Víctor López (PÚBLICO), 6 de Febrero de 2026
- Elon Musk compartió imágenes generadas con inteligencia artificial del primer ministro del Reino Unido y llamó «sucio» al presidente del Gobierno español. La misma retórica de ataques y «bulos» es la que utilizó este miércoles el dueño de Telegram. ¿Por qué están tan molestos los jefes de las grandes tecnológicas?
- «Los ‘tecnobros’ tienen una autopercepción de sí mismos bastante mesiánica, tienen mucho poder y herramientas de influencia social, llegan a verse como mesías«, afirma el catedrático Guillermo López García.

La polémica empezó con un «wow». Elon Musk tiró de interjección para reaccionar al anuncio del Gobierno de España de regularizar a medio millón de personas migrantes, fruto del acuerdo alcanzado entre PSOE y Podemos. «Marte puede esperar. La humanidad no«, le respondió Pedro Sánchez. Lo que vino después marca el inicio de una partida de dardos -cruzados- que se resiste a cantar el game shot. Musk volvió a la carga este martes, haciendo alarde de su indignación por los planes del mandatario español de aumentar el control sobre las plataformas digitales. «Dirty Sánchez es un tirano y un traidor«, recalcó.
El magnate sudafricano encontró un aliado este miércoles en Dubái, donde vive el ruso Pável Durov, dueño de Telegram. El empresario envió una advertencia a todos los usuarios de su red social en la que pedía a los españoles permanecer «vigilantes» frente a las medidas anunciadas por el Gobierno, unas medidas que enmarca en una estrategia de «control total» y “censura” de la que responsabiliza al propio Estado. Durov edulcora su mensaje con exclamaciones y emoticonos de peligro. «Que los tecno-oligarcas ladren es señal de que cabalgamos«, ironizó el líder del Ejecutivo, poco después de conocer la rección del multimillonario ruso, detenido recientemente por permitir actividades como la distribución de contenido pedófilo en Telegram. Moncloa acusó al fundador de la plataforma de esparcir «bulos» y «erosionar la confianza» en las instituciones.
Sánchez no es el único blanco de las críticas de Musk y Durov. La ofensiva de los tecnobros lleva meses encima de la mesa. Y las miradas apuntan casi siempre a líderes europeos. El dueño de X, antes Twitter, compartió a principios de enero una imagen generada con inteligencia artificial del primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, luciendo un bikini. ¿El motivo? El Gobierno británico había amenazado con cerrar Grok, la plataforma de inteligencia artificial gestionada por Musk. Emmanuel Macron también acusó al magnate sudafricano de «apoyar una nueva internacional reaccionaria» y querer «intervenir» en la política internacional.
¿Qué hay detrás de esta cadena de ataques y reproches? ¿Por qué están tan enfadados algunos de los hombres más ricos del mundo? ¿Cómo pueden afectar estos conflictos a la reputación de los empresarios? ¿Y pueden tener algún tipo de impacto en los resultados electorales de los países señalados?
Europa, un obstáculo para los ‘tecnobros’
Los dueños de las grandes tecnológicas no están solos en esta batalla, tienen el visto bueno de Donald Trump. La alianza quedó al descubierto el primer día de su segundo mandato. Musk, Zuckerberg y Bezos ocuparon un lugar protagonista en la toma de posesión del líder republicano. «El acuerdo entre la administración estadounidense y las big tech para mantener una posición dominante en los mercados es total y absoluto. Lo que buscan es seguir maximizando beneficios, por eso emprenden batallitas [como las de esta última semana] contra todo el que se pone en el medio. Las autoridades europeas y su intención de contener el poder de mercado de estas bestias son sin duda un obstáculo para sus objetivos», sostiene Antonio Cabrales, catedrático de economía en la Universidad Carlos III de Madrid.
Esta es una tesis que también comparte Mariluz Congosto, profesora honoraria de comunicación audiovisual y publicidad en la Universidad de Málaga. «Las tecnológicas se pusieron a disposición del turmpismo durante la última campaña electoral y al mismo tiempo, consiguieron su protección. Trump utiliza el mantra de la libertad de expresión para promover un discurso antirregulatorio y amenaza con aranceles cuando los países europeos proponen algún tipo de medida o sanción», insiste. «Las pequeñas multas que les han podido caer y regulaciones como la Ley de Servicios Digitales -que España aplica mal y tarde- son de todos modos un paso tímido e ineficiente, para lo único que han valido es para que los líderes de las principales empresas mostraran su verdadero rostro y se alinearan fervientemente con Donald Trump», matizan desde Proyecto UNA, colectivo centrado en investigar la cultura digital y nuestra relación con la tecnología, dos cuestiones que abordan en el ensayo La viralidad del mal (Descontrol).
El enfado de las multinacionales que controlan el mercado tecnológico responde fundamentalmente a motivos económicos, poco les importan cuestiones como la «censura» o los «derechos» de los usuarios. Lo resume a la perfección el catedrático Antonio Cabrales. «Estamos hablando de tres o cuatro empresas que ganan muchísimo dinero a base de comprar y vender nuestros perfiles de consumidor, nuestros gustos. Esta información es extremadamente valiosa para los anunciantes. Europa y España quieren limitar ese control de los datos. Y si lo hacen, limitan en parte sus beneficios, por eso no están contentas», desliza. «Las tecnológicas llevan años campando a sus anchas y haciendo lo que quieren en una espiral de crecimiento financiero y manipulación mediática sin igual», añaden desde Proyecto UNA, un margen de actuación que podría verse frustrado -relativamente, toda vez que hablamos de negocios milmillonarios- por medidas como las que anunció este martes Pedro Sánchez y contempla también la Unión Europea.
La popularidad de los mandatarios, ¿cuestionada?
Musk no ha dudado al tratar de ridiculizar al primer ministro británico con una foto suya en bikini, generada -por supuesto- con inteligencia artificial. Al magnate sudafricano tampoco le ha temblado el pulso para llamarle «sucio» a Pedro Sánchez. El éxito de esta estrategia de insultos y ataques sería de todos modos «relativo», al menos, genera dudas entre los expertos que han hablado con Público. «Los tecnobros tienen una autopercepción de sí mismos bastante mesiánica, tienen mucho poder y herramientas de influencia social, llegan a verse como mesías. Esto no es más que una prueba de hasta qué punto se creen su propio relato. Los insultos y las advertencias no van a tener ningún efecto desde el punto de vista político ni van a afectar a la popularidad de los dirigentes a los que señalan», vaticina Guillermo López García, catedrático de periodismo en la Universidad de València.
Esta «autopercepción», en cualquier caso, «no los legitima [a los empresarios] para irrumpir en la política de ningún país y tratar de condicionarla más allá de los sesgos algorítmico» de cada una de las plataformas, continúa el profesor. ¿Por qué siguen utilizando este tono? La respuesta parece evidente. «El bravuconeo y la provocación son parte de la comunicación de los tecno-oligarcas para llamar la atención. Y lo consiguen porque son ellos mismos los que controlan los canales por los que circula esa comunicación», añaden desde Proyecto UNA. El hecho de avivar las polémicas también tiene que ver con el dinero. Y no solo por el miedo a ganar menos, sino también por la posibilidad de ganar -un poco- más. «La actividad de los usuarios [en las redes sociales] aumenta cuando aparecen rifirrafes. Les interesa generar conflictos porque los monetizan a su favor», considera Mariluz Congosto.
Trump ha respaldado a los dueños de las big tech a nivel institucional, amenazando con aranceles a los países que intentan ponerle coto a la lógica de funcionamiento de las plataformas online. La solución pasa por plantear una respuesta colectiva desde Bruselas. «Europa se ha conformado con el ecosistema digital que tenemos encima de la mesa y debería buscar un espacio propio, como hicieron otros países», insiste el catedrático Guillermo López García. La «contundencia» en este sentido les puede servir también a los dirigentes europeos para movilizar el voto progresista y confrontar directamente con la Casa Blanca. Brasil, Canadá y Dinamarca lo han visto tanto en elecciones como en encuestas. «Pedro Sánchez está jugando precisamente a eso, intenta llegar a su electorado a través de la política internacional», coinciden las voces que han hablado con Público.
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