Guillermo Martínez (LA MAREA), 16 de Febrero de 2026
El Frente Popular de izquierdas nació al calor de un contexto internacional en el que los fascismos estaban acumulando cada vez más y más poder. Reflexionamos sobre ello 90 años después, ante un panorama con bastantes semejanzas.
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Las elecciones generales celebradas en España el 16 de febrero de 1936, hace ahora 90 años, auparon al poder a un Frente Popular de izquierdas. Imagen cedida por la editorial Catarata.
Las izquierdas tenían a 30.000 presos en las cárceles tras la Revolución de Asturias de octubre de 1934. Los gobiernos de derechas de la Confederación Española de Derecha Autónomas (CEDA) y del Partido Radical habían arrasado en dos años las reformas emprendidas el primer bienio de la Segunda República. Algo había que hacer, y lo hicieron. Las elecciones generales celebradas en España el 16 de febrero de 1936, hace ahora 90 años, auparon al poder a un Frente Popular de izquierdas que supo limar sus diferencias por un fin mayor y común: la amnistía para los presos y el impulso de políticas más ambiciosas que las del primer periodo gobernado por Manuel Azaña. Cinco meses después fracasaría el golpe de Estado auspiciado por el general Mola y comenzaría una guerra civil que se alargaría casi tres años.
Entender la situación en España en aquel febrero de 1936 obliga a agrandar la vista hacia el plano internacional. Los años de entreguerras de las décadas 20 y 30 del pasado siglo estuvieron marcados por el Crack del 29 y el auge de los fascismos en Europa. Mientras tanto, en España se sucedía el gobierno dictatorial de Miguel Primo de Rivera en 1923, que terminaría con la llamada “dictablanda” del general Berenguer en 1930, hasta las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Aquellos comicios fueron el inicio de la Segunda República. “Ese triunfo de la coalición republicano-socialista es muy importante porque los franquistas lo deslegitimaron cuando ganaron la guerra”, adelanta Carmelo Romero Salvador.
Romero es profesor titular jubilado de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza (UNIZAR). También acaba de publicar El Frente Popular de izquierdas (enero-julio 1936) (Catarata, 2026). La monografía recoge todo el periplo republicano que antecede al 16 de febrero, día elegido por Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República y antiguo ministro monárquico con Alfonso XIII, para unos nuevos comicios generales.
Utilizar la ley electoral a su favor
El profesor apunta a que el Frente Popular nació al calor de ese contexto internacional en el que los fascismos estaban acumulando cada vez más y más poder. En las calles de España ya no era raro ver desfilar a los cuadros falangistas, calentando y provocando una tensión que no tardaría en estallar.
Sin embargo, saber analizar y organizarse de cara a la ley electoral fue otro factor determinante para la composición del Frente Popular, integrado por Izquierda Republicana (con la Organización Republicana Gallega Autónoma ya en su seno), Unión Republicana, el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Comunista de España, el Partido Sindicalista, el Partido Obrero de Unificación Marxista, el Partido Galeguista, Esquerra Republicana de Catalunya y Acción Nacionalista Vasca.
“Entendieron muy bien la ley electoral, que premiaba a las mayorías. Si había muchas opciones políticas similares y se presentaban divididos, el voto se diluiría”, explica Romero. La situación de represión por parte de los gobiernos republicanos de derecha fue tal, que hasta algunos líderes de la anarcosindicalista CNT, con gran implantación a nivel estatal, dejaron abierta la posibilidad del voto.
El Frente Popular aplastó a las demás opciones políticas. En la primera vuelta de las elecciones, las izquierdas cosecharon unos 259 diputados, cuando la mayoría absoluta estaba en 237, ya que el número de congresistas llegaba hasta los 473. En la segunda vuelta con repetición de comicios en cinco provincias, el Frente Popular sumó ocho diputados. “Esa mayoría es superior en escaños que en votos, pero en votos también ganó el Frente Popular, que adelantó en 100.000 a las derechas”, apuntilla el historiador.

Un programa que devuelve la esperanza
El libro, editado por Catarata, recoge como anexo el programa íntegro con el que el Frente Popular convenció a la mayoría de españoles con derecho al voto. En total, son ocho puntos bastante claros, sucedidos de diversos artículos, en donde desarrollan las principales líneas ideológicas que prometieron seguir en el caso de ganar las elecciones.
Más allá del contenido, en el que se explicitaba una amnistía para los presos políticos y retomar las políticas reformistas del primer bienio con mayor ahínco, pues muchas de ellas se habían quedado cortas para las aspiraciones de la masa obrera, Romero Salvador señala otro elemento que no pasa desapercibido: “Es muy significativo cómo todos ceden algo para la coalición. Por ejemplo, el mismo programa recoge que los republicanos no aceptan la propuesta socialista de nacionalizar la tierra, y lo aclaran en el texto. Consiguen respetar las aspiraciones de todas las fuerzas políticas que forman el Frente”.
Los efectos a nivel político no se hicieron esperar. Gutmaro Gómez Bravo, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid (UCM), señala que el bloque conservador reconoció el resultado de los comicios. “Asumen la derrota y facilitan la alternancia”, explica el autor de Cómo terminó la guerra civil española (Crítica, 2026).
De esta forma, Casares Quiroga se hizo con la presidencia del Gobierno, mientras que Alcalá Zamora fue destituido como jefe del Estado. En su lugar ascendería Azaña. “Ese primer gobierno fue netamente republicano, no hay participación ni de socialistas ni de comunistas, algo que cambió ya iniciada la guerra, en 1937, cuando Largo Caballero se hace con la presidencia del Consejo de Ministros”, explica el mismo Romero.
Hacia el monopolio de la violencia
Este experto en Historia Contemporánea no compra el mayor argumento que el franquismo y, posteriormente, algunas derechas durante el nuevo periodo democrático en España sostienen para legitimar el golpe de Estado, que llegaría el 18 de julio. “Siempre se ha dicho que los primeros meses de 1936 fueron muy violentos. Claro que había violencia, como en toda Europa”, responde. Algunos investigadores cifran en 500 las víctimas políticas entre enero y julio. “Si lo que quieres es acabar con la violencia, no secundas un movimiento que fomenta precisamente esa violencia. Los militares golpistas no querían traer la paz, sino tener el monopolio de esa violencia”, continúa el autor de la monografía.
La victoria del Frente Popular azuzó el ruido de sables con el que la Segunda República se había visto obligada a sobrevivir desde su advenimiento en abril de 1931, pero no es la única explicación para el golpe. Además, no fueron pocas las intrigas del sector castrense que se sucedieron tras la huida de Alfonso XIII.

El catedrático Gómez agrega que las derechas se vieron totalmente paralizadas por no tener ningún tipo de capacidad de veto parlamentario. “Las juventudes de Acción Católica y la Falange comenzaron una dinámica de enfrentamiento paramilitar, con incluso atentados, contra los grupos de izquierda, sobre todo en las grandes ciudades”, subraya.
La hora de la deslegitimación
Más tarde, el franquismo victorioso se encargó de deslegitimar la Segunda República, una marca que llevaría en la frente desde su nacimiento. Defendían que las elecciones municipales de 1931 con carácter plebiscitario que habían derrocado a la monarquía fueron, precisamente, unas elecciones municipales y no un referéndum. “Cualquier demócrata debería sentirse orgulloso de que en su país haya caído la monarquía a través de unas elecciones. Es algo que solo ha pasado en España”, destaca Romero. Pero los franquistas no eran demócratas.
Por eso estuvieron cuatro décadas repitiendo y educando a las nuevas generaciones en un dogma tan inexacto como interesado: que el golpe de Estado fue producto de la violencia producida por la República, ilegítima desde sus inicios, y sus gobiernos. “Una tercera parte de la población viva en España nos hemos educado con esas ideas franquistas”, recuerda el antiguo profesor de la UNIZAR. Eso deja un poso, pues todos somos un poco hijos de nuestra infancia, y es lo que crea, en ocasiones, el temor irracional que sienten algunas personas a la hora de hablar de un frente de izquierdas. El historiador traza una línea con el presente: “Ahora que vemos el ascenso de nuevas formas de fascismo, aflora de nuevo la idea de un Frente Popular”, concluye.
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