Gaceta Crítica

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Sobre el ex rey Juan Carlos y sobre Franco

Angel Viñas (HISTORIADOR), 28 de Enero de 2026

Una lectura super apresurada del no demasiado interesante tocho sobre el exrey coescrito con una biógrafa francesa permite plantear algunas preguntas sobre el tratamiento dado al 23 F y sus circunstancias. Ya ha concitado múltiples comentarios. Aquí lo abordaré desde un ángulo algo diferente.

Como mero historiador que no sabe más del tema que cualquier lector de periódicos y que, además, vivió aquellas horas de preocupación insoportable en Barcelona y cenando en casa del profesor Fabián Estapé he hecho lo que probablemente haría cualquier otro ciudadano apresurado.

He ido en primer lugar a las fuentes del antedicho mamotreto. El episodio, descrito premiosamente (quizá para no desilusionar las esperanzas de sus deseados numerosos futuros lectores), está basado prácticamente en las aportaciones de otros autores. Se cumple a la perfección el principio de que cantidad no equivale a calidad.

Yo pensé que, esencialmente, en temas de gran importancia histórica y política la biógrafa Madame Debray de los recuerdos y camelos del anterior rey le habría preguntado por sus papeles. En este episodio, central, no se divisa en absoluto.

Sus fuentes son Javier Cercas, José Luis de Villalonga, Sir Paul Preston (sin el Sir -la autora parece ignorar el protocolo británico), declaraciones públicas de Sabino Fernández Campo, Pilar Urbano y Santiago Carrillo. Algunas de ellas publicadas en EL País o ABC o tomadas de las obras de otros autores. De fuentes primarias, rien de rien.

Hay alguna mención a manifestaciones de ciertos ministros, como José-Pedro Pérez-Llorca. La entusiasta biógrafa tampoco se priva de reproducir una cita de Jorge Semprún, en el sentido de que el alboroto no tendría la menor duración.

Los documentos que menciona de los archivos diplomáticos francés y británico (de otras procedencias no hay ninguno, a pesar de que los alemanes, según se ha escrito, no son desdeñables) carecen de demasiada significación. Hay muchos otros también abiertos a la curiosidad de cualquier investigador.

Quiero creer que las escasas referencias de archivo sobre diferentes temas parecen en general exactas, aunque no he podido cotejarlas porque hace ya tiempo que envié al Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca y a la Facultad de Historia de la UCM la práctica totalidad de mi biblioteca sobre historia, amén de masas de fotocopias de documentos hallados en diversos repositorios de Francia, Italia, Bélgica, Reino Unido, Estados Unidos, Portugal, Rusia y, por supuesto, España. Algo más de una treintena. De todas maneras, supongo que otros historiadores los cotejarán. Hasta el momento los comentarios periodísticos que han llegado a mi ordenador no lo han hecho.

Dada la publicidad con que previamente se había rodeado la supuesta cumbre de las biografías sobre Juan Carlos I es imposible no pensar que quizá no se dignó permitir a Madame Debray husmear en sus papeles. Cabe preguntarse sobre las razones. Quizá no se los haya llevado al destierro. Si es así estarán en el archivo de Palacio o dios sabe dónde.

En cualquier caso, para una impresión más exacta sobre la supuesta “joya de la Corona” me permito remitir a los lectores a la reacción de Sir Paul Preston.

En tales condiciones, un tanto desesperanzadas, desearía creer que cuando en el Congreso se debata algún día (si es que llega a debatirse) el anteproyecto sobre actualización de la Ley de Secretos Oficiales franquista de 1968 los dignos padres de la Patria, aunque quizá no todos, planteen las consecuencias de los plazos (largos, muy largos) que tendrán que alcanzarse antes, según dicho texto, para llegar a la apertura total de los papeles de la dictadura y de la naciente democracia.

Mis cálculos, muy aproximados, preveían el año pasado que si no se modificaba el texto publicado en el Boletín de las Cortes habría que esperar a una futura generación de conciudadanos, periodistas e historiadores para llegar al 23 F y sus consecuencias.

Y ya puestos, me pregunto ansiosamente, ¿cuándo se hará luz sobre las informaciones recopiladas por los diversos Ministerios sobre las maniobras del exrey y de sus amigotes para clarificar las operaciones financieras clandestinas y sobre petróleo que se llevaron a cabo por cuenta de él hasta su renuncia a la Corona? ¿Quizá al siglo XXII?

Son cuestiones que debe plantarse cualquier historiador que se guíe por documentos y no por premoniciones, confidencias, autores previos, publicaciones en la red o periódicos (con las debidas excepciones).

Como han hecho, por ejemplo, historiadores de mi generación y otras posteriores que hemos utilizado documentos inéditos, encontrados tras largas búsquedas en archivos, públicos y privados, para dar a conocer actuaciones de Su Excelencia el Jefe del Estado (SEJE), o sea, “el Caudillo”, a lo largo de su negra carrera.

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