Gaceta Crítica

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Becarios contra pensionistas: así se construye el falso relato de que la brecha generacional explica la desigualdad

Víctor López (PÚBLICO), 14 de Febrero de 2026

  • Los ‘boomers’ son presentados en libros y tertulias como los culpables de la precariedad en la que viven los jóvenes: el mantra de la guerra generacional parece haber sustituido a explicaciones más complejas sobre las desigualdades sociales.
  • «Este enfrentamiento generacional busca desplazar la responsabilidad de un sistema que no funciona adecuadamente y que ha fortalecido las desigualdades socioeconómicas para poner el foco en la esfera individual», recalca la socióloga Irene Lebrusán.
Manifestación en defensa del Sistema Público de Pensiones.
Manifestación por el Sistema Público de Pensiones en Madrid.Fernando Sánchez / Europa Press

Te suena el despertador, son las siete de la mañana. Te haces el primer café del día en una cocina de tres metros cuadrados y te duchas en el baño que compartes con tus dos compañeros de piso. El alquiler te cuesta más de la mitad de lo que ganas. Te acabas el café y sales corriendo a la estación de metro más cercana. Te pasas las próximas ocho horas -a veces, nueve o diez- trabajando. Cuando vuelves a casa, las farolas están encendidas. Te preparas el túper del día siguiente, te pones un capítulo de Los Bridgerton, resistes media hora en el sofá y te metes en la cama. Le preguntas a la almohada por qué no has nacido rico, por qué parece que vives peor que tus padres o abuelos cuando tenían tu edad. Y lees en el móvil que la culpa la tienen los pensionistas y las pensiones, los boomers, la precariedad de una «clase media» con la que muchos y muchas parecen identificarse. ¿Qué esconde este debate? ¿Qué tiene de cierto el «conflicto generacional» que empieza a colarse en libros y tertulias?  

El 47,8% de los españoles reconocían estar «muy» preocupados por las «desigualdades sociales» que a su juicio existían en el país cuando se realizó el Barómetro de Desigualdades y Tendencias Sociales del CIS, en 2024. El mismo porcentaje de encuestados apuntaba entonces a un aumento de las divergencias con respecto a la década anterior. Y una de cada dos personas consideraba que «dentro de diez años» existirían todavía más «desigualdades sociales» que en el momento en el que se realizaron las entrevistas.

El CIS también preguntó por el tipo de «conflictos» que lastraban esa paridad económica en «países como España». El 58% de los encuestados consideraron que la lucha entre «pobres y ricos» era «fuerte» o «muy fuerte». Y el 46% respondieron lo mismo acerca del enfrentamiento entre «jóvenes» y «adultos». La mitad de los participantes en el sondeo tenían entre 35 y 64 años. ¿Qué nos indica esta percepción? ¿Estamos ante una nueva lucha de clases? ¿Cómo se impone el mantra de que este supuesto «conflicto» entre estudiantes y pensionistas fomenta las desigualdades?

«La crisis de sentido que vive ahora buena parte de la juventud abre un campo -peligroso- de politización. El hecho de apuntar a los boomers como causa de esa crisis es un mal antagonismo, una mala manera de dar sentido a la precariedad material y existencial de los centennialsNo tiene sentido, una generación concreta no puede ser responsable de la falta de esperanza. Lo será en todo caso un modo de acumulación construido a base de pobreza salarial, precariedad laboral e inflación», defiende Antonio Gómez Villar, profesor de Filosofía en la Universitat de Barcelona (UB) y autor del libro ¿Qué hacemos con la clase media? (Lengua de Trapo). Lo mismo apunta Iván Soriano, economista y doctorando en Estudios del Desarrollo en la Universidad del País Vasco (EHU). «La situación actual es multifactorial, no responde a una única variable. Las políticas públicas tendrían que incorporar el déficit con el que parten las personas jóvenes con respecto a otros grupos sociales», matiza.

Un lenguaje «bélico» para forzar las diferencias

El debate acerca de la falta de oportunidades se ha intensificado en los últimos meses. Y las voces que hablan de «conflicto generacional» o buscan repartir culpas entre los boomers son cada vez más habituales. El problema es mucho más complejo. Los jóvenes de ahora seguramente vivan peor que sus antepasados, unos padres y abuelos que crecieron en plena época de desarrollo económico y en menor medida, social. Esta es una verdad que casi nadie discute. Lo que genera más dudas es el hecho de plantear la conversación en términos de lucha conflictoun enfoque que no es «justo» ni verosímil, al menos, para los expertos que han hablado con Público. «Lo que tenemos delante es una fractura generacional con dos vectores de significado: por un lado, la parte económica, y por otro, la climática. Los dos vectores están directamente relacionados», sostiene Azahara Palomeque, doctora en Estudios Culturales y autora de Vivir peor que nuestros padres (Anagrama).

«El marco conceptual en el que se instala esta cuestión crea una serie de similitudes forzadas para reducir las distancias intragrupo mientras acentúa todas las divergencias extragrupo. Esto sirve para resignificar la relación e imponer un discurso de buenos contra malos, siendo los pensionistas los que se llevan la peor parte. El fin último es desplazar la responsabilidad de un sistema que no funciona adecuadamente y que ha fortalecido las desigualdades socioeconómicas para poner el foco en la esfera individual», denuncia Irene Lebrusán, socióloga y académica en la Academia Joven de España. La también profesora cree que resulta más sencillo «culpar de nuestra situación a otra persona, por mucho que sea un enemigo ficticio” y aunque «no tenga nada que ver» la pensión que cobra «el señor que vive encima de ti» con el hecho de que «te exploten en el trabajo o no puedas acceder a una vivienda», matiza.  

El lenguaje «bélico» y las referencias a la guerra o el conflicto permiten además simplificar la discusión y justificar determinados discursos, una actitud que llama más la atención cuando afecta a otros colectivos. «Si alguien lanza odio o culpa de sus males a las personas migrantes, no tardamos en identificarlo como un caso de racismo, pero cuando hablamos de este edadismo exacerbado, parece más difícil de detectar«, continúa Irene Lebrusán. El uso que hacen las distintas fuerzas políticas del debate -generalmente, midiendo votos- tampoco favorece la búsqueda de puntos en común. «Las derechas lo utilizan [este argumentario] para atacar a las personas mayores y específicamente cargar contra el sistema de pensiones, una parte fundamental del Estado de Bienestar. Las izquierdas mientras tanto callan, no quieren abordar el tema», recalca Azahara Palomeque.

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El componente de clase, también presente  

Las conversaciones sobre la fractura generacional ignoran además un claro componente de clase que determina buena parte de las diferencias entre quienes viven de manera cómoda y pueden irse de vacaciones dos o tres veces al año y quienes sufren para llegar a final de mes y hacer una escapada de dos noches a un sitio con mar. «Las desigualdades se heredan y no todas las personas que tienen veinte o treinta años están fastidiadas: tú puedes ser joven, pero si tu padre tiene dinero para pagarte la entrada de una casa, las preocupaciones no van a ser las mismas. El enfoque generacional perpetúa de alguna manera las diferencias de clase«, defiende Iván Soriano.

Irene Lebrusán coincide con esta tesis y reconoce cierta «preocupación» con la manera en la que se «invisibiliza la desigualdad de clase» dentro de cada grupo de edad. «El hecho de pertenecer a una generación establece un marco común, pero de ninguna manera elimina la obviedad de que siempre va a haber factores socioeconómicos que lo pongan todo más difícil para unos que para otros», recalca la profesora de Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid. Azahara Palomeque, por su parte, cree que la lucha de clases puede «complementar» el marco de las diferencias entre jóvenes y jubilados, pero matiza: «Esto no lo explica todo».

La ¿ruptura? con el Estado de Bienestar

España tiene una pensión media que supera el salario más habitual entre los trabajadores de menor edad, según un estudio reciente de Fedea y del Consejo General de Economistas. La solución no pasa por quitarle dinero a las personas mayores, sino por impulsar una serie de medidas que tengan en cuenta este desfase. «Lo vimos también con el avance del feminismo. Las políticas públicas tuvieron que incorporar una serie de mecanismos para corregir la desventaja estructural con la que partían las mujeres en muchos ámbitos [y la brecha todavía es significativa]. El escenario actual pide a gritos que se aplique una perspectiva generacional, más allá de los planteamientos electoralistas”, desliza Iván Soriano.

Los fallos tienen que ver principalmente con el sistema y esto hace que los debates apunten -cada vez más- en otra dirección, por no mencionar sus efectos en clave electoral. «El hecho de señalar a las generaciones no hace más que confundir el plano estructural con el individual y da cuenta de una clara impotencia política: si no podemos impugnar las estructuras e instituciones que generan efectos de desigualdad y exclusión, apuntamos a los boomers como manera de sublimar la impotencia. Lo que tenemos encima de la mesa es una crisis de las mediaciones políticas y los medios prácticos con los que articular una práctica emancipatoria«, señala Antonio Gómez Villar. El resto de las voces que han hablado con este diario comparten este diagnóstico y sentencian: «Esta falta de oportunidades explica que los jóvenes se estén movilizando hacia la extrema derecha de forma desesperada. Lo que no tienen en cuenta es que, si terminan legitimando esa privatización de las pensiones, también son ellos los que a la larga lo van a sufrir».

Víctor López es Periodista. Redactor del equipo de Investigación. Escribe temas de análisis político y social. En ‘Público’, pasó antes por las secciones de Última Hora y Vivienda. Los inicios están vinculados al periodismo local.

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