Cómo la ideología, el derecho y las redes corporativas sustentan la dominación colonial
William Murphi (Substack del autor), 12 de Febrero de 2026
Cada día, el capital global moldea el mundo a través de redes invisibles, pero pocos se detienen a preguntarse cómo la ideología, en concreto el sionismo, funciona como herramienta del imperio. Si se quiere comprender las fuerzas estructurales que reproducen el poder colonial en Oriente Medio y más allá, es necesario analizar el dinero, las leyes y las redes.

El panorama político global está dominado por capas de poder que pocos se atreven a cuestionar. Por un lado, presenciamos cómo Estados, corporaciones y entidades financieras maniobran a plena vista. Por otro, la ideología se infiltra discretamente en estas estructuras, generando consenso, coordinación y conformidad entre actores que, de otro modo, no tendrían una alianza directa. El sionismo, en particular en su interacción con el capital transnacional, es una de las herramientas ideológicas más importantes. No es una identidad étnica ni una mera postura política; es una función del capital global y los intereses imperialistas, profundamente arraigada en las redes corporativas, legales y estatales.
El proyecto colonial israelí —creado fraudulentamente bajo el Mandato Británico y sostenido por el poder imperial estadounidense— ejemplifica este fenómeno. Desde su concepción, el Estado colono fue diseñado para asegurar el dominio territorial en Oriente Medio, a la vez que servía como nodo militarizado para los intereses capitalistas occidentales. A lo largo de las décadas, la alineación ideológica de los actores sionistas dentro del capital transnacional ha permitido la reproducción del control imperial en múltiples ámbitos: finanzas, tecnología, derecho, medios de comunicación y redes militar-industriales.
Comencemos con la historia. Cuando el Imperio Británico decayó tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos actuó para imponer su hegemonía capitalista global. Israel, que emergía como un estado colonial de asentamiento, obtuvo un nuevo amo imperial. No se trataba de una dependencia pasiva. Israel desarrolló su propia capacidad militar-industrial, redes de inteligencia y doctrinas estratégicas. Sin embargo, su integración con el poder imperial estadounidense se aceleró debido a su alineamiento ideológico y material: el liderazgo sionista, los aliados corporativos y los estrategas políticos formaron el tejido conectivo que permitió a Israel funcionar como un contrapeso fiable a los movimientos nacionalistas árabes alineados con la soberanía sobre los recursos, respaldada por la Unión Soviética.
La Guerra de los Seis Días de 1967 demuestra esta dualidad de autonomía e integración estructural. La decisiva victoria militar de Israel fue posible gracias a la planificación operativa preventiva, la penetración de inteligencia y la superioridad doctrinal. El apoyo estadounidense —cooperación de inteligencia, respaldo diplomático y ayuda material— reforzó la posición de Israel, pero no dictó el resultado. La verdad dialéctica es clara: Israel demostró una capacidad militar independiente que se alineó con la estrategia imperial estadounidense, lo que posteriormente permitió a Washington profundizar la integración. Este patrón —autonomía inicial, alineamiento estratégico y posterior arraigo institucional— es el modelo para entender el sionismo como una herramienta transnacional del capital.
En la era contemporánea, las redes corporativas y tecnológicas ilustran cómo convergen la ideología y el capital. CEOs de alto perfil en tecnología, finanzas y medios de comunicación —desde Larry Ellison hasta Mark Zuckerberg y Peter Theil— son reconocidos sionistas. Su alineamiento ideológico es relevante no por creencias personales, sino porque estructura las redes a través de las cuales fluyen el capital, los datos y la influencia . Plataformas como Oracle, Meta, Palantir y TikTok operan como nodos donde se cruzan los imperativos capitalistas, los objetivos de seguridad del Estado y la ideología sionista. Estos nodos configuran las narrativas digitales, influyen en la opinión pública y reproducen el poder imperial a nivel global.
Navegar por las redes legales, en particular las que gestionan casos RICO, confirma una realidad estructural: los mecanismos de depredación organizada son inherentes a la arquitectura del capitalismo global. Actores alineados con el sionismo coordinan sistemas corporativos, financieros y legales para proteger objetivos imperialistas. Despliegan complejas estructuras legales, sociedades fantasma y litigios estratégicos para imponer su control territorial, económico e ideológico. Desde una perspectiva revolucionaria, esto es crimen organizado, no en un sentido moral o étnico, sino en un sentido sistémico y material : depredador, coordinado y operando en las más altas esferas del capital transnacional.
La función del sionismo en este contexto no es casual. La ideología, al alinearse con el capital transnacional, se convierte en una herramienta de imposición. Legitima el despojo colonial, la militarización y la intervención geopolítica. Coordina a actores transfronterizos, trascendiendo la religión, la etnia o la nacionalidad. El sionismo organiza la alineación de intereses que, de otro modo, permanecerían fragmentados: ejecutivos tecnológicos, conglomerados mediáticos, funcionarios estatales y financieros operan dentro de un marco ideológico y estratégico compartido que reproduce el orden imperial.
Desglosando la mecánica:
- Redes corporativas : Las empresas con liderazgo afín al sionismo participan en los circuitos globales de capital, a menudo trabajando como contratistas, socios o cabilderos de proyectos imperialistas. Las infraestructuras de inteligencia artificial, vigilancia y redes sociales son particularmente cruciales porque configuran la superestructura informativa que reproduce el consentimiento y el dominio ideológico.
- Arquitectura legal : Demandas, sociedades fantasma y cabildeo explotan lagunas legales para imponer la acumulación predatoria. Los casos RICO demuestran cómo la acción coordinada de múltiples entidades impone el poder sistémico, a menudo bajo el pretexto de la legalidad.
- Integración Estatal : Los estados coloniales como Israel funcionan como intermediarios militarizados, asegurando flujos de recursos y un posicionamiento geopolítico que beneficia a las redes imperialistas. El alineamiento ideológico garantiza la coordinación en lugar de la coerción: el sionismo crea un alineamiento voluntario entre el Estado y el capital transnacional.
- Reproducción ideológica : Los medios de comunicación, las relaciones públicas y las narrativas educativas refuerzan el consentimiento para estos acuerdos, normalizando el poder colonial y enmascarando la depredación sistémica. La IA y las plataformas algorítmicas son ahora los principales escenarios donde la ideología se reproduce a gran escala.
- Apalancamiento geopolítico – Los actores alineados con los sionistas se aseguran de que las intervenciones estratégicas (guerras, sanciones o maniobras económicas) mantengan la estructura más amplia del control imperial, particularmente en regiones ricas en energía como Medio Oriente.
Desde una perspectiva revolucionaria, las implicaciones son profundas. La batalla no es contra individuos ni identidades étnicas , sino contra la alineación estructural de la ideología, el capital y el poder estatal. Entender el sionismo como una herramienta material del capital transnacional permite a los estrategas revolucionarios identificar los nodos de poder que sustentan la dominación imperial. Desmantelar estas redes requiere intervenciones dirigidas a la infraestructura, la producción narrativa y los flujos financieros, no simplemente a la condena moral.
En la práctica, esto significa:
- Mapeo de redes corporativas e identificación de alineamientos ideológicos que reproducen el poder colonial.
- Seguimiento de los instrumentos jurídicos y financieros utilizados para proteger la acumulación depredadora y el control geopolítico.
- Analizar los medios y las infraestructuras tecnológicas donde las narrativas ideológicas se amplifican globalmente.
- Entender la integración Estado-capital como un fenómeno material, donde la ideología coordina la alineación operativa y estratégica a través de las fronteras.
La conclusión revolucionaria es que el sionismo funciona como un instrumento transnacional de reproducción imperial-capitalista , no como un secreto conspirativo. Es un instrumento arraigado, visible y materialmente efectivo: una herramienta que coordina a los actores, impone la depredación y reproduce la dominación colonial. La solución no es moralizar a los individuos, sino desmantelar las palancas estructurales que les otorgan poder .
Vivimos en una era donde la IA, las redes sociales y los instrumentos financieros han hecho que estas redes sean más visibles, pero también más resilientes. Por lo tanto, la estrategia revolucionaria debe centrarse en los nodos materiales: flujos de datos, dependencias corporativas, escudos legales e infraestructuras ideológicas. Las personas detrás de estas estructuras son importantes solo en la medida en que ocupan puestos que reproducen el sistema; el objetivo es el sistema mismo.
Este es el campo de batalla del siglo XXI: una intersección entre el capital, la ideología y el poder estatal. El sionismo no es un fenómeno incidental; es una herramienta persistente del capital transnacional , utilizada para reproducir jerarquías globales e imponer la dominación imperial. Comprender su papel —estructural, material e históricamente— es crucial para la praxis revolucionaria.
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