se beneficia.
- Analizar críticamente las narrativas de los medios.
- Fomentar la solidaridad entre regiones, industrias y líneas políticas.
- Resista a ambas alas del capital; no tome partido en las disputas de las élites.
- Apoya el periodismo independiente y el análisis marxista.
“Sólo la claridad y la solidaridad pueden convertir la autodestrucción de la élite en una oportunidad revolucionaria”.
Conclusión: El verdadero campo de batalla es el capital, y el conocimiento es un arma.
Pensamiento final
La clase dominante estadounidense se está desintegrando. Epstein, los procesos selectivos y la polarización mediática son solo la punta del iceberg. El ciudadano común solo sobrevivirá si comprende al verdadero enemigo: el propio sistema, dividido pero letal.
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