Gaceta Crítica

Un espacio para la información y el debate crítico con el capitalismo en España y el Mundo. Contra la guerra y la opresión social y neocolonial. Por la Democracia y el Socialismo.

3 lecciones del corolario Trump, 2 tareas para el futuro y 1 mensaje de Bolívar

Carlon Ron (TRICONTINENTAL), 29 de Enero de 2026

El 3 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una operación militar de gran escala contra Venezuela, denominada por Washington “Operación Determinación Absoluta”. Esta acción de guerra de la primera potencia militar del mundo contra la Revolución Bolivariana dejó un saldo de al menos 100 personas muertas —entre ellas 32 internacionalistas cubanos—, más de un centenar de heridos, daños a la infraestructura  militar y civil del país (como los depósitos de medicamentos para pacientes renales) y el rapto del presidente Nicolás Maduro y la primera dama y diputada Cilia Flores, quienes hoy permanecen secuestrados como prisioneros de guerra en la ciudad de Nueva York.

Elías Taño (Tenerife), Aquí hay un pueblo digno, 2026.

Saludos desde la Oficina de Nuestra América del Instituto Tricontinental de Investigación Social,

El 3 de enero de 2026, Estados Unidos ejecutó una operación militar de gran escala contra Venezuela, denominada por Washington “Operación Determinación Absoluta”. Esta acción de guerra de la primera potencia militar del mundo contra la Revolución Bolivariana dejó un saldo de al menos 100 personas muertas —entre ellas 32 internacionalistas cubanos—, más de un centenar de heridos, daños a la infraestructura  militar y civil del país (como los depósitos de medicamentos para pacientes renales) y el rapto del presidente Nicolás Maduro y la primera dama y diputada Cilia Flores, quienes hoy permanecen secuestrados como prisioneros de guerra en la ciudad de Nueva York.

Sin embargo, contrario a lo que hubiese pensado cualquier analista político o cualquier historiador, el gobierno revolucionario no fue derrocado. Sigue en pie y encabeza una resistencia organizada por preservar la paz, la estabilidad y la soberanía del país. Este hecho, aparentemente paradójico, revela las contradicciones internas del proyecto imperial y la fortaleza de los procesos arraigados en la organización popular.

La brutalidad del ataque pudo habernos sorprendido, pero las señales ya lo venían anunciando con claridad. El Proyecto 2025, elaborado por la Heritage Foundation y sus aliados para preparar un ejército de burócratas ideológicamente comprometidos con el segundo gobierno de Trump, recomendaba una «re-hemisferización» del continente. La Estrategia de Seguridad Nacional, publicada semanas antes, revivía la doctrina Monroe y le agregaba un corolario Trump: Estados Unidos tomará todas las medidas necesarias —incluyendo el uso unilateral de la fuerza militar— para garantizar que ninguna potencia extranjera pueda hacerse con los recursos del continente americano que considera de su interés. En la práctica, significa que condicionará la soberanía de las naciones del continente a su disposición de atender las necesidades de la superpotencia.

Iván Lira (Venezuela), Dtrump, 2025.

Del nuevo corolario Trump a la doctrina Monroe, podemos extraer 3 lecciones: 

1. La ofensiva del hiperimperialismo es brutal y busca imponer un nuevo orden mundial mediante de la fuerza: Comenzó en septiembre de 2025 con ejecuciones extrajudiciales de presuntos narcotraficantes en altamar —algunos de ellos pescadores colombianos y trinitenses, como lo denunció el presidente de Colombia, Gustavo Petro— e inició el año con un ataque militar que, en menos de dos horas, violentó la Carta de Naciones Unidas, el Estatuto de Roma y la propia Constitución de los Estados Unidos, que reserva al Congreso la facultad exclusiva de declarar la guerra.

La política de «paz a través de la fuerza» es el nuevo método para avanzar la agenda estadounidense. En el pasado quedan los intentos de cooptar a los organismos multilaterales e instrumentalizarlos, así como el llamado «orden basado en reglas» que Washington invocaba selectivamente. Ya no hace falta guardar apariencias. El imperialismo cuenta con su fuerza bruta para crear un nuevo orden internacional y quien quiera disputarlo deberá mostrar la suya. Mientras tanto, Estados Unidos reconfigura su domino sobre el continente: Intervino en las elecciones de Argentina y Honduras, amenaza a Colombia y México con operaciones antinarcóticos en sus territorios, le exige a Cuba un acuerdo «antes que sea demasiado tarde», expande su presencia militar en EcuadorPanamá (buscando ejercer control sobre el Canal) y Haití (impulsando desde la ONU una «fuerza de supresión de pandillas») y más recientemente, lanza un ultimátum a Dinamarca y otros socios de la OTAN para que le cedan el control sobre Groenlandia o lo tomará «‘por las malas».

2. El nuevo estado de ánimo del Sur Global se fortalece a partir de conquistas concretas de los pueblos, no del idealismo ni la timidez: A pesar del avasallante poderío militar, Estados Unidos no ocupó militarmente Venezuela ni derrocó al gobierno. La estabilidad del país ha sido garantizada por la Revolución Bolivariana, proyecto alternativo a la lógica imperialista que logró consolidarse a través de la organización territorial (comunas), la creatividad productiva, la participación política y la conciencia social.

Existe un nuevo estado de ánimo en el Sur Global, que es contrario a la acción unilateral y que apoya la cooperación a través del multilateralismo y la unidad regional para hacerle frente. La solidaridad juega un papel fundamental y la defensa de la soberanía de Venezuela se hizo sentir desde espacios tan distantes como KeralaRomaPretoria o La Habana, por nombrar algunos de los cientos de lugares que manifestaron su rechazo al ataque estadounidense. Lo que estos pueblos defienden es el derecho a que existan alternativas políticas reales y transformadoras. Son estos proyectos los que pueden encabezar un nuevo futuro para el Sur Global. En diciembre, se llevó a cabo en Río de Janeiro una Cumbre Popular de los BRICS, donde el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil y otros movimientos, defendieron la formulación de propuestas concretas para hacer realidad proyectos de cooperativas y empresas sociales. Son las transformaciones verdaderas —y no las propuestas inalcanzables por su idealismo, o tímidas al confrontar los esquemas de dominación— las que generan la estabilidad y unidad.

3. La nueva derecha ocupa cada vez más espacios, pero es fácilmente descartable en la avanzada hiperimperialista. Estados Unidos sorprendió al imponer un incremento de aranceles contra Brasil y medidas coercitivas unilaterales contra el magistrado que condenó a Jair Bolsonaro  a prisión.  Mediante amenazas por redes sociales y por la prensa, el gobierno de Trump acusó a las instituciones brasileñas y al propio gobierno de persecución contra su principal aliado en el país.

Sin embargo, con Bolsonaro condenado, rápidamente el hiperimperialismo cambió su estrategia, propiciando un diálogo con Lula. En una operación similar, María Corina Machado, quien recibió el Premio Nobel de la Paz tras la nominación de propio secretario de Estado, fue descartada como opción política en Venezuela por no contar con el apoyo o la legitimidad suficiente. Si bien las derechas están ocupando los espacios dejados abiertos por las debilidades del campo popular, el hiperimperialismo no dudará en descartarlas ante cualquier coyuntura estratégica. Esto nos revela que debemos trabajar urgentemente por un  proyecto mínimo común que permita avanzar las causas populares sin depender de las contradicciones internas del campo enemigo.

Olfer Leonardo (Perú), Abyayala contra Trump, 2026.

En El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Marx nos recuerda que «los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente». Luego de este abrupto comienzo de 2026, asumamos las tareas históricas frente a las circunstancias que nos ha tocado vivir:

1. No basta con la multipolaridad, debemos buscar el «equilibrio del universo»: Hace doscientos años se realizó el Congreso Anfictiónico de Panamá, que intentó crear la unidad del continente americano para salvaguardar su independencia y soberanía. A diferencia del panamericanismo impulsado desde Washington, este congreso no pretendía imponer un tutelaje, sino más bién apostaba por alcanzar lo que Bolívar concebía como el equilibrio del universo: «(…) todas estas partes [del mundo] deben tratar de establecer una balanza entre ellas y Europa, para destruir la preponderancia de esta última». El orden mundial construido después de la Guerra Mundial Antifascista dividió al mundo en zonas de influencia a ser repartidas en la Guerra Fría. Lo que necesitamos construir hoy, más que una simple multipolaridad, es un equilibrio entre todos los actores internacionales que garantice la cooperación, el desarrollo justo y compartido y la resolución de las grandes amenazas como la guerra y el cambio climático.

2. Nuestra lucha debe ser común y simultánea: Hace sesenta años se llevó a cabo la Conferencia Tricontinental de La Habana, donde por primera vez se unieron las luchas de lo que hoy denominamos el Sur Global. Allí, el comandante Fidel Castro presentó en su discurso de clausura una fórmula que está más vigente que nunca:

«En la América Latina no debe quedar ni uno, ni dos, ni tres pueblos luchando solos contra el imperialismo. La correlación de fuerzas de los imperialistas en este continente, la proximidad de su territorio metropolitano, el celo con que tratará de defender sus dominios en esta parte del mundo, exige en este continente, más que en ninguna otra parte, una estrategia común, una lucha común y simultánea».

Durante el mes de mayo de 2026, y en el marco del centenario de Fidel, se realizará en Cuba la IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos. Será el escenario propicio para que los movimientos de base y las organizaciones populares del continente, con una mirada realista de los desafíos, tracen una nueva estrategia de lucha común y simultánea para preservar la soberanía y la dignidad frente al avance hiperimperialista.

Kael Abello (Venezuela), Venceremos: Bolívar vs Donroe, 2026.

Un mensaje de Bolívar: En 1825, a pocos meses de la Batalla de Ayacucho que selló para siempre la independencia suramericana del imperio español, Francia contemplaba una invasión sobre Colombia. Bolívar, al mando del Perú, envía a Santander, en Colombia,  una carta dura, cargada de realismo, pragmatismo y, sobre todo, de visión estratégica.

Ante la superioridad militar de los franceses, recomendaba no resistir frontalmente para evitar más destrucción al país. Prefería replegarse hacia el sur y emprender la guerra de guerrillas; y en torno a uno o dos años, iniciar la guerra activa que traería la victoria. Bolívar abogaba por la unidad del Congreso Anfictiónico y por fortalecer alianzas con potencias extranjeras, mientras contemplaba medidas astutas. «Aun cuando sacrifique mi popularidad y mi gloria, quiero salvar a Colombia de su exterminio en esta nueva guerra. Si salgo bien, quedaré contento, y si salgo mal, también, porque habré dado el último paso de salvación».

El escenario hoy, francamente, no es alentador. La incursión militar en Venezuela y el secuestro de su presidente ha sido un golpe duro, también lo han sido las amenazas a otros países a lo largo de la región, las derrotas electorales, los desafíos económicos y sociales, y la ausencia de un proyecto mínimo común para los nuevos tiempos.

Pero al mismo tiempo, Nuestra América no es una región subyugada. La paciencia debe ser estratégica y la determinación inquebrantable, aun frente a la adversidad. Es tiempo de construir un nuevo momento más favorable a partir de las conquistas alcanzadas. Como escribió el Libertador en su carta, «debemos saber perder al principio, para saber ganar después».

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