Gaceta Crítica

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Mary Wollstonecraft

JENNY ACOSTA (CEMEES – México -), 7 de Febrero de 2026

Era la época de la Ilustración, el momento en el que la razón alumbraba los espacios que el velo de la religión, o la costumbre, había mantenido oscuros. Los argumentos para justificar la sujeción de los individuos a la voluntad de un rey eran fuertemente combatidos por las palabras, y también por los hechos. Algunas monarquías europeas perdían el control absoluto sobre la vida política y privada de sus países, ante la fuerza que la libertad e igualdad recién readquiridas daban a las mayorías. Y, sin embargo, esas mayorías todavía dejaban fuera, por lo menos, a la mitad de la población de sus naciones. El camino que la sociedad estaba realizando para la construcción del ciudadano, con derechos y libertades políticas, dejaba de lado a las mujeres.

En Inglaterra, una mujer soltera llamada Mary Wollstonecraft, publicaba un libro llamado Vindicación de los derechos del hombre. En él, apoyaba el republicanismo de la Revolución Francesa, al tiempo que respaldaba la necesidad de terminar con las rancias relaciones aristocráticas y monárquicas. El trabajo fue aplaudido dentro de los círculos progresistas del país; pero solo mientras se ignoró que una mujer había sido la autora. Mary Wollstonecraft ya había publicado otro texto, Reflexiones sobre la educación de las mujeres, que también mostraba su mirada radical y progresista, pero que no tuvo mayor incidencia debido a los prejuicios de la época, que no lo tomaron mucho en cuenta creyendo que en sus páginas se encontraba la ya conocida formación de las señoritas para hacer de ellas personas agradables.

Poco tiempo después de la publicación de Vindicación de los derechos del hombre, se supo que su autora era una mujer, y aunque no se desconoció completamente la valoración original, sí se vio disminuida debido a la saña y burla con que atacaron a la autora, no por presentar argumentos débiles, sino por ser mujer. Wollstonecraft decide responder a las descalificaciones con un nuevo libro, Vindicación de los derechos de la mujer, que es considerado como el primer texto político feminista de la historia. El libro mencionaba claramente el nombre de su autora, y que su nombre fuera público no detuvo la finura y contundencia de sus posiciones contra los nombres de los intelectuales valorados por la Revolución Francesa. Rousseau, el gran enciclopedista que señalaba que el hombre era bueno por naturaleza pero que la sociedad lo volvía malo, fue uno de sus principales blancos. A pesar de todo lo progresista que eran sus argumentos para con los varones, su naturaleza igualitaria, la libertad como principio, la fuerza de su razón; para con las mujeres sus posiciones contenían la condescendencia de quien se piensa a sí mismo omnisapiente y omnipotente frente a un ser que está en la palma de su mano.

Aunque muchas de las críticas hechas por Wollstonecraft se dirigen a Rousseau, es claro que él es un representante de una concepción generalizada en la que la mujer se concebía como la acompañante del hombre, más débil y menos inteligente que él, necesitada siempre de su respaldo. Ciertamente esa concepción de la mujer no se originó en el tiempo de Rousseau, pero lo que Wollstonecraft quiere señalar es que, a pesar de toda la crítica y lucha frontal que la revolución francesa abanderó contra los esquemas feudales, no fue capaz de aplicar esos mismos principios para sí misma en pro de la igualdad y superación de toda la humanidad.

Mary Wollstonecraft falleció muy joven, poco tiempo después de haber nacido su segunda hija (la primera, Fanny Imlay; la segunda, Mary Wollstonecraft Godwin, posteriormente conocida como Mary Shelley). Sin embargo, la fuerza de su legado sigue vigente como recordatorio para que las revoluciones no olviden los pendientes que tienen para con los grupos marginados, sin los cuales no podrían llegar a realizarse.


Jenny Acosta es profesora de Filosofía Política por la Universidad Autónoma Metropolitana.

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