Jorge Otero (PÚBLICO), 8 de Febrero de 2026
- Los dueños de X y Telegram denuncian una supuesta «censura política», pero lo que buscan es mantener sus ingentes beneficios, basados en parte en la manipulación del algoritmo.
- Muchas voces sostienen que el modelo de negocio de las grandes tecnológicas no es compatible con la legislación europea, sobre todo en lo relativo a la privacidad, protección de datos y transparencia.

La intención del Gobierno español de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, anunciada el pasado martes por Pedro Sánchez, ha desatado una tormenta con evidentes repercusiones políticas y reacciones airadas por parte Elon Musk, dueño de la red social X, y de Pavel Durov, fundador de Telegram, contra Pedro Sánchez. Pero los ataques de estos dos tecno-oligarcas (como los llamó Sánchez) contra el presidente del Gobierno tienen también un evidente trasfondo económico, pese a que ni X ni Telegram tienen presencia física en España ni tributan en el país. Aunque enarbolen la bandera de la libertad de expresión y denuncien una supuesta «censura política» por parte del jefe del Ejecutivo español, Musk y Durov en realidad quieren proteger su modelo de negocio en cualquier parte.
«Lo que buscan es seguir maximizando beneficios, por eso emprenden batallitas [como las de esta última semana] contra todo el que se pone en el medio», certificaba este pasado viernes a Público el economista Antonio Cabrales, experto en redes sociales y profesor de Economía en el University College London e investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea). «Hay tres o cuatro grandes empresas tecnológicas en el mundo que ganan muchísimo dinero a base de comprar y vender nuestros perfiles de consumidor, nuestros datos y nuestros gustos a terceros. Son datos muy valiosos para los anunciantes. Un mayor control limita sus beneficios«, abundaba este economista experto en redes sociales en la conversación con este medio.
Siguiendo esta línea de negocio, los menores de edad reportan grandes beneficios a las tecnológicas. Son un público amplio y al mismo tiempo muy influenciable, señalan los expertos. Y son muy rentables. Un estudio publicado por la Universidad de Harvard a finales de 2024 señala que las seis mayores redes sociales se embolsan una media de 11.000 millones de dólares (9.310 millones de euros) al año solo en Estados Unidos por la publicidad dirigida a niños y adolescentes. Ese mismo estudio también alerta de que el porcentaje de menores que usan las redes sociales se ha duplicado en los últimos diez años hasta alcanzar un 50%. El fenómeno es extrapolable a España. Perder esa audiencia objetiva supondría un duro golpe económico para estas empresas.
Esther Paniagua, periodista especializada en tecnología, innovación y ciencia, autora de varios libros sobre internet, también confirma que aunque la medida anunciada por Sánchez sobre los menores «no es realmente una novedad» (Australia, por ejemplo, la adoptó a finales del año pasado), sí causa «un perjuicio económico» a estas plataformas. La experta sostiene, sin embargo, que «hay otras medidas que pueden afectar más» al modelo de negocio de X y Telegram, así como del resto de las grandes tecnológicas.
Paniagua alude a la tipificación como delito de «la manipulación algorítmica y la ampliación del contenido ilegal», también anunciada por Sánchez. Traducido al cristiano: esa manipulación algorítmica permite la creación de contenidos a la carta en beneficio de la derecha y de la extrema derecha que deriva en bulos y discursos de odio. «Una tipificación legal de la manipulación algorítmica les afectaría, no solo por la influencia que tienen estas plataformas al modificar esos algoritmos, sino por el dinero que ganan de toda la gente que les paga para ganar influencia, aparecer los primeros en sus resultados de búsquedas y viralizar sus contenidos«, apunta Paniagua.
Hay otra pata del negocio que también se resentiría, especialmente en el caso de la red social X: los contenidos ilegales y pornográficos. «Ya hemos visto recientemente lo que ha pasado con Grok [asistente de inteligencia artificial integrado en X] y con todos esos contenidos ilegales y cómo las plataformas dificultan su retirada», explica Esther Paniagua. De hecho, Elon Musk impulsó un giro estratégico en su compañía de inteligencia artificial, xAI, para permitir la generación de contenido sexualmente explícito con el objetivo de aumentar el tiempo de uso de Grok, ignorando advertencias internas sobre riesgos éticos y legales, según reveló recientemente The Washington Post.
«Y luego también, como señalan varias investigaciones periodísticas de The New York Times, de Reuters e Investigate Europe, estas plataformas se están financiando con todas las ciberestafas y contenidos generados por inteligencia artificial, que son, por ejemplo, estafas de criptomonedas y todo ese tipo de cosas», continúa Paniagua. «Una parte importante de sus ganancias proviene de alojar este tipo de estafas. En 2024, cerca de un 10% de su beneficios se generaban por estos anuncios llamados scams, hechos por inteligencia artificial, que promocionan productos prohibidos o falsos», añade.
Muchos expertos, sobre todo en Europa, sostienen que el modelo de negocio de las plataformas de redes sociales no es compatible con la legislación europea, sobre todo en lo relativo a la privacidad, protección de datos, transparencia o derechos fundamentales. Paniagua narra cómo X y otras plataformas «se alimentan de los datos privados de los usuarios, y de maneras a veces cuestionables» para sus negocios de Inteligencia Artificial. De ahí que que las grandes tecnológicas tengan tantos pleitos abiertos en los tribunales europeos y se enfrenten a multas millonarias por parte de la Unión Europea y de sus países miembros. Y eso no gusta a los tecno-oligarcas a los que se refería Sánchez, ya que, como señala Paniagua, recorta el modelo de negocio que les da tantos beneficios.
Parecidos y diferencias
Paniagua recuerda que X y Telegram comparten algunas sinergias pese a que «son redes diferentes». La experta señala que Telegram se vende como una red segura y «se beneficia de refugiar a los grupos que promueven contenidos incluso más polarizantes, más radicales, más violentos que en X». «En Telegram lo hacen de una forma más privada pasando desapercibidos al ojo público, mientras que X es más una especie de plaza pública donde se amplifica un tipo de debate, aunque también se beneficia de la polarización, de la modificación de cierto tipo de contenidos», analiza Paniagua.
«Los dos tienen sistemas de pagos con cripto, de monetización, suscripciones, pero en esencia, son redes sociales diferentes, lo que pasa es que ambos se benefician de la compartición de contenido ilícito y de llegar a todo tipo de públicos, entre otros, a los menores y el público infantil. Si los menores dejan de estar ahí, su negocio se va a resentir», añade Paniagua.
Además, Paniagua señala que esta guerra europea contra las grandes plataformas no llega en el mejor momento para Elon Musk. X no termina de ser rentable, pese a que el hombre más rico del mundo la compró hace ya más de tres años, en 2022. Las cuentas no terminan de cuadrarle. «Musk tiene bastantes problemas. La compra de X no le salió bien y quizás por eso está haciendo todos estos cambios, incluido el último movimiento de fusionar SpaceX con su startup de inteligencia artificial xAI», concluye Esther Paniagua.
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