Por qué la verdadera transformación en Estados Unidos tomará generaciones
William Murphy (BLOG SUBSTACK DEL AUTOR), 5 de Febrero de 2026
El mundo sigue adelante sin Estados Unidos. Mientras otras naciones construyen cooperación y prosperidad compartida, el imperio estadounidense se aferra a las viejas jerarquías. La pregunta no es si Estados Unidos cambiará, sino si la gente que lo habita puede evolucionar lo suficientemente rápido como para sobrevivir al nuevo orden mundial

El mundo está cambiando, y lo hace más rápido de lo que la mayoría de la gente cree. Durante décadas, Estados Unidos ha definido el orden global, dictando la política económica, las prioridades militares y las normas culturales. El poder de Washington parecía alguna vez inexpugnable, su voz indiscutible, su ideología incuestionable. Pero hoy, las realidades estructurales y materiales del sistema global están cambiando de maneras incontenibles. Está emergiendo un mundo multipolar, uno en el que múltiples centros de poder económico, político y tecnológico compiten, cooperan y, cada vez más, definen sus propias agendas. Y mientras el resto del mundo se adapta, el imperio estadounidense resiste.
Esta resistencia no es sutil. Se manifiesta en la extralimitación militar, la coerción económica y un panorama político interno plagado de contradicciones. En Estados Unidos, la población está profundamente dividida respecto al futuro. Algunos se aferran a mitos de gloria pasada y excepcionalismo. Otros están paralizados por el cinismo, atrapados en narrativas neoliberales que prometen libertad pero traen precariedad. Para ambos grupos, el desafío es el mismo: su conciencia está desalineada con los cambios estructurales que están transformando el planeta.
Para entender esto, tenemos que mirar el mundo como es, no como el imperio estadounidense desearía que fuera.
La base material de la multipolaridad
El auge de nuevas potencias globales no es solo cuestión de diplomacia o manipulación mediática, sino que se fundamenta en la realidad material. China, Rusia, India, Brasil y otros Estados están ejerciendo influencia gracias a su capacidad industrial, desarrollo tecnológico e integración regional. Tan solo China ha sacado a más de 850 millones de personas de la pobreza extrema en las últimas cuatro décadas, lo que demuestra la eficacia de un modelo capitalista dirigido por el Estado. La Iniciativa de la Franja y la Ruta, la expansión de las monedas digitales y las alianzas regionales estratégicas son más que programas económicos: son manifestaciones de un enfoque fundamentalmente diferente para organizar la economía y el Estado.
Rusia, a pesar de los intentos occidentales de aislarla, sigue siendo un polo estratégico, ejerciendo influencia mediante la energía, la exportación de armas y las maniobras geopolíticas. Mientras tanto, India, Brasil y otras potencias regionales negocian activamente su propio espacio en el orden global, negándose a ser meros satélites de Washington. Incluso las organizaciones multilaterales, que antes parecían ceremoniales e ineficaces, se están convirtiendo en escenarios para la negociación real, la resolución de disputas y el alineamiento estratégico entre estados fuera de la órbita estadounidense.
El cambio hacia la multipolaridad no es ideológico, sino estructural. Como enseñó Marx, las condiciones materiales configuran la superestructura. Los Estados que controlan la capacidad industrial, la energía, la tecnología y los flujos de capital tienen la capacidad de moldear las reglas, y cada vez más, Estados Unidos no puede dictarlas por sí solo.
El imperio estadounidense se resiste al cambio
A pesar de estas realidades, el imperio estadounidense actúa como si el mundo siguiera siendo unipolar. Washington sigue invirtiendo inmensos recursos en proyectar poder militar, a menudo con rendimientos decrecientes. En el ámbito económico, las élites extraen enormes beneficios mientras la base industrial se erosiona, dejando a vastas franjas de la población vulnerables al estancamiento y la precariedad. En el ámbito político, el imperio oscila entre la diplomacia y la coerción, sin adaptarse nunca del todo a la realidad multipolar que enfrenta.
Esta resistencia no es accidental, sino estructural. Estados Unidos se basa en narrativas ideológicas de excepcionalismo, inevitabilidad y rectitud moral. Sin estos mitos, la legitimidad de sus políticas internas y externas se derrumbaría. Pero estas narrativas están cada vez más alejadas de la realidad material, lo que genera incoherencia interna y errores de cálculo estratégico.
División en casa: Las contradicciones del pueblo estadounidense
En el corazón de Estados Unidos se encuentra una población dividida. Por un lado, están el capital global, las élites gerenciales y las instituciones neoliberales que impulsan una gobernanza tecnocrática y agendas internacionalistas. Por otro, están las clases desposeídas, los conservadores culturales y las poblaciones trabajadoras fragmentadas que enfrentan la inseguridad y la alienación. Estos grupos rara vez están alineados porque sus intereses entran en conflicto de manera fundamental.
Algunos se oponen a las élites globales, pero se aferran a políticas culturales reaccionarias. Otros adoptan el internacionalismo liberal, ignorando la desigualdad interna. Una pequeña minoría reconoce la naturaleza sistémica del problema y busca alternativas genuinas. Pero para la mayoría de los estadounidenses, las contradicciones son invisibles, lo que los deja sin preparación para desenvolverse en un mundo que ya no gira en torno a los dictados estadounidenses.
Esta división no es simplemente ideológica, sino material. Si no se abordan las condiciones económicas y sociales que generan inseguridad y alienación, los esfuerzos de persuasión, comunicación o «reeducación» tendrán un efecto limitado. Las personas se moldean por las condiciones de su trabajo, sus comunidades y las estructuras sociales en las que viven.
Reeducación y Transformación de la Conciencia
La idea de que quienes se resisten al cambio “necesitan reeducación” es provocadora, pero capta una verdad esencial: la transformación no es solo estructural; es ideológica. La teoría marxista enseña que la conciencia depende de las condiciones materiales, pero cambiar las condiciones por sí solo no es suficiente. También se requieren educación, organización y lucha cultural.
La falsa conciencia, en la que las personas internalizan la ideología de su propia subordinación, constituye una barrera importante. Muchos estadounidenses interpretan el mundo a través de mitos sobre la libertad, la meritocracia y el excepcionalismo, ocultando las estructuras que dominan sus vidas. Cambiar esta conciencia requiere más que eslóganes: requiere vincular la experiencia vivida con el análisis, conectar la lucha material con la crítica sistémica y crear estructuras organizativas que encarnen relaciones sociales alternativas.
La naturaleza multigeneracional del cambio
La verdadera transformación en Estados Unidos será multigeneracional. La historia no se puede reescribir en un ciclo electoral. Derribar estructuras económicas arraigadas, reorganizar las instituciones políticas y transformar la cultura lleva décadas, a veces siglos.
- Reestructuración económica: Reconstruir los sectores productivos, invertir en infraestructura social y empoderar a la mano de obra son pasos fundamentales. Sin poder económico, otras formas de cambio siguen siendo simbólicas.
- Realineamiento político: La política fragmentada e identitaria debe evolucionar hacia una conciencia estructural y de clase. Esto implica desarrollar organizaciones capaces de una acción sostenida, resistir la cooptación y conectar las luchas locales con los marcos nacionales y globales.
- Lucha cultural: La transformación ideológica se produce junto con la lucha material. Crear narrativas que conecten la vida cotidiana con las realidades sistémicas es esencial para romper la falsa conciencia y cultivar un compromiso a largo plazo con el cambio.
Cada uno de estos elementos interactúa con los demás. La reestructuración económica facilita el reajuste político, lo que fortalece la transformación cultural, la cual, a su vez, refuerza las iniciativas económicas y políticas. El proceso es lento, iterativo y, a menudo, no lineal, pero la historia recompensa la perseverancia.
Contradicciones en el Nuevo Orden Mundial
Dos grandes contradicciones configuran el futuro de Estados Unidos en un mundo multipolar:
- Disminución del rendimiento hegemónico frente a una creciente coordinación multipolar: Otras potencias se organizan, cooperan y establecen normas que reducen la influencia estadounidense. Esto no es utópico —tienen sus propias contradicciones—, pero socava el dominio unipolar.
- Fragmentación interna vs. convergencia de clases: La población estadounidense está profundamente dividida, pero a medida que las condiciones materiales empeoran, los intereses de clase pueden realinear sus posiciones. Las crisis, ya sean económicas, ambientales o geopolíticas, suelen acelerar la conciencia política.
- Lucha ideológica vs. práctica material: La educación, los mensajes y la creación narrativa son insuficientes sin la acción material. Los proyectos transformadores requieren teoría y práctica, vinculadas mediante la organización sostenida y la lucha colectiva.
Las lecciones para hoy
El mundo multipolar emergente ofrece tanto amenazas como oportunidades. Para Estados Unidos, la adaptación es dolorosa, pero necesaria. Para el pueblo estadounidense, la transformación exige paciencia, educación y compromiso en la lucha. Los impulsos reaccionarios no desaparecerán rápidamente, ni las élites arraigadas cederán voluntariamente el poder.
Pero la multipolaridad también demuestra que existen alternativas. Otras naciones están demostrando que el capitalismo dirigido por el Estado, la cooperación regional y la autonomía estratégica son viables. Estos ejemplos ofrecen tanto un modelo como un contrapunto para quienes buscan un cambio sistémico en Estados Unidos.
La paciencia es esencial, pero también lo es la estrategia. La lucha multigeneracional no implica pasividad. Toda acción para educar, organizar y transformar las condiciones materiales sienta las bases para un futuro en el que Estados Unidos pueda participar significativamente en un mundo cooperativo y multipolar, en lugar de resistirse a él en detrimento propio.
Una rápida verificación de la realidad
Si la historia fuera un programa de televisión, el imperio estadounidense sería ese invitado que sigue intentando dirigir la fiesta mientras todos los demás reorganizan la sala en silencio. La música ha cambiado. Las reglas han cambiado. Aquellos que se nieguen a darse cuenta se quedarán atrás. El cambio no es opcional; ya está en marcha
Conclusión
Estados Unidos se encuentra en una encrucijada. El mundo avanza hacia la multipolaridad, la cooperación y el desarrollo compartido, le guste o no a Washington. El imperio se resiste al cambio y el pueblo estadounidense está dividido, pero estas contradicciones no son permanentes. A través de la educación, la organización y el compromiso estratégico, la conciencia puede cambiar. A través de una lucha paciente y multigeneracional, Estados Unidos puede alinearse con las realidades emergentes del siglo XXI
Esto no es un llamado a una revolución instantánea ni un plan simplista. Es un reconocimiento de que el verdadero cambio requiere tiempo, transformación material y claridad ideológica . El futuro ya se está formando, y quienes comprenden lo que está en juego tienen la oportunidad y la responsabilidad de moldearlo.
Fuentes y lecturas adicionales:
- Yanis Varoufakis, hablando con mi hija sobre la economía
- Immanuel Wallerstein, Análisis de sistemas mundiales
- Michael Hudson, Superimperialismo
- Informes de la Oficina Nacional de Estadísticas de China
- Análisis del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia sobre la cooperación multipolar
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