Gaceta Crítica

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Doctrina social o cristianismo ultraconservador: la regularización de migrantes agita al mundo católico

Raul Bocanegra (PÚBLICO), 8 de Febrero de 2026

  • Voces integristas tratan de desestabilizar el mensaje de acogida que plantean las organizaciones sociales y la mayor parte de la jerarquía católica, que apoyan la regularización de migrantes.
  • «Ahora se han enfrentado los obispos con la derecha y la extrema derecha, quienes consideran que la Conferencia Episcopal se ha puesto de lado del Gobierno», destaca Juan José Tamayo.
Concentración frente al Congreso en defensa de la ILP RegularizaciónYa. Archivo.
Concentración frente al Congreso en defensa de la ILP RegularizaciónYa. Archivo.Europa Press

«¿Ha visto el arzobispo a los grupos de trabajadores senegaleses recogiendo las manzanas en las pumaradas de Asturias este pasado otoño? Pues ahí han estado, ganándose apenas la manutención del día. Con su humildísimo trabajo están aportando a esa Cultura de la Sidra, orgullo de Asturias y Patrimonio de la Humanidad; pero lo hacen en condiciones de gran precariedad. Y muchos nos alegramos de que, ahora, ellos y otros muchos hombres y mujeres trabajadoras vayan a tener una vida algo mejor, puedan trabajar legalmente y tener los derechos que corresponden a la dignidad de toda persona».    

Este párrafo está extraído de un escrito que suscribieron más de 100 católicos en el que instaron al arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, a dejar de «avergonzarlos» tras su reacción a la regularización de migrantes que planea el Gobierno de España. Sanz Montes, que ya se ha señalado en otras polémicas, publicó este mensaje en X: «Fui extranjero y me acogisteis (Mt 25). Los inmigrantes tienen [nuestra] agradecida acogida. Pero ¿cuántos podemos asumir? Todos no caben y hay que establecer medidas sensatas, no populistas ni demagógicas, para acoger a los posibles descartando a cuantos extrañamente se nos cuelan».

El apoyo sin tapujos de la jerarquía y de estructuras esenciales en la organización de la Iglesia católica —Conferencia Episcopal, Conferencia de Religiosos, Cáritas y la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario, que firmaron un comunicado conjunto— a la regularización de migrantes anunciada por el Gobierno ha soliviantado a algunos obispos, como Sanz, subidos de manera cuasi perenne en discursos ultras, y ha agitado de nuevo las aguas en algunas diócesis y en el mundo católico, como se puede comprobar en las redes sociales. Esta se produce después de años de presión de ONG y colectivos pro derechos humanos, que impulsaron una ILP que recabó 700.000 firmas, entre los que han estado también los de raíz católica. El Ejecutivo calcula que medio millón de personas se podrían beneficiar de la regularización. Aunque otros estudios apuntan a que la estimación se podría elevar hasta los 840.000.

«El conflicto entre las dos corrientes viene de lejos, entre el sector más conservador y el sector más progresista y liberador. Ahí se producía una confrontación muy directa, en la que no llegaban a acuerdos ni consensos, porque las interpretaciones estaban muy enfrentadas. Y existe ahora mismo bajo la presidencia de Luis Argüello, de perfil conservador. Generalmente ha mostrado poca sensibilidad hacia sectores empobrecidos», analiza Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría, de la Universidad Carlos III de Madrid.

«Sin embargo, en este caso, con la regularización, han cambiado los sujetos de la confrontación. El conflicto —agrega Tamayo— ya no se produce con los sectores progresistas porque al menos en el tema de la inmigración están asumiendo esa propuesta que yo creo que es muy popular: las personas migrantes tienen derecho a ser reconocidas como ciudadanos y ciudadanos con todos los derechos». «En ese sentido, ha cambiado de bando la confrontación y ahora se han enfrentado los obispos con la derecha y la extrema derecha, quienes consideran que la Conferencia Episcopal Española se ha puesto de lado del Gobierno. Esa interpretación que hacen los sectores ultras no es acertada«, añade.

Tamayo: «Ha cambiado de bando la confrontación y ahora se han enfrentado los obispos con la derecha y la extrema derecha»

«Es verdad que la Iglesia, en sus diferentes sectores, excepto en los integristas, tiene una sensibilidad social marcada no tanto por los obispos, como por Cáritas, que sí muestra una defensa de los sectores más desfavorecidos. Si bien en este caso, la jerarquía jugó un papel en la campaña de la ILP», expone a Público Juan José Tamayo. «En ese sentido, se ha explicitado algo que estaba reprimido por parte de un sector de la jerarquía y no salía tan a la luz porque tenían otros conflictos con el Gobierno y con sectores progresistas en relación con la enseñanza de la religión y la asignación tributaria y con todos los privilegios que tienen heredados del franquismo que erróneamente consideran derechos», explica.

A la pregunta de si estos acontecimientos han modificado los equilibrios en el mundo católico, el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, manifiesta a Público: «Creo que no, porque (…) [esto es] de sentido común. La situación de las personas migradas que no tienen el permiso de residencia clamaba al cielo. De la manera como estaban era imposible que encontraran trabajo». 

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Joan Planellas:  «La situación de las personas migradas que no tienen el permiso de residencia clamaba al cielo»

«No parece que los últimos acontecimientos alteren de manera sustantiva los equilibrios internos del mundo católico», consideran por su parte Ignacia Perugorría y Joseba García, sociólogos, investigadores en la Universidad del País Vasco, que han publicado diversos estudios sobre las dinámicas de la ultraderecha en España y su relación con la jerarquía, como El campo antiderechos en España: ciclo de protesta y redes de organizaciones neoconservadoras de inspiración católica (1978-2023).

«Más bien, lo que hacen —agregan los sociólogos a Público mediante un correo electrónico— es cristalizar clivajes [escisiones, divisiones, término utilizado en sociología] ya existentes, especialmente en torno a la inmigración». «Parece que se refuerza una polarización previa entre, por un lado, posiciones aperturistas, vinculadas a una lectura postconciliar de la doctrina social de la Iglesia, y, por otro, enfoques más nacionalistas, que perciben el pluralismo religioso como una amenaza adicional en un contexto de secularización y pérdida de influencia social del catolicismo».

«En el caso concreto de la inmigración, sí puede hablarse de un cierto distanciamiento», añaden Perugorría y García. «En los últimos años, especialmente desde el papa Francisco, la jerarquía católica —prosiguen— ha adoptado una posición relativamente más aperturista que no siempre es compartida por sectores más beligerantes de la sociedad civil de inspiración católica ni por los actores más radicalizados del campo político-religioso, como es el caso de CitizenGo-Hazte Oír o Vox». 

El arzobispo Planellas lanza un mensaje muy claro ante la pregunta de si se han alejado de la ortodoxia estas entidades ultras: «No debería de ser así. Si estas organizaciones se consideran cristianas tienen que entender que son soluciones alineadas con el Evangelio«. ⁠

La Conferencia Episcopal, a preguntas de Público,se remite al catecismo: «La postura […] es la que señala el punto 2241. Ese punto tiene muchos matices que deben ser tenidos en cuenta, pero esa es estrictamente la posición de la Iglesia católica en relación a la cuestión de las migraciones«. 

El punto al completo dice así: «Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger, en cuanto sea posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen. Las autoridades deben velar para que se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben. Las autoridades civiles, atendiendo al bien común de aquellos que tienen a su cargo, pueden subordinar el ejercicio del derecho de inmigración a diversas condiciones jurídicas, especialmente en lo que concierne a los deberes de los emigrantes respecto al país de adopción. El inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge, a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas».

José Antonio Naz, presidente de Europa Laica, considera que «la Iglesia católica siempre ha tenido un discurso similar en estos casos, de humanismo, de caridad y se viene arrogando el papel de protectora de los pobres«. «Además —prosigue Naz— recibe muchas subvenciones para su red de servicios sociales y ayudas caritativas. Sin descartar el clientelismo en una población en gran parte muy religiosa. Pero esto no le va a impedir mantener sus planteamientos políticos cercanos a las derechas».

Así lo explica Naz: «La caridad no va contra la derecha, otra cosa sería la justicia social. La Iglesia lleva toda la vida jugando con esa ambigüedad de la iglesia de los pobres y siempre al lado de los poderes económicos. Los datos y las encuestan indican, por el contrario, que el conservadurismo va aumentando y se va radicalizando en la Iglesia Católica en España». «Las organizaciones y movimientos ultras son muchos y tienen más fuerza dentro de la Iglesia: Hazte Oír, Opus Dei, Legionarios de Cristo Rey, Comunión y Liberación, Abogados Cristianos, Profesionales por la Ética, Médicos por la Vida, Organización del Bien Común, Instituto de Política Familiar y grupos provida, algunos relacionados con el Yunque o la Fundación NEOS. Incluso hay nuevos fenómenos de sectas juveniles como Hakuna. Y todos ellos tienen el apoyo de buena parte de la jerarquía», prosigue.

José Antonio Naz:  «La Iglesia lleva toda la vida jugando con esa ambigüedad de la iglesia de los pobres y siempre al lado de los poderes económicos»

«Estratégicamente —remacha Naz— utiliza todos los medios para mantener su influencia preponderante en todos los ámbitos sociales y políticos y sus privilegios en una sociedad cada vez más secularizada. Incluso se puede percibir una regla de tres inversa: a menos creyentes, más poder«.

Para Perugorría y García, el asunto de las migraciones, «en todo caso, no parece que implique un alejamiento estructural con la doctrina en otras cuestiones como la eutanasia, el aborto o las políticas de género». «No parece que el apoyo a la regularización responda a un cálculo estratégico claro por parte de la Iglesia… De hecho, desde un punto de vista estrictamente estratégico, podría interpretarse incluso como un factor que refuerza el pluralismo religioso en España», añaden los sociólogos. 

«Aunque una parte de la población migrante —plantean— pueda situarse dentro del universo cultural católico, especialmente en el caso latinoamericano, en esas mismas regiones el crecimiento del protestantismo, sobre todo evangélico y pentecostal, ha sido muy intenso, y estas comunidades están adquiriendo una presencia pública y organizativa cada vez más visible también en Europa«, continúan Perugorría y García. «A ello se suma el posible crecimiento también del islam. Y, también, sin desdeñar la posibilidad de que puedan crecer las adhesiones no religiosas de conciencia, como el ateísmo, agnosticismo e indiferencia (los llamados nones)».

«En ese sentido, más que una estrategia de recuperación de hegemonía, lo que parece observarse es una aceptación progresiva del pluralismo religioso en España», remachan.

«Independientemente de la secularización, debemos de acoger a estas personas precisamente por razones de humanismo cristiano. Ahora bien, ciertamente que ellas ayudan a dar vida a nuestras iglesias, dado que provienen de contextos sociales mucho más religiosos que los que podríamos encontrar en nuestra vieja Europa», sostiene el arzobispo Planellas.

El papel de los partidos

Sobre la reacción de Vox y PP, de rechazo, pero también de diferente intensidad, al anuncio del Gobierno, los sociólogos Perugorría y García señalan: «Todo apunta a que en el caso del PP la tibieza responde más a razones estratégicas y electorales que a una presión directa de sus bases». «A diferencia de Vox, el PP intenta mantener una posición que no cierre completamente la puerta a determinados electorados de origen migrante, especialmente latinoamericano. Parece claro que algunos sectores de población migrante procedentes de América Latina pueden mostrar simpatías hacia partidos conservadores de inspiración cristiana, siempre que estos no los sitúen explícitamente en el punto de mira del discurso político», prosiguen.

«En este sentido, el PP —añaden— parece buscar una posición de rechazo más matizado, marcando distancia con las políticas de regularización impulsadas por la izquierda, pero evitando un discurso abiertamente estigmatizador que sí caracteriza a Vox. Esto puede resultar atractivo para personas migrantes que se identifican con valores conservadores en lo moral o cultural, y que además traen consigo experiencias políticas negativas asociadas a gobiernos de izquierdas».

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